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¿Quién debe liberar a “Los Jordis”?

Tras el auto del Juzgado Central de Instrucción número tres por el que se acuerda prisión provisional comunicada y sin fianza para los señores Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, se han sucedido insistentes peticiones de libertad para ambos, tanto desde la agitación de masas como por parte de algunos representantes de la soberanía nacional en el Congreso de los Diputados —en concreto diputados pertenecientes a los partidos políticos Podemos y  PDeCat—. Ante la falta de concreción del destinatario de la exigencia de liberación, podría parecer que se trata de un brindis al sol, de un desahogo o de simple postureo político sin mayores consecuencias. Sin embargo, si tomamos esta solicitud en serio y nos preguntamos por los posibles destinatarios de la petición, tendremos que concluir que tan solo puede esperarse que atienda esa solicitud bien la jueza que dictó el auto o bien el presidente del Gobierno. Imaginemos, entonces, que sea la jueza Carmen Lamela la que dicte un nuevo auto rectificando el anterior en el cual, en lugar de emplear la fórmula habitual de “vistos los preceptos legales citados y demás de general aplicación”, dijese algo así como “vista la petición de las personas que se han manifestado en la calle y los carteles solicitando llibertat exhibidos en el Congreso de los Diputados por Podemos y PDeCat, acuerdo dejar sin efecto la prisión provisional en su día acordada”. Otra posibilidad sería que el presidente del Gobierno convocase un Consejo de Ministros extraordinario que aprobase con carácter de urgencia un real decreto que estableciese: “Artículo único. Queda sin valor ni efecto la prisión provisional de los señores Sánchez y Cuixart acordada por la señora Jueza del Juzgado Central de Instrucción número tres.” ¿Alguna de estas posibles respuestas sería tranquilizadora para alguien? ¿Realmente quienes demandan llibertat para Sánchez y Cuixart quieren una España en la que los autos judiciales se fundamenten en la presión social o en un real decreto dictado ad hoc por el Gobierno? ¿Cuántos diputados deben pedir la libertad de Luis Bárcenas para que esta sea posible? ¿Cuántos manifestantes deberían ser suficientes para fundamentar la decisión judicial de excarcelar a un violador, un narcotraficante, un terrorista? Puede que algunas personas de buena fe estén pidiendo esto por ignorancia. Pero que lo pidan representantes de la soberanía nacional, muchos de ellos con sobrada formación en Derecho y en Ciencia Política resulta verdaderamente bochornoso.  

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#CosasQJesusnodiria

Agosto es el mes vacacional por excelencia. El mes en el que los medios de comunicación publican artículos curiosos, aquellos que encuentran su hueco en agosto y que en septiembre se quedarían en un breve, si tienen la suerte de salir a la luz. Lo mismo ocurre en las redes sociales. Ahora todo vale. Todo es opinable. Que una mañana de verano de agosto sea tendencia este hashtag #CosasQJesusnodiria (no acentuamos porque es así el hashtag) y que en México se convierta en trending topic refleja el momento de la descomunicación y difamación que estamos viviendo de falta de respeto y ataques sin control a la religión católica. En #CosasQJesusnodiria los internautas se han dedicado a expresar barbaridades, sin ningún tipo de consideración. Todos los que están interviniendo en estas conversaciones se mofan de la fe católica y de la vida de Jesucristo. No todo vale en las redes sociales. No es lícito que la falta de respeto se convierta en trending topic, y dé pie a opiniones hirientes hacia los cristianos. ¿El respeto no se tiene en cuenta en las redes sociales? ¿La religión y su respeto no se controla en Twitter? ¿Qué filtros existen? ¿Qué aporta este hashtag? Preguntas que quizás los que opinen ni tengan respuestas. El Papa Francisco habla de los tres pecados de la comunicación: la calumnia –a la que define como una forma de terrorismo porque puede a matar con las palabras a alguien-; la difamación porque puede destruir la vida de una persona; y la desinformación o decir la mitad de las cosas y las que son más convenientes para mí. De todas ellas la desinformación es la más peligrosa. Calumnia, desinformación y difamación se dan en #CosasQJesusnodiria. ¿Y estamos callados? Jesús nunca diría: no se amen los unos a los otros; no se respeten; calumnien, etc..Los que lo escriben saben que nunca lo dirían, pero prefieren mofarse a decir la verdad… ¿Por qué no construir la cultura de la verdad con hashtag #CosasQJesúsdiría?  

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112 del alma

El pasado 15 de mayo, la Diócesis de Madrid puso en marcha un Servicio de Asistencia Religiosa Urgente (SARCU), para administrar el sacramento de la unción de enfermos a quien pueda necesitarlo en horas en las que resulta difícil encontrar a un sacerdote. Se trata de una iniciativa para ofrecer ayuda y asistencia a los que se encuentran a punto de morir y necesitan apoyo y consuelo. Son muchos los medios de comunicación, sobre todo religiosos, que se han hecho eco de esta noticia, que no deja de ser novedosa, no por el hecho de administrar el sacramento de la unción de enfermos en si, sino porque se hace a través de un servicio de emergencias espiritual que funciona desde las 10 de la noche hasta las 7 de la mañana. La unción de enfermos es un sacramento de sanación o de curación, instituido por Jesucristo. Irse en paz con Dios es una necesidad sentida no solo por los cristianos practicantes; cuando estamos en peligro de muerte, por enfermedad, por accidente o por vejez, quien más o quien menos experimenta en lo más profundo de su ser una  inquietud acerca de lo que pasará una vez muerto. Precisamente por ello, aunque una persona no haya sido creyente o no haya practicado la “urgencia del alma”, cuando tal momento llega y esa inquietud se activa, la asistencia espiritual de un sacerdote se hace fundamental. En el momento más crítico, cuando la muerte está cerca, todos necesitamos el perdón de los pecados, estar en gracia y en paz con Dios; y la Iglesia, como madre, atiende las necesidades de sus hijos, poniendo a nuestra disposición un sacerdote para darnos consuelo, ayudarnos a vencer las dificultades propias que podamos tener en el último suspiro de nuestra vida, perdonar nuestros pecados y, con ello, abrirnos a la Misericordia de Dios. El 112 del alma está abierto a todos.  

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Violencia contra la mujer

violencia Recientemente se han publicado los datos extraídos del informe anual de 2016 del Observatorio contra la violencia doméstica y de género del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). Según estos datos, el número de denuncias presentadas cada día por violencia contra la mujer, asciende a trescientas noventa y una. El número de mujeres fallecidas en ese mismo año, fue de cuarenta y cuatro. A pesar de todos los esfuerzos realizados por las distintas administraciones y asociaciones, a pesar de las campañas de sensibilización que diariamente podemos ver en cualquier medio de comunicación, en redes sociales, etc; las cifras son ciertamente alarmantes. ¿Qué está ocurriendo para que este despliegue mediático, todos los esfuerzos hechos desde la educación y la cultura, no estén dando aparentemente ningún fruto y las estadísticas sean tan absolutamente dramáticas? Las generaciones más jóvenes educadas en la tolerancia, en el reconocimiento de la mujer como igual, en el respeto a todos. Los jóvenes que han crecido celebrando el día de la mujer, participando en manifestaciones que reivindican sus derechos, sufren este drama de modo más acusado aún según estas mismas estadísticas. Quien deduce que la violencia en el seno de la familia, es un fruto de una guerra de géneros, parte de un grave error y es por eso que al hacer mal el diagnóstico, el remedio aplicado no da el fruto que se espera. ¿Qué estamos haciendo mal? Sin duda, como decíamos antes, en primer lugar hay un error en el diagnóstico de la causa. Es imposible que los “remedios contra la violencia” den fruto si olvidamos que el hombre es unidad de alma y cuerpo. Cualquier medida que olvide esta realidad, aunque se ponga en marcha con la mejor de las intenciones, quedará en papel mojado, porque no estará atajando el mal desde su raíz. Las medidas a aplicar tendrán que ir necesariamente dirigidas a fomentar ese reconocimiento en el otro de un igual, de un hermano y por supuesto a tratar de curar, de sanar aquellos comportamientos que generan en el agresor estas conductas, sin olvidar que el hombre necesita también recibir cuidados en su dimensión espiritual y que es en esa área donde encontramos muchos de los comportamientos que dan origen a  esta violencia y falta de respeto al “próximo”.

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Criminalizar al que piensa diferente

pensar Está pasando. La inversión de los valores comunes que han sostenido nuestra civilización durante siglos se encuentra a punto de alcanzar su fin. Vaciados de contenidos, desprestigiadas socialmente las personas e instituciones que los sostienen, impuestos mayoritariamente otros que se consideran los adecuados para la sociedad actual, solo queda el toque final: criminalizar al que piensa diferente. Francia acaba de aprobar una norma que habilita a las autoridades públicas a cerrar webs que manifiesten, con imágenes de casos reales, su oposición al aborto, a pesar de que implica el asesinato de un niño y está probado que causa trastornos a la madre; hace apenas unos meses la Comunidad de Madrid publicó una ley que permite sancionar a quienes defienden en las aulas que nacemos hombres o mujeres y ello marca nuestra existencia, aunque la ciencia demuestra que es así; aumentan las demandas contra declaraciones de Obispos, aunque se limitan a presentar a sus fieles el Magisterio de la Iglesia fundado en la naturaleza del ser humano. Todas ellas son manifestaciones claras de un doble hecho: se ha instaurado a nivel cultural un nuevo orden moral, contrario a la realidad de las cosas y a la verdad de las personas en algunos extremos, que cuenta con instrumentos propios para ser impuesto en la práctica a quien piensa diferente. Con ello, se pierde la libertad de expresión (y de pensamiento, conciencia y religión), aun en los casos en los que no sea ejercitada contra nadie y con ello se defiendan planteamientos objetivos y perfectamente argumentables. No hay lugar para el diálogo; no existe espacio para una verdad que no sea la instaurada oficialmente. Es la nueva dictadura a la que se enfrenta nuestra sociedad occidental. ¿Seremos capaces de darnos cuenta de ello y reaccionar a tiempo?

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No importa si tus hijos no te escuchan, te ven

padres Impactante es una noticia sobre dos padres que iniciaron una pelea en un partido de fútbol de categoría de los  juveniles. Los hechos sucedieron en Gran Canaria, cuando en un partido de fútbol que se desarrollaba con normalidad, en el minuto 60 dos aficionados comenzaron una fuerte discusión que acabó en golpes y en agresiones mutuas. Dos aficionados que resultaron ser padres de los jugadores. Una vez más vuelve a surgir la violencia en el fútbol, incidentes que se aborrecen desde todas las instituciones, pero ¿se condena el hecho de que los que se pelean sean padres?   Este suceso tan vergonzoso que ocurrió puntualmente en Gran Canaria, y que alguien grabó con su cámara, se produce cada fin de semana en cientos de partidos y de actos deportivos, donde los padres acompañan a sus hijos y donde insultan al árbitro o a los propios deportistas; donde se discute o se pelean por tonterías que suceden en el acontecimiento deportivo y que nada tienen que ver con el deporte. El deporte tiene que ser un medio para fomentar buenos valores, como el trabajo en equipo, o el respeto mutuo, pero nunca deben fomentar la rivalidad mal entendida. En este tipo de acontecimientos los padres más que nunca deben dar ejemplo de respeto, de tolerancia, de buen comportamiento, y de buena educación.  ¿Qué podemos pedir a un niño si su padre tiene comportamientos agresivos y violentos? Resulta muy lamentable y muy doloroso el ejemplo que se da a nuestros hijos. Educar a un hijo no es tarea fácil y más en la sociedad actual en la que vivimos, donde los actos violentos son constantes, pero no hay que olvidar que los hijos son el mejor reflejo de los padres, el niño proyecta en su comportamiento lo que vive. Decía Santa Teresa de Calcuta que “no importa si tus hijos no te escuchan. Te ven”. Los padres debemos ser el primer ejemplo de integridad, de amor y de respeto a los demás.  La familia tiene que ser modelo de conducta para sus hijos y es dentro de la familia donde los niños aprenden a comportarse, a convivir y a relacionarse con los demás. La educación de nuestros hijos debe empezar por nosotros mismos, por nuestra casa, en nuestra familia, pues de nuestro ejemplo y de los valores que impulsemos dependerá nuestro futuro.  

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Hacia un año sin Gobierno

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Aunque no demos crédito, vamos camino de un año sin Gobierno o, mejor dicho, con Gobierno en funciones, con todo lo que ello significa: no aprobación de nueva normativa necesaria para el funcionamiento del país, riesgo de prórroga de presupuestos pensados para una situación diferente a la actual, irresponsabilidad política por debilitamiento del control parlamentario, limitación en el ejercicio de las potestades gubernamentales…

Los responsables de esta situación no somos los votantes, que hemos acudido a las urnas hasta en dos ocasiones cumpliendo con nuestro deber de ciudadanos; son precisamente quienes han resultado elegidos para formar gobierno los que se muestran incapaces de hacerlo y, con ello, de representarnos. Y no llegan al acuerdo, sencillamente, porque se limitan a medir las posibilidades de pacto en función de sus intereses personales y de los de su partido.

Analizado desde la perspectiva de alguien que lucha por defender su puesto de trabajo resulta incluso humanamente comprensible. Pero la política jamás puede ser vista como una oportunidad laboral, sino que ha de ser considerada como una vocación de servicio público basada en la capacidad para prestarlo y en la temporalidad en su desempeño. La existencia de políticos que ven su cargo como propiedad es el peor de los males para una democracia, porque no tiene quien sirva a sus ciudadanos pensando en el bien común.

La incapacidad para formar Gobierno sólo tiene una lectura: los llamados a ello no luchan por el interés de todos, sino por el suyo propio. No hablemos, pues, de bloqueo institucional. Nos estamos enfrentando a un bloqueo personal, generado por personas concretas que no se sienten responsables ante nada ni ante nadie y que se consideran a sí mismos la medida de todas las cosas, incluido el destino del país.

Nuestros gobernantes se han de legitimar por el éxito de sus decisiones y la eficacia de sus gestiones; de lo contrario, han de irse y dejar paso a otros. Unas terceras elecciones sólo tendrán sentido si es para elegir a nuevos representantes. Los de ahora, salvo que demuestren lo contrario, no son dignos de ello.

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