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No son de los obispos, ¡son del pueblo!

Desde hace varios años se está tratando de generar una falsa polémica acerca de la propiedad de determinados templos que, aparte de estar dedicados al culto, poseen un gran valor artístico e histórico y, por ello, generan múltiples ingresos. Se discute su propiedad por considerarse que pertenecen “al pueblo” –lo que ha de ser traducido en este caso por “instituciones públicas”– y por entender que se ha accedido a ella por medios contrarios a Derecho. La polémica no sólo es falsa, sino que, además, resulta artificial. Basta con leer los argumentos que se exponen en los informes de supuestos expertos para darse cuenta de ello. La inmatriculación es un acto formal consistente en incorporar al Registro de la Propiedad un bien que se posee legítimamente. La inscripción en el mismo se produce una vez acreditada la propiedad mediante justo título; dicho sencillamente, tal inscripción no atribuye la propiedad de un bien, sino que simplemente da fe pública de esta. A través de una Ley de 1998, partiendo de una situación de facto –la existencia de múltiples bienes que estaban sin inscribir porque la posesión continuada de los mismos durante siglos lo hacía innecesario– se abrió la posibilidad de inmatricular aquellos de propiedad de la Iglesia mediante la presentación de un certificado del Obispo titular de la Diócesis. Esta posibilidad se cerró, con una nueva reforma normativa, en el año 2014, por entender que ya había existido tiempo suficiente para culminar la regularización registral de tales bienes. Durante esos años se han inscrito en los correspondientes Registros de la Propiedad Iglesias, Ermitas, Catedrales, casas sacerdotales o salones parroquiales, es decir, edificios destinados a celebrar y vivir la fe por parte de los fieles. Es más que evidente que todos ellos no se conservarían en nuestros días de no haber sido por estar destinados a uso celebrativo y por ser propiedad de “la Iglesia” (Parroquias, Diócesis, congregaciones religiosas). Piénsese sencillamente en el hecho de que la mayor parte de los bienes que fueron objeto de alguna de las desamortizaciones llevadas a cabo en el siglo XIX o bien han desaparecido como consecuencia de su abandono o bien han pasado a manos privadas y, por ello, no pueden ser objeto de uso público. La propuesta de reclamar la propiedad de edificios de incalculable valor que generan importantes beneficios –aquellos que carecen del mismo no son objeto de reivindicación pública– esconde claramente una desamortización encubierta que cercena el derecho de propiedad reconocido en el art. 33 de la Constitución Española y, sobre todo, la libertad religiosa del 16. Pero hay más. Son edificios heredados de nuestros antepasados que, durante siglos, han servido permanentemente a la finalidad para la que fueron construidos: dar culto a Dios. No podemos perder de vista esta perspectiva. Por ello se han conservado y por eso son tan bellos. Privarles de tal finalidad sería privarles de su esencia y sólo su pertenencia a la Iglesia la garantiza. Junto con ello, no puede olvidarse el hecho de que los beneficios que generan los que poseen más valor no van al bolsillo de los Obispos ni de los miembros de los respectivos cabildos, sino que se destinan a su conservación, a proyectos de caridad o a iniciativas culturales de las que todos nos beneficiamos. Quienes han generado la polémica sólo tienen razón en un extremo. Estos bienes no son (sólo) de los Obispos, sino que pertenecen al pueblo; pero no a cualquier pueblo, sino al Pueblo de Dios. ¿De verdad estaríamos dispuestos a que la Catedral de Córdoba o la de Toledo pasen a ser gestionadas por nuestros políticos?    

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Sánchez, Casado ¡Necesitamos Pactos de Estado!

AGENCIA EFE AGENCIA EFE La elección del nuevo líder del PP ha estado acompañada de una cascada de reacciones desde todos los ámbitos de la sociedad, especialmente desde los medios de comunicación de la izquierda. Aunque aún no ha tomado decisiones, ni en un sentido ni en otro, algunos intentan quitar legitimidad a Pablo Casado, otros lo critican duramente por su giro a la derecha o por ver amenazado el espacio político ganado en los últimos tiempos. Pocos ven este cambio como una oportunidad para, dejando de lado las diferencias políticas, alcanzar acuerdos sobre temas importantes. Existen tres particularmente urgentes. En primer lugar, resulta imprescindible un Pacto por la familia, la vida y la dignidad de las personas, con el objetivo de reconstruir nuestra sociedad actualmente herida. Contemplar medidas para favorecer la maternidad y lograr una integración real de la mujer en la vida social, sin tener que optar entre ser madre o realizarse profesionalmente; apoyar a las mujeres embarazadas en circunstancias difíciles para que libremente puedan optar por seguir con su maternidad; ayudar y atender a las personas que viven el miedo ante la enfermad incurable, a la soledad o al abandono de los suyos; ampliar y mejorar los cuidados paliativos y concienciar a la sociedad de la necesidad de atender dignamente a todas las personas,  no son medidas ideológicas, sino decisiones que pueden contribuir a regenerar la sociedad, a fomentar la solidaridad, a erradicar la violencia y, en definitiva, a hacer sostenible el Estado de Bienestar. En segundo lugar, es crucial un Pacto por la Educación. La educación de nuestros hijos ha de quedar fuera del debate ideológico de carácter político y, contando con los padres y madres, escuchando sus demandas, respetando su derecho a educar conforme a las propias convicciones, ha de fomentarse una escuela que forme personas maduras y libres. Configurada como servicio público, prestado por el Estado y por entidades de iniciativa social, ha de estar siempre orientada al bien común y al crecimiento de la persona. Finalmente, en tercer lugar, un Pacto por la integración. La inmigración, si bien en el corto plazo puede entenderse como un problema, bien afrontada constituye una oportunidad de enriquecimiento mutuo social y culturalmente. La división entre ciudadanos, provocada por el auge de los nacionalismos egoístas, debe ser superada mediante el fomento de lo que nos une y no desde la profundización en lo que nos diferencia. La polarización ideológica, consecuencia de la reaparición de fantasmas del pasado, ha de ser superada para construir una sociedad plural, abierta, respetuosa y en paz. Ciertamente, en un contexto político y social como el actual, alcanzar estos Pactos de Estado exige altura de miras, pensar en el conjunto de ciudadanos y no en los propios votantes, valentía para abordarlos desde la certeza de la contribución al bien común. Sin embargo, promoverlos no es sólo responsabilidad de nuestros dirigentes políticos. Es igualmente misión de todos nosotros.

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Sánchez, Casado ¡Necesitamos Pactos de Estado!

AGENCIA EFE AGENCIA EFE La elección del nuevo líder del PP ha estado acompañada de una cascada de reacciones desde todos los ámbitos de la sociedad, especialmente desde los medios de comunicación de la izquierda. Aunque aún no ha tomado decisiones, ni en un sentido ni en otro, algunos intentan quitar legitimidad a Pablo Casado, otros lo critican duramente por su giro a la derecha o por ver amenazado el espacio político ganado en los últimos tiempos. Pocos ven este cambio como una oportunidad para, dejando de lado las diferencias políticas, alcanzar acuerdos sobre temas importantes. Existen tres particularmente urgentes. En primer lugar, resulta imprescindible un Pacto por la familia, la vida y la dignidad de las personas, con el objetivo de reconstruir nuestra sociedad actualmente herida. Contemplar medidas para favorecer la maternidad y lograr una integración real de la mujer en la vida social, sin tener que optar entre ser madre o realizarse profesionalmente; apoyar a las mujeres embarazadas en circunstancias difíciles para que libremente puedan optar por seguir con su maternidad; ayudar y atender a las personas que viven el miedo ante la enfermad incurable, a la soledad o al abandono de los suyos; ampliar y mejorar los cuidados paliativos y concienciar a la sociedad de la necesidad de atender dignamente a todas las personas,  no son medidas ideológicas, sino decisiones que pueden contribuir a regenerar la sociedad, a fomentar la solidaridad, a erradicar la violencia y, en definitiva, a hacer sostenible el Estado de Bienestar. En segundo lugar, es crucial un Pacto por la Educación. La educación de nuestros hijos ha de quedar fuera del debate ideológico de carácter político y, contando con los padres y madres, escuchando sus demandas, respetando su derecho a educar conforme a las propias convicciones, ha de fomentarse una escuela que forme personas maduras y libres. Configurada como servicio público, prestado por el Estado y por entidades de iniciativa social, ha de estar siempre orientada al bien común y al crecimiento de la persona. Finalmente, en tercer lugar, un Pacto por la integración. La inmigración, si bien en el corto plazo puede entenderse como un problema, bien afrontada constituye una oportunidad de enriquecimiento mutuo social y culturalmente. La división entre ciudadanos, provocada por el auge de los nacionalismos egoístas, debe ser superada mediante el fomento de lo que nos une y no desde la profundización en lo que nos diferencia. La polarización ideológica, consecuencia de la reaparición de fantasmas del pasado, ha de ser superada para construir una sociedad plural, abierta, respetuosa y en paz. Ciertamente, en un contexto político y social como el actual, alcanzar estos Pactos de Estado exige altura de miras, pensar en el conjunto de ciudadanos y no en los propios votantes, valentía para abordarlos desde la certeza de la contribución al bien común. Sin embargo, promoverlos no es sólo responsabilidad de nuestros dirigentes políticos. Es igualmente misión de todos nosotros.

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Crisis demográfica

nacimiento2 Ha sido una coincidencia que nos puede ayudar a abrir los ojos: el mismo día en que el Instituto Nacional de Estadística publicaba los datos de la situación demográfica en España (el número de nacimientos en 2017, ha sido el más bajo desde 1996 y el de defunciones el más alto desde 1976) el Partido Socialista anunciaba la presentación al Congreso de la Ley de Eutanasia. Como todos sabemos, la crisis demográfica va a tener como destino final, un país envejecido, con muy poca población joven. Las consecuencias de este tipo de pirámide de población son de todos conocidas y no hace falta abundar en ellas. Pero como en casi toda circunstancia desfavorable, una vez hecho el diagnóstico, es posible aplicar la medicina apropiada para revertir la situación. Se pueden poner en marcha políticas que favorezcan la maternidad. Recientemente ha saltado a la palestra el ejemplo de Hungría, un país donde alarmados por la tasa de natalidad (1,4 hijos por mujer. En España el dato desciende a 1,3 hijos por mujer) han implementado medidas que verdaderamente están teniendo éxito y que son un firme apoyo para que los nacimientos se incrementen y se proteja y defienda a la familia y para que éstas puedan tener menos trabas para acoger a los hijos sin tener que verse sometidos a tantas presiones, obstáculos y dificultades. Entre las medidas destacan la de destinar el 3,6% del PIB en ayudas a las familias y a la natalidad. Otra de ellas consiste en incrementar las ayudas a partir del segundo hijo, con el objetivo, de animar a las familias a tener más hijos a partir del segundo. También habrá reducciones fiscales: una rebaja por familia de 33 euros al mes por un hijo, 82 euros al mes por dos hijos, 322 euros por tres hijos y 430 euros mensuales por cuatro hijos. Cuando escuchamos que una de las primeras medidas del nuevo gobierno, ha sido cambiar la denominación de “Consejo de Ministros”, por “Consejo de Ministros y Ministras” y de fondo, observamos los graves impedimentos que tiene una mujer para poder conciliar su vida familiar y laboral, las escasísimas y vergonzosas ayudas a la maternidad de las que se pueden disponer, sabiendo que esto nos lleva al descalabro social, no se puede por menos que considerar que verdaderamente nuestros políticos no se enteran, o no se quieren enterar de nada.    

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Togas negras, batas blancas

El Congreso de los Diputados ha aprobado el debatir la despenalización de la eutanasia junto con el suicidio asistido; Tal despenalización conllevaría exonerar de responsabilidad penal a quien ayude a morir a un enfermo terminal o incurable, cuya enfermedad le provoque sufrimiento físico o psíquico grave. Despenalizar la eutanasia supondrá la reforma del actual código penal, que hasta ahora castiga la eutanasia con una pena de prisión de 4 a 8 años y entre 2 y 5 años de prisión el suicidio asistido. Como ya ocurrió con el tema de la despenalización del aborto, se busca que el principio de la mayoría se convierta nuevamente en el  único criterio de la verdad, con una concepción deficiente del valor de la persona y del sentido de justicia; Como en el tema del aborto, con la búsqueda de la eutanasia como derecho y derecho financiado por el Sistema Nacional de Salud, se intenta volver a  unir “las togas negras” con las “batas blancas” en defensa de la cultura de la muerte, en lugar de proponer una ley a nivel estatal que garantice e invierta en cuidados paliativos y  que respete la vida humana hasta la muerte natural . Lo que se pretende en nuestro país en este momento con una apariencia de “buenismo” y que pretende ser un derecho para enfermos terminales basado en la autonomía del paciente, aventuro a decir que de regularse para determinadas situaciones terminará siendo la puerta abierta a decidir cómo y cuándo morir a la carta …como se nos ha recordado recientemente con el caso de David Goodal, que no sufría ninguna enfermedad terminal, pero que se cansó de vivir. Entre los factores que más influyen en la creciente aceptación social de la eutanasia está la imposibilidad de la cultura dominante de descubrir el sentido y valor del sufrimiento. Estamos llamados a encontrar el camino para ayudar a todos los hombres de nuestro tiempo a descubrir los bienes y valores escondidos en el sufrimiento, empezando por nuestras casas, enseñando a nuestros hijos que existe el sufrimiento y que tiene un gran valor acogerlo e incorporarlo a nuestra propia existencia humana, abriendo nuestras vidas al sufrimiento de los otros, mostrándonos cercanos hacia los enfermos, ancianos, necesitados… vivir así el sentido del sufrimiento es “cuestión de experiencia”, para el que solo existe el camino del amor, la acogida y el servicio a la vida humana….y desde ahí confiar en que entre ” las togas negras” se alcen con fuerza voces a favor de legislar  leyes justas que defiendan el derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural y que  entre “las batas blancas” sigan existiendo valientes profesionales sanitarios que sin ser reconocida su labor por los medios de comunicación, sigan cuidando y acompañando al enfermo y su familia hasta que esas vidas siempre dignas se apaguen de manera natural.  

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Don Camilo, Pedro Sánchez y el PNV

En la novela de Giovanni Guareschi, tras perder un partido de fútbol el equipo de don Camilo contra el de Peppone,  el pobre árbitro Binella —al que quieren linchar— confiesa a don Camilo que, a cambio de dos mil quinientas liras que le ofreció el alcalde, aceptó pitar el penalti injusto que decidió el empate y dio la victoria final al Dynamos de Peppone en el último segundo. Muy enfadado, don Camilo se dirige al Cristo diciéndole: — ¿No os había dicho que este era un infame vendido? ¿Tengo o no tengo razón para estar enojado? Y el Cristo le contesta: — No, don Camilo. La culpa es tuya que por el mismo servicio has ofrecido a Binella dos mil liras. Viene al caso esta cita al hilo de las críticas desatadas contra el PNV por aceptar votar a favor de la investidura de Pedro Sánchez después de haber pactado los presupuestos con Rajoy. No solo en el ámbito político, sino también por parte de articulistas y analistas de los medios de comunicación, incluso en los corrillos populares, se echa en cara al PNV aceptar ahora una mejor oferta de Pedro Sánchez: no solo mantener los trescientos millones para el País Vasco contenidos en los Presupuestos de Rajoy, sino —probablemente— otras cesiones que harán más apetecible el apoyo a un gobierno del señor Sánchez que a uno del ya amortizado Rajoy. Pero habrá que preguntarse, en conciencia, de quién es verdaderamente la culpa de que el PNV acepte vender su voto favorable a cambio de cesiones económicas y políticas. ¿No tendremos que hacer todos un poco de autocrítica? ¿No ha sido la táctica cortoplacista habitual de todos los gobiernos de la nación, desde Felipe Gonzalez hasta Rajoy,  asegurarse el poder comprando votos en el mercado de las cesiones a los partidos independentistas? ¿De quién es la culpa entonces? ¿Del último, porque ofreció o aceptó más? Quizá habría que recurrir al dicho popular: Tú lo quisiste, fraile mostén; tú lo quisiste, tú te lo ten.

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¿Qué hacemos con las catedrales?

catedral toledo Escribe Julio Llamazares en su columna titulada “Catedrales” (El País, 7/04/2018) que, tras un viaje de 16 años que le ha llevado a visitar las 74 catedrales españolas, llega a la conclusión de que estos templos “han sido despojados de su significación inicial y convertidos en simples museos por los que deambulan escuchando sus audioguías turistas de todas las procedencias salvo de la ciudad en la que se alzan”, habiéndose convertido así en “edificios vacíos de toda espiritualidad (religiosa o profana, tanto da) sin otro destino que el de generar dinero. Los mercaderes del templo hoy son los propios obispos.” Detrás de toda generalización existe siempre un hecho verdadero. Pero en muchas ocasiones la generalización equivale a inexactitud, falta de rigor e, incluso, falsedad. El doctor David Burns llega a describir la generalización excesiva como una de las distorsiones cognitivas causantes de ansiedad o depresión (Sentirse bien, 1995). Excede de las posibilidades de un artículo como este el analizar todas y cada una de las catedrales españolas y, además, en todos y cada uno de los momentos del año (cosa que, naturalmente, tampoco analiza Llamazares). Sin embargo, sí cabe señalar que la catedral de Toledo, si bien es culpable del delito de disponer de audioguías para los turistas —como denuncia Llamazares—, también es lugar habitual de celebración litúrgica de los fieles junto a su arzobispo, como se pone especialmente de manifiesto en Semana Santa, Pascua, Corpus Christi, inicio y clausura de curso pastoral o en las Jornadas Diocesanas de Pastoral; se celebra la Santa Misa, abierta a todos los fieles, al menos dos veces al día en rito romano y una en rito hispano-mozárabe; tienen lugar todas las celebraciones importantes de los seminarios mayor y menor, especialmente las órdenes sagradas; acoge y organiza celebraciones, ritos y oraciones especiales en Adviento, Cuaresma, octavario de Nuestra Señora del Sagrario, etc.; la custodia de Arfe no solo se utiliza para procesionar el día grande del Corpus Christi, sino que el Santísimo Sacramento queda expuesto en ella para la adoración de los fieles en la catedral durante los días previos y posteriores al Corpus. Por otra parte, existe un compromiso concreto del Deán y Cabildo Primado con los más necesitados, promoviendo acciones específicas a lo largo del año en colaboración con Cáritas Diocesana y acogiendo personalmente a las personas necesitadas en el templo para diversas actividades. ¿Se puede decir entonces, honestamente, que la catedral de Toledo está vacía de toda espiritualidad? Evidentemente, no. Por supuesto que la religiosidad y la asistencia a las celebraciones religiosas se encuentran en evidente descenso en España —no solo en las catedrales—, y siempre se podrá mejorar el servicio a los fieles cristianos y a la sociedad que pueda prestarse desde las catedrales. Pero conviene cuidar la generalización excesiva que, a veces, busca más justificar un prejuicio que  encontrar la verdad. Si el Estado financia el mantenimiento y reparación de las catedrales, a algunos les parece mal. Y si el cabildo cobra entrada para sufragar los cuantiosos gastos de mantenimiento y reparación sin depender del Estado, les parece también mal. Si las catedrales se usan solo para actos religiosos, exclusivamente para los católicos, les parece mal. Pero si se organizan exposiciones, conciertos y actividades culturales al servicio de la sociedad en general, también les parece mal. Si se dedican los templos a fines espirituales, caemos en el espiritualismo. Y si se acepta la visita turística y las actividades culturales, se está vaciando el templo de espiritualidad. Solo se verán satisfechos cuando consigan despojar a la Iglesia de sus bienes, como se ha puesto de manifiesto con las catedrales de Córdoba o Zaragoza. En definitiva, haga lo que haga la Iglesia, hay personas que nunca estarán contentas simplemente porque la Iglesia les molesta. Y las catedrales, como signo teológico, como referente para la vida pastoral de la diócesis, como embrión de las actuales universidades, como anticipo de las instituciones asistenciales posteriores, como recuerdo visible de que son las raíces cristianas las que han forjado toda nuestra cultura occidental y europea, molestan también a quienes —quizá— desearían que la Historia hubiese discurrido de manera diferente.

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El discurso del odio en internet

internet pixabay Desde el año 2016 han ocurrido muchos acontecimientos que han provocado que se hable en las redes sociales del llamado discurso del odio. ¿Pero a qué nos referimos cuando hablamos de discurso de odio? Según un Informe sobre la Evolución de los Incidentes relacionados con los delitos de odio en España, publicado por el Ministerio del Interior Español en 2016, estos son aquellos que “tienen que ver con injurias, amenazas, vejaciones o tratos degradantes tipificados como antisemitas, racistas, sexistas”. Hace ya tres años que los Estados Miembros de la Unión Europea vienen colaborando con las empresas de medios de comunicación social para garantizar que se luche contra la incitación al odio en Internet, y por este motivo en mayo de 2016 la Comisión Europea, junto con las empresas TI (Facebook, Twitter, Youtube y Microsoft) hicieron público un Código de conducta que incluía una serie de compromisos contra la incitación al odio en Internet en Europa.  Las instituciones de la Unión Europea y los Estados Miembros lo tienen claro pero ¿las empresas están cumpliendo con el código de conducta? Sería discutible. Otro dato interesante del informe del Ministerio del Interior es que la mayoría de los investigados por delitos de odio eran hombres españoles de entre 18 y 40 años, jóvenes denunciados por injurias y amenazas de carácter ideológico, sexista o racista realizadas a través de internet.  Estos jóvenes representan el futuro de la sociedad, jóvenes que fomentan el odio entre la sociedad. Jóvenes youtubers que se graban agrediendo a quienes no les gusta, como el joven de 19 años, con un millón de seguidores, que se grabó humillando a un mendigo en Barcelona. Ante estos comportamientos cabe preguntarse ¿Qué futuro nos espera? ¿Dónde queda el respeto, la tolerancia entre todos?  ¿Qué hacemos nosotros para evitar el odio? Internet es un canal de comunicación demasiado rápido para promover esta clase de incidentes y comentarios relativos al odio hacia los demás ¿Cómo podemos combatir esta clase de delitos realizados a través de internet? La libertad de expresión es un derecho, pero nunca se puede superar si esa libertad implica saltarse todos los límites del respeto, la tolerancia y la convivencia. El buen uso de las nuevas tecnologías está en nuestras manos, y denunciar las injusticias y agresiones también.

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Salud espiritual

salud espiritual El pasado 7 de abril se celebró el Día Mundial de la Salud. Si hiciéramos una estadística sobre lo que cada persona considera más importante en su vida, probablemente la respuesta mayoritaria sería que su salud y la de los suyos. Es para muchos el bien más valorado que poseen. Se celebra ese día para conmemorar la fundación de la Organización Mundial de la Salud, la OMS, la institución que pretende ser referente en cuanto a recomendaciones para optimizar y cuidar nuestra salud. A raíz de este día, podemos pararnos a pensar en otra salud: la salud espiritual. Esa salud que podemos definir como la capacidad que tenemos para encontrar significado, esperanza, consuelo y paz interior en nuestra vida. Hoy día, aunque no esté etiquetada con el nombre de salud espiritual, está muy de moda esa búsqueda del yo interior, bien sea a través del yoga, reiki o el “yoísmo”. Esta última palabra aparece frecuentemente en una publicidad que pretende difundir la idea de que uno ha de pensar en sí mismo por encima de todo lo demás. Sin embargo, muchas veces, ese “yo” está lejos de aportar la esperanza y paz que en su eslogan prometían los promotores del método. Según algunos expertos, la búsqueda exclusiva de la satisfacción de las necesidades más inmediatas del “yo” está en la raíz del estrés, la frustración  y la ansiedad que sufre un gran porcentaje de la sociedad. Por lo tanto, la salud espiritual está mucho más relacionada con nuestra salud física de lo que a veces creemos, porque esta al final refleja nuestro estado interior. Aprovechemos para pensar en cómo estamos cuidando cada uno nuestra salud. Al igual que vamos al médico hacernos chequeos periódicamente, deberíamos pensar y reflexionar sobre qué nos está aportando paz y qué no, cuál es el ejercicio que necesitamos para estar en forma espiritualmente y de qué debemos hacer dieta para poder sentirnos mejor. Quizás sean buenas medicinas desterrar la crítica de nuestro día a día, ejercitar más la caridad con los que están en nuestro alrededor y cambiar la queja por una sonrisa. El Papa Francisco recordaba que “la salud espiritual de una nación se ve por sus familias”. Experimentemos en nosotros mismos esa alegría y seguro que nuestra salud interior y la de nuestras familias se optimiza. Comencemos por una sonrisa.

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Carla y el milagro de la vida

Estos días muchos medios de comunicación se han hecho eco de esta noticia: “Carla ha sido dada de alta, la primera niña en España en recibir un trasplante cardiaco infantil AB0 incompatible”.  Carla, que ha sido un bebé anónimo hasta ahora, es la primera persona que han trasplantado un corazón de un donante con un grupo sanguíneo distinto al suyo. A Carla, ya en el útero de su madre le fue diagnosticada una malformación cardiaca severa, y desde su nacimiento estuvo en continuo tratamiento médico. El 9 de enero recibió un nuevo corazón. El milagro de la vida y los avances de la ciencia han permitido que Carla pueda tener un futuro y una vida normal como el resto de los niños al que se le ha trasplantado un corazón. Todo pese a la larga espera y al sufrimiento de sus padres que en medio de la angustia esperaban impacientemente la noticia de un trasplante de corazón para su hija. En este caso la espera mereció la pena. La vida triunfa. Desde la concepción nuestra vida no es fácil; es una lucha continua como demuestra la historia de Carla. Sin embargo, la vida siempre da oportunidades y esperanzas. La vida de todo ser humano es una carrera con muchos obstáculos pero que siempre merece la pena vivirla. De vez en cuando son personas anónimas como la familia donante del corazón de Carla, las que nos ofrecen una lección de gratitud y de amor a los demás. Una lección de generosidad enorme y de Amor con mayúsculas. Una lección que permite dar vida a otra persona, como Carla. En esta sociedad donde el egoísmo reina y el individualismo se instala a sus anchas en nuestra vida diaria, esta obra de caridad y de generosidad no sólo sorprende por el excelente trabajo del equipo médico y por los progresos de la medicina y de la ciencia, sino porque ha salvado una vida. Y siempre, siempre merece la pena Salvar la Vida. La vida de personas como Carla.

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