Archivo de la etiqueta: areópago

El mayor regalo

En el mes de noviembre se ha estrenado en toda España una nueva película de Juan Manuel Cotelo: El mayor regalo. Es más que probable que para el gran público este hecho haya pasado completamente desapercibido porque, más allá de algunos breves espacios en televisión y varias reseñas en periódicos y en blogs, este tipo... Seguir leyendo → La entrada El mayor regalo se publicó primero en Areópago Diálogo.

Refugiados y estados fallidos

Se considera un estado fallido (o estado frágil) aquél en que sus gobernantes no pueden garantizar los mínimos derechos humanos a sus ciudadanos: la seguridad, el suministro de agua y alimentos, la sanidad, la educación, el cumplimiento de la ley… El control del país pasa a ser ejercido por grupos mafiosos, por los señores de... Seguir leyendo →

Y ahora la opción…del cambio de nombre

Desde el 24 de octubre de 2018 los menores transexuales emancipados o los no emancipados acompañados de sus padres o tutores pueden solicitar el cambio de nombre en el Registro Civil. Se requiere para ello la firma del menor si tiene más de 12 años, y si aún no se alcanza esa edad, el menor... Seguir leyendo →

Silencios comprados

Recientemente se ha hecho pública la Sentencia dictada en septiembre por la Audiencia Provincial de Madrid que reconoce al Dr. Vela, ginecólogo jubilado, como culpable del robo de una bebé. Una niña de pocos días de vida fue entregada en el año 1969 a una pareja que no podía tener hijos; no hubo consentimiento de la madre biológica, simulándose un parto inexistente y expidiéndose una certificación de nacimiento que sirvió para inscribir a la menor como hija biológica de tal pareja. A pesar de que la sentencia considera como probados estos hechos, absuelve al Dr. Vela por haber prescrito los delitos de detención ilegal, falsedad documental y suposición de parto que se le imputaban. Le entonces niña, tiene hoy un rostro conocido, se llama Inés Madrigal y es la primera persona que ha conseguido que su denuncia se haya tramitado judicialmente en España; Inés ya ha anunciado su intención de recurrir ante el Tribunal Supremo, pues de lo que se resuelva dependerá el futuro de otras más de 2.000 causas judiciales archivadas por similares supuestos. Se trata del derecho de estas personas a conocer su identidad y de que sean juzgados los que participaron en estos hechos asumiendo su participación en los mismos, ya que olvidaron que los seres humanos no son objeto ni de robo ni de transacción comercial. ¿No encontramos un cierto paralelismo en ese silencio de los niños robados con el silencio actual de parte de nuestra sociedad con el tema de los vientres de alquiler? ¿Qué hay detrás del silencio de los que callan, incluso católicos, que no alzan la voz en defensa del ser humano? ¿Nos hemos engañado creyendo de que cualquier deseo intenso vale más que la verdad de la dignidad del ser humano, contagiados de un relativismo que va engullendo todo?

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Acción política en tiempos de postverdad

Fotografía de Europa Press

Sin duda, la noticia política de estos días es el pacto presupuestario a que han llegado el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, y que supone un cambio en la política económica fundamentada en el equilibrio presupuestario a través de la contención del gasto público, para priorizar el gasto social. Las reacciones, muy diversas… En los protagonistas del pacto, euforia incontenida; en los partidos de la oposición, ¡alarma!; en el periodismo, diversidad de opiniones según su traje, ya se sabe, pero tendentes a pensar que estamos en campaña electoral.

 ¿Y en nosotros, los ciudadanos, gente de a pie que no entendemos de macroeconomía, pero sí observamos la realidad política y la analizamos a la luz del sentido común? Tal vez, indeterminación, que aquí no significa apatía ante la cosa pública, sino más bien desconfianza frente a una forma nueva de hacer política que tiene a la postverdad como su principal estrategia.

Sí, corren tiempos de postverdad. Declarada palabra del año en 2016 e incorporada al diccionario por la Real Academia de la Lengua Española en 2017 como “distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencia y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales” se abre paso con fuerza, no solo en la política y en los medios de comunicación, sino también en nuestro vivir cotidiano. Sin duda, esta distorsión de la realidad para manipular la opinión pública ha formado parte del actuar sociopolítico, económico y cultural en todas las épocas, pero hoy adquiere una fuerza decisiva gracias a la proliferación de una amplia gama de canales de transmisión. Una sociedad donde adquieren categoría antropológica la velocidad, la provisionalidad, el encumbramiento de la emocionalidad a costa de la razón…, proporciona abono adecuado al poder político, o a cualquier otro, para manipular los hechos y conformarlos según sus objetivos de poder. Es la fuerza de la postverdad. 

De ahí que el ciudadano medio, la gente de la calle, ante este pacto presupuestario, nos preguntemos, ¿será un mensaje para provocar un estado de ánimo favorable a sus intereses políticos? ¿Será una propuesta sin fundamento real? ¿O será un “globo sonda” para encubrir otras situaciones políticas difíciles de explicar? Simplemente, desconfiamos… Pero la falta de confianza en los políticos corroe la democracia y desestabiliza el sistema. Y esto es lo grave, lo verdaderamente grave.

GRUPO AREÓPAGO

No son de los obispos, ¡son del pueblo!

Desde hace varios años se está tratando de generar una falsa polémica acerca de la propiedad de determinados templos que, aparte de estar dedicados al culto, poseen un gran valor artístico e histórico y, por ello, generan múltiples ingresos. Se discute su propiedad por considerarse que pertenecen “al pueblo” –lo que ha de ser traducido en este caso por “instituciones públicas”– y por entender que se ha accedido a ella por medios contrarios a Derecho. La polémica no sólo es falsa, sino que, además, resulta artificial. Basta con leer los argumentos que se exponen en los informes de supuestos expertos para darse cuenta de ello. La inmatriculación es un acto formal consistente en incorporar al Registro de la Propiedad un bien que se posee legítimamente. La inscripción en el mismo se produce una vez acreditada la propiedad mediante justo título; dicho sencillamente, tal inscripción no atribuye la propiedad de un bien, sino que simplemente da fe pública de esta. A través de una Ley de 1998, partiendo de una situación de facto –la existencia de múltiples bienes que estaban sin inscribir porque la posesión continuada de los mismos durante siglos lo hacía innecesario– se abrió la posibilidad de inmatricular aquellos de propiedad de la Iglesia mediante la presentación de un certificado del Obispo titular de la Diócesis. Esta posibilidad se cerró, con una nueva reforma normativa, en el año 2014, por entender que ya había existido tiempo suficiente para culminar la regularización registral de tales bienes. Durante esos años se han inscrito en los correspondientes Registros de la Propiedad Iglesias, Ermitas, Catedrales, casas sacerdotales o salones parroquiales, es decir, edificios destinados a celebrar y vivir la fe por parte de los fieles. Es más que evidente que todos ellos no se conservarían en nuestros días de no haber sido por estar destinados a uso celebrativo y por ser propiedad de “la Iglesia” (Parroquias, Diócesis, congregaciones religiosas). Piénsese sencillamente en el hecho de que la mayor parte de los bienes que fueron objeto de alguna de las desamortizaciones llevadas a cabo en el siglo XIX o bien han desaparecido como consecuencia de su abandono o bien han pasado a manos privadas y, por ello, no pueden ser objeto de uso público. La propuesta de reclamar la propiedad de edificios de incalculable valor que generan importantes beneficios –aquellos que carecen del mismo no son objeto de reivindicación pública– esconde claramente una desamortización encubierta que cercena el derecho de propiedad reconocido en el art. 33 de la Constitución Española y, sobre todo, la libertad religiosa del 16. Pero hay más. Son edificios heredados de nuestros antepasados que, durante siglos, han servido permanentemente a la finalidad para la que fueron construidos: dar culto a Dios. No podemos perder de vista esta perspectiva. Por ello se han conservado y por eso son tan bellos. Privarles de tal finalidad sería privarles de su esencia y sólo su pertenencia a la Iglesia la garantiza. Junto con ello, no puede olvidarse el hecho de que los beneficios que generan los que poseen más valor no van al bolsillo de los Obispos ni de los miembros de los respectivos cabildos, sino que se destinan a su conservación, a proyectos de caridad o a iniciativas culturales de las que todos nos beneficiamos. Quienes han generado la polémica sólo tienen razón en un extremo. Estos bienes no son (sólo) de los Obispos, sino que pertenecen al pueblo; pero no a cualquier pueblo, sino al Pueblo de Dios. ¿De verdad estaríamos dispuestos a que la Catedral de Córdoba o la de Toledo pasen a ser gestionadas por nuestros políticos?    

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Sánchez, Casado ¡Necesitamos Pactos de Estado!

AGENCIA EFE AGENCIA EFE La elección del nuevo líder del PP ha estado acompañada de una cascada de reacciones desde todos los ámbitos de la sociedad, especialmente desde los medios de comunicación de la izquierda. Aunque aún no ha tomado decisiones, ni en un sentido ni en otro, algunos intentan quitar legitimidad a Pablo Casado, otros lo critican duramente por su giro a la derecha o por ver amenazado el espacio político ganado en los últimos tiempos. Pocos ven este cambio como una oportunidad para, dejando de lado las diferencias políticas, alcanzar acuerdos sobre temas importantes. Existen tres particularmente urgentes. En primer lugar, resulta imprescindible un Pacto por la familia, la vida y la dignidad de las personas, con el objetivo de reconstruir nuestra sociedad actualmente herida. Contemplar medidas para favorecer la maternidad y lograr una integración real de la mujer en la vida social, sin tener que optar entre ser madre o realizarse profesionalmente; apoyar a las mujeres embarazadas en circunstancias difíciles para que libremente puedan optar por seguir con su maternidad; ayudar y atender a las personas que viven el miedo ante la enfermad incurable, a la soledad o al abandono de los suyos; ampliar y mejorar los cuidados paliativos y concienciar a la sociedad de la necesidad de atender dignamente a todas las personas,  no son medidas ideológicas, sino decisiones que pueden contribuir a regenerar la sociedad, a fomentar la solidaridad, a erradicar la violencia y, en definitiva, a hacer sostenible el Estado de Bienestar. En segundo lugar, es crucial un Pacto por la Educación. La educación de nuestros hijos ha de quedar fuera del debate ideológico de carácter político y, contando con los padres y madres, escuchando sus demandas, respetando su derecho a educar conforme a las propias convicciones, ha de fomentarse una escuela que forme personas maduras y libres. Configurada como servicio público, prestado por el Estado y por entidades de iniciativa social, ha de estar siempre orientada al bien común y al crecimiento de la persona. Finalmente, en tercer lugar, un Pacto por la integración. La inmigración, si bien en el corto plazo puede entenderse como un problema, bien afrontada constituye una oportunidad de enriquecimiento mutuo social y culturalmente. La división entre ciudadanos, provocada por el auge de los nacionalismos egoístas, debe ser superada mediante el fomento de lo que nos une y no desde la profundización en lo que nos diferencia. La polarización ideológica, consecuencia de la reaparición de fantasmas del pasado, ha de ser superada para construir una sociedad plural, abierta, respetuosa y en paz. Ciertamente, en un contexto político y social como el actual, alcanzar estos Pactos de Estado exige altura de miras, pensar en el conjunto de ciudadanos y no en los propios votantes, valentía para abordarlos desde la certeza de la contribución al bien común. Sin embargo, promoverlos no es sólo responsabilidad de nuestros dirigentes políticos. Es igualmente misión de todos nosotros.

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Sánchez, Casado ¡Necesitamos Pactos de Estado!

AGENCIA EFE AGENCIA EFE La elección del nuevo líder del PP ha estado acompañada de una cascada de reacciones desde todos los ámbitos de la sociedad, especialmente desde los medios de comunicación de la izquierda. Aunque aún no ha tomado decisiones, ni en un sentido ni en otro, algunos intentan quitar legitimidad a Pablo Casado, otros lo critican duramente por su giro a la derecha o por ver amenazado el espacio político ganado en los últimos tiempos. Pocos ven este cambio como una oportunidad para, dejando de lado las diferencias políticas, alcanzar acuerdos sobre temas importantes. Existen tres particularmente urgentes. En primer lugar, resulta imprescindible un Pacto por la familia, la vida y la dignidad de las personas, con el objetivo de reconstruir nuestra sociedad actualmente herida. Contemplar medidas para favorecer la maternidad y lograr una integración real de la mujer en la vida social, sin tener que optar entre ser madre o realizarse profesionalmente; apoyar a las mujeres embarazadas en circunstancias difíciles para que libremente puedan optar por seguir con su maternidad; ayudar y atender a las personas que viven el miedo ante la enfermad incurable, a la soledad o al abandono de los suyos; ampliar y mejorar los cuidados paliativos y concienciar a la sociedad de la necesidad de atender dignamente a todas las personas,  no son medidas ideológicas, sino decisiones que pueden contribuir a regenerar la sociedad, a fomentar la solidaridad, a erradicar la violencia y, en definitiva, a hacer sostenible el Estado de Bienestar. En segundo lugar, es crucial un Pacto por la Educación. La educación de nuestros hijos ha de quedar fuera del debate ideológico de carácter político y, contando con los padres y madres, escuchando sus demandas, respetando su derecho a educar conforme a las propias convicciones, ha de fomentarse una escuela que forme personas maduras y libres. Configurada como servicio público, prestado por el Estado y por entidades de iniciativa social, ha de estar siempre orientada al bien común y al crecimiento de la persona. Finalmente, en tercer lugar, un Pacto por la integración. La inmigración, si bien en el corto plazo puede entenderse como un problema, bien afrontada constituye una oportunidad de enriquecimiento mutuo social y culturalmente. La división entre ciudadanos, provocada por el auge de los nacionalismos egoístas, debe ser superada mediante el fomento de lo que nos une y no desde la profundización en lo que nos diferencia. La polarización ideológica, consecuencia de la reaparición de fantasmas del pasado, ha de ser superada para construir una sociedad plural, abierta, respetuosa y en paz. Ciertamente, en un contexto político y social como el actual, alcanzar estos Pactos de Estado exige altura de miras, pensar en el conjunto de ciudadanos y no en los propios votantes, valentía para abordarlos desde la certeza de la contribución al bien común. Sin embargo, promoverlos no es sólo responsabilidad de nuestros dirigentes políticos. Es igualmente misión de todos nosotros.

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Crisis demográfica

nacimiento2 Ha sido una coincidencia que nos puede ayudar a abrir los ojos: el mismo día en que el Instituto Nacional de Estadística publicaba los datos de la situación demográfica en España (el número de nacimientos en 2017, ha sido el más bajo desde 1996 y el de defunciones el más alto desde 1976) el Partido Socialista anunciaba la presentación al Congreso de la Ley de Eutanasia. Como todos sabemos, la crisis demográfica va a tener como destino final, un país envejecido, con muy poca población joven. Las consecuencias de este tipo de pirámide de población son de todos conocidas y no hace falta abundar en ellas. Pero como en casi toda circunstancia desfavorable, una vez hecho el diagnóstico, es posible aplicar la medicina apropiada para revertir la situación. Se pueden poner en marcha políticas que favorezcan la maternidad. Recientemente ha saltado a la palestra el ejemplo de Hungría, un país donde alarmados por la tasa de natalidad (1,4 hijos por mujer. En España el dato desciende a 1,3 hijos por mujer) han implementado medidas que verdaderamente están teniendo éxito y que son un firme apoyo para que los nacimientos se incrementen y se proteja y defienda a la familia y para que éstas puedan tener menos trabas para acoger a los hijos sin tener que verse sometidos a tantas presiones, obstáculos y dificultades. Entre las medidas destacan la de destinar el 3,6% del PIB en ayudas a las familias y a la natalidad. Otra de ellas consiste en incrementar las ayudas a partir del segundo hijo, con el objetivo, de animar a las familias a tener más hijos a partir del segundo. También habrá reducciones fiscales: una rebaja por familia de 33 euros al mes por un hijo, 82 euros al mes por dos hijos, 322 euros por tres hijos y 430 euros mensuales por cuatro hijos. Cuando escuchamos que una de las primeras medidas del nuevo gobierno, ha sido cambiar la denominación de “Consejo de Ministros”, por “Consejo de Ministros y Ministras” y de fondo, observamos los graves impedimentos que tiene una mujer para poder conciliar su vida familiar y laboral, las escasísimas y vergonzosas ayudas a la maternidad de las que se pueden disponer, sabiendo que esto nos lleva al descalabro social, no se puede por menos que considerar que verdaderamente nuestros políticos no se enteran, o no se quieren enterar de nada.    

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Togas negras, batas blancas

El Congreso de los Diputados ha aprobado el debatir la despenalización de la eutanasia junto con el suicidio asistido; Tal despenalización conllevaría exonerar de responsabilidad penal a quien ayude a morir a un enfermo terminal o incurable, cuya enfermedad le provoque sufrimiento físico o psíquico grave. Despenalizar la eutanasia supondrá la reforma del actual código penal, que hasta ahora castiga la eutanasia con una pena de prisión de 4 a 8 años y entre 2 y 5 años de prisión el suicidio asistido. Como ya ocurrió con el tema de la despenalización del aborto, se busca que el principio de la mayoría se convierta nuevamente en el  único criterio de la verdad, con una concepción deficiente del valor de la persona y del sentido de justicia; Como en el tema del aborto, con la búsqueda de la eutanasia como derecho y derecho financiado por el Sistema Nacional de Salud, se intenta volver a  unir “las togas negras” con las “batas blancas” en defensa de la cultura de la muerte, en lugar de proponer una ley a nivel estatal que garantice e invierta en cuidados paliativos y  que respete la vida humana hasta la muerte natural . Lo que se pretende en nuestro país en este momento con una apariencia de “buenismo” y que pretende ser un derecho para enfermos terminales basado en la autonomía del paciente, aventuro a decir que de regularse para determinadas situaciones terminará siendo la puerta abierta a decidir cómo y cuándo morir a la carta …como se nos ha recordado recientemente con el caso de David Goodal, que no sufría ninguna enfermedad terminal, pero que se cansó de vivir. Entre los factores que más influyen en la creciente aceptación social de la eutanasia está la imposibilidad de la cultura dominante de descubrir el sentido y valor del sufrimiento. Estamos llamados a encontrar el camino para ayudar a todos los hombres de nuestro tiempo a descubrir los bienes y valores escondidos en el sufrimiento, empezando por nuestras casas, enseñando a nuestros hijos que existe el sufrimiento y que tiene un gran valor acogerlo e incorporarlo a nuestra propia existencia humana, abriendo nuestras vidas al sufrimiento de los otros, mostrándonos cercanos hacia los enfermos, ancianos, necesitados… vivir así el sentido del sufrimiento es “cuestión de experiencia”, para el que solo existe el camino del amor, la acogida y el servicio a la vida humana….y desde ahí confiar en que entre ” las togas negras” se alcen con fuerza voces a favor de legislar  leyes justas que defiendan el derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural y que  entre “las batas blancas” sigan existiendo valientes profesionales sanitarios que sin ser reconocida su labor por los medios de comunicación, sigan cuidando y acompañando al enfermo y su familia hasta que esas vidas siempre dignas se apaguen de manera natural.  

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