Archivo de la etiqueta: Trabajo

Trabajo digno

El trabajo es una dimensión fundamental de la existencia humana. De ahí la urgencia de llevarlo a debate público y reflexión en unos tiempos en los que se acentúa el paro y la precariedad laboral, los salarios son extremadamente bajos y se miden a la baja los derechos de los trabajadores. Ese es el objetivo del “Día del trabajo decente” que desde hace unos años se viene  celebrando en todo el mundo el 7 de octubre impulsado por la Organización Internacional del Trabajo. El trabajo es un fenómeno humano que ha experimentado grandes cambios a través de la historia. Su proceso evolutivo va unido a dos dimensiones fundamentales que le valorizan como eminentemente humanizador y le convierten en pilar de la dignidad del hombre: la autonomía personal y su dimensión social. Desde la primera, esfundamental para que el hombre se haga persona, se perfeccione, y al mismo tiempo que crea, se cree a sí mismo; y desde la segunda, al mismo tiempo que ayuda al hombre  a satisfacer sus necesidades primarias, participa a través de él en el progreso social y cultural de la humanidad. Estas dos dimensiones del trabajo se encuentran hoy en entredicho. La irrupción de la economía de mercado en la que todo se subordina a la rentabilidad y a la acumulación ilimitada de riqueza material, ha propiciado en nuestra sociedad la transformación de todas las cosas en mercancías, incluido el trabajo humano. El trabajo se ha reducido a empleo, algo que se tiene o no se tiene, algo que se puede comprar y vender.  Desde esta perspectiva el trabajo ha pasado de ser un bien para la vida a ser un bien para la producción, y con ello a su degradación: se resiente el derecho del hombre ala vida, su derecho a vivir y su derecho a ser, y con ello la desintegración progresiva de la cohesión social. La celebración de este día es una oportunidad para sensibilizar a la sociedad y a los poderes públicos sobre el logro de vidas dignas para los trabajadores del mundo. El trabajo se dignifica cuando todas las personas pueden acceder a un empleo productivo que genere un ingreso justo y con seguridad en el lugar de trabajo, protección social para las familias y mejores perspectivas de desarrollo personal e integración social. Repensar hoy el trabajo digno significa también revisar el modelo económico, la vida política, y la sociedad en su conjunto.

GRUPO AREÓPAGO

Agricultores del siglo XXI

campo Cada 15 de mayo se celebra San Isidro, patrón de los agricultores. Hoy en día, todavía son muchas las familias que viven del fruto de sus cosechas, de sus cultivos aunque con bastantes dificultades, no sólo por la falta de ayudas económicas al agricultor sino por los problemas que se plantean diariamente como son las inclemencias climáticas, el deterioro del medio ambiente o las frecuentes expropiaciones de suelo que se llevan a cabo para realizar autopistas o carreteras y que hacen que las explotaciones agrícolas desaparezcan. La agricultura es un sector estratégico para la economía, no sólo nacional sino internacional. En España hasta los años 60, la agricultura fue un pilar fundamental no sólo desde el punto de vista económico, sino también social, de empleo y medioambiental, pero según el Ministerio de Agricultura y Pesca y Alimentación en España el número de personas ocupadas en la industria alimentaria en 2014 suponía un 2%. El descenso es más que evidente. La explotación de la tierra y el cultivo de alimentos es una tarea que el hombre realiza desde la antigüedad, y es una constate preocupación no sólo de los gobiernos y de organizaciones internacionales sino también de la Iglesia como puede verse en  las distintas menciones a la agricultura y al trabajo agrícola realizadas en las Encíclicas de los Papas como Juan XXIII Mater et Magistra donde se hace referencia a la modernización de la agricultura, y  San Juan Pablo II en la encíclica Laborem exercerns revaloriza y dignifica el trabajo en el campo. En la Gaudium et spes del Concilio Vaticano II se hace alusión a las enormes desigualdades económicas y sociales que sufren los trabajadores del sector agrícola. El futuro de la agricultura y las condiciones de vida laboral de los agricultores y ganaderos son unos de los retos del s. XXI; la actividad agrícola debe ser apoyada desde las instituciones, fomentando la publicación de ayudas al sector agrícola y trabajando por la dignidad y mejora de las condiciones de trabajo de los agricultores. Porque entre los valores que los agricultores nos enseñan día a día, sembrando y cosechando en sus campos, se encuentran el esfuerzo, la paciencia, el sacrificio y del compromiso.  Valores que engrandecen y dignifican a todas las personas.

GRUPO AREÓPAGO

 

La Fiesta del trabajo

Como cada año, el 1 de mayo viene marcado en todos los calendarios como el día internacional de la fiesta del trabajo. Y como tal, lo consideramos desde hace muchos años en la mayoría de los países del mundo. Y como en todos los días de fiesta, por supuesto, festejamos, rememoramos, celebramos… Seguramente que, desde el acontecer histórico, es una fecha importante para conmemorar, hacer memoria, no sólo del hecho histórico que dio fecha a la fiesta, sino también de los muchos e importantes esfuerzos que muchas personas, trabajadores anónimos, han hecho posible a través de la historia la dignificación de algo tan esencial para la vida del hombre como es el trabajo. Pero hoy hay que preguntarse si hay mucho que festejar desde la realidad que viven muchas personas en nuestro país en relación con este bien y derecho básico. La precariedad laboral, el alto índice de desempleo, salarios extremadamente bajos…, están incidiendo de forma alarmante sobre un importante número de familias que sufren dificultades para hacer frente a sus necesidades más básicas. Tal situación está incrementando los niveles de pobreza, con elevado riesgo de exclusión social para muchas familias, y como consecuencia, acrecentando las desigualdades sociales. Dicen las estadísticas que el 1% de la población mundial concentra hoy tanta riqueza como el 80% más pobre, y que el 29 % de la población española se encuentra en situación de riesgo de pobreza y exclusión social. Estos y otros datos que se podrían enumerar son motivo de profunda reflexión y, por supuesto, de una acción política eficaz e inmediata. Vivimos en un modelo social donde la economía tiene un peso importante. Y en ella predomina, sin lugar a dudas, el modelo productivo. La máxima rentabilidad es el principio básico de toda actividad económica y su lógica choca frontalmente con la lógica del cuidado de la vida que siempre ha de nacer del reconocimiento de la dignidad de la persona. Este modelo socioeconómico lleva a las personas a vivir para producir y consumir. Es un modelo social que aliena y deshumaniza. Participar en la fiesta del trabajo como festejo y celebración implica revisar dicho modelo y, desde la educación y la acción política, reivindicar y trabajar por un cambio acelerado que desde la lógica del cuidado de la vida sitúe en el centro la dignidad del ser humano y la afirmación de los derechos fundamentales de la persona como trabajador.

Grupo Areópago

     

Vida familiar y vida laboral ¿Antagonistas?

vida familiar El dedicarse a una profesión, tener un puesto de trabajo y ganarse el pan con el sudor de la frente es fruto, en muchos casos, de años de preparación y formación, a la vez que del esfuerzo, dedicación y actitudes que ponemos en nuestro día a día. Vivimos en un mundo laboral en ocasiones frenético, cambiante y muy competitivo. Una vez acabada la jornada laboral, tenemos todo el derecho del mundo a sentirnos satisfechos y orgullosos de nosotros mismos o, como se dice actualmente, desarrollados profesionalmente. Pero, finalizado el trabajo, ya en el hogar, nos espera la familia, que nos exige un esfuerzo, dedicación y actitudes no menores que las del trabajo. Por lo tanto, puede que surja en nosotros la sensación de que veinticuatro horas son pocas en un día y que es un serio problema no poseer el don de la bilocación. Altas responsabilidades, el miedo al despido, falta de comprensión, horarios complicados, alargados y con falta de flexibilidad, son en muchos casos los obstáculos que han de solventar  padres y madres de familia que viven entre las tareas del trabajo, el colegio de los niños, actividades extraescolares, deberes o inesperadas enfermedades infantiles, consolidándose un estilo de vida agónico por la misma dificultad de no poder conciliar esos dos aspectos tan cruciales, como son la familia y el trabajo. Nuestra sociedad, con el objetivo de lograr el progreso, se ha preocupado de suministrar el afán de desarrollo profesional a sus individuos, aumentando su preparación, pero se ha olvidado de otro aspecto trascendental como es su desarrollo en una familia y su responsabilidad dentro de ella. Aunque ha buscado, muy acertadamente, la incorporación de la mujer al mundo laboral, se ha olvidado de encontrar el modo de compaginarlo con su maternidad; a pesar de que el hombre tiene menos dificultades en su integración en el mundo laboral, se siguen descuidando las implicaciones que conlleva ser padre; en uno y otro caso, mientras que nos hemos preocupado de lograr profesionales preparados y cualificados, hemos dejado de lado su sustento emocional y vital. Como consecuencia de todo ello, hoy por hoy, desarrollo profesional y desarrollo familiar se presentan como dos antagonistas dentro de un estilo de vida frenético, de tal modo que, tarde o temprano, situando a la persona entre la espada y la pared, llegará el día en el que tenga que elegir entre uno y otro. Todo nos hace indicar que seguimos sin comprender el papel de la familia en las personas y en la sociedad. No tenemos porqué renunciar a desarrollar nuestras habilidades y capacidades en un puesto de trabajo, pero tampoco podemos ni debemos renunciar a la experiencia de ser papás y mamás. Entre otras cosas porque tener una familia y un trabajo para sustentarla no debe ser un problema. El auténtico progreso social pasa por saber conciliar vida familiar y vida laboral.

El valor del trabajo

ElValorDelTrabajoEl trabajo ocupa un lugar importante en la vida humana, cumpliendo diversas funciones que no pueden aislarse:

  • Con el trabajo se transforma el mundo, continuando la acción creadora de Dios.
  • En el trabajo se desarrollan las capacidades personales y sociales de las personas que trabajan.
  • Con el trabajo se consigue el sustento personal y familiar.

Compartimos con vosotros esta reflexión sobre el trabajo humano a partir de la Doctrina Social de la Iglesia. Se revisan temas como el Evangelio del trabajo, el trabajo como fuerza transformadora, el trabajo como conflicto y la retribución por el trabajo, también se proponen temas de discusión en grupo. Haz clic sobre la foto para descargártelo o búscalo en nuestra sección de Material.

“Tríptico de los siete inviernos” de Miguel Ángel Martínez

Tríptico de los siete inviernosTres en uno

Tríptico de los siete inviernos son tres libros de poemas en un solo volumen, que pueden ser leídos de forma independiente y en cualquier orden. Para los lectores de poesía, conseguir tres libros por solo 9 euros es, sin duda, una oferta interesante.
El primer libro se titula Desahogos. Los poemas avanzan en una especie de espiral de fuera hacia dentro, desde la vida superficial del poeta: su trabajo, la oficina, la crisis económica… hacia la vida interior de los afectos, los deseos, la conciencia de sí mismo y la raíz de las creencias. La poesía brota como el vapor por la válvula a presión de una vida tensada por el ritmo frenético de un ritmo laboral muy exigente. Un ritmo de vida que hace olvidar lo que es de verdad la vida: “Cadáveres podridos se visten de traje y corbata,// se reparten el futuro de una tumba,// invierten en acciones del infierno// y se frotan las manos” (Reunión de trabajo).   El segundo libro, bajo el nombre de ¿Dónde está la esperanza?, esconde, en la apariencia de una colección de poemas, un único y largo poema, donde los títulos podrían ser rótulos informativos de un continuo monólogo. La voz del poeta comienza su camino desde la más oscura desesperanza, va recorriendo las propuestas de la sociedad moderna: la política, el dinero, la ciencia… pero todo le decepciona. A partir del poema En los niños habita, la voz poética comienza a encontrar una luz que va marcándole el camino de salida y la meta: “Pero sólo mirarlos es tan grande:// mirarlos con los ojos que nos miran,// reflejándolo todo. Es tan hermoso”.   El tercer libroHuérfanos poemas, es una auténtica colección de poemas diversos, agrupados por temática. La vida interior, el paisaje, el trabajo, la fe y el amor sujetan cinco ramilletes de poemas con los que el lector puede entretenerse, sin más ambición que saborear los que le gusten. “¿Dónde nace la luz de primavera// que llena mi ventana y me encadena// al gozo de volar con la mañana?” (Amanecer en Primavera)   El estilo es sencillo y a la vez profundo, un verso rítmico que se lee con facilidad pero que, al mismo tiempo, deja abierta una brecha de incertidumbre que invita al lector a volver, a repasar algo que no se pudo ver con claridad, algo misterioso que está escondido detrás de los árboles que bordean el bosque.   El ritmo es protagonista, hasta tal punto que algunos poemas pueden pasar por canciones, como el así denominado Canción del financiero (de renovada actualidad en momentos de crisis económica) o como el titulado Mi pequeño hermano. Poemas filosóficos, intimistas, místicos o costumbristas se van alternando en los diversos estadios de libro, convirtiendo en momento poético circunstancias tan diversas como un despido, un vendaval de otoño, una reunión de trabajo, unos niños que juegan o el extenso paisaje de La Sagra toledana.   Los poemas surgen en este libro como una flor silvestre que nació en la tierra acumulada junto al bordillo de la calle de la vida, se alimenta de desperdicios y se riega con chubascos inesperados, pero llevan dentro el latido de un corazón. Por eso el autor invita a su lectura: “Te regalo esta flor // que late entre las ajadas hojas de un cuaderno”.   La entrada “Tríptico de los siete inviernos” de Miguel Ángel Martínez aparece primero en Ediciones Trébedes.

“Tríptico de los siete inviernos” de Miguel Ángel Martínez

Tríptico de los siete inviernosTres en uno

Tríptico de los siete inviernos son tres libros de poemas en un solo volumen, que pueden ser leídos de forma independiente y en cualquier orden. Para los lectores de poesía, conseguir tres libros por solo 9 euros es, sin duda, una oferta interesante.
El primer libro se titula Desahogos. Los poemas avanzan en una especie de espiral de fuera hacia dentro, desde la vida superficial del poeta: su trabajo, la oficina, la crisis económica… hacia la vida interior de los afectos, los deseos, la conciencia de sí mismo y la raíz de las creencias. La poesía brota como el vapor por la válvula a presión de una vida tensada por el ritmo frenético de un ritmo laboral muy exigente. Un ritmo de vida que hace olvidar lo que es de verdad la vida: “Cadáveres podridos se visten de traje y corbata,// se reparten el futuro de una tumba,// invierten en acciones del infierno// y se frotan las manos” (Reunión de trabajo).

 

El segundo libro, bajo el nombre de ¿Dónde está la esperanza?, esconde, en la apariencia de una colección de poemas, un único y largo poema, donde los títulos podrían ser rótulos informativos de un continuo monólogo. La voz del poeta comienza su camino desde la más oscura desesperanza, va recorriendo las propuestas de la sociedad moderna: la política, el dinero, la ciencia… pero todo le decepciona. A partir del poema En los niños habita, la voz poética comienza a encontrar una luz que va marcándole el camino de salida y la meta: “Pero sólo mirarlos es tan grande:// mirarlos con los ojos que nos miran,// reflejándolo todo. Es tan hermoso”.

 

El tercer libroHuérfanos poemas, es una auténtica colección de poemas diversos, agrupados por temática. La vida interior, el paisaje, el trabajo, la fe y el amor sujetan cinco ramilletes de poemas con los que el lector puede entretenerse, sin más ambición que saborear los que le gusten. “¿Dónde nace la luz de primavera// que llena mi ventana y me encadena// al gozo de volar con la mañana?” (Amanecer en Primavera)

 

El estilo es sencillo y a la vez profundo, un verso rítmico que se lee con facilidad pero que, al mismo tiempo, deja abierta una brecha de incertidumbre que invita al lector a volver, a repasar algo que no se pudo ver con claridad, algo misterioso que está escondido detrás de los árboles que bordean el bosque.

 

El ritmo es protagonista, hasta tal punto que algunos poemas pueden pasar por canciones, como el así denominado Canción del financiero (de renovada actualidad en momentos de crisis económica) o como el titulado Mi pequeño hermano. Poemas filosóficos, intimistas, místicos o costumbristas se van alternando en los diversos estadios de libro, convirtiendo en momento poético circunstancias tan diversas como un despido, un vendaval de otoño, una reunión de trabajo, unos niños que juegan o el extenso paisaje de La Sagra toledana.

 

Los poemas surgen en este libro como una flor silvestre que nació en la tierra acumulada junto al bordillo de la calle de la vida, se alimenta de desperdicios y se riega con chubascos inesperados, pero llevan dentro el latido de un corazón. Por eso el autor invita a su lectura: “Te regalo esta flor // que late entre las ajadas hojas de un cuaderno”.

 

La entrada “Tríptico de los siete inviernos” de Miguel Ángel Martínez aparece primero en Ediciones Trébedes.

“Las uvas de la ira” de John Steinbeck

El hombre y su tierra

steinbeckA muchos, las actuales discusiones sobre la inmigración y el cambio climático les parecerá algo muy novedoso, pero estos temas, sin duda, de gran actualidad, no son precisamente nuevos. Esta novela de John Steinbeck, publicada en 1939, ambientada a inicios de los treinta, se inicia con los efectos del desastre ecológico producido en Oklahoma, que convirtió inmensas llanuras fértiles en lo que se conoció como El Tazón de Polvo, donde tormentas gigantescas de polvo arrasaban los campos de trigo y de maíz. El desastre económico de1929 se cebó en estos campos, donde la explotación inapropiada del terreno degradó la fina capa de humus y dejó una volatil superficie indefensa ante el viento. La productividad del terreno cayó drásticamente debido a las tormentas de polvo y los agricultores fueron quebrando sus economías bajo el peso de la deflación y los créditos. Los bancos se apropiaron de las tierras y la única salida para los agricultores fue abandonar esa tierra, buscando un sitio mejor, donde el trabajo se vea recompensado dignamente. El objetivo principal de la emigración fue California. El libro va alternando la historia de una familia de agricultores de Oklahoma, que abandona su tierra y marcha camino de la prometida y deseada California, con algunos capítulos de ambientación, en que el argumento se abandona en beneficio de la descripción del paisaje humano y social, dándole la voz a personajes anónimos que cargan de valor afectivo la objetividad del argumento principal. Quizá sea esa herramienta estilística uno de los éxitos de esta narración. Sin duda, el libro encierra una profunda crítica al sistema capitalista americano de la época, que tampoco ha perdido actualidad, donde el enriquecimiento se convierte en un valor absoluto para la clase dominante y la despersonalización de las grandes empresas animaliza las relaciones humanas. “Lo sentimos, no somos nosotros, es el monstruo. El banco no es como un hombre.
Sí, pero el banco no está hecho más que de hombres.
No, estás equivocado, estás muy equivocado. El banco es algo más que hombres. Fíjate que todos los hombres del banco detestan lo que el banco hace, pero aún así el banco lo hace. El banco es algo más que hombres, creéme. Es el monstruo. Los hombres lo crearon, pero no lo pueden controlar.”
Esta novela es una buena lectura para estudiantes de economía y personas interesadas en el tema, porque muestra de forma muy clara los excesos de un sistema que no es capaz de regularse solo ante circunstancias extremas como la concentración de la propiedad, el abuso de dominio, el exceso de mano de obra, etc. Sin embargo, adolece de un análisis serio de las posibles alternativas. El autor sólo ofrece la autogestión como alternativa para desbloquear la situación, situándola en un plano idílico, como un paraíso en la tierra, muy alejado de las experiencias reales. Basta acudir a la experiencia cotidiana de las Comunidades de Vecinos, para comprobar que la autogestión no garantiza la buena gestión. Sin embargo, creo que el tema más profundo que desarrolla esta historia es la relación del ser humano con la tierra. Al hombre y a su tierra les une un vínculo esencial. Primero, la tierra se riega del trabajo y de la sangre del hombre, y eso la humaniza, la hace parte de nosotros. “También está el sitio, detrás del granero, donde un toro corneó a Padre. Su sangre sigue allí en la tierra. Tiene que estar porque nunca la lavó nadie. Y con la mano toqué esa tierra de la que la sangre de mi propio padre forma parte.” Pero la tierra es cultivada y da fruto, y ese fruto nacido de la tierra y del trabajo del que la cultiva sirve de alimento, produciendo así un nuevo paso de unidad, al alimentarnos de la tierra nos hacemos uno con ella, nos apropiamos de ella. “Cultivar una cosecha da la propiedad. Tierra abierta con la azada y las zanahorias comidas… un hombre puede luchar por la tierra de la que ha sacado alimento. Hay que echarle con rapidez o se creerá que es suya“. La unidad tierra-hombre es el punto de partida de la novela. Las viejas granjas de Oklahoma y sus moradores. “Eran la misma cosa -dijo Casy-. El abuelo y la granja eran una cosa“. Cuando la unidad tierra-hombre se rompe, el hombre se desmorona. Sólo queda mantener el territorio afectivo que es la familia, pero la familia también se desmorona. Las páginas de la novela van describiendo ese proceso de descomposición. “Hubo un tiempo en que estábamos en la tierra. Teníamos unos límites. Los viejos morían, y nacían los pequeños y éramos siempre una cosa… éramos la familia… una unidad delimitada. Ahora no hay ningún límite claro.” Para los protagonistas el único límite que queda es el de la pobreza. El que separa a los que no tienen de los que tienen, a los propietarios de los despreciables okies. Como apunta un empleado de la gasolinera a su compañero: “Bueno, tú y yo somos sensatos. Esos condenados okies no tienen sensatez ni sentimiento. No son humanos. Un ser humano no podría vivir como viven ellos. Un ser humano no resistiría tanta suciedad y miseria. No son mucho mejores que gorilas“. A ese nuevo territorio, el de los desposeídos, es donde nos lleva el relato, al territorio donde fermenta la ira (de ahí el título). “Las compañías poderosas no sabían que la línea entre el hambre y la ira es muy delgada. Y el dinero que podía haberse empleado en jornales se destinó a gases venenosos, armas, agentes y espías, a listas negras e instrucción militar. En las carreteras la gente se movía como hormigas en busca de trabajo, de comida. Y la ira comenzó a fermentar.” El libro termina con un gesto extraño en que los pobres se ofrecen de alimento a otros más pobres, como si la relación del hombre con su tierra, una vez desposeído de todo, se transformara en una relación desesperada del hombre con el hombre. La entrada “Las uvas de la ira” de John Steinbeck aparece primero en Ediciones Trébedes.

“Las uvas de la ira” de John Steinbeck

El hombre y su tierra

steinbeckA muchos, las actuales discusiones sobre la inmigración y el cambio climático les parecerá algo muy novedoso, pero estos temas, sin duda, de gran actualidad, no son precisamente nuevos.

Esta novela de John Steinbeck, publicada en 1939, ambientada a inicios de los treinta, se inicia con los efectos del desastre ecológico producido en Oklahoma, que convirtió inmensas llanuras fértiles en lo que se conoció como El Tazón de Polvo, donde tormentas gigantescas de polvo arrasaban los campos de trigo y de maíz. El desastre económico de1929 se cebó en estos campos, donde la explotación inapropiada del terreno degradó la fina capa de humus y dejó una volatil superficie indefensa ante el viento. La productividad del terreno cayó drásticamente debido a las tormentas de polvo y los agricultores fueron quebrando sus economías bajo el peso de la deflación y los créditos. Los bancos se apropiaron de las tierras y la única salida para los agricultores fue abandonar esa tierra, buscando un sitio mejor, donde el trabajo se vea recompensado dignamente. El objetivo principal de la emigración fue California.

El libro va alternando la historia de una familia de agricultores de Oklahoma, que abandona su tierra y marcha camino de la prometida y deseada California, con algunos capítulos de ambientación, en que el argumento se abandona en beneficio de la descripción del paisaje humano y social, dándole la voz a personajes anónimos que cargan de valor afectivo la objetividad del argumento principal. Quizá sea esa herramienta estilística uno de los éxitos de esta narración.

Sin duda, el libro encierra una profunda crítica al sistema capitalista americano de la época, que tampoco ha perdido actualidad, donde el enriquecimiento se convierte en un valor absoluto para la clase dominante y la despersonalización de las grandes empresas animaliza las relaciones humanas.

“Lo sentimos, no somos nosotros, es el monstruo. El banco no es como un hombre.
Sí, pero el banco no está hecho más que de hombres.
No, estás equivocado, estás muy equivocado. El banco es algo más que hombres. Fíjate que todos los hombres del banco detestan lo que el banco hace, pero aún así el banco lo hace. El banco es algo más que hombres, creéme. Es el monstruo. Los hombres lo crearon, pero no lo pueden controlar.”

Esta novela es una buena lectura para estudiantes de economía y personas interesadas en el tema, porque muestra de forma muy clara los excesos de un sistema que no es capaz de regularse solo ante circunstancias extremas como la concentración de la propiedad, el abuso de dominio, el exceso de mano de obra, etc.

Sin embargo, adolece de un análisis serio de las posibles alternativas. El autor sólo ofrece la autogestión como alternativa para desbloquear la situación, situándola en un plano idílico, como un paraíso en la tierra, muy alejado de las experiencias reales. Basta acudir a la experiencia cotidiana de las Comunidades de Vecinos, para comprobar que la autogestión no garantiza la buena gestión.

Sin embargo, creo que el tema más profundo que desarrolla esta historia es la relación del ser humano con la tierra. Al hombre y a su tierra les une un vínculo esencial.

Primero, la tierra se riega del trabajo y de la sangre del hombre, y eso la humaniza, la hace parte de nosotros.

También está el sitio, detrás del granero, donde un toro corneó a Padre. Su sangre sigue allí en la tierra. Tiene que estar porque nunca la lavó nadie. Y con la mano toqué esa tierra de la que la sangre de mi propio padre forma parte.

Pero la tierra es cultivada y da fruto, y ese fruto nacido de la tierra y del trabajo del que la cultiva sirve de alimento, produciendo así un nuevo paso de unidad, al alimentarnos de la tierra nos hacemos uno con ella, nos apropiamos de ella.

Cultivar una cosecha da la propiedad. Tierra abierta con la azada y las zanahorias comidas… un hombre puede luchar por la tierra de la que ha sacado alimento. Hay que echarle con rapidez o se creerá que es suya“.

La unidad tierra-hombre es el punto de partida de la novela. Las viejas granjas de Oklahoma y sus moradores.

Eran la misma cosa -dijo Casy-. El abuelo y la granja eran una cosa“.

Cuando la unidad tierra-hombre se rompe, el hombre se desmorona. Sólo queda mantener el territorio afectivo que es la familia, pero la familia también se desmorona. Las páginas de la novela van describiendo ese proceso de descomposición.

Hubo un tiempo en que estábamos en la tierra. Teníamos unos límites. Los viejos morían, y nacían los pequeños y éramos siempre una cosa… éramos la familia… una unidad delimitada. Ahora no hay ningún límite claro.

Para los protagonistas el único límite que queda es el de la pobreza. El que separa a los que no tienen de los que tienen, a los propietarios de los despreciables okies. Como apunta un empleado de la gasolinera a su compañero:

Bueno, tú y yo somos sensatos. Esos condenados okies no tienen sensatez ni sentimiento. No son humanos. Un ser humano no podría vivir como viven ellos. Un ser humano no resistiría tanta suciedad y miseria. No son mucho mejores que gorilas“.

A ese nuevo territorio, el de los desposeídos, es donde nos lleva el relato, al territorio donde fermenta la ira (de ahí el título).

Las compañías poderosas no sabían que la línea entre el hambre y la ira es muy delgada. Y el dinero que podía haberse empleado en jornales se destinó a gases venenosos, armas, agentes y espías, a listas negras e instrucción militar. En las carreteras la gente se movía como hormigas en busca de trabajo, de comida. Y la ira comenzó a fermentar.

El libro termina con un gesto extraño en que los pobres se ofrecen de alimento a otros más pobres, como si la relación del hombre con su tierra, una vez desposeído de todo, se transformara en una relación desesperada del hombre con el hombre.

La entrada “Las uvas de la ira” de John Steinbeck aparece primero en Ediciones Trébedes.