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José Rivera Ramírez – Pasión por la santidad

DonJoseRiveraEra así. Realmente era así D. José Rivera. 

Después de leer de un tirón esta biografía, doy fe de que D. José Rivera era así, como lo describe José Manuel Alonso Ampuero, que lo ha conocido también muy de cerca. A mí me cupo la suerte y la gracia de Dios de convivir con Rivera durante veinticinco años hasta su muerte, colaborando estrechamente en el ministerio sacerdotal, y he escrito muchas cosas acerca de él, sobre todo en relación con su proceso de canonización. Ahora José Manuel nos obsequia con esta biografía, cuya lectura constituye un verdadero placer. José Manuel ha escrito esta biografía inmerso en la tarea de formar nuevos sacerdotes diocesanos, siendo rector del Seminario Mayor de Lurín-Lima Sur (Perú), como sacerdote fidei donum diocesano de Toledo.

Con un estilo ágil ha sido capaz de escribir esta primera biografía completa del siervo de Dios, mientras la Iglesia estudia sus virtudes y fama de santidad, cuando tantas personas han alcanzado gracias extraordinarias por su intercesión, por lo que esperamos su pronta beatificación. Otros vendrán con biografías más amplias, más documentadas, con otros perfiles, porque la vida y los escritos de Rivera dan para mucho. Pero necesitábamos una biografía breve, completa, que supiera transmitir el nervio apasionado del biografiado. Y ésta consigue todos estos objetivos y me parece, por tanto, muy apropiada para un primer acercamiento al personaje.

Escrita con viveza, recoge la invitación a la santidad, que en la vida y en la predicación de D. José era constante, como un gran profeta de nuestro tiempo. El autor es cuidadoso en el relato de los hechos, históricamente ciertos hasta en sus detalles, no los acumula de manera fría, sino dándoles vida y trenzando con maestría el relato con textos del mismo autor o de los testigos en el proceso. Hace hablar al personaje y trae los testimonios adecuados al hecho que se relata. Mantiene en cada capítulo la tensión dramática de una vida apasionante, titulando cada capítulo y cada apartado de manera muy sugerente. Cuando uno termina de leerla, siente ganas de ser santo de verdad. Y ésta será la principal satisfacción tanto del biógrafo como del biografiado.

Me parece especialmente oportuna esta biografía, después de que el Papa Benedicto XVI haya declarado el 7 de octubre de 2012 Doctor de la Iglesia universal a san Juan de Ávila, clericus cordubensis. San Juan de Ávila ha sido un santo que ha inspirado –y mucho– la vida y la espiritualidad de José Rivera. Así lo hemos percibido quienes hemos vivido cerca de él. Rivera tiene siempre delante el ejemplo del Maestro Ávila: «La distribución de la jornada de san Juan de Ávila: muchas horas de oración y lectura, solamente 5 ó 6 de predicación… D. Ángel Herrera lo pone como ejemplo y concluye: no haremos todos necesariamente lo mismo; pero ha de influir en la distribución de nuestras horas, dedicando más a la soledad que al apostolado» (Diario, 7-05-1988).

San Juan de Ávila era un santo que le inspiraba constantemente en el ejercicio de su ministerio sacerdotal. San Juan de Ávila era propuesto en los años juveniles en que José quería ser sacerdote diocesano, y no menos santo que cualquier sacerdote religioso. En esa época (1946) Juan de Ávila es proclamado patrono del clero secular español, cuando está en su apogeo el fervor de las filas de Acción Católica y del sacerdote diocesano secular. Cuando D. Baldomero Jiménez Duque escribe sobre Rivera después de la muerte, afirma: «Creó un verdadero movimiento sacerdotal a la manera de San Juan de Ávila, que tiene un largo alcance y cuya huella esperamos que durará». También Rivera fue invitado a ser jesuita y Rivera, como Juan de Ávila, prefirió ser diocesano y sembrarse en el surco de la Iglesia para fecundarla desde dentro. Tampoco Rivera, como Juan de Ávila, fundó nada, y por eso su influjo está diluido en tantas personas con diferentes carismas, que vivifican la Iglesia. Rivera se parece a Juan de Ávila, y por eso nos ha transmitido un amor grande por el patrono del clero secular.

Agradezco de corazón al autor que nos brinde este trabajo, sacado de sus pocos ratos libres. No se enciende una lámpara para ocultarla, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de la casa. Esta biografía contribuirá a que esta lámpara, la vida y la doctrina de José Rivera, alumbre a todos los de la Casa de Dios, que es la Iglesia. «La eucaristía, los obispos y los pobres» constituyen el triángulo de la evangelización, según Rivera. Cuando nos enfrentamos al reto de la nueva evangelización en nuestro tiempo, esta biografía nos hace ver que sólo los santos son capaces de evangelizar. Y aquí tenemos un ejemplo.

 

+ Demetrio Fernández González

Obispo de Córdoba

(Prólogo del libro “José Rivera Ramírez. Pasión por la santidad”)

Más información y acceso al texto en: www.gratisdate.org

“Me Sedujiste, Señor. Experiencias y convicciones de un seglar” de José Díaz Rincón

Me sedujiste, SeñorUna vida, una búsqueda

José Díaz Rincón nos cuenta su trayectoria vital. No se conforma con relatar los hechos de su infancia y juventud, su progresión en la madurez y las circunstancias de su animosa edad, porque sus ochenta y dos años muchos firmaríamos. No se limita con contar qué fue lo que pasó, ni cómo lo vivió. Él va más allá, en un ir más lejos que define en sí mismo lo que quiere contar. Porque José es un buscador de la verdad. La comprensión de la realidad que se esconde más allá de lo aparente, el descubrimiento del orden que estructura lo que se antoja informe, pone en evidencia sus relaciones y da sentido a lo existente, ese deseo de conocer y de entender al ser humano, sus aspiraciones y sus frustraciones, sus esperanzas y sus tropiezos, ese afán apasionado por desbrozar el barbecho del campo humano de nuestra tierra y prepararlo para que la semilla dé su fruto, el amor por el sembrador divino y la confianza en su poder milagroso, que hace brotar un reino de una semilla de mostaza, el celo de que no quede campo sin mies, ni mies sin segador, ni segador sin paga, todo esto, de continuo, a lo largo de una vida, es lo que José llama apostolado. Esa es su vida y su pasión. Por eso su vida no se puede separar de su pensamiento, sus experiencias no se pueden desgajar de sus convicciones. Experiencias y convicciones se cruzan de continuo, trenzando una vida resistente al desaliento y a la dificultad. Pensar y existir son las dos caras de la moneda humana, y si falta alguno de los lados, es una divisa falsa. Acción y creencia son dos facetas de una misma cosa, la vida. José Díaz Rincón nos cuenta su vida en este libro. Las experiencias y convicciones de José son profundamente cristianas. Él no es sacerdote, ni pertenece a una orden religiosa, él es seglar, trabajador y padre de familia, a su edad ya viudo y jubilado, que mira hacia atrás y nos relata la peripecia de su carrera vital. El hilo conductor de su vida ha sido la fe, la convicción de una misión que cumplir, la respuesta a una llamada que él mismo denomina seductora. Así ha titulado este relato, Me sedujiste, Señor, tomando las palabras de Isaías evocando su vocación. La seducción es una invitación al amor. Esta historia es, por tanto, una historia de amor, pero de un amor diferente. Carnal, sí, porque exige entrega corporal, hasta el extremo. No persigue el placer, persigue la entrega. No busca la satisfacción propia, sino el bien del otro. También es espiritual, pero no es platónico, porque ama a seres concretos, reales, bien conocidos. La fuerza espiritual no viene de la sublimación, ni de la imaginación, ni del idealismo, viene de la fuerza de amar con amor de otro, más grande, que actúa en el amante como una mano enguantada, convirtiendo una frágil tela en una diestra poderosa. La seducción de este amor llevó a José por pueblos, ciudades y países diversos, se concretó en muchas personas que se cruzaron o le acompañaron en su camino, le ha proporcionado experiencias profundas y convicciones firmes. Estos son los acontecimientos que detalla este libro. No es éste un libro para buscar finas manufacturas literarias, ni donde encontrar documentos históricos inéditos o grandes revelaciones. Este es un libro que cuenta como un corazón sencillo se llena al darse. Una cosa tan sorprendente que no deja de ser milagrosa. La entrada “Me Sedujiste, Señor. Experiencias y convicciones de un seglar” de José Díaz Rincón aparece primero en Ediciones Trébedes.

“Me Sedujiste, Señor. Experiencias y convicciones de un seglar” de José Díaz Rincón

Me sedujiste, SeñorUna vida, una búsqueda

José Díaz Rincón nos cuenta su trayectoria vital. No se conforma con relatar los hechos de su infancia y juventud, su progresión en la madurez y las circunstancias de su animosa edad, porque sus ochenta y dos años muchos firmaríamos. No se limita con contar qué fue lo que pasó, ni cómo lo vivió. Él va más allá, en un ir más lejos que define en sí mismo lo que quiere contar.

Porque José es un buscador de la verdad. La comprensión de la realidad que se esconde más allá de lo aparente, el descubrimiento del orden que estructura lo que se antoja informe, pone en evidencia sus relaciones y da sentido a lo existente, ese deseo de conocer y de entender al ser humano, sus aspiraciones y sus frustraciones, sus esperanzas y sus tropiezos, ese afán apasionado por desbrozar el barbecho del campo humano de nuestra tierra y prepararlo para que la semilla dé su fruto, el amor por el sembrador divino y la confianza en su poder milagroso, que hace brotar un reino de una semilla de mostaza, el celo de que no quede campo sin mies, ni mies sin segador, ni segador sin paga, todo esto, de continuo, a lo largo de una vida, es lo que José llama apostolado. Esa es su vida y su pasión.

Por eso su vida no se puede separar de su pensamiento, sus experiencias no se pueden desgajar de sus convicciones. Experiencias y convicciones se cruzan de continuo, trenzando una vida resistente al desaliento y a la dificultad. Pensar y existir son las dos caras de la moneda humana, y si falta alguno de los lados, es una divisa falsa. Acción y creencia son dos facetas de una misma cosa, la vida. José Díaz Rincón nos cuenta su vida en este libro.

Las experiencias y convicciones de José son profundamente cristianas. Él no es sacerdote, ni pertenece a una orden religiosa, él es seglar, trabajador y padre de familia, a su edad ya viudo y jubilado, que mira hacia atrás y nos relata la peripecia de su carrera vital. El hilo conductor de su vida ha sido la fe, la convicción de una misión que cumplir, la respuesta a una llamada que él mismo denomina seductora. Así ha titulado este relato, Me sedujiste, Señor, tomando las palabras de Isaías evocando su vocación.

La seducción es una invitación al amor. Esta historia es, por tanto, una historia de amor, pero de un amor diferente. Carnal, sí, porque exige entrega corporal, hasta el extremo. No persigue el placer, persigue la entrega. No busca la satisfacción propia, sino el bien del otro. También es espiritual, pero no es platónico, porque ama a seres concretos, reales, bien conocidos. La fuerza espiritual no viene de la sublimación, ni de la imaginación, ni del idealismo, viene de la fuerza de amar con amor de otro, más grande, que actúa en el amante como una mano enguantada, convirtiendo una frágil tela en una diestra poderosa.

La seducción de este amor llevó a José por pueblos, ciudades y países diversos, se concretó en muchas personas que se cruzaron o le acompañaron en su camino, le ha proporcionado experiencias profundas y convicciones firmes. Estos son los acontecimientos que detalla este libro.

No es éste un libro para buscar finas manufacturas literarias, ni donde encontrar documentos históricos inéditos o grandes revelaciones. Este es un libro que cuenta como un corazón sencillo se llena al darse. Una cosa tan sorprendente que no deja de ser milagrosa.

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“Fragmentos de inventario” de Antonio del Camino

Fragmentos de inventario Fragmentos de Inventario es una colección de recuerdos, contados con la sencillez de un niño y con la delicadeza de un poeta.Una prosa cuidada y sencilla, dulce a la lectura, armónica, llena de detalles sensibles: colores, sabores, texturas…, que nos transporta a la memoria del autor, a sus recuerdos dispersos en el baúl de la infancia. Un tiempo (años 60/70) y un lugar (Talavera de la Reina) que el autor recobra, fija y ordena. Y en donde, al fin, se reconoce y reafirma. Cualquiera que pertenezca a la generación del autor o a generaciones limítrofes, reconocerá lugares, sensaciones, personajes… Pero no con la fría exactitud del historiador: fechas, personajes y acontecimientos, sino con la difusa emoción del recuerdo que apela a los sentimientos que renacen tras una larga hibernación. Un libro que nos sorprende y nos traslada al mundo de las impresiones de la infancia y juventud, esas que definen el fondo de nuestra alma, el lecho de roca desde donde se apoyaron los cimientos de nuestra vida, y recupera para nosotros las emociones olvidadas al pasar de los años. Antonio del Camino, poeta por definición, se asoma al mundo de la prosa sin abandonar su buen hacer poético y prueba de ello es el poema que nos regala en la contraportada y que resume acertádamente su trabajo en este libro:

La lenta letanía de la lluvia
–monodia en el cristal hecha grafía–
va emborronando de melancolía
la luz que fue lejánamente rubia.

Como otras tantas tardes estoy ante
la página vacía: voz de nieve
–a veces infinita, a veces breve–
donde encajo mi voz titubeante.

Porque esta tarde, mientras sigue afuera
esa lluvia calladamente mansa,
el corazón se agita y no descansa
la memoria, que llueve a su manera.

Con lluvia, corazón y diccionario
recompongo fragmentos de inventario.

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Fragmentos de inventario

Fragmentos de inventario

Título: Fragmentos de inventario

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Autor: Antonio del Camino

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Una colección de recuerdos, contados con la sencillez de un niño y con la delicadeza de un poeta. Un tiempo (años 60/70) y un lugar (Talavera) que el autor recobra, fija y ordena. Y en donde, al fin, se reconoce y reafirma. Un libro que nos sorprende y nos traslada al mundo de las impresiones de la infancia y juventud, esas que definen el fondo de nuestra alma, y recupera para nosotros las emociones olvidadas al pasar de los años.

  • Encuadernación: cosida, cubierta blanda con solapas
  • Páginas: 108
  • Interior: blanco y negro
  • Tamaño: 130 x 205 mm
  • ISBN: 978-84-939085-0-8
  • Precio: 9 € (iva incluido)

Libro electrónico (formato epub):

  • Tamaño: 907 KB
  • ISBN: 978-84-939085-7-7
  • Precio: 1,99 € (iva incluido)

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“Dios en Sarajevo. Memoria de un pacifista” de Gerardo López Laguna

Dios en SarajevoEl pacifismo cristiano

Escribo estas líneas desde el convencimiento de que la guerra es una experiencia terrible, un veneno mortal que se genera al mezclarse dos ingredientes en suficiente cantidad. Estos ingredientes fatídicos son la injusticia y el odio. Por tanto, la mejor forma de acabar con la guerra es reducir la injusticia de la sociedad en que vivimos y eliminar el odio de lo profundo de los corazones.
Muchas son las iniciativas que tratan de luchar contra la injusticia. Qué gran lema era aquel de Manos Unidas que declaraba que las injusticias de hoy son las guerras de mañana. Una gran verdad que si moviera suficientemente nuestros corazones podría evitar muchos conflictos armados. Incluso, cuando ya se ha desatado una guerra, muchos tratan de ayudar a las víctimas enviando alimentos, mantas, medicinas… que es otra forma de reducir la injusticia y sofocar, de alguna manera, las llamas de la violencia. La mayoría de estas iniciativas, sean gubernamentales o no, son dignas de aprecio y apoyo porque la injusticia no es un concepto abstracto, sino que se concreta en necesidades precisas que es necesario atender y en sufrimiento personal que es imprescindible compartir y paliar, en la mayor medida posible. Y es posible mucho más.
Sin embargo, son muy pocas las iniciativas que tienen como principal objetivo eliminar el odio de los corazones. Una de ellas es la que recuerda el colaborador de Radio Santa María de Toledo, Gerardo López Laguna, en el libro «Dios en Sarajevo», publicado recientemente por el sello toledano Ediciones Trébedes.
En este libro, Gerardo nos relata, en primera persona, su experiencia en Sarajevo en 1992 y 1993. En aquellos días participó en una iniciativa audaz: un ejército desarmado que se interpusiera entre los contendientes de la guerra como un gran gesto de amor. Mientras la población de la ciudad bosnia, mayoritariamente musulmana, sufría la tortura del aislamiento y la escasez, los bombardeos de mortero y la plaga de los francotiradores, en Italia se organiza una marcha a finales de 1992 y se prepara otra masiva para 1993. Gerardo participa en la primera marcha y ayuda en la organización de la segunda desde el mismo Sarajevo. Los detalles de estas dos iniciativas se relatan en el libro desde la vivencia personal del autor.
Pero lo más importante de este libro no son los hechos históricos, ni el acontecer de una trama, sino el testimonio de amor personal, de  reconocimiento en el rostro de hombres, mujeres, niños y ancianos golpeados por el sordo mazazo de la guerra, de personas infinitamente amadas por Dios, que están reclamando de nosotros que les manifestemos ese amor que los avatares de la guerra les niegan. El libro se alimenta por momentos del diario  del autor, de su diálogo interior con Dios que hace una lectura creyente de los acontecimientos de cada día.
Es este un libro que nos zarandea, nos interpela y nos impulsa, nos interroga y nos responde. Dios es amor para todos los hombres, especialmente para los que sufren. Por eso, a Dios se le encuentra donde se ama, porque ese amor es regalo suyo. Amando a los que sufren, sean quienes sean, Dios se hace presente, sea aquí, en la aparente paz de Toledo o en una calle de Sarajevo durante la guerra. la terrible guerra de Sarajevo.
¿Es posible parar una guerra mediante un gran gesto de amor? ¿Podría una multitud desarmada interponerse entre los contendientes de una guerra? Tonino Bello, obispo de Molfetta (Italia), lanzó este reto y provocó dos marchas pacíficas a Sarajevo para acabar con la guerra que la estaba destruyendo. Gerardo López Laguna fue en la primera marcha y participó en la organización de la segunda desde el mismo Sarajevo. Su testimonio es impactante. El peligro era grande. Los continuos tiroteos, la amenaza de los francotiradores y los disparos de mortero interrumpían continuamente la vida de la ciudad semidestruída. Uno de los voluntarios cayó abatido por los disparos. El riesgo de morir era continuo, pero ¿no nos había redimido Cristo de esta manera, dando la vida por nosotros? Si Dios nos ama así, ¿por qué no hacer nosotros lo mismo con los demás si contamos con su fuerza?
El pacifismo cristiano, que inspira esta aventura, apoya su práctica en una vivencia profunda de fe y el ejemplo de Cristo. En su desarrollo destacan dos aspectos principales: la búsqueda de un trato personal con los que sufren y la apuesta firme por la no violencia como herramienta de cambio de la situación. El libro, a través de las experiencias que nos va describiendo el autor, manifiesta continuamente estas dos facetas. Porque si Dios ama a cada persona de forma única, no cabe otra forma de tratar dignamente a las personas que de esta misma manera. Hoy día, en que la eficacia parece un valor superior a lo personal, contrastan estas actitudes contracorriente, que recuerdan a aquel comentario de Teresa de Calcuta cuando le preguntaron cómo había conseguido ayudar a tantas personas necesitadas a lo largo de su vida, y ella contestó: «Uno a uno». La opción por la no violencia arranca de un presupuesto similar, porque el testimonio de la no violencia interpela personalmente los corazones, y solo por esa vía se puede cambiar a los violentos, que también tienen corazón y necesidad de ser amados. Nace del convencimiento de que en el momento en que los violentos se sientan personalmente amados, abandonarán la violencia.
Ambos principios de actuación chocan con nuestra mentalidad moderna, educada en la eficacia y la prisa, en los mercados y el consumo masivos. Es por eso que la lectura de este libro nos interpela, no tanto por los horrores de una guerra, que también nos estremecen, sino por la actitud que quiere arrancar de nosotros de cercanía con los que sufren ese horror, victimas y verdugos, y el deseo de que todos nos descubramos como hermanos compartiendo un destino común, donde la única actitud adecuada es la fraternidad.
El lector queda con la impresión de haber tomado una bebida fuerte, con la mezcla de sensaciones del buen sabor y de un impacto amargo. La guerra no es agradable de ver, pero en los hombres y mujeres que sufren en ellas reconocemos algo que es parte de nosotros, parte de nosotros mismos, la humanidad sufriente. Por eso, al leer este relato nos queda el agrado de reconocer a alguien, tal vez temporalmente olvidado, que nos alegra recordar.
(Dos extractos de este artículo fueron publicados en El Padre Nuestro de Toledo en septiembre de 2010 y El Cultural de ABC en Castilla La Mancha en octubre del mismo año)
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“Dios en Sarajevo. Memoria de un pacifista” de Gerardo López Laguna

Dios en SarajevoEl pacifismo cristiano

Escribo estas líneas desde el convencimiento de que la guerra es una experiencia terrible, un veneno mortal que se genera al mezclarse dos ingredientes en suficiente cantidad. Estos ingredientes fatídicos son la injusticia y el odio. Por tanto, la mejor forma de acabar con la guerra es reducir la injusticia de la sociedad en que vivimos y eliminar el odio de lo profundo de los corazones.
Muchas son las iniciativas que tratan de luchar contra la injusticia. Qué gran lema era aquel de Manos Unidas que declaraba que las injusticias de hoy son las guerras de mañana. Una gran verdad que si moviera suficientemente nuestros corazones podría evitar muchos conflictos armados. Incluso, cuando ya se ha desatado una guerra, muchos tratan de ayudar a las víctimas enviando alimentos, mantas, medicinas… que es otra forma de reducir la injusticia y sofocar, de alguna manera, las llamas de la violencia. La mayoría de estas iniciativas, sean gubernamentales o no, son dignas de aprecio y apoyo porque la injusticia no es un concepto abstracto, sino que se concreta en necesidades precisas que es necesario atender y en sufrimiento personal que es imprescindible compartir y paliar, en la mayor medida posible. Y es posible mucho más.
Sin embargo, son muy pocas las iniciativas que tienen como principal objetivo eliminar el odio de los corazones. Una de ellas es la que recuerda el colaborador de Radio Santa María de Toledo, Gerardo López Laguna, en el libro «Dios en Sarajevo», publicado recientemente por el sello toledano Ediciones Trébedes.
En este libro, Gerardo nos relata, en primera persona, su experiencia en Sarajevo en 1992 y 1993. En aquellos días participó en una iniciativa audaz: un ejército desarmado que se interpusiera entre los contendientes de la guerra como un gran gesto de amor. Mientras la población de la ciudad bosnia, mayoritariamente musulmana, sufría la tortura del aislamiento y la escasez, los bombardeos de mortero y la plaga de los francotiradores, en Italia se organiza una marcha a finales de 1992 y se prepara otra masiva para 1993. Gerardo participa en la primera marcha y ayuda en la organización de la segunda desde el mismo Sarajevo. Los detalles de estas dos iniciativas se relatan en el libro desde la vivencia personal del autor.
Pero lo más importante de este libro no son los hechos históricos, ni el acontecer de una trama, sino el testimonio de amor personal, de  reconocimiento en el rostro de hombres, mujeres, niños y ancianos golpeados por el sordo mazazo de la guerra, de personas infinitamente amadas por Dios, que están reclamando de nosotros que les manifestemos ese amor que los avatares de la guerra les niegan. El libro se alimenta por momentos del diario  del autor, de su diálogo interior con Dios que hace una lectura creyente de los acontecimientos de cada día.
Es este un libro que nos zarandea, nos interpela y nos impulsa, nos interroga y nos responde. Dios es amor para todos los hombres, especialmente para los que sufren. Por eso, a Dios se le encuentra donde se ama, porque ese amor es regalo suyo. Amando a los que sufren, sean quienes sean, Dios se hace presente, sea aquí, en la aparente paz de Toledo o en una calle de Sarajevo durante la guerra. la terrible guerra de Sarajevo.
¿Es posible parar una guerra mediante un gran gesto de amor? ¿Podría una multitud desarmada interponerse entre los contendientes de una guerra? Tonino Bello, obispo de Molfetta (Italia), lanzó este reto y provocó dos marchas pacíficas a Sarajevo para acabar con la guerra que la estaba destruyendo. Gerardo López Laguna fue en la primera marcha y participó en la organización de la segunda desde el mismo Sarajevo. Su testimonio es impactante. El peligro era grande. Los continuos tiroteos, la amenaza de los francotiradores y los disparos de mortero interrumpían continuamente la vida de la ciudad semidestruída. Uno de los voluntarios cayó abatido por los disparos. El riesgo de morir era continuo, pero ¿no nos había redimido Cristo de esta manera, dando la vida por nosotros? Si Dios nos ama así, ¿por qué no hacer nosotros lo mismo con los demás si contamos con su fuerza?
El pacifismo cristiano, que inspira esta aventura, apoya su práctica en una vivencia profunda de fe y el ejemplo de Cristo. En su desarrollo destacan dos aspectos principales: la búsqueda de un trato personal con los que sufren y la apuesta firme por la no violencia como herramienta de cambio de la situación. El libro, a través de las experiencias que nos va describiendo el autor, manifiesta continuamente estas dos facetas. Porque si Dios ama a cada persona de forma única, no cabe otra forma de tratar dignamente a las personas que de esta misma manera. Hoy día, en que la eficacia parece un valor superior a lo personal, contrastan estas actitudes contracorriente, que recuerdan a aquel comentario de Teresa de Calcuta cuando le preguntaron cómo había conseguido ayudar a tantas personas necesitadas a lo largo de su vida, y ella contestó: «Uno a uno». La opción por la no violencia arranca de un presupuesto similar, porque el testimonio de la no violencia interpela personalmente los corazones, y solo por esa vía se puede cambiar a los violentos, que también tienen corazón y necesidad de ser amados. Nace del convencimiento de que en el momento en que los violentos se sientan personalmente amados, abandonarán la violencia.
Ambos principios de actuación chocan con nuestra mentalidad moderna, educada en la eficacia y la prisa, en los mercados y el consumo masivos. Es por eso que la lectura de este libro nos interpela, no tanto por los horrores de una guerra, que también nos estremecen, sino por la actitud que quiere arrancar de nosotros de cercanía con los que sufren ese horror, victimas y verdugos, y el deseo de que todos nos descubramos como hermanos compartiendo un destino común, donde la única actitud adecuada es la fraternidad.
El lector queda con la impresión de haber tomado una bebida fuerte, con la mezcla de sensaciones del buen sabor y de un impacto amargo. La guerra no es agradable de ver, pero en los hombres y mujeres que sufren en ellas reconocemos algo que es parte de nosotros, parte de nosotros mismos, la humanidad sufriente. Por eso, al leer este relato nos queda el agrado de reconocer a alguien, tal vez temporalmente olvidado, que nos alegra recordar.
(Dos extractos de este artículo fueron publicados en El Padre Nuestro de Toledo en septiembre de 2010 y El Cultural de ABC en Castilla La Mancha en octubre del mismo año)

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