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Silencios comprados

Recientemente se ha hecho pública la Sentencia dictada en septiembre por la Audiencia Provincial de Madrid que reconoce al Dr. Vela, ginecólogo jubilado, como culpable del robo de una bebé. Una niña de pocos días de vida fue entregada en el año 1969 a una pareja que no podía tener hijos; no hubo consentimiento de la madre biológica, simulándose un parto inexistente y expidiéndose una certificación de nacimiento que sirvió para inscribir a la menor como hija biológica de tal pareja. A pesar de que la sentencia considera como probados estos hechos, absuelve al Dr. Vela por haber prescrito los delitos de detención ilegal, falsedad documental y suposición de parto que se le imputaban. Le entonces niña, tiene hoy un rostro conocido, se llama Inés Madrigal y es la primera persona que ha conseguido que su denuncia se haya tramitado judicialmente en España; Inés ya ha anunciado su intención de recurrir ante el Tribunal Supremo, pues de lo que se resuelva dependerá el futuro de otras más de 2.000 causas judiciales archivadas por similares supuestos. Se trata del derecho de estas personas a conocer su identidad y de que sean juzgados los que participaron en estos hechos asumiendo su participación en los mismos, ya que olvidaron que los seres humanos no son objeto ni de robo ni de transacción comercial. ¿No encontramos un cierto paralelismo en ese silencio de los niños robados con el silencio actual de parte de nuestra sociedad con el tema de los vientres de alquiler? ¿Qué hay detrás del silencio de los que callan, incluso católicos, que no alzan la voz en defensa del ser humano? ¿Nos hemos engañado creyendo de que cualquier deseo intenso vale más que la verdad de la dignidad del ser humano, contagiados de un relativismo que va engullendo todo?

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¿Objetos o personas?

maternidad Ha sido noticia este verano que el consulado español en Kiev dejó de tramitar visados a los bebés allí nacidos a través de vientres de alquiler, por lo que desde entonces más de una treintena de parejas españolas no pueden regresar a sus casas con esos bebés. A ello se suma la noticia de que la clínica Biotexcom de Kiev ha sido clausurada y su dueño detenido por existir indicios de tráfico de menores, clínica destino principal de españoles que buscaban un vientre de alquiler. El precio por embarazo oscilaba entre 30.000 y 49.900 euros y se abonaba a través de paraísos fiscales. Nuevamente se olvida parte de nuestra sociedad que un hijo es siempre un don, no un derecho de los padres y que en nuestro ordenamiento jurídico la práctica de la maternidad subrogada está totalmente prohibida. Es fácil tocar la fibra sensible de la sociedad reconduciendo nuestra atención al problema de esos padres que no pueden regresar a sus hogares desde Ucrania con sus bebés, en un intento más de normalizar las conductas de aquellos que eluden la ley española viajando a otros países a conseguir el hijo, a cambio del pago de un precio. Las agencias que se dedican a tramitar esta práctica, y que cobran por sus servicios, se encargan de legitimar su actividad a través de estrategias de marketing. Se evita sistemáticamente toda valoración moral al respecto, para eludir que, en estas prácticas, el niño pasa a ser un objeto, algo que tiene un precio y que se adquiere sin más a través de una compra, lo que supone claramente cosificar al hijo. Es imposible justificar de manera alguna el hecho de que los hijos sean tratados como objetos, como meras mercancías, con el fin de cubrir los deseos de los adultos. ¿Nos escandaliza la cruda realidad de que a través de la maternidad subrogada o vientres de alquiler se compra un ser humano? ¿No será que nos estamos acomodando a la visión del todo vale con tal de conseguir nuestros deseos?  

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Madres de alquiler

Hace unos años, parece que siglos, un sector de nuestra clase política salía a las calles para defender la familia, el matrimonio y la vida. Hoy sabemos que ese sector ya no defiende la vida, poco le importa la familia, y dice que hay en la sociedad española un debate sobre los vientres de alquiler que han venido en llamar: “maternidad subrogada”. Se puede constatar en las cafeterías, en la peluquerías, en las colas de los supermercados, en las puertas de los colegios, a la entrada de un partido de fútbol, es decir, allí donde se reúne un grupo de personas todos hablamos de las madres de alquiler; bueno de la gestación subrogada. Este nuevo debate y derecho que nos quieren imponer, una vez más, quienes se creen los únicos intérpretes de la voluntad popular. Nos libraremos de este debate por la oposición de las mujeres feministas que en un manifiesto han puesto algunos puntos sobre las íes en esta supuesta necesidad de nuestra sociedad. Este manifiesto se llama: “no somos vasijas”. No podemos afirmar que estamos de acuerdo con todo lo que estas mujeres exponen, pero con ellas resaltamos esta idea: La gestación (esto es el embarazo) no es algo que se pueda vender o alquilar. La gestante, como dicen los gurús de los nuevos debates, no es una empresa con quienes se establece una relación comercial. La gestante es una mujer embarazada que espera un hijo y que desde el vientre establece unos vínculos de amor y de afecto con una criatura, que sin conocer su cara, es el amor de su vida. “Ser madre no significa sólo traer al mundo un hijo, sino es también una elección de vida: ¿qué elije una madre? ¿Cuál es la elección de vida de una madre? La elección de vida de una madre es la elección de dar vida” Estas palabras del Papa nos recuerdan que Las madres son el antídoto más fuerte a la difusión del individualismo egoísta. Ojalá seamos capaces de transmitir esta luz: la que nace del amor de una madre y volvamos a dar sabor a nuestras sociedades que por egoístas se están volviendo insípidas.  

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