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Escuela y educación

El grave momento político e institucional por el que está atravesando nuestro país ha oscurecido el protagonismo  que por tradición e importancia le corresponde a la escuela y al comienzo del  curso escolar. Y consecuentemente, está hurtando a la sociedad la reflexión y el debate que se merece la más importante de las tareas que el hombre ha de abordar, pues de ella y sus buenas o malas prácticas depende el futuro de un país: la educación. Reflexión y debate que hoy por hoy debe recaer no sólo sobre el sistema organizativo escolar, ya de por sí importante, sino principalmente sobre el modelo educativo vigente. Pues si fundamental es legislar sobre los contenidos curriculares a desarrollar, sus espacios y tiempos, o sobre el rol social y profesional de maestros y profesores, o la excesiva burocratización del sistema…; es mucho más importante, porque afecta  y de ello depende todo lo demás, el debate sobre el modelo educativo. Es llevar la reflexión al terreno de los fines, y al tipo de persona a educar. Cualquier observador crítico puede darse cuenta de que el modelo educativo escolar actual en la mayoría de los países se centra en formar buenos profesionales, técnicamente bien preparados. Así se lo exigen a la escuela la sociedad y hasta las mismas familias. Se identifica educación con instrucción; y desde esta concepción se organiza el currículo, prevaleciendo la dimensión materialista y mercantil de la enseñanza sobre sus aspectos más formativos y humanizadores. Repensar hoy la escuela es plantear un nuevo modelo educativo transformador y contracultural desde la idea de que educar es mucho más que instruir. Modelo sobre el que ya incidió el célebre informe “JacquesDelors” a la UNESCO sobre la educación en el siglo XXI, que propugnaba el sentido integral de la educación desde los cuatro pilares básicos que lo habrían de sostener: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a ser y aprender a convivir. Entre otros muchos, el Papa Francisco también lo reivindica: “La educación será ineficaz y sus esfuerzos serán estériles si no procura también difundir  un nuevo paradigma acerca del ser humano, la vida, la sociedad y la relación con la naturaleza” (Laudato si). La escuela cada vez más orienta su enseñanza hacia los contenidos instrumentales y se olvida de aquellos aspectos que inciden en la configuración de la personalidad de los alumnos y su dimensión social. De ahí el recorte de contenidos y tiempos que están sufriendo la filosofía y las humanidades. El ansiado pacto escolar, si es que llega, lo ha de considerar seriamente.  

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Descenso de matrimonios, un sencillo síntoma

matrimonio El matrimonio no está de moda. Por matrimonio se entiende aquel compromiso público que dos adultos contraen entre sí para vivir unidos ayudándose hasta que la muerte los separe. Hasta ahora la sociedad civil ha reconocido en el matrimonio un grandísimo bien. Un bien para cada contrayente, para los hijos que vengan, y conformada la familia, ella misma es un bien para toda la sociedad. Pero claro está, el matrimonio no es cuestión de leyes, sino de personas. Y la convivencia es una tarea cotidiana. “Bueno” no significa “exento de problemas”. A día de hoy las parejas tienden a cambiar el matrimonio por la mera convivencia, sin compromiso formal. ¿Por qué? El compromiso de fidelidad ¿acaso es el gran problema para la convivencia? ¿O más bien es un elemento intrínseco de la misma convivencia, que una vez asumido la promueve? Una cosa es la convivencia, y otra las dificultades que surgen de la misma. Pero para que una relación vaya bien, se requiere reconocer que es un bien. Posiblemente la cultura actual haya decidido evitar los problemas prescindiendo del bien. Posiblemente el miedo al sufrimiento, al desencanto a la propia debilidad está ofuscando la mente hasta el punto de no reconocer el bien, y de decidir que no existe. Posiblemente esta mentalidad esté afectando a la política, el trabajo, las migraciones, la educación, la paz, la religión, y al mismo concepto de dignidad del ser humano. Hay quienes viven desde el bien del matrimonio. Desde él afrontan y resuelven dificultades. En lo humanamente posible les va bien. Hay parejas que se enamoran y se ilusionan con el tesoro que han encontrado, y desean ponerse manos a la obra para que les vaya bien. En este punto se encuentran contracorriente. Pero solamente el bien puede hacer que vaya bien.

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Corrupción ideologizada

corrupcion

Cada vez resulta más evidente que hay corrupción de izquierdas y de derechas. Basta, para comprobar que es así, con observar el diferente tratamiento que se da a unos casos y a otros en función de la filiación ideológica de quien los protagoniza, la distinta forma en la que valoramos el hecho e, incluso, cómo en no pocas ocasiones llegamos a justificarlo o a condenarlo desproporcionadamente en función de si quien se ha servido de la gestión de asuntos públicos o privados en beneficio propio incurriendo en ilegalidad con ello se encuentra dentro o fuera de nuestra órbita de pensamiento.

Es una de las consecuencias –una más– del relativismo imperante, en virtud del cual no existe una forma común de aproximarse a la realidad y, por tanto, no hay verdades objetivas.

El problema alcanza niveles preocupantes cuando ello afecta a quienes, por su responsabilidad pública, deberían asumir el deber moral de reaccionar, sin tapujos, frente a este mal de efectos tan nocivos: en particular, responsables de partidos políticos, gobernantes, jueces y tribunales, medios de comunicación. También todos nosotros, ciudadanos de a pie, que hemos de ser capaces de denunciar y reaccionar en consecuencia, así como de detectar otros tipos de corrupción moral que nos afectan personalmente y que igualmente dañan a la comunidad en la que vivimos y al sistema del que nos hemos dotado.

Unos y otros somos responsables de la lucha contra la corrupción; contra todo tipo de corrupción.

 

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Con la comida no se juega

Un tercio de los alimentos acaba en la basura”. Éste es el lema de la reciente campaña de sensibilización de Manos Unidas en la lucha contra la pobreza y el hambre. Hasta hace poco, nadie se planteaba presentar un proyecto para acabar con el desperdicio de alimentos, porque la sociedad tenía interiorizada la “política” de aprovechar los alimentos y no tirar nada; no en vano, en la conciencia colectiva estaba grabado lo que era pasar hambre en el contexto de una guerra o en la escasez de una dictadura. Actualmente el derroche alimentario es una de áreas de acción de los programas políticos y de trabajo de muchas organizaciones, a pesar de la crisis económica que estamos atravesando. Es llamativo que organizaciones como FAO o Manos Unidas tengan no solo que trabajar por erradicar y luchar contra la pobreza en países del tercer mundo, sino también concienciar sobre el mal uso que se hace de la comida. El Papa Francisco ya en 2013, en el ámbito de la Jornada Mundial del Medioambiente, realizó una llamada al mundo para evitar el desperdicio de alimentos y trabajar por una mejor distribución de la comida. Recientemente, en enero de 2017, el Tribunal de Cuentas de la UE publicó un informe especial “La lucha contra el despilfarro de alimentos: una oportunidad para la UE de hacer más eficiente el empleo de recursos en la cadena de suministro alimentario” que insistía en estas ideas. El desperdicio de alimentos es un problema global. Tanto es así, que se ha convertido en objeto de iniciativas legislativas en la Unión Europea, decisiones que permiten regular las acciones políticas que se desarrollen en los Estados Miembros relacionadas con el desecho de alimentos. Países como Francia e Italia han aprobado en los dos últimos años leyes contra el desperdicio de alimentos. Está claro que los políticos están tomando conciencia de la importancia de reducir el desperdicio de comida y de incentivar su donación, pero desde el punto de vista del ciudadano, ¿qué podemos hacer? ¿Qué estamos haciendo nosotros? Es un grave problema que no podemos ignorar, cuando son muchos los millones de personas que viven en la pobreza y en la desigualdad. Todos estamos llamados a ello, y no solo debe haber razones económicas o medioambientales para reaccionar, sino también éticas. Es deber de todos que el mundo sea más justo. La base está en la educación y en nuestra propia responsabilidad a la hora de valorar los alimentos que compramos y tenemos, para no desperdiciarlos, realizando un consumo responsable. Alimentarse es una de las primeras necesidades del ser humano, y cuidar y proteger el medio ambiente también es tarea de todos. El hambre, decía la campaña de Manos Unidas, no sólo se combate con comida, sino con la ayuda de todos. En nuestras manos está luchas por ello.

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Basureros humanos

Sin entrar en el debate, de si estamos en una época de grandes cambios o en un cambio de época, lo cierto es que los grandes principios que propiciaron lo que se ha dado en llamar la modernidad se han ido extinguiendo en la época contemporánea. La libertad, que logró a base de muchos esfuerzos su implantación política durante el siglo XIX ha quedado reducida a una muy exigua y placentera libertad individual condicionada; la igualdad, se fue deshilachando en el camino absorbida por un capitalismo salvaje y desencarnado; y la fraternidad, ¡pobrecilla!, ni siquiera pudo gozar de su nacimiento; sus raíces cristianas y el principio de “solo razón”, la dejaron sin fundamento. El sociólogo y escritor-ensayista fallecido hace unos días Z. Bauman, en una de sus últimas obras “la postmodernidad y sus descontentos”, reflexiona sobre una de sus principales tesis sociológicas: el interés por la pureza y su correspondiente obsesión por la lucha contra la suciedad, ideal de todas las culturas, tiene una relación muy directa con el orden establecido. Y desde los principios que determinan este orden en cada época y cultura se verifica la categoría de “extraño”, y como consecuencia, su catalogación como “suciedad” que hay que limpiar. En estos últimos tiempos nuestra sociedad está profundamente horrorizada por los excesos de “pureza” y los procedimientos de “limpieza” que el nuevo presidente del país más rico del mundo quiere aplicar desde su concepción personalista del orden. Pero la hipocresía de  nuestra sociedad occidentales incapaz de percibir cómo desde el nuevo orden mundial que establece la cultura y sociedad de consumo, cuyo principal criterio de pureza es la búsqueda de la felicidad individual desde el placer inmediato, caiga quien caiga, está produciendo muchas “impurezas” que se  eliminan por ser defectuosas desde esos criterios de orden. Los pobres, los inmigrantes, los ancianos, los niños no nacidos, las personas económicamente vulnerables, los que no tienen voz; sin olvidar los pasos vertiginosos que se están dando ya en algunos países para la legalización de la eutanasia, son productos defectuosos que entorpecen y, por consiguiente, constituyen las “nuevas impurezas” que nuestro orden social actual impuesto por el dios dinero desecha a sus basureros. El Papa Francisco llama a esto la cultura del descarte. Es la cultura que no prioriza como criterio fundamental del orden social el principio fundamental de la dignidad del hombre.

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Vida familiar y vida laboral ¿Antagonistas?

vida familiar El dedicarse a una profesión, tener un puesto de trabajo y ganarse el pan con el sudor de la frente es fruto, en muchos casos, de años de preparación y formación, a la vez que del esfuerzo, dedicación y actitudes que ponemos en nuestro día a día. Vivimos en un mundo laboral en ocasiones frenético, cambiante y muy competitivo. Una vez acabada la jornada laboral, tenemos todo el derecho del mundo a sentirnos satisfechos y orgullosos de nosotros mismos o, como se dice actualmente, desarrollados profesionalmente. Pero, finalizado el trabajo, ya en el hogar, nos espera la familia, que nos exige un esfuerzo, dedicación y actitudes no menores que las del trabajo. Por lo tanto, puede que surja en nosotros la sensación de que veinticuatro horas son pocas en un día y que es un serio problema no poseer el don de la bilocación. Altas responsabilidades, el miedo al despido, falta de comprensión, horarios complicados, alargados y con falta de flexibilidad, son en muchos casos los obstáculos que han de solventar  padres y madres de familia que viven entre las tareas del trabajo, el colegio de los niños, actividades extraescolares, deberes o inesperadas enfermedades infantiles, consolidándose un estilo de vida agónico por la misma dificultad de no poder conciliar esos dos aspectos tan cruciales, como son la familia y el trabajo. Nuestra sociedad, con el objetivo de lograr el progreso, se ha preocupado de suministrar el afán de desarrollo profesional a sus individuos, aumentando su preparación, pero se ha olvidado de otro aspecto trascendental como es su desarrollo en una familia y su responsabilidad dentro de ella. Aunque ha buscado, muy acertadamente, la incorporación de la mujer al mundo laboral, se ha olvidado de encontrar el modo de compaginarlo con su maternidad; a pesar de que el hombre tiene menos dificultades en su integración en el mundo laboral, se siguen descuidando las implicaciones que conlleva ser padre; en uno y otro caso, mientras que nos hemos preocupado de lograr profesionales preparados y cualificados, hemos dejado de lado su sustento emocional y vital. Como consecuencia de todo ello, hoy por hoy, desarrollo profesional y desarrollo familiar se presentan como dos antagonistas dentro de un estilo de vida frenético, de tal modo que, tarde o temprano, situando a la persona entre la espada y la pared, llegará el día en el que tenga que elegir entre uno y otro. Todo nos hace indicar que seguimos sin comprender el papel de la familia en las personas y en la sociedad. No tenemos porqué renunciar a desarrollar nuestras habilidades y capacidades en un puesto de trabajo, pero tampoco podemos ni debemos renunciar a la experiencia de ser papás y mamás. Entre otras cosas porque tener una familia y un trabajo para sustentarla no debe ser un problema. El auténtico progreso social pasa por saber conciliar vida familiar y vida laboral.

A punto de descubrir…la familia

La siguiente noticia apareció la pasada semana de Navidad en los informativos nacionales de una cadena privada: “Los niños necesitan un entorno social y afectivo adecuado hasta que puedan volver con sus familias de origen. Este es el objetivo de la campaña ‘Millor en familia’, puesta en marcha por la vicepresidencia del Consell y la Conselleria de Igualdad y Políticas Sociales. “Los niños necesitan compartir su experiencia de vida en el contexto de una familia y generar vínculos seguros y afectuosos”, ha indicado la vicepresidenta de la Generalitat, Mónica Oltra.  Cuando asistimos indignados a los múltiples ataques que la familia está recibiendo en nuestro mundo, no podemos evitar leer con sorpresa que la Administración Valenciana está a punto de “descubrir” los maravillosos efectos que la familia tiene en la sociedad. La campaña se llama “Mejor en familia”, título que permite comprender que desde la citada Consejería se han dado cuenta de lo que supone para los pequeños crecer en un ambiente de calor, acogida, con una figura paterna y materna fuertes, estables y de cómo ello implica para los niños la posibilidad de que puedan disfrutar, ni más ni menos, de un futuro fuera de la exclusión social. Bienvenido sea. Se suele decir que “El mejor y primer ministerio de sanidad: la familia; el mejor y primer ministerio de economía: la familia; el mejor y primer ministerio de bienestar social: la familia”. Y, ciertamente, así es. A quienes nos gobiernan: tienen ustedes en sus manos el futuro de esta sociedad, el futuro que va a rodear a nuestros hijos, a los pequeños que hoy están creciendo a nuestro alrededor. No esperen a que los sociólogos les presenten sus estudios y encuestas: la familia merece ser protegida, cuidada, respaldada y potenciada. La familia merece estar entre algodones. Promover familias fuertes, sólidas, responsables, equivale a que las próximas generaciones tengan mimbres suficientemente resistentes para poder soportar, sin derrumbarse, los envites que de por sí trae la vida. Tener familias fuertes significa promover una sociedad que construye futuro con estabilidad, confianza, esperanza y sin necesidad de recurrir a escapes fáciles e ilusorios a los que se huye cuando el horizonte es negro y faltan las fuerzas para afrontarlo. Como señaló G.K. Chesterton, “Quienes hablan contra la familia no saben lo que hacen, porque no saben lo que deshacen”.

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Guerra Mundial

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“Tú, Irina, has mencionado un gran enemigo de matrimonio hoy en día: la teoría del gender. Hoy hay una guerra mundial para destruir el matrimonio. Hoy existen colonizaciones ideológicas que destruyen, pero no con las armas, sino con las ideas. Por lo tanto, es preciso defenderse de las colonizaciones ideológicas”.

Son palabras del Papa Francisco en su viaje apostólico a Georgia este mes de octubre. Curiosamente, los grandes medios informativos españoles han resaltado en sus titulares la frase del papa indicando que a las personas homosexuales o transexuales “hay que acompañarlas como lo haría Jesús”, pasando de puntillas sobre el rechazo frontal del Papa a la denominada Ideología de Género.

Esta manipulación informativa, al igual que las recientes iniciativas legislativas en diversas comunidades autónomas que, apoyadas por todos los partidos, pretenden incorporar esa ideología al sistema jurídico español, no son sino síntomas evidentes de esa colonización ideológica que denuncia el Papa.

Y es que la guerra ideológica emprendida contra el matrimonio ha utilizado como escudo la tan extendida frase, buenista pero falsa, “todas las ideas son respetables”. Y eso no es verdad. Las que son merecedoras de respeto son las personas, dotadas de una dignidad inviolable que les confiere el hecho de haber sido creadas por Dios a su imagen en un acto de amor.

Todas las personas son respetables, aunque estén equivocadas, aunque no busquen el bien. Pero no todas las ideas son igualmente respetables. No merecen el mismo respeto las ideas que buscan la destrucción que las que hacen más humana la sociedad; no son igualmente valiosas las ideas que atentan contra la dignidad del hombre que las que lo respetan y enriquecen; no es igual la verdad que la mentira.

Y contra una idea que busca hacer daño, es preciso defenderse. Con medios que sean respetuosos con las personas, pero que sean efectivos contra la inoculación de esa ideología dañina.

No parece que la sociedad sea consciente, en general, de la existencia de un mal tan grave. Políticos, medios de comunicación e instituciones colaboran, activa o pasivamente, en la propagación de ese mal. Sin embargo, el Papa alerta: es preciso defenderse.

Parafraseando un anuncio que urge a actuar para evitar la desaparición de especies animales, podríamos preguntarnos cuándo será el momento de actuar con firmeza, cada uno con sus medios, en defensa del matrimonio natural formado por un hombre y una mujer.  ¿Cuando solo quede uno? ¿Será ese el momento?

 

 

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Renovar la política

Curso PolisDurante los pasados 1, 2 y 3 de julio, en la Casa de Ejercicios El Buen Pastor de Toledo, se celebró el II Curso de Verano sobre Doctrina Social de la Iglesia organizado por la Delegación de Apostolado Seglar a través del Grupo Polis, este año con el sugerente título de “Renovar la política”.

El curso fue inaugurado por don Braulio Rodríguez Plaza, Arzobispo de Toledo, quien animó a los participantes a reflexionar sobre el candente tema de la renovación de la vida política a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia, porque, según sus propias palabras “la vida de la polis no puede quedar al margen de la luz de Cristo, porque es una dimensión fundamental de la vida humana”.

El primer ponente de estas jornadas fue don Agustín Domingo Moratalla, Catedrático de Filosofía Moral y Política y Director de la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo en Valencia, que habló del concepto del Bien Común, recientemente rescatado para el pensamiento político contemporáneo, gracias en parte al “efecto Francisco”, pero con el riesgo de desvirtuarse respecto al concepto original desarrollado desde la Doctrina Social de la Iglesia. Don Agustín realizó un certero diagnóstico de la situación actual desde un punto de vista cultural, resaltando la crisis de valores en torno a la Verdad, eclipsados por el deslumbramiento de las posibilidades técnicas y la ambición económica; analizó la situación también desde el punto de vista político, resaltando el nuevo populismo amnésico de clave televisiva y frívolamente cultivado, que está utilizando España como un campo de pruebas de la experimentación política; y también diagnosticó la situación social, caracterizada por la polarización, el enfrentamiento y la pérdida de vínculos, debido al deterioro de la educación y la familia, que produce el avance implacable del individualismo.

A partir de su análisis, el profesor Moratalla propuso varios criterios para la acción, destacando la recuperación del humanismo cívico, como recuperador de vínculos, y la necesidad de desarrollarlo hacia el humanismo cristiano, que aporta una perspectiva escatológica y salvífica. Entender el bien común como el bien de todos y cada uno es el camino de la justicia social y la manera de reconducir la economía y el estado a su auténtico papel instrumental y subsidiario.

Por último, don Agustín invitó a todos a profundizar y difundir la Doctrina Social de la Iglesia, que nos aporta claves para poder descubrir, clarificar, discernir y actuar, porque no es un libro de recetas sino un proceso de formación para el cristiano en el mundo. Pidió el compromiso de las autoridades eclesiales en este empeño formativo y el compromiso de los seglares para llevarlo a cabo con entusiasmo.

La segunda ponente, doña Ana Sánchez-Sierra, politóloga, profesora de Doctrina Social de la Iglesia en la Universidad San Pablo CEU, expuso un análisis de los principales programas electorales presentados en las últimas elecciones, apuntando con claros detalles el manifiesto abandono del principio de subsidiariedad en sus propuestas políticas, así como el contagio de actitudes marcadamente populistas. La profesora Sánchez-Sierra también expuso los últimos análisis sociológicos sobre la orientación del voto y las creencias religiosas, observando la presencia de cristianos que se reconocen como tales en prácticamente todas las fuerzas políticas, aunque la concentración de los cristianos es sensiblemente mayor en los partidos de derechas.

Uno de los puntos de mayor expectación del curso fue la mesa redonda de la tarde del sábado, dirigida por don Julio Comendador, que reunió a políticos y cargos electos de la provincia de Toledo de varios partidos para que hablaran de su testimonio y sus motivaciones para estar en política, de su visión de la política como lugar de diálogo para buscar encuentros y también de su experiencia en la relación entre la fe cristiana y las convicciones políticas. Fue un debate animado, con sus momentos de intensidad, que demostró que las diferencias políticas no deben ser un obstáculo para el diálogo personal y sincero.

La noche del sábado la ocupó una interesantísima visita al Archivo y Biblioteca Catedralicios, dirigida por don Ángel Fernández Collado, obispo auxiliar de Toledo, que mostró a los participantes al curso los tesoros bibliográficos que se custodian en la Catedral Primada. Una visita llena de encanto e interés.

El tercer ponente del curso fue don Josep Miró i Ardevol, miembro del Consejo Pontificio de Laicos, que también aportó su dilatada experiencia como político, ahora retirado de esa actividad. Don Josep señaló la búsqueda del bien común y la actitud de servicio como los pilares de toda actividad política para un cristiano, que para alcanzar estos objetivos debe cultivar la virtud. La renovación de la política vendrá de la virtud de los políticos, por lo tanto, nuestra primera prioridad debe ser fomentar la virtud.

La búsqueda del  bien común, para don Josep Miró, exige que los cristianos manifestemos un claro compromiso con la promoción y defensa de los Derechos Humanos, promovamos un cambio en el orden económico, que tenga en cuenta al otro, un sistema de bienestar responsable, con derechos y deberes, un política integral de la familia, defensa del bien y la justicia, de la creación, la vida, la familia formada desde el amor de un hombre y una mujer, la promoción del diálogo, la búsqueda de la paz, la libertad y la dignidad de todo ser humano.

Sin embargo, con la situación actual de los partidos políticos en España, don Josep juzgó más interesante, en estos momentos, actuar desde fuera de la política, promoviendo un Impulso Cristiano, con acciones concretas y localizadas, que unan a los cristianos y les den la oportunidad de mostrar la propuesta cristiana: impulso evangelizador, primero de los bautizados, impulso cultural, con presencia en internet, impulso familiar, atendiendo a los que el sistema abandona, impulso europeo, recuperando el espíritu de los fundadores… Gobernar desde abajo, con instrumentos de participación que hay que identificar, coordinar y promover.

Otro hecho destacado fue la compañía de nuestros pastores y la gozosa celebración de la Santa Misa, celebrada el viernes por don Braulio Rodríguez, el sábado por don Ángel Fernández y el domingo por don Emilio Palomo, Vicario de la Mancha y Delegado del Área de Apostolado Seglar.

En resumen, este Curso de Verano ha estado lleno de propuestas apasionantes, se han podido compartir preocupaciones y esperanzas, contrastar opiniones e identificar los retos que nos interpelan en estos momentos apasionantes, pero, sobre todo, ha sido ocasión para descubrir el impulso del Espíritu que nos va mostrando el camino de cada día.

El valor del trabajo

ElValorDelTrabajoEl trabajo ocupa un lugar importante en la vida humana, cumpliendo diversas funciones que no pueden aislarse:

  • Con el trabajo se transforma el mundo, continuando la acción creadora de Dios.
  • En el trabajo se desarrollan las capacidades personales y sociales de las personas que trabajan.
  • Con el trabajo se consigue el sustento personal y familiar.

Compartimos con vosotros esta reflexión sobre el trabajo humano a partir de la Doctrina Social de la Iglesia. Se revisan temas como el Evangelio del trabajo, el trabajo como fuerza transformadora, el trabajo como conflicto y la retribución por el trabajo, también se proponen temas de discusión en grupo. Haz clic sobre la foto para descargártelo o búscalo en nuestra sección de Material.