Archivo de la etiqueta: Muerte

Vida digna, muerte digna

En Colombia, un joven de 19 años trata de quitarse la vida con una soga ante una gravísima situación económica; piensa que su vida no vale la pena.  Sin embargo, un agente de policía le ofrece ayuda y le convence de que vale la pena seguir viviendo. En China, un chico de 16 años está a punto de suicidarse arrojándose desde un puente. La separación de sus padres y la gravísima enfermedad de su hermana le han llevado a tomar esa decisión; se encuentra solo y su vida no tiene sentido. Pero una mujer se le acerca, habla con él, lo abraza y evita su suicidio. Desde Palma de Mallorca, se hace viral la foto de un policía local abrazando a un joven desesperado que había decidido quitarse la vida y al que salva en el último instante animándole a seguir adelante con esperanza. Estas escenas se repiten con cierta frecuencia. Personas que han decidido suicidarse porque piensan que su vida no vale la pena y que se encuentran con otras personas que les responden: “yo creo que tu vida sí vale la pena”. La sociedad suele aplaudir la actuación de quienes salvan vidas en estas circunstancias, e incluso considera héroes a policías, bomberos, psicólogos o personas de a pie que, en ocasiones arriesgando su vida, testimonian a quien había decidido suicidarse que les importa su vida, que su vida sí tiene sentido. Por contraste, se repiten también escenas en las que otras personas han decidido suicidarse porque piensan que, por razón de su enfermedad, discapacidad o de su edad, su vida no vale  la pena. Sin embargo, no encuentran a nadie que les responda: “yo creo que tu vida sí vale la pena”. Los que encuentran a su alrededor se limitan a preguntarle si su decisión voluntad es autónoma e informada, les animan a poner esa voluntad por escrito y les garantizan que van a luchar por su “derecho” a morir. Sin palabras, les están contestando: “Efectivamente, tienes razón; tu vida no vale la pena”. Ante una situación de sufrimiento, soledad, desesperanza y falta de sentido de la vida, dos personas deciden suicidarse. Una es joven y sana, por lo que intentamos darle consuelo, ánimo, apoyo y cercanía; en definitiva, tratamos de que se sienta querida y valorada. Otra es anciana o enferma, por lo que nos limitamos a preguntarle si ha tomado la decisión autónomamente y a facilitarle la muerte; es decir, aplicamos fríamente un protocolo. La diferencia no está en la decisión de desear morir, sino en la respuesta de la sociedad. Toda persona humana puede reaccionar con desesperación ante el sufrimiento. Pero toda persona humana, por dignidad, debería poder encontrar en sus semejantes una respuesta de solidaridad, apoyo y consuelo independientemente de su condición física o mental.

GRUPO AREÓPAGO

112 del alma

El pasado 15 de mayo, la Diócesis de Madrid puso en marcha un Servicio de Asistencia Religiosa Urgente (SARCU), para administrar el sacramento de la unción de enfermos a quien pueda necesitarlo en horas en las que resulta difícil encontrar a un sacerdote. Se trata de una iniciativa para ofrecer ayuda y asistencia a los que se encuentran a punto de morir y necesitan apoyo y consuelo. Son muchos los medios de comunicación, sobre todo religiosos, que se han hecho eco de esta noticia, que no deja de ser novedosa, no por el hecho de administrar el sacramento de la unción de enfermos en si, sino porque se hace a través de un servicio de emergencias espiritual que funciona desde las 10 de la noche hasta las 7 de la mañana. La unción de enfermos es un sacramento de sanación o de curación, instituido por Jesucristo. Irse en paz con Dios es una necesidad sentida no solo por los cristianos practicantes; cuando estamos en peligro de muerte, por enfermedad, por accidente o por vejez, quien más o quien menos experimenta en lo más profundo de su ser una  inquietud acerca de lo que pasará una vez muerto. Precisamente por ello, aunque una persona no haya sido creyente o no haya practicado la “urgencia del alma”, cuando tal momento llega y esa inquietud se activa, la asistencia espiritual de un sacerdote se hace fundamental. En el momento más crítico, cuando la muerte está cerca, todos necesitamos el perdón de los pecados, estar en gracia y en paz con Dios; y la Iglesia, como madre, atiende las necesidades de sus hijos, poniendo a nuestra disposición un sacerdote para darnos consuelo, ayudarnos a vencer las dificultades propias que podamos tener en el último suspiro de nuestra vida, perdonar nuestros pecados y, con ello, abrirnos a la Misericordia de Dios. El 112 del alma está abierto a todos.  

GRUPO AREÓPAGO

¿Jugar a la vida o a la murte?

santos

La Fiesta de Todos los Santos y la Conmemoración de todos los Fieles Difuntos nos trae, en estas fechas, la memoria de aquellos que vivieron y ya no están con nosotros: los que están en la presencia de Dios o los que todavía se están preparando para ello. Sin embargo, en estos días, en muchos ámbitos de la sociedad civil toman prestadas estas fechas para llenarlas de un contenido muy diverso: la celebración exaltada de la muerte. Se pone así a nuestra disposición la posible elección de dos tipos de celebraciones que, por más que algunos se esfuerzan en conciliar, son contrarias, porque son la representación de dos ideales, dos creencias, dos formas de entender la vida y la muerte. Se trata de la elección del Dios de la luz, de la vida y del amor o, por el contrario, de los ídolos de la oscuridad y las tinieblas, la muerte y el mal. Y ya nos lo dijo Jesús: “no se puede servir a dos señores”… Ante esta oferta hay que decidir: ¿juegas a la vida o a la muerte?

Jugar a la vida o a la muerte es optar cómo vivir estas fiestas; pero también es decidir qué pensamientos, qué palabras o qué hechos escogemos en cada ocasión de nuestra vida familiar o en nuestro lugar de trabajo o estudio, en el tiempo libre o en la relación con cada persona. De ahí que sea en los actos más sencillos y cotidianos de nuestra vida en los que nos jugamos la elección de Dios, lo que especialmente queda manifiesto en aquellos que atañen a la acogida, el respeto y la defensa de la vida humana en sus diversas manifestaciones:  la acogida valerosa de una nueva vida naciente, la educación paciente de niños y jóvenes, el cuidado amable y tierno de los enfermos y ancianos, los gestos de cariño de los esposos o con los hijos y los abuelos, los hermanos o los amigos… Es hora de jugar: en estas fiestas de los Santos y siempre es hora de apostar por la victoria del Dios del amor.

 

Grupo AREÓPAGO

Pascua 2015

pascuaoasis15Ya estamos en el Seminario Menor de Toledo celebrando la Pascua.

Queremos compartir con vosotros la gracia que suponen estos días, por lo que iremos subiendo a esta página las charlas preparatorias y las homilías de los Oficios.

Rezad por nosotros, para que nuestro corazón esté abierto generosamente al paso de Dios entre nosotros.

 

Comenzamos con las grabaciones del Jueves Santo:

Charla de preparación

Homilía de la Cena del Señor

Grabaciones del Viernes Santo:

Charla de la mañana

Charla de la tarde

Homilia

Grabaciones del Sábado Santo:

Charla

Homilía de la Vigilia Pascual

Grabaciones del Domingo de Resurrección:

Homilia

La compañía de la Iglesia en el momento de la muerte

FC-COSe acerca una fecha muy entrañable en el calendario católico: el Día de los Difuntos, el 2 de noviembre. En torno a esa fecha muchos creyentes visitan los cementerios y rezan por sus seres queridos que ya no están con nosotros. El día anterior le precede una fiesta aún mayor, la fiesta de Todos los Santos, en el que celebramos que muchos de estos que nos precedieron están gozando de la presencia de Dios.

También en estos días y cada vez con una fuerza mayor, se va popularizando la celebración de Halloween, una derivación de la fiesta de todos los santos (All Hallows Eve) pero que plantea una visión frívola y morbosa de la muerte, alejada de la experiencia y de la esperanza cristiana.

Al mismo tiempo, podemos comprobar que muchos católicos van olvidando el significado y la profundidad de los gestos y signos con que la Iglesia acompaña a sus fieles en el momento de la muerte.

Por todo esto, os ofrecemos, en formato de folleto, una breve guía que recorre el sentido y el significado de los ritos católicos que acompañan este difícil y decisivo momento: La Unción, el Viático, el velatorio, el funeral, el entierro y el recuerdo. Esperamos que su lectura sirva de compañía a las familias y les ayude a recibir el consuelo y el amor de la Iglesia en ese trance. También puede servirnos a todos para recordar el sentido del momento de la muerte y la profundidad con que la comunidad cristiana lo acompaña, el sentido que arraiga nuestras tradiciones y el sinsentido de otras modas intensas pero superficiales.

En nuestra página de Material ofrecemos también una versión en blanco y negro por si es de utilidad.

“La tierra baldía” de T.S. Eliot

La esterilidad de los que evitan la muerte

elio2T.S. Eliot (1888-1969) irrumpe en el mundo literario en 1922 con este poema vanguardista. La superposición de imágenes, carentes de hilo argumental, va construyendo un collage en que Eliot mezcla personajes contemporáneos con imágenes y símbolos extraídos de multitud de fuentes culturales y artísticas: leyendas del grial, tradiciones védicas, historias normandas, cartas del Tarot, mitología griega, referencias a Dante, Shakespeare… y muchas más. Para seguir mejor todas estas referencias conviene leer el poema acompañado de un buen comentario. El tema central del poema es la visión de una tierra infecunda habitada por hombres y mujeres que rechazan la experiencia de la muerte, y en ella, cualquier deseo de una vida mejor. Ellos son la semilla que no quiere morir al hundirse en la tierra y rechazan la primavera como un periodo de crueldad. Así comienza el poema:

Abril es el mes más cruel, criando
lilas de la tierra muerta, mezclando
memoria y deseo, avivando
raíces sombrias con lluvias de primavera.

Aquellos que huyen de la metamorfosis de la muerte evitan cualquier tipo de interrogación sobre el mundo o cualquier impulso de transcendencia, viven continuamente en la frivolidad del turismo y el lujo o volcados en las vidas de otros, procurando no fijarse en la suya propia. Viven en irreales ciudades siguiendo el flujo de la gente, incapaces de amar de verdad, reduciendo el amor a un juego de estrategia y poder, como una partida de ajedrez. El resultado de este estilo de vida es la esterilidad:

“En esta basura petrea, ¿qué raices prenderán?
¿qué ramas crecerán?”

Diversas voces del poema no cesan de invitar al hombre moderno a romper esta inercia de hastío y desidia; a buscar la verdad que se esconde tras las apariencias de las cosas; a descubrir la presencia escondida:

“¿Quién es el tercero que camina siempre a tu lado?
Si cuento, sólo estamos tú y yo juntos
pero si miro hacia adelante por el camino blanco
siempre hay otro caminando junto a ti
un encapuchado que se desliza envuelto en un oscuro manto,
no sé si hombre o mujer; pero
–¿quién es aquel al otro lado de ti?”

Una invitación a sacar vida de la experiencia de muerte que va acompañando toda nuestra historia personal, a evitar la tentación de la superficialidad:

Ese cadáver que el año pasado plantaste
en tu jardín ¿ha empezado a brotar? ¿Florecerá este año?
¿O ha malogrado su lecho la súbita escarcha?
¡Ah, no dejes que el Perro se acerque,ese amigo del hombre,
o con sus uñas lo volverá a desenterrar!

Sin embargo, muchos personajes del poema caen presas de este Perro (en inglés, “Dog”, grafía especular a “God”, Dios) que lleva al ser humano a vivir en la más absoluta superficialidad. Eliot describe a través de estos personajes la situación del hombre moderno.

El hombre moderno ha rechazado la naturaleza y sus ciclos. La tierra de los que evitan morir se torna baldía. Allí la vida se vuelve rutinaria y sucia, y el hastío lo invade todo. Los amantes no son capaces de amar, el río de la vida va lleno de basura y desperdicio, el único aliciente es dejarse llevar por la deriva de los sentidos. Pero aún en este estado hay gente que busca, en medio del fuego que les devora. Evocando a S. Agustín, el poeta escribe:

A Cartago llegué luego
ardiendo, ardiendo, ardiendo ardiendo.
Oh, Señor, Tú me arrebatas
Oh, Señor, tú arrebatas
ardiendo.

No faltan personajes que sí saben aceptar la experiencia de muerte: Flebas, el ahogado, imagen del que muere y se deja sumergir en la profundidad de lo desconocido, sufre una metamorfosis que le convierte en alguien distinto y más valioso:

“Esas perlas eran antes sus ojos”

Esa es la experiencia que debemos atender. Es el mensaje universal que todos debemos reflexionar:

Gentil o judío
¡Oh! Tú que llevas el timón y miras a barlovento,
ten presente a Flebas, como tú, antaño hermoso y esbelto.

El que se interroga por la vida y acepta la muerte, escucha la voz del trueno que anuncia la lluvia, signo de fertilidad que revitaliza la tierra baldía. La leyenda védica del trueno constituye una de las imágenes finales del poema. El dios trueno habla a hombres, demonios y dioses con una sola palabra: “DA“, que revela su ser. Luego pregunta a cada uno qué ha entendido. Cada uno interpreta algo distinto. Los primeros responden, “DATTA” (Da), los segundos, “DAYADHVAN” (Sé compasivo), los terceros, “DAMYATA” (Controla). Ese es el mensaje final del poema, la clave para romper la maldición de la tierra baldía y convertirla en tierra fecunda: la renuncia y la entrega personal, la ruptura de la cárcel del individualismo, y el dominio de sí mismo en armonía con la naturaleza. Este es el camino que Eliot se propone. Eliot escribe este poema como una reflexión personal sobre su propia vida, en un momento de crisis personal mientras sigue tratamiento por una enfermedad nerviosa junto al lago Lemán.

“A la orilla me senté
a pescar de espaldas a la árida llanura
¿pondré al menos mis tierras en orden?”

Nos propone su problema personal para extenderlo al problema social de occidente y nos invita a compartir sus conclusiones. Pone así en práctica uno de sus principios artísticos: universalizar por el arte las experiencias individuales, que resuenan en otros hombres como propias. La entrada “La tierra baldía” de T.S. Eliot aparece primero en Ediciones Trébedes.

“La tierra baldía” de T.S. Eliot

La esterilidad de los que evitan la muerte

elio2T.S. Eliot (1888-1969) irrumpe en el mundo literario en 1922 con este poema vanguardista. La superposición de imágenes, carentes de hilo argumental, va construyendo un collage en que Eliot mezcla personajes contemporáneos con imágenes y símbolos extraídos de multitud de fuentes culturales y artísticas: leyendas del grial, tradiciones védicas, historias normandas, cartas del Tarot, mitología griega, referencias a Dante, Shakespeare… y muchas más. Para seguir mejor todas estas referencias conviene leer el poema acompañado de un buen comentario.

El tema central del poema es la visión de una tierra infecunda habitada por hombres y mujeres que rechazan la experiencia de la muerte, y en ella, cualquier deseo de una vida mejor. Ellos son la semilla que no quiere morir al hundirse en la tierra y rechazan la primavera como un periodo de crueldad. Así comienza el poema:

Abril es el mes más cruel, criando
lilas de la tierra muerta, mezclando
memoria y deseo, avivando
raíces sombrias con lluvias de primavera.

Aquellos que huyen de la metamorfosis de la muerte evitan cualquier tipo de interrogación sobre el mundo o cualquier impulso de transcendencia, viven continuamente en la frivolidad del turismo y el lujo o volcados en las vidas de otros, procurando no fijarse en la suya propia. Viven en irreales ciudades siguiendo el flujo de la gente, incapaces de amar de verdad, reduciendo el amor a un juego de estrategia y poder, como una partida de ajedrez. El resultado de este estilo de vida es la esterilidad:

“En esta basura petrea, ¿qué raices prenderán?
¿qué ramas crecerán?”

Diversas voces del poema no cesan de invitar al hombre moderno a romper esta inercia de hastío y desidia; a buscar la verdad que se esconde tras las apariencias de las cosas; a descubrir la presencia escondida:

“¿Quién es el tercero que camina siempre a tu lado?
Si cuento, sólo estamos tú y yo juntos
pero si miro hacia adelante por el camino blanco
siempre hay otro caminando junto a ti
un encapuchado que se desliza envuelto en un oscuro manto,
no sé si hombre o mujer; pero
–¿quién es aquel al otro lado de ti?”

Una invitación a sacar vida de la experiencia de muerte que va acompañando toda nuestra historia personal, a evitar la tentación de la superficialidad:

Ese cadáver que el año pasado plantaste
en tu jardín ¿ha empezado a brotar? ¿Florecerá este año?
¿O ha malogrado su lecho la súbita escarcha?
¡Ah, no dejes que el Perro se acerque,ese amigo del hombre,
o con sus uñas lo volverá a desenterrar!

Sin embargo, muchos personajes del poema caen presas de este Perro (en inglés, “Dog”, grafía especular a “God”, Dios) que lleva al ser humano a vivir en la más absoluta superficialidad. Eliot describe a través de estos personajes la situación del hombre moderno.

El hombre moderno ha rechazado la naturaleza y sus ciclos. La tierra de los que evitan morir se torna baldía. Allí la vida se vuelve rutinaria y sucia, y el hastío lo invade todo. Los amantes no son capaces de amar, el río de la vida va lleno de basura y desperdicio, el único aliciente es dejarse llevar por la deriva de los sentidos. Pero aún en este estado hay gente que busca, en medio del fuego que les devora. Evocando a S. Agustín, el poeta escribe:

A Cartago llegué luego
ardiendo, ardiendo, ardiendo ardiendo.
Oh, Señor, Tú me arrebatas
Oh, Señor, tú arrebatas
ardiendo.

No faltan personajes que sí saben aceptar la experiencia de muerte: Flebas, el ahogado, imagen del que muere y se deja sumergir en la profundidad de lo desconocido, sufre una metamorfosis que le convierte en alguien distinto y más valioso:

“Esas perlas eran antes sus ojos”

Esa es la experiencia que debemos atender. Es el mensaje universal que todos debemos reflexionar:

Gentil o judío
¡Oh! Tú que llevas el timón y miras a barlovento,
ten presente a Flebas, como tú, antaño hermoso y esbelto.

El que se interroga por la vida y acepta la muerte, escucha la voz del trueno que anuncia la lluvia, signo de fertilidad que revitaliza la tierra baldía.

La leyenda védica del trueno constituye una de las imágenes finales del poema. El dios trueno habla a hombres, demonios y dioses con una sola palabra: “DA“, que revela su ser. Luego pregunta a cada uno qué ha entendido. Cada uno interpreta algo distinto. Los primeros responden, “DATTA” (Da), los segundos, “DAYADHVAN” (Sé compasivo), los terceros, “DAMYATA” (Controla).

Ese es el mensaje final del poema, la clave para romper la maldición de la tierra baldía y convertirla en tierra fecunda: la renuncia y la entrega personal, la ruptura de la cárcel del individualismo, y el dominio de sí mismo en armonía con la naturaleza. Este es el camino que Eliot se propone.

Eliot escribe este poema como una reflexión personal sobre su propia vida, en un momento de crisis personal mientras sigue tratamiento por una enfermedad nerviosa junto al lago Lemán.

“A la orilla me senté
a pescar de espaldas a la árida llanura
¿pondré al menos mis tierras en orden?”

Nos propone su problema personal para extenderlo al problema social de occidente y nos invita a compartir sus conclusiones. Pone así en práctica uno de sus principios artísticos: universalizar por el arte las experiencias individuales, que resuenan en otros hombres como propias.

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“El corazón de las tinieblas” de Joseph Conrad

La fascinación de la abominación

conrad1Josehp Conrad (1857-1924), marino y escritor, publicó esta novela en 1902, reflejando en el argumento no pocas experiencias personales de su vida marinera. Sin embargo, la calidad de este breve relato no está en los detalles de marinería, sino en un lenguaje cautivador y envolvente, un argumento desarrollado con plena tensión drámatica y un mensaje profundo que toca y conmueve el corazón del lector.

Antes de leer este libro, uno puede pensar que la civilización es un fruto del hombre occidental, y allí donde vaya, sea como explorador, conquistador o comerciante, la civilización se proyectará a su paso como su sombra. Sin embargo, el testimonio de Conrad nos muestra una perspectiva distinta: el hombre occidental es fruto de su civilización, y si se le aparta de ella corre el peligro de convertirse en el peor de los salvajes.

Marlow, el protagonista del relato, descubre en la selva una fuerza brutal en la que “la tierra parecía algo no terrenal. Estamos acostumbrados a verla bajo la forma encadenada de un monstruo dominado, pero allí, allí podías ver algo monstruoso y libre. No era terrenal, y los hombres eran… No, no eran inhumanos. Bueno, sabéis, eso era lo peor de todo: esa sospecha de que no fueran inhumanos”. Este es el punto en que el lector se siente profundamente interpelado, cuando Marlow escucha las danzas alocadas de los indígenas: “lo que estremecía era pensar en su humanidad (como la de uno mismo), pensar en el remoto parentesco de uno con ese salvaje y apasionado alboroto”.

Kurtz, el segundo personaje sobre el que se apoya la novela, es un agente comercial que, perdido en la soledad de la selva buscando marfil, ha sucumbido a “la fascinación de lo abominable”. La selva “le había susurrado cosas acerca de sí mismo que desconocía, cosas de las que no tenía idea hasta que no oyó el consejo de esa enorme soledad; y el susurro había resultado irresistiblemente fascinante. Resonó fuertemente dentro de él porque su corazón estaba hueco”.

Quizá los teólogos tendrían que buscar en esta novela argumentos para reformular las raíces de la concupisciencia. Ésta es la historia de los hombres que, ante la experiencia de la soledad, se lanzan por el precipicio de la abominación presas de su propio vértigo. Lo más inquietante es, quizá, que nuestro estilo de vida es, cada vez más, una fábrica de solitarios. Marlow dice sobre Kurtz: “su alma estaba loca. Al encontrarse sola en la selva había mirado dentro de sí misma y, ¡santo cielo!, os lo aseguro, se había vuelto loca”.

Kurtz grita, en un grito que a la vez es un susurro: “¡El horror! ¡El horror!” Ese es el resumen de su experiencia, un horror que le espanta y que al mismo tiempo le atrae con una fuerza incontenible. La visión de la realidad humana en el espejo de la soledad, resulta repugnante e insoportable. El autor, en un tono derrotista, da a entender que sólo la civilización, en lo que tiene de artificio, nos salva de este callejón sin salida. Marlow, por una parte, admira a Kurtz, por su valor al enfrentarse a su propia miseria, pero por otro lado, sus conclusiones le aterran. Decide destacar lo admirable de su memoria, olvidando los aspectos más despreciables. Así cobra sentido la escena final del libro. El propio protagonista la describe como: “Al final conjuré el fantasma de su talento con una mentira”.

Esta novela, escrita en los albores del siglo XX, tuvo una gran influencia en la literatura posterior. Sin duda, el hombre que tuvo (y tiene) la experiencia (como víctima y como autor) de los grandes horrores del siglo pasado (las muertes masivas de la I Guerra Mundial, los campos de concentración, el Gulag, las bombas atómicas, el exterminio fraticida de Camboya, etc, etc, etc) se ve claramente reflejado en la dramática experiencia de este libro.

Una reflexión interesante, que queda pendiente tras su lectura, es si sus conclusiones son acertadas y el artificio civilizador es lo bastante fuerte como para contener el atractivo del horror. Decía Baudelaire que “la civilización verdadera (…) no está en el gas, ni en el vapor, (…) sino en la disminución de la huella del pecado original”. Creo que vale la pena, en un mundo deslumbrado por los prodigios de la técnica, perder algo de tiempo pensando sobre esto, y valorar adecuadamente el progreso de nuestra civilización.

La entrada “El corazón de las tinieblas” de Joseph Conrad aparece primero en Ediciones Trébedes.