Archivo de la etiqueta: fecundación in vitro

Fabricar vida

“Logran producir crías de ratón con padres del mismo sexo”, titula un rotativo de tirada nacional la reciente noticia de que un grupo de investigadores ha conseguido producir con dos madres ratones sanos que después pudieron tener su propia descendencia con normalidad. Se suma a muchas otras que nos deberían llevar a pensar sobre la finalidad de estas investigaciones, los límites de la ciencia y la necesidad de fijar pautas de actuación éticas que marquen el camino para evitar que los resultados se vuelvan contra nosotros mismos. Más allá de ello, esta situación suscita una profunda reflexión: la vida no se fabrica, sino que se engendra. En el caso de los seres humanos no estamos muy lejos de esta misma realidad; fecundación in vitro, inseminación artificial, vientres de alquiler, por señalar algunos ejemplos, ponen de manifiesto que la reproducción, entendida como capacidad natural de engendrar, está dando paso a la producción. Con ello, se corre el riesgo de que nuestros hijos dejen de ser el fruto del amor entre un hombre y una mujer que tienen un proyecto en común y se transformen en un producto objeto de deseo que se adquiere bajo demanda. Con esta afirmación no se pretende juzgar las intenciones ni las decisiones de las personas que optan por esta vía, sino simplemente llamar la atención acerca de la involución que se está produciendo en nuestros días como consecuencia de una doble realidad. De un lado, el retraso continuo en la estabilización de los proyectos de vida, que no va acompañado de un retraso biológico en la paternidad/maternidad (pues la fertilidad no ha cambiado en siglos y no lo hará) lo que lleva en no pocas ocasiones a que, cuando se valora que ha llegado el momento de tener un hijo, no es posible lograrlo por medios naturales. De otro, la trivialización de la sexualidad y del sexo biológico, que conduce a descontextualizar el amor y la capacidad de engendrar vida con responsabilidad. Los poderes públicos tienen una gran responsabilidad ante ello. También nosotros, ciudadanos de a pie. Una sociedad que fabrica vida en lugar de engendrarla, paradójicamente, está condenada a la muerte.  

GRUPO AREÓPAGO

El hombre “nuevo” no es natural

vida No hace mucho tiempo, el papa emérito Benedicto XVI decía a nuestro papa actual que el gran pecado de nuestro tiempo es el ir contra la verdad de la Creación. Así lo manifiestan constantemente numerosas noticias procedentes de diversos países del mundo a las que ya casi no damos importancia. Sin embargo, deberían sorprendernos, porque nos intentan imponer la Ideología de género y la “Cultura de la muerte”: abundan los casos de la erróneamente llamada “violencia de género”, de la equiparación del también mal llamado “matrimonio homosexual” al matrimonio verdadero, del pretendido “derecho” a la autodeterminación de género, del “derecho” a adoptar por parte de parejas homosexuales, de las posibilidades de la fecundación in vitro para elegir el hijo perfecto,  o de la “compasión” con los enfermos para “acabar con sus vidas”, así como la aprobación de leyes que protegen dichas situaciones. Respecto de estos  y otros muchos titulares, que siempre versan acerca de comportamientos sexuales o relativos a la procreación o el fin de la vida, cuanto mayor es el empeño en justificarlos con argumentos, más queda de manifiesto su incongruencia con la realidad. Sin embargo, es tal el cúmulo de noticias que bombardean constantemente las mentes y la vorágine de titulares, imágenes y eventos y en la que nos introduce la vida cotidiana que la gente, nosotros mismos, podemos quedar como anestesiados, impertérritos, ante unos mensajes que no solo se oponen al sentido común, sino que intentan imponer como legítimo, verdadero y único un pensamiento que actúa en contra de lo que es natural en su sentido más auténtico y quiere dañar lo que Dios más ama en su creación visible: el hombre, su imagen en la Tierra. Lo que es aún más grave es que en el mundo de la democracia y los derechos, este pensamiento se presenta como “pensamiento único” y, por ello, se ve a la Iglesia o a cualquier institución “tradicional” como enemiga del “nuevo hombre” que se quiere imponer y busca su sitio en la sociedad; o lo que es peor, busca ocupar el único sitio posible desde el que se gobierna y se hace callar y destruir cualquier voz divergente. Ante este ataque, que tiene detrás al padre de la mentira y homicida desde el principio, debemos confiar en los medios de la Gracia, pero también en nuestros esfuerzos sostenidos por el mismo Dios de aprender a llamar a las cosas por su nombre, de buscar el verdadero valor de las palabras y de intentar educar en la verdad para que haya libertad. Si Dios ha vencido por nosotros en Cristo a través de la Cruz, también sabemos que podremos vencer nosotros, eso sí, pasando por el misterio de la contrariedad y la persecución.

GRUPO AREÓPAGO

Hijos de diseño

Están de moda. Bolsos, zapatos, relojes…, hijos. El Reino Unido acaba de aprobar la posibilidad de fecundar in vitro embriones con ADN de tres padres diferentes, con el objetivo de paliar enfermedades hereditarias. El procedimiento consiste en implantar el núcleo del óvulo de una madre portadora del “error” genético en el interior de un óvulo sano perteneciente a otra mujer para posteriormente fecundarlo con espermatozoides del padre. De este modo disminuye el riesgo de transferir al hijo enfermedades mortales… a cambio de fecundar varios óvulos para poder conseguir el niño tan esperado y a costa de descartar a los sobrantes, sus hermanos, tan hijos como el elegido.

No es una buena noticia. Un hijo debe ser el fruto del amor entre un hombre y una mujer y no un producto deseado y conseguido por encargo. Además, rechazar embriones implica no aceptar a nuestros hijos como son, con su carácter único e irrepetible; fecundarlos con células de tres personas diferentes supone diluir el concepto de paternidad y maternidad; elegir uno tiene como consecuencia autoproclamarnos creadores–sin ser perfectos–y no colaboradores con la Creación.

Optar por hijos de diseño es romper con el sentido de gratuidad que supone recibir un hijo por medios naturales, también presente en los padres que, no pudiendo tenerlos, optan por la adopción; conlleva no aceptar a la persona tal y como es, configurada por la unión espontánea (y maravillosa) de un óvulo y un espermatozoide, con sus respectivas cargas genéticas; evidencia la concepción deuna paternidad basada en el egoísmo y no en la entrega.

Es la paradoja de nuestros días: mientras que, por un lado, se concibe en general tener un hijo como producto de diseño, por otro lado se trata como simple conjunto de células a los seres humanos no nacidos. Son los Santos Inocentes del siglo XXI.

 

Grupo AREÓPAGO