Archivo de la etiqueta: don de la vida

La verdad por su nombre

Según el informe publicado por el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, en el año 2017 se practicaron en España 94.123 abortos voluntarios, lo que supone un aumento de un millar de casos respecto a los del año 2016. De esos 94.123 abortos voluntarios, 84.474 lo fueron por decisión voluntaria de la mujer, 6.008... Seguir leyendo → La entrada La verdad por su nombre se publicó originalmente en Areópago Diálogo.

Jesús Vidal y el canto a la vida

Se llama Jesús Vidal y ha sido premiado con el Goya al mejor actor revelación. Pero Jesús ha revelado con su actitud, sus palabras y su lucha muchas más cosas. Es filólogo, máster en periodismo y ha trabajado en la agencia Efe. Ha luchado desde muy pequeño, con el calor y el apoyo de sus... Seguir leyendo → La entrada Jesús Vidal y el canto a la vida se publicó originalmente en Areópago Diálogo.

Jugar con los genes

Hace semanas un científico chino sacudió al mundo al afirmar que había creado los primeros bebés genéticamente modificados. La comunidad científica internacional ha condenado dicho experimento, si es que se ha realizado realmente, porque existen muchas dudas al respecto. Además de las cuestiones éticas que surgen referidas a la manipulación del genoma humano, dicho tratamiento... Seguir leyendo → La entrada Jugar con los genes se publicó originalmente en Areópago Diálogo.

Estado y Vida

Hoy 10 de diciembre se cumplen 70 años de la Declaración Universal de Derechos Humanos, adoptada en 1948 por la Asamblea General de las Naciones Unidas, al término de la Segunda Guerra Mundial.  Esta Declaración es un documento “que marca un hito en la historia de los derechos humanos”, porque fue redactada por representantes de... Seguir leyendo → La entrada Estado y Vida se publicó originalmente en Areópago Diálogo.

Fabricar vida

“Logran producir crías de ratón con padres del mismo sexo”, titula un rotativo de tirada nacional la reciente noticia de que un grupo de investigadores ha conseguido producir con dos madres ratones sanos que después pudieron tener su propia descendencia con normalidad. Se suma a muchas otras que nos deberían llevar a pensar sobre la finalidad de estas investigaciones, los límites de la ciencia y la necesidad de fijar pautas de actuación éticas que marquen el camino para evitar que los resultados se vuelvan contra nosotros mismos. Más allá de ello, esta situación suscita una profunda reflexión: la vida no se fabrica, sino que se engendra. En el caso de los seres humanos no estamos muy lejos de esta misma realidad; fecundación in vitro, inseminación artificial, vientres de alquiler, por señalar algunos ejemplos, ponen de manifiesto que la reproducción, entendida como capacidad natural de engendrar, está dando paso a la producción. Con ello, se corre el riesgo de que nuestros hijos dejen de ser el fruto del amor entre un hombre y una mujer que tienen un proyecto en común y se transformen en un producto objeto de deseo que se adquiere bajo demanda. Con esta afirmación no se pretende juzgar las intenciones ni las decisiones de las personas que optan por esta vía, sino simplemente llamar la atención acerca de la involución que se está produciendo en nuestros días como consecuencia de una doble realidad. De un lado, el retraso continuo en la estabilización de los proyectos de vida, que no va acompañado de un retraso biológico en la paternidad/maternidad (pues la fertilidad no ha cambiado en siglos y no lo hará) lo que lleva en no pocas ocasiones a que, cuando se valora que ha llegado el momento de tener un hijo, no es posible lograrlo por medios naturales. De otro, la trivialización de la sexualidad y del sexo biológico, que conduce a descontextualizar el amor y la capacidad de engendrar vida con responsabilidad. Los poderes públicos tienen una gran responsabilidad ante ello. También nosotros, ciudadanos de a pie. Una sociedad que fabrica vida en lugar de engendrarla, paradójicamente, está condenada a la muerte.  

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25 DE DICIEMBRE, LA VIDA EN BELÉN

Jesús María y José ¡Qué privilegio poder escribir sobre el don de la vida en el día de Navidad! Eso es lo que viene a la mente en el momento de empezar a escribir este artículo. La imaginación vuela a Belén, tantas veces descrito, pensado, orado y representado en diversos momentos de la historia y en muchos rincones del planeta. Una mujer y un hombre muy jóvenes, con otros planes para sus vidas y para el nacimiento de su bebé; lejos del hogar, de parientes y conocidos, lejos de comodidades y de todo lo que normalmente acompaña al nacimiento de un hijo. El calor de una mula y un buey, el silencio de la noche, la luz de la luna y el momento del parto. Imaginamos a María colocando al hijo en aquel pesebre y a José tratando de hacerse cargo de madre e hijo. Pronto aparecieron los primeros adoradores: sencillos pastores. No hay que olvidar que los pastores, juntamente con los publicanos, eran considerados oficialmente como ilegales y proscritos. En la época de Jesucristo, a los pastores, dice León Dufour, se les asemejaba a ladrones y matones. No sabemos cuánto tiempo después aparecieron aquellos Magos extranjeros buscando al Rey de los Judíos. En Belén por tanto se dieron cita la VIDA, la pobreza, la alegría, el misterio, los excluidos, el dolor, la esperanza. A Belén llegaron los que no contaban, los que no pertenecían al pueblo elegido, los más sencillos. Ellos sí estuvieron disponibles para dejarlo todo y ponerse en camino y rendirse ante el milagro de Dios hecho bebé. Hoy en día son muchos los nuevos “pastores”, demasiados los excluidos. Como también son muchos los que, como el Rey Herodes, sólo buscan el beneficio personal en esta sociedad. La pregunta que hemos de hacernos todos es: ¿Por qué fueron ellos capaces de reconocer la VIDA y el don que supone cuando en principio eran los menos adecuados, en la cultura dominante del momento, para descubrirlo?  Humildad. Esa es la clave. Cuando uno está ante el misterio de una vida que empieza, o que termina o que se ve gravemente limitada por la enfermedad, la discapacidad, las condiciones precarias, si en el corazón no hay humildad, podemos llegar a creernos que efectivamente podemos “ser como Dios” y decidir qué vida es digna y cual no lo es. Qué vida descartar y cual es merecedora de seguir adelante. Esta Navidad es una oportunidad para que todos, los nuevos Herodes y los nuevos Pastores, nos dejemos envolver y atrapar por el Misterio de este Dios de la Vida que se esconde en la sonrisa y el sollozo de un bebé. Él se hizo niño para todos nosotros, creamos o no. Quiera Él que, como pastores y magos, dejemos nuestros criterios para salir en busca de la verdad.  

GRUPO AREÓPAGO