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Como la dignidad de la madre es mayor que la del feto

Durante su ponencia en un Curso organizado por la Universidad Complutense, un reputado ginecólogo –que se explicaba con verbo fácil ante la mirada atenta de una audiencia constituida en su gran mayoría por ginecólogos–, en un momento de su exposición dijo:“…como la dignidad de la madre es mayor que la del feto…” y continuó su disertación justificando determinadas acciones que sobre éste podrían llevarse a cabo, apoyándose en la idea anterior. Nadie pestañeó. Parecía que la mayoría de los oyentes aceptaban como verdad esta premisa, y por tanto, la justificación de lo que venía después. Durante el café, al finalizar la ponencia, uno de los participantes se acercó al reputado ginecólogo y le preguntó: “¿cuál es el recorrido intelectual que te ha llevado a aceptar como una verdad evidente que la dignidad de la madre es mayor que la del feto?” Ahora fue él quien dejó de pestañear. Tras unos instantes de perplejidad, reconoció que nunca lo había pensado. Que lo daba por bueno porque sí. Así lo había aprendido y así lo mantenía, y sobre eso, seguía construyendo su praxis médica.Al darse cuenta de la trascendencia de lo ocurrido, se sintió mal, y prometió darle “una pensada” (palabras literales) al tema. El ser humano es un fin en sí mismo. Esto le confiere un valor que llamamos dignidad. Por el hecho de ser persona tenemos dignidad (ontológica), que no puede medirse (no hay unidades de medida de la dignidad) y, por tanto, no puede compararse. La dignidad ontológica de cada persona es máxima. No admite categorías. Exige respeto máximo. Hay otro tipo de dignidad, la dignidad moral, que es la que cada uno de nosotros nos vamos ganando según nuestras acciones. Las personas mayores somos responsables de nuestras acciones, no así el feto. Aunque nuestra dignidad ontológica siempre es máxima, al poder elegir si obrar bien o mal, nos jugamos nuestra dignidad moral. El asumir acríticamente como verdad evidente una falsedad puede ser irresponsable, y mucho más si se justifican acciones inhumanas a partir de esa premisa falsa.Ciertamente, el asunto merece “una pensada”.  

Grupo AREÓPAGO

La ONU, el zica y los microcéfalos

  virus Estos días pasados, los medios se hacían eco del comunicado de la ONU a través del alto comisionado de los Derechos Humanos a que los países afectados por el zika garanticen el acceso al aborto por el grave riesgo de microcefalia fetal asociado al contagio de este virus. Se aprovecha este llamamiento para dejar constancia que América Latina es una de las regiones del mundo más restrictivas en materia de aborto y por ello se insta de nuevo a los gobiernos a legislar en favor del aborto. En el comunicado queda patente cuales son los objetivos que hay que eliminar urgentemente: el virus, el mosquito que lo transmite y los microcéfalos. También da a entender que los países con legislaciones restrictivas del aborto suponen un peligro para el orden internacional, ya que tales ordenamientos vulneran las leyes internacionales. En el comunicado todavía no se sugiere que haya que acabar con esos países infectados por la lógica y racional defensa de la persona humana no nacida, aunque sea portadora de una discapacidad. Sorprende que la ONU ponga al mismo nivel un virus, un mosquito y un niño discapacitado. Pero sorprende aún más que se banalice de tal modo la discapacidad. Si se insta a abortar un microcéfalo, no es porque sea un niño, sino porque es portador de una discapacidad y el discapacitado es mejor eliminarlo antes del nacimiento, ya que una vez nacido obliga a invertir en su bienestar grandes recursos, considerados desproporcionados a su aportación a la sociedad. Es paradójico que el alto comisionado de los Derechos Humanos (han leído bien) sostenga que los niños discapacitados no tienen derecho a nacer. También llama la atención y es paradójico que se consideren las leyes en favor del derecho a la vida contrarias a la legislación internacional, y sin embargo la presión sobre la autonomía legislativa de los países no se estime contraria a ella.

Grupo AREÓPAGO