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No es oro todo lo que reluce

Reuters

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El papel de los medios de comunicación resulta –y es- fundamental para estar informados; para conocer las injusticias;  para dar opiniones y reivindicar el bien común; para alegrarnos de las buenas noticias; en definitiva, para ser testigos directos o indirectos de la actualidad.

Sin embargo “no es todo oro lo que reluce” y no siempre lo que se nos transmite es verdad ni ocurre tal y como nos lo cuentan. En ocasiones imágenes  o acontecimientos que se dan a conocer -como se comprobó en la guerra del Golfo- responden a intereses políticos, empresariales o simplemente particulares que informan pero que ofrecen una verdad parcial y son fruto de la propaganda mediática.

La  crisis de los refugiados sirios, que tanto dolor está causando, es un ejemplo de utilización por parte de las grandes empresas de comunicación que controlan el cuándo y el cómo ofrecer la imagen más impactante. Imágenes que son montajes que muchos de los testigos que viven en primera persona este conflicto califican de un montaje de película. Imágenes, como la del pequeño Aylan varado en una playa, o la última de un niño de cinco años esperando en una ambulancia en Alepo, nos han conmovido y removido, pero la realidad es esa y también otra que no sale en los medios de comunicación.

Montajes espectaculares que provocan reacciones espectaculares cuando los intereses particulares desean que recorran el mundo entero, haciéndose virales. Sin embargo, hay realidades que existen y que hacen daño a quiénes hoy promueven este conflicto pero que no interesa que se dé a la luz. Lo que no se conoce no existe, y por lo tanto si no se informa no existe. Sólo se difunde aquello que está perfectamente cuidado y de lo que se sabe que va a provocar la reacción que se espera.  Sólo vemos aquello que interesa saber.

Es necesario no quedarnos en los grandes titulares y en los montajes espectaculares, porque detrás de esos montajes hay una historia que no se conoce; protagonistas que sufren y que no se convertirán en héroes porque su sufrimiento hace daño a quien los genera. Porque, también en los medios de comunicación y en las informaciones, “no es oro todo lo que reluce”.

Grupo Areópago

Cuando #lomalo vence

periodistas Hagan un ejercicio práctico. Abran un periódico de edición impresa o digital. Cualquier periódico, y cualquier día. Cuenten las noticias que hay. Presten atención a las noticias que tienen carácter positivo y cuáles negativo. Cuántas reflejan informaciones de hechos que podríamos denominar buenos y cuántas informan de acontecimientos tristes y negativos.  O sintonicen un informativo de televisión o radiofónico, pongan atención a los titulares. Cuántos positivos y cuántos negativos. El resultado será el mismo en los medios escritos que en los audiovisuales. El 90% de la información que recogen los medios de comunicación son historias de acontecimientos negativos. Lo bueno ocupa menos espacio. Los acontecimientos que hablan de esperanza, de vida o de valores positivos son poco o nada atractivos para las redacciones. Los grandes titulares son para los “malos”, los “buenos” se quedan en las curiosidades, en las páginas finales o en la contraportada o cierre. Lo “bueno” llega a ser hasta curioso. Dentro de un panorama de delitos, corrupción, muertes, tragedias y escándalos que surja una noticia en positivo resulta hasta “especial”. “Lo bueno” nos devuelve en muchos casos la sensibilidad por el otro, y aquello de que no “todo el mundo es malo”. Los medios de comunicación influyen en nosotros, en nuestras opiniones y hasta en nuestra forma de pensar. Se suele decir que ofrecen lo que nosotros queremos escuchar, leer o ver. La noticia es poder, un poder que saca a la luz lo que interesa y silencia lo que no se quiere dar a conocer. Lo que es noticia existe, y lo que no es, es como si no existiera. Sólo “lo malo” vende; atrae lo escandaloso; impacta lo más amarillo. Es una excelente fórmula mediática que tiene bastante éxito. Cada día se producen más noticias buenas que malas, lo único es que “lo malo” sobresale y por lo tanto es lo que más se conoce. Y si se conoce, existe. Los medios de comunicación deberían apostar por ofrecer más historias positivas, que nos enseñen valores y actitudes que sean ejemplo para todos nosotros y que demuestren que el bien se impone al mal, aunque este último gane la batalla mediática. La celebración de San Francisco de Sales, patrono de los periodistas, nos puede dar esperanza para lograr este objetivo.  

Grupo AREÓPAGO