Testimonio misionero: Nueve años en Perú

Nueve años en Perú

Voy a cumplir nueve años en Perú. Probablemente los mejores de mi vida sacerdotal. Confieso durante horas y horas. Predico la Palabra de Dios a los pobres que tienen más hambre de Dios que de pan. Transmito consuelo en nombre de Cristo. Soy testigo de los milagros que la gracia de Dios realiza constantemente. El Señor, por medio de mi ministerio, sana corazones desgarrados y venda sus heridas…

¿La única desazón? Que no se llega. Que la mies es mucha y los obreros pocos. Que faltan manos para hacer el bien, labios para predicar y consolar en nombre de Jesús, corazones para amar gratuitamente a los más desfavorecidos y humillados… He ido a dar. Pero es mucho lo que recibo. Ante todo, porque el Señor te da el ciento por uno. Además, porque eres feliz cuando te desgastas por amor. Pero están también las “añadiduras”: los pobres son agradecidos y te rodean de afecto. Hay sonrisas que valen un Potosí. Hay detalles que colman el corazón…

Puedo deciros que soy feliz en la misión. Si algo falla es por mi impotencia y por mi falta de generosidad. Pero también esto se lo entrego al Señor y Él suple.

Tan solo os pido que no cerréis el corazón a la misión ni a los pobres. Amad, amad mucho, cada día, con gestos concretos. Orad, orad intensamente. Sed desprendidos de vuestros bienes y compartidlos con los más necesitados. Enseñad a vuestros hijos y nietos a ser generosos. Y evangelizad: sí, evangelizad a tiempo y a destiempo…

Julio Alonso Ampuero,
Sacerdote diocesano de Toledo en Lurín (Perú)

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