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¿Decisión verdaderamente libre?

Las Cortes Valencianas han aprobado, el pasado 24 de marzo, la Ley 6/2017, cuyo único artículo tiene por objeto derogar la Ley 6/2009 de protección de la maternidad que se impulsó en una legislatura anterior con la finalidad de ayudar a las mujeres embarazadas en situación de vulnerabilidad económica y social. La justificación de la misma no puede ser más clara: se parte de la premisa de que “desde el poder público no se debería interferir nunca en una decisión que debe corresponder únicamente a la mujer gestante” y se hace desde el “respeto absoluto a las decisiones libres y responsables, así como desde la convicción de que los poderes públicos deben garantizar el apoyo a estas decisiones”. Cierto es que las leyes, empleadas como instrumentos de propaganda en uno u otro sentido, de poco sirven para cambiar la realidad si no van acompañadas de políticas concretas de aplicación de las mismas y de la dotación económica necesaria. Pero no menos cierto es que partir de la consideración de que la decisión de disponer de la vida de un ser humano es responsabilidad única de la madre supone, en última instancia, abandonarla a su propia suerte. Una decisión sólo puede ser libremente adoptada si la persona que ha de tomarla lo hace sin presión ni hacia un lado ni hacia otro. Suprimir ayudas, omitir información, prescindir del padre, en definitiva, condenar a la soledad no es precisamente favorecer una decisión libre y responsable. Un embarazo no deseado puede suponer inicialmente un drama para la madre que, en no pocas ocasiones, se encuentra sola por el rechazo de su pareja, el abandono de su familia o la carencia de recursos o que, incluso, se ve presionada para “poner fin al problema”. Pero, aunque fallen las personas, quien no debería fallar es el Estado, el conjunto de la sociedad, la comunidad en la que se inserta. Es, desgraciadamente, lo que ocurre con iniciativas normativas de esta naturaleza, al sostener que el aborto es una decisión exclusivamente individual e íntima: todos estamos danto la espalda a una mujer que nos necesita y a un niño que quiere nacer. La mayor parte de nosotros no somos parlamentarios y, por tanto, no tenemos capacidad de elaborar normas. Pero sí elegimos a nuestros representantes políticos y, en consecuencia, este tipo de opciones políticas debería ser debidamente ponderado a la hora de ejercer nuestro derecho al voto. Además, es mucho lo que podemos hacer en lo concreto: iniciativas ciudadanas, como Proyecto Mater, que se dedican a apoyar, de verdad –poniendo nombre y rostro a la mujer que se plantea abortar–, bien merecen nuestra atención, nuestro tiempo y nuestro apoyo económico. En ausencia de leyes injustas, contribuyamos con nuestros propios medios a construir la auténtica justicia y a trabajar por la verdadera libertad.

Grupo Areópago

Violencia contra la mujer

violencia Recientemente se han publicado los datos extraídos del informe anual de 2016 del Observatorio contra la violencia doméstica y de género del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). Según estos datos, el número de denuncias presentadas cada día por violencia contra la mujer, asciende a trescientas noventa y una. El número de mujeres fallecidas en ese mismo año, fue de cuarenta y cuatro. A pesar de todos los esfuerzos realizados por las distintas administraciones y asociaciones, a pesar de las campañas de sensibilización que diariamente podemos ver en cualquier medio de comunicación, en redes sociales, etc; las cifras son ciertamente alarmantes. ¿Qué está ocurriendo para que este despliegue mediático, todos los esfuerzos hechos desde la educación y la cultura, no estén dando aparentemente ningún fruto y las estadísticas sean tan absolutamente dramáticas? Las generaciones más jóvenes educadas en la tolerancia, en el reconocimiento de la mujer como igual, en el respeto a todos. Los jóvenes que han crecido celebrando el día de la mujer, participando en manifestaciones que reivindican sus derechos, sufren este drama de modo más acusado aún según estas mismas estadísticas. Quien deduce que la violencia en el seno de la familia, es un fruto de una guerra de géneros, parte de un grave error y es por eso que al hacer mal el diagnóstico, el remedio aplicado no da el fruto que se espera. ¿Qué estamos haciendo mal? Sin duda, como decíamos antes, en primer lugar hay un error en el diagnóstico de la causa. Es imposible que los “remedios contra la violencia” den fruto si olvidamos que el hombre es unidad de alma y cuerpo. Cualquier medida que olvide esta realidad, aunque se ponga en marcha con la mejor de las intenciones, quedará en papel mojado, porque no estará atajando el mal desde su raíz. Las medidas a aplicar tendrán que ir necesariamente dirigidas a fomentar ese reconocimiento en el otro de un igual, de un hermano y por supuesto a tratar de curar, de sanar aquellos comportamientos que generan en el agresor estas conductas, sin olvidar que el hombre necesita también recibir cuidados en su dimensión espiritual y que es en esa área donde encontramos muchos de los comportamientos que dan origen a  esta violencia y falta de respeto al “próximo”.

Grupo Areópago

Madres de alquiler

Hace unos años, parece que siglos, un sector de nuestra clase política salía a las calles para defender la familia, el matrimonio y la vida. Hoy sabemos que ese sector ya no defiende la vida, poco le importa la familia, y dice que hay en la sociedad española un debate sobre los vientres de alquiler que han venido en llamar: “maternidad subrogada”. Se puede constatar en las cafeterías, en la peluquerías, en las colas de los supermercados, en las puertas de los colegios, a la entrada de un partido de fútbol, es decir, allí donde se reúne un grupo de personas todos hablamos de las madres de alquiler; bueno de la gestación subrogada. Este nuevo debate y derecho que nos quieren imponer, una vez más, quienes se creen los únicos intérpretes de la voluntad popular. Nos libraremos de este debate por la oposición de las mujeres feministas que en un manifiesto han puesto algunos puntos sobre las íes en esta supuesta necesidad de nuestra sociedad. Este manifiesto se llama: “no somos vasijas”. No podemos afirmar que estamos de acuerdo con todo lo que estas mujeres exponen, pero con ellas resaltamos esta idea: La gestación (esto es el embarazo) no es algo que se pueda vender o alquilar. La gestante, como dicen los gurús de los nuevos debates, no es una empresa con quienes se establece una relación comercial. La gestante es una mujer embarazada que espera un hijo y que desde el vientre establece unos vínculos de amor y de afecto con una criatura, que sin conocer su cara, es el amor de su vida. “Ser madre no significa sólo traer al mundo un hijo, sino es también una elección de vida: ¿qué elije una madre? ¿Cuál es la elección de vida de una madre? La elección de vida de una madre es la elección de dar vida” Estas palabras del Papa nos recuerdan que Las madres son el antídoto más fuerte a la difusión del individualismo egoísta. Ojalá seamos capaces de transmitir esta luz: la que nace del amor de una madre y volvamos a dar sabor a nuestras sociedades que por egoístas se están volviendo insípidas.  

Grupo AREÓPAGO

Vídeo

Reflexionando sobre la Ideología de Género

Una nueva cultura de la vida

proyectomater Con el mes de marzo y la celebración de la fiesta de la Encarnación, inauguramos el mes de la vida, en el que se dan cita numerosas actividades en la Iglesia Católica en defensa de la vida humana. En esta festividad se conmemora que el Verbo de Dios se hizo cigoto. Además, con su Encarnación, dirá el Vaticano II, Dios se ha unido a cada hombre desde su concepción y a partir de este momento ha comenzado una historia eterna de amor con cada ser humano. La Encarnación del Hijo de Dios añade, por tanto, un nuevo valor al que ya tiene todo ser humano por el hecho de existir y da una razón nueva en la promoción de toda vida humana. En el avanzado y desarrollado siglo XXI, ¿es necesario promover y resaltar el valor de toda vida humana (la del nasciturus, enfermo, discapacitado, anciano, etc.)? Una mirada al momento actual nos hace plenamente conscientes de que estamos ante un enorme y dramático choque entre el bien y el mal, la «cultura de la muerte» y la «cultura de la vida». Más aún, todos nos vemos implicados a elegir en favor de la vida o a favor de la muerte, con las consecuencias personales y sociales que conlleva una u otra elección. En efecto, el Deuteronomio instaba a elegir la vida y, entonces, prometía que «tú y tu descendencia viviréis». No existe una posición neutral: o se promueve la vida o se contribuye a su destrucción. ¿Qué se puede hacer? En este mes de la vida no se pretende hacer un análisis teórico que descubra las deletéreas estructuras que han diseñado los «arquitectos de la cultura de muerte» y que conducen a la destrucción de nuestros semejantes (embriones, discapacitados, terminales, etc.) y de nuestra sociedad. Se pretende sobre todo, partiendo del deseo que anida en el corazón humano de amar y hacerse cargo de toda la vida y de la vida de todos, crear, promover e impulsar nuevas estructuras a su favor que permitan a los más necesitados de cuidado y de cariño llevar una vida digna.  

Grupo AREÓPAGO