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“En mi principio está mi fin” de José Rivera

“En mi principio está mi fin. Cuadernos de Estudio sobre el Teatro y la Poesía de T.S. Eliot” de José Rivera

Con el título de En mi principio está mi fin, se han recopilado los apuntes de José Rivera (1925-1991) sobre la poesía y el teatro de T.S. Eliot (1888-1965). Son textos de trabajo, redactados para el estudio personal, sin ambición de ser publicados. Esto podría ser un inconveniente para su lectura, pero, al contrario, ofrece al texto una frescura y una espontaneidad que le confiere una fuerza especial que engancha al lector, atrapándole en una mezcla de confidencia y complicidad. Esta publicación es la primera que ofrece de manera amplia textos privados de José Rivera, más conocido por sus predicaciones, algunas de ellas publicadas, otras difundidas en audio, y obras de teología espiritual publicadas conjuntamente con José María Iraburu. En este caso, se trata de una selección de textos de sus Cuadernos de Estudio, apenas una octava parte de toda la extensión de los cuadernos que se conservan. Además, dentro de estos escritos privados hay que sumar su Diario y sus Cartas. Descubrimos con este libro un aspecto de José Rivera desconocido hasta ahora para muchos: su faceta intelectual. José Rivera, sacerdote toledano, destacó por su dedicación pastoral con charlas, retiros, ejercicios espirituales, dirección espiritual y su especial dedicación a la formación de los seminaristas, especialmente en Toledo, donde pasó la mayor parte de su vida. Hace pocos meses, su proceso de beatificación pasó un hito significativo con la declaración de Venerable, en octubre de 2015, y la difusión de sus predicaciones y escritos va siendo una tarea apremiante. Esta publicación nos abre el paisaje interior de la actividad intelectual de José Rivera que, en medio de la noche, robando horas al sueño, se sumergía en la lectura de autores literarios, filósofos y teólogos, con un ímpetu sorprendente. La mayoría de estos cuadernos de estudio fueron destruidos por el propio autor, pero de los que se conservaron destaca la dedicación al estudio de la obra de T.S. Eliot, poeta anglo-americano del siglo XX, converso de la increencia al anglicanismo, renovador de la poesía inglesa y premio Nobel de literatura. Eliot fue poeta, autor teatral y ensayista. Este primer volumen recoge solo los comentarios de José Rivera a la poesía y el teatro de Eliot, dejando para otra ocasión los comentarios sobre los ensayos. ¿Qué interés tiene un poeta inglés para un sacerdote toledano? El propio autor nos da alguna pista en sus comentarios: reconoce en él una visión profunda de los problemas de las personas: «Siendo una cabeza realmente  privilegiada ‒incluso en el orden religioso‒ puede enseñarme mucho acerca de la visión divina sobre el hombre y las cosas». Nos vamos a encontrar, por lo tanto, con una “crítica profunda” de los textos, no un análisis estético o lingüístico, sino con un análisis de valores y de humanidad. En la lectura de estos comentarios, descubriremos que Eliot y Rivera tiene algunos puntos fuertes de sintonía que van emergiendo una y otra vez en sus comentarios. Uno de ellos es el sentido sobrenatural de la realidad, no entendida en un sentido platónico que niega la realidad del mundo físico, sino en el reconocimiento de otro plano superior que da sentido a lo tangible para los sentidos naturales. Eliot y Rivera hablan de planos de realidad, que existen a la vez. Los que viven ignorando el plano sobrenatural viven “solo a medias”, como dormidos, porque “estar despierto es vivir en varios planos a la vez”. La conciencia de estos planos de realidad y su impacto en nuestras vidas van a aparecer repetidamente en los personajes de Eliot, tanto en la lírica como en el drama,  y Rivera va a aprovecharlos para reflexionar sobre la vida espiritual. También este tema revela una tensión dramática, el ser humano necesita de la realidad sobrenatural para dar sentido a la natural, pero, al mismo tiempo, no la soporta, no puede ver a Dios cara a cara. Aquí resuenan los famosos versos de Eliot: “Venga, venga, el pájaro reclama // no puede soportar la raza humana // tanta realidad”. Aquí enlaza otro tema de sintonía entre Eliot y Rivera, el tema del tiempo y del cambio. Como el ser humano no soporta una visión prolongada de realidad sobrenatural, tal y como sugiere el verso anterior debe utilizar el tiempo para suavizarla, avanzando para no quemarse en su contemplación. Por eso, la vida es un camino. Un camino de crecimiento, porque madurar es avanzar en la contemplación de los planos de la realidad. El hombre que crece esconde una porción de permanencia y otra de cambio, y también un camino de retorno, porque lo que cambia es porque nos conocemos mejor, crecemos al conocernos desde el plano sobrenatural, que nos da la mirada de Dios sobre nosotros. El verso de Eliot: “En mi principio está mi fin”, que sirve de título para este libro, condensa el pensamiento del poeta inglés sobre el cambio y el tiempo, que Rivera relaciona con la redención y la vocación. A mi juicio, hay un tercer punto de sintonía que no pasa desapercibido: el sentido de la acción. Está relacionado con el tema del cambio, si nos preguntamos ¿cómo puedo cambiar yo? ¿Cómo puedo cambiar el entorno o procurar el cambio de mis semejantes? Para Eliot y para Rivera, la acción consiste en dejar actuar a Dios, que es el que cambia. El grito de Tomás en Asesinato en la catedral, resume esa actitud: “¡Abrid, abrid las puertas!” porque “la Bestia ya ha sido vencida… Sufriendo es como ahora hemos de conquistar”. Rivera comenta “la intervención suprema de Dios es la sacramentalización interna del hombre… En la actividad normal de Dios es el santo el que santifica”. Por tanto, la mejor acción es la de crecer en santidad. Y Eliot proclama: “Así la oscuridad será la luz, y la inmovilidad la danza”. La entrada “En mi principio está mi fin” de José Rivera aparece primero en Ediciones Trébedes.

“En mi principio está mi fin” de José Rivera

“En mi principio está mi fin. Cuadernos de Estudio sobre el Teatro y la Poesía de T.S. Eliot” de José Rivera

Con el título de En mi principio está mi fin, se han recopilado los apuntes de José Rivera (1925-1991) sobre la poesía y el teatro de T.S. Eliot (1888-1965). Son textos de trabajo, redactados para el estudio personal, sin ambición de ser publicados. Esto podría ser un inconveniente para su lectura, pero, al contrario, ofrece al texto una frescura y una espontaneidad que le confiere una fuerza especial que engancha al lector, atrapándole en una mezcla de confidencia y complicidad. Esta publicación es la primera que ofrece de manera amplia textos privados de José Rivera, más conocido por sus predicaciones, algunas de ellas publicadas, otras difundidas en audio, y obras de teología espiritual publicadas conjuntamente con José María Iraburu. En este caso, se trata de una selección de textos de sus Cuadernos de Estudio, apenas una octava parte de toda la extensión de los cuadernos que se conservan. Además, dentro de estos escritos privados hay que sumar su Diario y sus Cartas. Descubrimos con este libro un aspecto de José Rivera desconocido hasta ahora para muchos: su faceta intelectual. José Rivera, sacerdote toledano, destacó por su dedicación pastoral con charlas, retiros, ejercicios espirituales, dirección espiritual y su especial dedicación a la formación de los seminaristas, especialmente en Toledo, donde pasó la mayor parte de su vida. Hace pocos meses, su proceso de beatificación pasó un hito significativo con la declaración de Venerable, en octubre de 2015, y la difusión de sus predicaciones y escritos va siendo una tarea apremiante. Esta publicación nos abre el paisaje interior de la actividad intelectual de José Rivera que, en medio de la noche, robando horas al sueño, se sumergía en la lectura de autores literarios, filósofos y teólogos, con un ímpetu sorprendente. La mayoría de estos cuadernos de estudio fueron destruidos por el propio autor, pero de los que se conservaron destaca la dedicación al estudio de la obra de T.S. Eliot, poeta anglo-americano del siglo XX, converso de la increencia al anglicanismo, renovador de la poesía inglesa y premio Nobel de literatura. Eliot fue poeta, autor teatral y ensayista. Este primer volumen recoge solo los comentarios de José Rivera a la poesía y el teatro de Eliot, dejando para otra ocasión los comentarios sobre los ensayos. ¿Qué interés tiene un poeta inglés para un sacerdote toledano? El propio autor nos da alguna pista en sus comentarios: reconoce en él una visión profunda de los problemas de las personas: «Siendo una cabeza realmente  privilegiada ‒incluso en el orden religioso‒ puede enseñarme mucho acerca de la visión divina sobre el hombre y las cosas». Nos vamos a encontrar, por lo tanto, con una “crítica profunda” de los textos, no un análisis estético o lingüístico, sino con un análisis de valores y de humanidad. En la lectura de estos comentarios, descubriremos que Eliot y Rivera tiene algunos puntos fuertes de sintonía que van emergiendo una y otra vez en sus comentarios. Uno de ellos es el sentido sobrenatural de la realidad, no entendida en un sentido platónico que niega la realidad del mundo físico, sino en el reconocimiento de otro plano superior que da sentido a lo tangible para los sentidos naturales. Eliot y Rivera hablan de planos de realidad, que existen a la vez. Los que viven ignorando el plano sobrenatural viven “solo a medias”, como dormidos, porque “estar despierto es vivir en varios planos a la vez”. La conciencia de estos planos de realidad y su impacto en nuestras vidas van a aparecer repetidamente en los personajes de Eliot, tanto en la lírica como en el drama,  y Rivera va a aprovecharlos para reflexionar sobre la vida espiritual. También este tema revela una tensión dramática, el ser humano necesita de la realidad sobrenatural para dar sentido a la natural, pero, al mismo tiempo, no la soporta, no puede ver a Dios cara a cara. Aquí resuenan los famosos versos de Eliot: “Venga, venga, el pájaro reclama // no puede soportar la raza humana // tanta realidad”. Aquí enlaza otro tema de sintonía entre Eliot y Rivera, el tema del tiempo y del cambio. Como el ser humano no soporta una visión prolongada de realidad sobrenatural, tal y como sugiere el verso anterior debe utilizar el tiempo para suavizarla, avanzando para no quemarse en su contemplación. Por eso, la vida es un camino. Un camino de crecimiento, porque madurar es avanzar en la contemplación de los planos de la realidad. El hombre que crece esconde una porción de permanencia y otra de cambio, y también un camino de retorno, porque lo que cambia es porque nos conocemos mejor, crecemos al conocernos desde el plano sobrenatural, que nos da la mirada de Dios sobre nosotros. El verso de Eliot: “En mi principio está mi fin”, que sirve de título para este libro, condensa el pensamiento del poeta inglés sobre el cambio y el tiempo, que Rivera relaciona con la redención y la vocación. A mi juicio, hay un tercer punto de sintonía que no pasa desapercibido: el sentido de la acción. Está relacionado con el tema del cambio, si nos preguntamos ¿cómo puedo cambiar yo? ¿Cómo puedo cambiar el entorno o procurar el cambio de mis semejantes? Para Eliot y para Rivera, la acción consiste en dejar actuar a Dios, que es el que cambia. El grito de Tomás en Asesinato en la catedral, resume esa actitud: “¡Abrid, abrid las puertas!” porque “la Bestia ya ha sido vencida… Sufriendo es como ahora hemos de conquistar”. Rivera comenta “la intervención suprema de Dios es la sacramentalización interna del hombre… En la actividad normal de Dios es el santo el que santifica”. Por tanto, la mejor acción es la de crecer en santidad. Y Eliot proclama: “Así la oscuridad será la luz, y la inmovilidad la danza”. La entrada “En mi principio está mi fin” de José Rivera aparece primero en Ediciones Trébedes.

La llamada a la santidad

La llamada a la santidad es la única llamada segura. Es Dios quien nos hace santos, sólo debemos seguir en camino, firmes en la fe. Recibiendo todo en la vida como recibido de él.

Compartimos con todos la charla del  retiro del 28 de enero.

Madre Teresa de Calcuta, la esencia de la Santidad

madre teresa

El Papa Francisco canonizó el pasado domingo a Teresa de Calcuta. La noticia ha tenido un fuerte impacto en todos los medios de comunicación, religiosos y generalistas, y también en las redes sociales, llegando el hashtag #iCalcuta ser trending topic en Twitter. El elogio hacia lo que hizo esta pequeña mujer albanesa, cuya imagen aún conservamos en nuestras memorias, es unánime. Creyentes, ateos, agnósticos e, incluso, laicistas confesos reconocen la impresionante labor que llevó a cabo en las periferias existenciales de Calcuta y, desde allí, en todo el mundo.

Sin embargo, se quedan simplemente en la obra, sin profundizar en lo que la condujo a ella. Madre Teresa, Santa Teresa de Calcuta, no fue solo una mujer que ganó el Premio Nobel de la Paz y que, contra su deseo, alcanzó notoriedad mundial que aprovechó para sensibilizar a todos acerca de la necesidad de ayudar a los más débiles; tampoco hemos de verla únicamente como la fundadora de las Misioneras de la Caridad, una congregación religiosa presente en todo el planeta para ayudar a los más necesitados que sigue atrayendo a miles de personas hacia esta labor; no debemos caer en el error de verla como una católica, única, elevada a los altares.

Todo ello es consecuencia de una causa común: el descubrimiento de la llamada de Dios a estar con los más pobres de entre los pobres y la respuesta valiente a lo que Él le pedía. Su gran mérito, y por eso ha sido canonizada, fue mantenerse firme en la fe,  a pesar de sus constantes dudas; atender la llamada personal de Jesús, vivo y resucitado, que le fue transmitida a través de un pobre que se le acercó para decirla que tenía sed, aunque ello le supuso renunciar a la congregación a la que pertenecía y marcharse sola y sin medios a atender a los pobres en las calles de Calcuta; renunciar a sí misma por darse por completo a los más necesitados, sin mirar por sus propios intereses ni dejarse llevar por el sentimentalismo. Su logro, en definitiva, fue saberse amada por Dios y dedicar toda su existencia a llevar y dar ese amor a quienes ni siquiera eran considerados seres humanos, porque , que debe conducirnos a mirar en nuestro interior y tratar de descubrir que existe r ese amor de Dios a quienes nÉl así se lo pidió.

Madre Teresa es la imagen de la Caridad, del amor a Dios y al prójimo como a uno mismo. Ese es su mensaje, que debe conducirnos a mirar en nuestro interior y tratar de descubrir que existe Alguien más allá de nosotros mismos que nos ama y que nos tiene reservado un concreto papel en este mundo cuya realización nos conduce a la vida eterna. Ésta es la esencia de la santidad.

 

Grupo AREÓPAGO

“El padre Elías. Un apocalipsis” de Michael D. O’Brien

Michael D. O'Brien

El apocalipsis del presente

La trama de esta novela está empapada de una idea muy original,  la interpretación del Apocalipsis como “la batalla real contra el espíritu del mal (que) viene desarrollándose desde los comienzos de la historia humana y continúa, ininterrumpida, hasta nuestros días“. Por tanto, los hechos que relata el último libro de la Biblia no son cosas que vayan a ocurrir, son cosas que están ocurriendo: “Ha habido muchos apocalipsis desde los tiempos de Jesús: los reinados de Nerón, de Hitler y de Stalin, por ejemplo.” La novela nos describe la lucha con el mal en un escenario comtemporáneo, una lucha a cuerpo entre el poder del mal y el poder de la gracia que se desarrolla en la sociedad y en el corazón de las personas. No es una novela para corazones débiles. El protagonista, el padre Elías, debe enfrentarse a un importante dirigente mundial que se prefigura como un nuevo Anticristo con el objetivo de anunciarle el evangelio y luchar por su alma. La lucha debe realizarse con armas sobrenaturales: “Para vencer el mal, no podemos utilizar las armas del mal. Hacer eso, aunque fuera en defensa del bien, representaría una doble derrota.” La principal arma del enemigo es el miedo: “Las experiencias por las que ha pasado la humanidad durante más de un siglo no hacen nada por reforzar la confianza. Nuestra época es, por encima de todo, la era del miedo“, mientras que el arma de los santos es la paciencia y la cruz. La novela fue pubicada originalmente en 1996 y encontraremos en ella un montón de referencias a temas muy actuales que no dejan de producir cierto escalofrío: “El apocalipsis del presente irradia una sensación de normalidad. Vivimos dentro de él“. Pero el protagonista de la novela no es el enemigo, el protagonista es el padre Elías, que debe luchar desde sus muchas limitaciones: “¿Quién es santo? ¿Aquel que obedece a Dios en su debilidad, o aquel que pide poseer todas las virtudes más admirables antes de entregarse a su empresa“, apoyándose en la esperanza sobrenatural: “Él no recompensa por los éxitos, sino por la paciencia y las dificultades sufridas en su nombre“. Una lectura trepidante, con acción, pensamiento y continuas sorpresas en el argumento, pero, como dijimos antes, no recomendable para corazones débiles. La entrada “El padre Elías. Un apocalipsis” de Michael D. O’Brien aparece primero en Ediciones Trébedes.

“El padre Elías. Un apocalipsis” de Michael D. O’Brien

Michael D. O'Brien

El apocalipsis del presente

La trama de esta novela está empapada de una idea muy original,  la interpretación del Apocalipsis como “la batalla real contra el espíritu del mal (que) viene desarrollándose desde los comienzos de la historia humana y continúa, ininterrumpida, hasta nuestros días“. Por tanto, los hechos que relata el último libro de la Biblia no son cosas que vayan a ocurrir, son cosas que están ocurriendo:

Ha habido muchos apocalipsis desde los tiempos de Jesús: los reinados de Nerón, de Hitler y de Stalin, por ejemplo.

La novela nos describe la lucha con el mal en un escenario comtemporáneo, una lucha a cuerpo entre el poder del mal y el poder de la gracia que se desarrolla en la sociedad y en el corazón de las personas.

No es una novela para corazones débiles. El protagonista, el padre Elías, debe enfrentarse a un importante dirigente mundial que se prefigura como un nuevo Anticristo con el objetivo de anunciarle el evangelio y luchar por su alma. La lucha debe realizarse con armas sobrenaturales:

Para vencer el mal, no podemos utilizar las armas del mal. Hacer eso, aunque fuera en defensa del bien, representaría una doble derrota.

La principal arma del enemigo es el miedo: “Las experiencias por las que ha pasado la humanidad durante más de un siglo no hacen nada por reforzar la confianza. Nuestra época es, por encima de todo, la era del miedo“, mientras que el arma de los santos es la paciencia y la cruz.

La novela fue pubicada originalmente en 1996 y encontraremos en ella un montón de referencias a temas muy actuales que no dejan de producir cierto escalofrío: “El apocalipsis del presente irradia una sensación de normalidad. Vivimos dentro de él“.

Pero el protagonista de la novela no es el enemigo, el protagonista es el padre Elías, que debe luchar desde sus muchas limitaciones: “¿Quién es santo? ¿Aquel que obedece a Dios en su debilidad, o aquel que pide poseer todas las virtudes más admirables antes de entregarse a su empresa“, apoyándose en la esperanza sobrenatural: “Él no recompensa por los éxitos, sino por la paciencia y las dificultades sufridas en su nombre“.

Una lectura trepidante, con acción, pensamiento y continuas sorpresas en el argumento, pero, como dijimos antes, no recomendable para corazones débiles.

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José Rivera Ramírez – Pasión por la santidad

DonJoseRiveraEra así. Realmente era así D. José Rivera. 

Después de leer de un tirón esta biografía, doy fe de que D. José Rivera era así, como lo describe José Manuel Alonso Ampuero, que lo ha conocido también muy de cerca. A mí me cupo la suerte y la gracia de Dios de convivir con Rivera durante veinticinco años hasta su muerte, colaborando estrechamente en el ministerio sacerdotal, y he escrito muchas cosas acerca de él, sobre todo en relación con su proceso de canonización. Ahora José Manuel nos obsequia con esta biografía, cuya lectura constituye un verdadero placer. José Manuel ha escrito esta biografía inmerso en la tarea de formar nuevos sacerdotes diocesanos, siendo rector del Seminario Mayor de Lurín-Lima Sur (Perú), como sacerdote fidei donum diocesano de Toledo.

Con un estilo ágil ha sido capaz de escribir esta primera biografía completa del siervo de Dios, mientras la Iglesia estudia sus virtudes y fama de santidad, cuando tantas personas han alcanzado gracias extraordinarias por su intercesión, por lo que esperamos su pronta beatificación. Otros vendrán con biografías más amplias, más documentadas, con otros perfiles, porque la vida y los escritos de Rivera dan para mucho. Pero necesitábamos una biografía breve, completa, que supiera transmitir el nervio apasionado del biografiado. Y ésta consigue todos estos objetivos y me parece, por tanto, muy apropiada para un primer acercamiento al personaje.

Escrita con viveza, recoge la invitación a la santidad, que en la vida y en la predicación de D. José era constante, como un gran profeta de nuestro tiempo. El autor es cuidadoso en el relato de los hechos, históricamente ciertos hasta en sus detalles, no los acumula de manera fría, sino dándoles vida y trenzando con maestría el relato con textos del mismo autor o de los testigos en el proceso. Hace hablar al personaje y trae los testimonios adecuados al hecho que se relata. Mantiene en cada capítulo la tensión dramática de una vida apasionante, titulando cada capítulo y cada apartado de manera muy sugerente. Cuando uno termina de leerla, siente ganas de ser santo de verdad. Y ésta será la principal satisfacción tanto del biógrafo como del biografiado.

Me parece especialmente oportuna esta biografía, después de que el Papa Benedicto XVI haya declarado el 7 de octubre de 2012 Doctor de la Iglesia universal a san Juan de Ávila, clericus cordubensis. San Juan de Ávila ha sido un santo que ha inspirado –y mucho– la vida y la espiritualidad de José Rivera. Así lo hemos percibido quienes hemos vivido cerca de él. Rivera tiene siempre delante el ejemplo del Maestro Ávila: «La distribución de la jornada de san Juan de Ávila: muchas horas de oración y lectura, solamente 5 ó 6 de predicación… D. Ángel Herrera lo pone como ejemplo y concluye: no haremos todos necesariamente lo mismo; pero ha de influir en la distribución de nuestras horas, dedicando más a la soledad que al apostolado» (Diario, 7-05-1988).

San Juan de Ávila era un santo que le inspiraba constantemente en el ejercicio de su ministerio sacerdotal. San Juan de Ávila era propuesto en los años juveniles en que José quería ser sacerdote diocesano, y no menos santo que cualquier sacerdote religioso. En esa época (1946) Juan de Ávila es proclamado patrono del clero secular español, cuando está en su apogeo el fervor de las filas de Acción Católica y del sacerdote diocesano secular. Cuando D. Baldomero Jiménez Duque escribe sobre Rivera después de la muerte, afirma: «Creó un verdadero movimiento sacerdotal a la manera de San Juan de Ávila, que tiene un largo alcance y cuya huella esperamos que durará». También Rivera fue invitado a ser jesuita y Rivera, como Juan de Ávila, prefirió ser diocesano y sembrarse en el surco de la Iglesia para fecundarla desde dentro. Tampoco Rivera, como Juan de Ávila, fundó nada, y por eso su influjo está diluido en tantas personas con diferentes carismas, que vivifican la Iglesia. Rivera se parece a Juan de Ávila, y por eso nos ha transmitido un amor grande por el patrono del clero secular.

Agradezco de corazón al autor que nos brinde este trabajo, sacado de sus pocos ratos libres. No se enciende una lámpara para ocultarla, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de la casa. Esta biografía contribuirá a que esta lámpara, la vida y la doctrina de José Rivera, alumbre a todos los de la Casa de Dios, que es la Iglesia. «La eucaristía, los obispos y los pobres» constituyen el triángulo de la evangelización, según Rivera. Cuando nos enfrentamos al reto de la nueva evangelización en nuestro tiempo, esta biografía nos hace ver que sólo los santos son capaces de evangelizar. Y aquí tenemos un ejemplo.

 

+ Demetrio Fernández González

Obispo de Córdoba

(Prólogo del libro “José Rivera Ramírez. Pasión por la santidad”)

Más información y acceso al texto en: www.gratisdate.org

Cristo resucitó para habitar en nosotros

Ponemos a disposición de todos la charla de Félix del Valle en el retiro de Oasis del pasado 17 de mayo. Cristo ha resucitado para habitar en nosotros.

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Necesitamos sacerdotes santos

Necesitamos sacerdotes santos para que el pueblo de Dios sea santo. Compartimos con todos vosotros esta ponencia realizada por Félix del Valle en el Congreso Internacional san Juan de Ávila, doctor de la Iglesia, el 27 de abril de 2013.

 

Nuestros hermanos mayores

NovenaTdCEn universidades y empresas se está difundiendo una práctica muy provechosa, conocida como “mentoring” en la que a los jóvenes se les asigna un alumno de últimos cursos o un profesional con experiencia para que sean sus mentores. Ellos les dan consejos, les ayudan a distinguir lo importante de los superficial y les orientan en la toma de decisiones sobre su carrera.

En la visa cristiana, estos mentores son los santos. Ellos nos aconsejan, nos señalan las piedras del camino y nos indican el camino que ellos ya han caminado.

Esta es la experiencia esta novena a la beata Teresa de Calcuta. Nueve breves coloquios del lector con la Madre Teresa, sesiones con un mentor excepcional que no nos deja indiferentes. Haz click sobre la imagen y te descargarás el fichero epub.