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Una mirada a la vida

El día 25 de cada mes tenemos una cita con la vida. Somos defensores de la vida, el don más sublime y sagrado que hemos recibido. La semilla que recibimos y que estamos llamados a cultivar y hacer que se multiplique y de fruto. ¿Y qué podemos decir este 25 de abril sobre la vida? Compartimos con vosotros una mirada a la vida que nos ayuda a entender su grandeza,  la necesidad que tenemos de cuidarla en la familia, entre los amigos, y de defenderla en la sociedad; siempre defensores de la vida. ¿Qué mirada es esta? La que nace de la contemplación del momento que hemos dado en llamar “piedad”, ese en el que la Virgen Madre toma en sus brazos a su hijo muerto en cruz. Muchos artistas, que han reflejado este momento, ponen en la mirada, en los movimientos de María un punto de ternura y de esperanza que parece casi ocultar el dolor. Es como si las miradas y las caricias de la Madre dieran de nuevo vida al fruto bendito de su vientre. Aquel momento anunciaba la resurrección, la Vida a la que todos estamos llamados y que construimos cada día con nuestras obras. Y ¿para qué esa mirada? Pues para ayudar a aquellas madres que no quieren conocer a sus hijos porque no vienen el momento adecuado, o no son tan perfectos como ellas soñaron. Esas madres necesitan de nuestra piedad que se debe convertir en acompañamiento y cercanía, que les ayuden a vencer el miedo, y entender que la caricia de sus hijos por nacer llenarán totalmente su corazón. Una mirada de piedad a esas familias que tienen tiempo para sus deportes, sus vacaciones, sus fiestas y no tienen tiempo para sus ancianos padres. Todos necesitamos aprender de la sabiduría de los mayores y acoger el amor que sus miradas casi apagadas reflejan. Nuestros mayores, con sus caras llenas de arrugas, nos guían por las sendas de la gratitud. Una mirada de piedad para nuestra sociedad, tan llena de derechos que olvida a los que no tienen derechos; piedad para una sociedad que cuida más de una mascota que de un abuelo; piedad para una sociedad que tras los nuevos derechos esconde la muerte de inocentes. Piedad para una sociedad que se escandaliza del drama de los refugiados, pero no les abre las puertas. Puede que hoy nosotros estemos llamados a llevar la esperanza a nuestra sociedad y esta esperanza comienza por un simple gesto de piedad que defienda la vida.    

GRUPO AREÓPAGO

Basureros humanos

Sin entrar en el debate, de si estamos en una época de grandes cambios o en un cambio de época, lo cierto es que los grandes principios que propiciaron lo que se ha dado en llamar la modernidad se han ido extinguiendo en la época contemporánea. La libertad, que logró a base de muchos esfuerzos su implantación política durante el siglo XIX ha quedado reducida a una muy exigua y placentera libertad individual condicionada; la igualdad, se fue deshilachando en el camino absorbida por un capitalismo salvaje y desencarnado; y la fraternidad, ¡pobrecilla!, ni siquiera pudo gozar de su nacimiento; sus raíces cristianas y el principio de “solo razón”, la dejaron sin fundamento. El sociólogo y escritor-ensayista fallecido hace unos días Z. Bauman, en una de sus últimas obras “la postmodernidad y sus descontentos”, reflexiona sobre una de sus principales tesis sociológicas: el interés por la pureza y su correspondiente obsesión por la lucha contra la suciedad, ideal de todas las culturas, tiene una relación muy directa con el orden establecido. Y desde los principios que determinan este orden en cada época y cultura se verifica la categoría de “extraño”, y como consecuencia, su catalogación como “suciedad” que hay que limpiar. En estos últimos tiempos nuestra sociedad está profundamente horrorizada por los excesos de “pureza” y los procedimientos de “limpieza” que el nuevo presidente del país más rico del mundo quiere aplicar desde su concepción personalista del orden. Pero la hipocresía de  nuestra sociedad occidentales incapaz de percibir cómo desde el nuevo orden mundial que establece la cultura y sociedad de consumo, cuyo principal criterio de pureza es la búsqueda de la felicidad individual desde el placer inmediato, caiga quien caiga, está produciendo muchas “impurezas” que se  eliminan por ser defectuosas desde esos criterios de orden. Los pobres, los inmigrantes, los ancianos, los niños no nacidos, las personas económicamente vulnerables, los que no tienen voz; sin olvidar los pasos vertiginosos que se están dando ya en algunos países para la legalización de la eutanasia, son productos defectuosos que entorpecen y, por consiguiente, constituyen las “nuevas impurezas” que nuestro orden social actual impuesto por el dios dinero desecha a sus basureros. El Papa Francisco llama a esto la cultura del descarte. Es la cultura que no prioriza como criterio fundamental del orden social el principio fundamental de la dignidad del hombre.

Grupo AREÓPAGO

Un día de Navidad entre Jovenes

El día 28 de diciembre de 2015 nos juntamos con los jóvenes del grupo para pasar el día juntos.

IMG_1812Comenzamos con patinaje sobre hielo, los mas atrevidos.

Los chicos demostraron su destreza sobre los patines y otros su habilidad para caer…

Después de patinar nos subimos a la casa de Oasis y de camino…..

 

 

IMG_1823¡¡ José Mota !!

Lo chicos grabaron para el especial de Fin de Año y nos hicimos fotos con el.

¡¡ Cuanta emoción !! Durante la comida casi no se hablaba de otra cosa.

 

Después de comer nos fuimos a ver el Belén de Santa Isabel, donde tuvimos la oportunidad de rezar ante el Santísimo.
IMG_1839IMG_1837Para terminar el día estuvimos en la residencia de Santa Casilda.

Entre todos compramos unos 300 litros de leche para los ancianos de la residencia y pasamos un rato cantando villancicos con ellos.

Fue un gran momento para compartir con ellos y ver sus caras de felicidad.

Ha sido un gran experiencia que, como cada año, nos ayuda a todos a llevar al niño Jesús a cada corazón.

Qué fácil es dar y recibir

stacasilda1Hace unos días un grupo de jóvenes de Oasis de Toledo visitaron la residencia de ancianos Santa Casilda, atendido por  las Hermanitas de los Ancianos Desamparados. Unos 35 chicos y chicas, de edades comprendidas entre 12 y 16 años, pasaron la tarde de un viernes con los ancianos. Cantaron, hicieron juegos y actuaciones, llevaron caramelos (sin azucar) y charlaron con los residentes.

Dani, uno de los jóvenes, nos recuerda las palabras del Papa Francisco: “…cuiden los extremos de la vida, los dos extremos de la historia de los pueblos, que son los ancianos y los jóvenes”. “Para mí -nos cuenta Dani- fue un poco como unir esos dos extremos de los que habla el Papa. Por un lado, los ancianos se alegraron mucho de nuestra visita y pasaron un rato estupendo con nuestras canciones, trucos de magia, caramelos… y por otra parte, nosotros pudimos descubrir en los ancianos el rostro de Jesús, que, igual que ellos, está siempre esperando a que le hagamos una visita y que tanto se alegra de que le tengamos presente en nuestra vida”.

“Cuando estás ahí escuchando sus historias, y bailando y cantando con ellos, se te olvidan los problemas”, nos comenta Edith. Todos nos cuentan lo fácil que es tratar con estos ancianos, siempre deseosos de cariño y de conversación. Además, “ellos son una gran riqueza para el mundo aunque nos empeñemos en no creerlo y en dejarlos de lado, ignorando que un día ellos nos dieron la vida, ¡gran don de Dios!”, nos comenta Marisol.

Una experiencia gratificante para los ancianos, como nos comenta Edith: “Les cambiamos un día monótono por algo diferente”, es a la vez una experiencia gozosa para los jóvenes. “Una experiencia maravillosa y divertida” nos dice Dani. “Es muy bonito ir y pensar que les alegramos el día, es algo que reconforta”, insiste Edith.

También ha dejado huella el testimonio de las religiosas que atienden el asilo: “hemos visto la gran labor de las hermanitas, su dulzura, su entrega, gastando su vida por los más débiles”, nos apunta Marisol y confirman todos.

Todos dan y reciben, todos descubren tras el gesto del amor el rostro de Cristo, amante y amado, todos renuevan su corazón en la sencilla tarea de pasar una tarde juntos. Qué grande y qué sencillo.