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#CosasQJesusnodiria

Agosto es el mes vacacional por excelencia. El mes en el que los medios de comunicación publican artículos curiosos, aquellos que encuentran su hueco en agosto y que en septiembre se quedarían en un breve, si tienen la suerte de salir a la luz. Lo mismo ocurre en las redes sociales. Ahora todo vale. Todo es opinable. Que una mañana de verano de agosto sea tendencia este hashtag #CosasQJesusnodiria (no acentuamos porque es así el hashtag) y que en México se convierta en trending topic refleja el momento de la descomunicación y difamación que estamos viviendo de falta de respeto y ataques sin control a la religión católica. En #CosasQJesusnodiria los internautas se han dedicado a expresar barbaridades, sin ningún tipo de consideración. Todos los que están interviniendo en estas conversaciones se mofan de la fe católica y de la vida de Jesucristo. No todo vale en las redes sociales. No es lícito que la falta de respeto se convierta en trending topic, y dé pie a opiniones hirientes hacia los cristianos. ¿El respeto no se tiene en cuenta en las redes sociales? ¿La religión y su respeto no se controla en Twitter? ¿Qué filtros existen? ¿Qué aporta este hashtag? Preguntas que quizás los que opinen ni tengan respuestas. El Papa Francisco habla de los tres pecados de la comunicación: la calumnia –a la que define como una forma de terrorismo porque puede a matar con las palabras a alguien-; la difamación porque puede destruir la vida de una persona; y la desinformación o decir la mitad de las cosas y las que son más convenientes para mí. De todas ellas la desinformación es la más peligrosa. Calumnia, desinformación y difamación se dan en #CosasQJesusnodiria. ¿Y estamos callados? Jesús nunca diría: no se amen los unos a los otros; no se respeten; calumnien, etc..Los que lo escriben saben que nunca lo dirían, pero prefieren mofarse a decir la verdad… ¿Por qué no construir la cultura de la verdad con hashtag #CosasQJesúsdiría?  

GRUPO AREÓPAGO

A vueltas con la corrupción

corrupcion La palabra corrupción, cuya completa definición la podríamos encontrar analizando sus sinónimos (descomposición, putrefacción, podredumbre,…), se ha instalado en nuestra sociedad y, por tanto, en los medios de comunicación social, con una cotidianidad que llega a ser alarmante y preocupante. Instituciones, partidos políticos (de todo el espectro ideológico), asociaciones,… han estado y están marcadas, de uno u otro modo, por la corrupción; dándonos la imagen de encontrarnos ante un verdadero sistema socio – cultural, compuesto por una gran cantidad de delitos, acompañados de estrategias y finalidades. Es muy fácil hacer anidar la corrupción. Está al orden del día. Haciéndonos perder “el pudor que custodia la verdad, la bondad y la belleza” (Papa Francisco). Pero no pensemos en grandes estructuras, sino en cada uno de nosotros. La corrupción surge de lo micro a lo macro; de cada persona a la comunidad; del corazón de cada uno de nosotros al corazón del pueblo. Hablamos de un estado personal, el de los corruptos, en cuyos valores negativos encontramos capacidad doctrinal, manera de proceder, un lenguaje propio; adquiriendo tintes proselitistas, hasta llegar a un máximo nivel de complicidad, rebajándonos incluso en nuestra dignidad humana. La corrupción siempre ha oprimido al pueblo. Destruye al más débil. Ahoga al más desvalido. Silencia la verdad. Transforma la visión. Elimina la esperanza. Trasmuta las relaciones humanas, haciéndolas esclavizadoras y oscuras. La fraternidad, la amistad, la caridad, poniéndolas en el centro de la sociedad, nos ayudarán para acabar con dar más vueltas a la corrupción. Porque de otro modo seguiremos quitando algo al pueblo, que es la dignidad de cada uno, que es el claro sentido y finalidad del bien común. Pongamos en el centro al hombre. Erradiquemos la corrupción de la vida personal y social, siendo necesario para ello “prudencia, vigilancia, lealtad, transparencia, unidas al coraje de la denuncia. Si no se la combate abiertamente, tarde o temprano busca cómplices y destruye la existencia” (Misericordiae vultus 19).

Grupo Areópago

No es oro todo lo que reluce

Reuters

Reuters

El papel de los medios de comunicación resulta –y es- fundamental para estar informados; para conocer las injusticias;  para dar opiniones y reivindicar el bien común; para alegrarnos de las buenas noticias; en definitiva, para ser testigos directos o indirectos de la actualidad.

Sin embargo “no es todo oro lo que reluce” y no siempre lo que se nos transmite es verdad ni ocurre tal y como nos lo cuentan. En ocasiones imágenes  o acontecimientos que se dan a conocer -como se comprobó en la guerra del Golfo- responden a intereses políticos, empresariales o simplemente particulares que informan pero que ofrecen una verdad parcial y son fruto de la propaganda mediática.

La  crisis de los refugiados sirios, que tanto dolor está causando, es un ejemplo de utilización por parte de las grandes empresas de comunicación que controlan el cuándo y el cómo ofrecer la imagen más impactante. Imágenes que son montajes que muchos de los testigos que viven en primera persona este conflicto califican de un montaje de película. Imágenes, como la del pequeño Aylan varado en una playa, o la última de un niño de cinco años esperando en una ambulancia en Alepo, nos han conmovido y removido, pero la realidad es esa y también otra que no sale en los medios de comunicación.

Montajes espectaculares que provocan reacciones espectaculares cuando los intereses particulares desean que recorran el mundo entero, haciéndose virales. Sin embargo, hay realidades que existen y que hacen daño a quiénes hoy promueven este conflicto pero que no interesa que se dé a la luz. Lo que no se conoce no existe, y por lo tanto si no se informa no existe. Sólo se difunde aquello que está perfectamente cuidado y de lo que se sabe que va a provocar la reacción que se espera.  Sólo vemos aquello que interesa saber.

Es necesario no quedarnos en los grandes titulares y en los montajes espectaculares, porque detrás de esos montajes hay una historia que no se conoce; protagonistas que sufren y que no se convertirán en héroes porque su sufrimiento hace daño a quien los genera. Porque, también en los medios de comunicación y en las informaciones, “no es oro todo lo que reluce”.

Grupo Areópago

Hace más de un mes del Brexit…el bien común

brexit

El pasado 23 de junio los ciudadanos del Reino Unido, por una ligera mayoría, votaron a favor de que su país abandone la Unión Europea. La pregunta era clara: “¿Debe el Reino Unido seguir siendo miembro de la Unión Europea o debe dejar la Unión Europea?”. Con una participación ciertamente relevante (más de un 70%), un 51,9 % de las personas que votaron optaron por la segunda de las respuestas.

Ciertamente, un referéndum no sirve para medir mucho más que el porcentaje de voto con relación a una pregunta que, en ningún caso, es suficiente para expresar todas las implicaciones que tiene la respuesta a la misma, sea cual sea ésta. Para ello, en teoría, está la campaña previa, donde los diferentes partidos políticos y, en general, los propios ciudadanos, pueden expresar sus argumentos para convencer al cuerpo electoral en uno u otro sentido. Es aquí donde hemos de centrar la atención.

Transcurrido más de un mes desde la celebración del referéndum, más allá de que son muchas aún las incertidumbres, tenemos algunas certezas: la decisión de convocar el referéndum respondía a intereses políticos partidistas de carácter coyuntural; los partidarios de la salida de la Unión Europea han reconocido que muchos de sus argumentos eran falsos; quienes lideraron las respectivas campañas por el Brexit y por el Bremain no están ya en la escena política, incluyendo al Primer Ministro que, apenas un año antes, había sido reelegido por mayoría absoluta, con lo no corresponderá a ellos hacer valer sus posicionamientos; no existe un camino pautado para llevar adelante el proceso, en esencia porque se discute la constitucionalidad del referéndum –que, de hecho, ha sido impugnado–, se debate sobre la necesidad de que el Parlamento dé el visto bueno al Gobierno para plantear formalmente la retirada y no se sabe cómo acabarán las negociaciones para la formalización de la misma, pues el famoso artículo 50 del Tratado de la Unión Europea simplemente contiene disposiciones generales.

La lección es evidente: sólo la búsqueda del bien común, fundada en la verdad, es capaz de lograr el auténtico desarrollo y progreso de los pueblos. Todo lo demás conduce al fracaso, al retroceso y al debilitamiento de la comunidad. Confiemos que, al menos, la hayamos aprendido.

Grupo AREÓPAGO

Decir la verdad

verdad

“Los cristianos tenemos la obligación de decir la verdad”. Esta frase, realmente contundente, pronunciada hace unos días por Jaime Mayor Oreja en Toledo con motivo de una conferencia organizada en torno a la presencia de los cristianos en la vida pública –y recogida como titular por la prensa–, debería hacernos reflexionar a todos, creyentes y no creyentes.

Es claro que la verdad no está de moda en nuestra sociedad y en nuestras propias vidas. En algunos casos por mala fe y en otros por falsos respetos humanos, en no pocas ocasiones optamos por la mentira o, cuando menos, por ocultar la verdad. Es lo que está ocurriendo en el ámbito de los valores: por miedo a sentirse minoría en el contexto de una comunidad sin referencias, por un mal entendido respeto de la libertad de los demás o, sencillamente, por despreciar su existencia, el debate acerca de determinados valores que nos han caracterizado como sociedad ha desaparecido de la esfera pública.

Se ve con meridiana claridad en el ámbito de la política, pero también se aprecia respecto del Derecho, de la Justicia e, incluso, en todo lo relativo a la naturaleza del ser humano. No están en el lenguaje político conceptos básicos como el de bien común; el legislador no parte de principios preconstituidos a la hora de concretar reglas; las decisiones de gobierno no necesariamente se adoptan con criterios de equidad.

Nada es verdad; en consecuencia, la realidad depende total y absolutamente de la concepción que de ella se hace quien la observa; el resultado final es que no pueden existir coincidencias objetivas en quienes buscan la esencia de todo lo que nos rodea –la naturaleza, la persona, la sociedad–, salvo que la casualidad conduzca a ello o la voluntad lleve al consenso, aunque lo consensuado sea manifiestamente contrario a la razón (y, por supuesto, con independencia de su complemento natural, la fe). De este modo, estamos condenados al nihilismo y, con él, a la autodestrucción como civilización.

Todos tenemos obligación de decir la verdad. Y de buscarla.

 

Grupo AREÓPAGO

“Los libertadores” de Gerardo López Laguna

La lucha por la libertad está dentro de nosotros

Un grupo de cazadores de hombres capturan esclavos de las aldeas para venderlos a las fábricas del norte. Dos niños son capturados y, enjaulados, viajan hacia los mercados de esclavos. Para sus ellos y para sus amigos comienza una carrera en que la lucha por la vida y la lucha por la libertad son una misma cosa. Sobre el argumento de esta historia no se puede contar más sin desvelar un trepidante hilo argumental que lleva al lector enganchado hasta el final del libro. Una lectura muy apropiada para jóvenes y adultos, aficionados del género fantástico y con ganas de leer literatura con calidad y con valores. El texto mantiene una tensión continua durante toda la historia, lo que hace la lectura fácil, ligera y apremiante. Es un libro de los que se quedan pegados a las manos. Pero los valores de este libro van más allá del entretenimiento y el interés de un libro de aventuras, que por supuesto no faltan; este escrito incluye una oportunidad, para el lector reflexivo, de profundizar en el auténtico aprecio de valores como la paz, la libertad y el respeto al otro, tan manejados estos días y, la mayoría de las veces, tan poco reflexionados. Los protagonistas de esta historia luchan por su libertad frente a los violentos, pero deciden hacerlo sin violencia. Esto, que conceptualmente apoyarían muchos de nuestros contemporáneos, cuando se lleva a situaciones prácticas se antoja una temeridad y una locura para casi todos, incluidos los que anteriormente habían dado su apoyo. A pesar de que el aparente atajo de la violencia siempre se presenta como el más efectivo, la reflexión que nos plantea este libro es otra: que el camino de la no violencia es más largo, pero mucho más poderoso, y a la postre, el único que lleva a la paz. El título nos habla de libertad, porque el hilo central de la narración nos lleva por el deseo de libertad. Una libertad que va más allá de la libertad física, más allá de romper unas rejas o escapar de unos captores, es la libertad de abrazar la verdad, de enfrentarse al mal o de sacudirse el miedo. La libertad física sin la libertad del espíritu no vale la pena. Varios personajes sacrifican la primera por la segunda, incluso entregando su vida. Esto es algo que sorprende al lector, le sacude en la previsión que va haciendo de la historia, sin duda, porque en nuestro pensar común, la libertad interior está minusvalorada y la libertad exterior está exaltada. Esta novela obliga a reflexionar sobre la libertad que buscamos y la que vale la pena. Otro valor que empapa las páginas es el del respeto al otro, entendido como un respeto profundo a su libertad y a los convencimientos de cada uno. Nada tiene que ver con la tolerancia débil en que todo da igual y se convierte en indiferencia frente a los diferentes, ni con el eclecticismo de manga ancha en el que todo vale lo mismo, se trata de esforzarse en entender al otro y de valorar todo lo bueno que hay en sus planteamientos, sin perder la referencia de los propios y sin esquivar la denuncia del mal. Estos valores están en la trama de la historia, en los diálogos de los personajes y en sus avatares, pero está muy lejos de ser un ensayo, es una novela, con su planteamiento, su desarrollo y su desenlace, con un hilo que la recorre y un interesante anzuelo que va llevando al lector de un capítulo a otro. Una aventura, ese es su mejor calificativo. Una aventura de paz, libertad y respeto al otro cómo es.   La entrada “Los libertadores” de Gerardo López Laguna aparece primero en Ediciones Trébedes.

Zocodoversos

Título: Zocodoversos. Poetas en Toledo.

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Autor: Santiago Sastre Ariza

—- Una antología poética en la que participan Miguel Argaya, Pilar Bravo, Antonio del Camino, Joaquín Copeiro, Miguel Ángel Curiel, José Carlos Gómez Menor, Antonio Illán, Jesús Maroto, Miguel Ángel Martínez, María Luisa Mora, Miguel Ángel Pacheco, Amador Palacios, Mario Paoletti, Francisco Payo, Jesús Pino, Francisco del Puerto, María Antonia Ricas, Santiago Sastre, Beatriz Villacañas y Ángel Villamor.
  • Encuadernación: cosida, cubierta blanda con solapas
  • Páginas: 288
  • Interior: blanco y negro
  • Tamaño: 150 x 210 mm
  • ISBN: 978-84-937564-3-7
  • Precio: 12 € (iva incluído)
Libro electrónico (formato epub):
  • Tamaño: 2.788 KB
  • ISBN: 978-84-940981-3-0
  • Precio: 1,99 € (iva incluido)
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“El gran Gatsby” de Francis Scott Fitzgerald

La verdad escondida

fs_fitzgerald Cualquier relato de ficción que se precie de algo de calidad nos va a proponer un doble argumento, o a mejor decir, dos niveles de argumentación. A primera vista nos vamos a encontrar con lo que podríamos llamar “argumento externo”, que servirá de alimento al interés del lector y le irá guiando hasta el final de las páginas del relato. De la calidad de este argumento dependerá muchas veces la voluntad del lector para acabar la historia y será su recuerdo el que le permitirá recomendarlo a un amigo, hacer un comentario del texto o redactar una reseña literaria. Pero detrás de este argumento externo, muchas veces astutamente escondido, podemos encontrar otro argumento, que podemos llamar “interno”, que fue el que empujó al autor a ponerse a escribir. Si somos capaces de encontrarlo podremos responder a la pregunta ¿por qué se escribió esta historia? ¿Qué es lo que nos querían contar? El argumento externo, los personajes, el formato literario y el estilo están al servicio de esta motivación profunda. De la calidad de esta razón primera, si es culminada con éxito, dependerá la satisfacción de la lectura y la perdurabilidad de la historia. Al fin y al cabo un escritor es alguien que nos quiere contar algo. En estos comentarios estoy intentando eludir en lo posible el argumento externo, al menos mantener intacta su sorpresa y su capacidad de interés. Descubrirlo será tarea de quien decida leer la obra. Mi intención es intentar sacar a la luz el argumento interno, la razón profunda del libro, su mensaje. Quizá no lo consiga o quizá me equivoque, pero siempre trataré de ser sincero y contar con mis palabras el porqué este u otro libro me dejó la sensación de haber escuchado a alguien contarme algo. ¿Cuál es el argumento interno de “El gran Gatsby”? ¿Qué nos quiso contar Scott Fitgerald con esta historia? El narrador es, a la vez, uno de los personajes y no escatima explicarnos por qué nos cuenta esta historia. En el primer capítulo nos habla de su padre y cómo recuerda su principal consejo: «Cada vez que te sientas inclinado a criticar a alguien −me dijo− ten presente que no todo el mundo ha tenido tus ventajas». Desde entonces el personaje-narrador decide no juzgar a nadie y eso le convierte en el involuntario confidente de todos los inadaptados. Harto de este papel de confesor, decide mantener una rigurosa distancia con todos: «…no quería seguir escudriñando el corazón humano. Sólo Gatsby, el hombre que da título a este libro, estuvo exento de mi reacción». Gatsby, que aparentaba ser un personaje despreciable, «que plasmaba todo aquello hacia lo que siento un tan irrefrenable desprecio», ocultaba un valor incalculable, «resultó ser un hombre de una pieza». Eso es lo que nos quiere contar, ese es el porqué de este libro. La primera mitad del libro se extiende sobre el devenir de un mundo en continuo estado de frivolidad, donde el único quehacer es permanecer en la equidistancia entre la soledad y la compañía. Estar rodeado de gente, pero sin entrar en relación personal con ninguno. Como manifiesta uno de los personajes: “Las grandes fiestas me gustan, son tan íntimas…, las fiestas íntimas carecen de intimidad”. Todos aparentan, todos ocultan algo. «El displicente y altivo rostro que ofrecía al mundo ocultaba algo; la mayor parte de las poses estudiadas ocultan algo.». A partir del capítulo VI, el cascarón de frivolidad se va rasgando y empieza un apasionante viaje por el interior de las personas, sus recuerdos y sus deseos. Realmente ahí comienza a rodar el libro. Con habilidad el autor va mezclando pasado y presente, entendiendo que dentro de cada corazón hay una indisoluble unión entre ambos. El lenguaje de toda la novela, austero en detalles y generoso en evocaciones poéticas, obliga inconscientemente al lector a poner mucho de su parte, implicándole en la construcción del relato. La historia gira sorprendentemente y se acelera dramáticamente en la tercera parte del libro. El lector experimenta un cambio de perspectiva, como si a mitad de una representación teatral la platea se desplazara a un costado del escenario, dejando ver lo que hay detrás del decorado, y se demostrara mucho más interesante lo que ocurre detrás que delante del escenario. El vértigo producido por este hábil cambio de perspectiva es quizá un de los grandes valores estéticos de este breve relato. El final del libro, emocionalmente intenso, va recapitulando sobre todo lo anterior, demostrando con la fuerza de los hechos como todo lo superficial era falso y lo que era verdad quizá quedara oculto para siempre. La entrada “El gran Gatsby” de Francis Scott Fitzgerald aparece primero en Ediciones Trébedes.