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“Retorno a Brideshead” de Evelyn Waugh

Evelyn Waugh Retorno a Brideshead fue publicada en 1945.

Tema

En la edición que tengo en mis manos (RBA, Barcelona 1992), el propio autor indica en el prólogo que el tema de esta novela es “la influencia de la gracia divina en un grupo de personajes muy diferentes entre sí, aunque estrechamente relacionados”. Esta afirmación puede resultar sorprendente para los que recuerdan este relato como una historia de amor en el ambiente decadente de la alta sociedad inglesa de entreguerras.

Autor

Retorno a Brideshead fue una novela de éxito, prolongado por varias adaptaciones al cine y a la televisión, que provocó que la fama de la obra superara a la del autor. Es especialmente reseñable la serie británica de Granada Television de 1981, protagonizada por un joven Jeremy Irons. Evelyn Waugh (1903-1966) fue uno de los numerosos escritores ingleses que abrazaron la fe católica en el siglo XX. La vida de Waugh, que era un hombre, aunque el nombre de pila pueda confundir, pasó del fervor ritualista de la fe anglicana de su primera juventud, al ateísmo combativo de su etapa universitaria y su vida licenciosa posterior. Se casó con una mujer, también llamada Evelyn, casualmente, que le abandonó por un amigo común. La vida de Waugh tocó fondo y estuvo cerca del suicidio. La lectura de T.S. Eliot le ayudó a comenzar una búsqueda interior, que concluyó con su ingreso en la Iglesia Católica en 1930. En 1945 publicó Retorno a Brideshead.

Planteamiento

Los personajes de la novela se parecen al propio Waugh, lo que seguramente dotó de fuerza al relato. No dudan en abandonarse en el alcohol, la vida licenciosa o el vacío vital… al mismo tiempo que sienten el atractivo de una presencia invisible, para alguno de ellos desconocida o, incluso, negada. Charles, el protagonista, es un hombre sin religión que declara: “nunca me tomé la molestia de examinar a fondo… la idea de admitir los sobrenatural como real”. Sebastian, cuya amistad con Charles desencadena toda la historia, es un católico que se avergüenza de sí mismo por sentirse desgraciado, y vive como un pagano; Julia y Cordelia son las hermanas de Sebastian, la primera es una joven rebelde que rechaza las costumbres de su familia, la segunda, parece una niña idealista refugiada en sus creencias infantiles. Bridey, el hermano mayor, es insensible y pragmático, carente de toda empatía. El relato va acercándonos a todos ellos, mostrando cómo arrastran un buen número de contradicciones, incluyendo a Lord y Lady Marchmain, los padres de Sebastian, ella católica combativa y él viviendo en Venecia con una concubina. Charles se ve sorprendido por la católica y exótica familia Marchmain, a pesar de no ser nada ejemplares, con un catálogo de defectos de lo más profundo y diverso. Su sorpresa viene de que todos coinciden en algo: “tienen un concepto totalmente distinto de la vida. Le dan importancia a cosas distintas que los demás”. Eso provoca en Charles curiosidad y rechazo al mismo tiempo, asombro y repugnancia. Le rebela especialmente la actitud de la familia de “mezclar a Dios en todo”, cuando, para él, no estaba relacionado con nada.

Desarrollo

Hemos citado al principio una frase de Waugh que define el tema del libro como “la influencia de la gracia divina”. Finalizando la segunda parte, de las tres principales que tiene el relato, el lector tiene la sensación de que el tema es más la influencia de la des-gracia humana. Es entonces cuando el autor introduce, en boca de Cordelia, una cita de Chesterton, concretamente del padre Brown, que nos da la clave para sintonizar la acción con el tema que define el autor: “Le cogí (al ladrón) con un anzuelo y una caña invisibles, lo bastante largos como para dejarle caminar hasta el fin del mundo y hacerle regresar con un tirón del hilo”. El título de la tercera parte también hace mención de esta cita: Tirando del hilo. La vida de los personajes parece sujeta a tres dinámicas muchas veces contradictorias: su propia voluntad: cambiante, caprichosa, incluso errante; el deseo profundo de sentirse amado y amar a los demás, aunque sea superficialmente; y un plan misterioso que va recomponiéndose continuamente a pesar de nuestras erróneas decisiones. Charles sólo es consciente de la primera de estas fuerzas. Incluso llega a decirle a Julia:

–¿Amor? Pero si yo no busco amor.
–Oh, sí, Charles, sí lo buscas.

Julia, lo entiende claramente, todos buscamos amor. También ella sabe, por su abandonada fe, que más fuerte que su rebeldía es el plan divino sobre ella, por eso le dice a Charles: “Quizá por esto tú y yo estamos aquí juntos, de esta manera… como parte de un plan”. Los protagonistas de la novela luchan contra Dios, creyendo poder vencerle, pero en la misma lucha van percibiendo que lo que parece su victoria no puede ser definitiva:

­­–…Siento como si la humanidad entera, y Dios también, estuviera conspirando contra nosotros. (..)
­–…No pueden hacernos daño, ¿verdad?
–Esta noche, no; ahora no.
–¿Durante cuántas noches no?

Algo parecido reaparece en un diálogo posterior, ante el avance inexorable de la muerte:

–Tiene una voluntad fortísima de vivir, ¿verdad?
–¿Cree usted eso? Yo más bien diría que tiene un gran miedo a la muerte.
–¿Hay alguna diferencia?
–Pues claro que la hay. No saca fuerza ninguna de su miedo, ¿comprende? Le está consumiendo.

Lo que parece una victoria no es más que una ridícula impostura ante un poder muy superior. Charles se compara con un montañero que se siente seguro en el refugio hasta que llega el alud. El refugio es su rebeldía, el alud es la paciencia poderosa de Dios. El alud tiene una fuerza infinitamente mayor que el refugio. Julia pasa de barajar dos opciones: la rebeldía o la aceptación, a reconocer que no es sino una sola: “Cuando peor soy, más necesito a Dios. No puedo estar fuera del alcance de su misericordia”.

Desenlace

Tendrá que leer el libro para tener los detalles. Aquí solo apuntamos ayudas para la lectura. Retorno a Brideshead no es una triste historia de amor entre un hombre y una mujer en medio de una sociedad decadente, más bien, es una bella historia de amor entre Dios y un puñado de personas que viven una vida llena de pecados y sufrimientos. Charles visita Brideshead en tres periodos de su vida, primero por Sebastian, luego por Julia, finalmente por la guerra. Solo al final encuentra lo que realmente le estaba esperando desde el principio.   La entrada “Retorno a Brideshead” de Evelyn Waugh aparece primero en Ediciones Trébedes.

Prepararse para el Adviento

Claves para prepararse para este Adviento, atendiendo a lo interior: la fe, el amor de Cristo, la gracia y la esperanza.

Compartimos con todos la charla del pasado retiro de Adviento del 3 de diciembre.

“Diario de un cura rural” de Georges Bernanos

Georges BernanosDiario de un cura rural es, para mí, la obra más significativa de la Novela Cristiana. Creo que este libro de Georges Bernanos aglutina los principales rasgos del género y lo hace de forma equilibrada, desarrollada y magistral. Otras novelas recogen algunos de estos elementos, incluso algunas desarrollan algunos de ellos más extensamente, pero ninguna lo hace ‒siempre según mi entender‒ de forma tan equilibrada y armónica, lo que convierte a esta novela en referencia y paradigma de este género.

Voy a intentar enumerar esas características fundamentales que para mí definen el género de Novela Cristiana, en su concepto moderno, y que aparecen claramente en esta obra:

El santo no ejemplar

La primera característica es que aparece el santo no ejemplar como protagonista. En contraste con las hagiografías clásicas, resalta los defectos y limitaciones de la persona tocada por la gracia. No nos encontramos con vidas ejemplares, sino con vidas llenas de defectos, limitaciones físicas y psicológicas, incluso con heridas graves en su comportamiento. Tanto el protagonista, el cura de Ambricourt, tímido, débil físicamente, lleno de complejos y de miedos, como su amigo el cura de Torcy, su principal confidente, orgulloso, brusco, lleno de contradicciones, ambos están repletos de defectos, cada uno a su estilo, pero claramente ninguno de ellos es ejemplar. Son todo menos ejemplares. Pero los sufrimientos por estas mismas limitaciones les acercan especialmente a los demás. Varias veces, en el relato se hace referencia a los monjes como seres ejemplares, pero “Los monjes sufren por las almas. Nosotros, en cambio sufrimos con ellas”. El protagonista, tras una crisis de angustia, escribe en su diario:

“Los santos han conocido estos desfallecimientos… Pero no esta sorda rebelión, este áspero silencio del alma, casi odio…”

Los personajes defienden con su testimonio que “la santidad no es sublime”, es la obra ilimitada de Dios en una persona llena de limitaciones.

‒”Trabaja ‒me dijo‒, haz pequeñas cosas un día tras otro. Recuerda al escolar inclinado sobre su cuaderno, que saca la lengua al escribir. Así desea Dios vernos, cuando nos abandona a nuestras propias fuerzas.”

Además, esos mismos defectos les incapacitan para atribuirse mérito alguno. Todo lo bueno ocurre aparentemente a pesar suyo, o por su culpa, porque no se reconoce como algo deseable.

Lucha con Dios y con el demonio

La segunda característica es que el protagonista lucha con Dios, porque su conciencia se contrasta con sus pecados y provoca una batalla interior, entre los que Dios quiere y lo que él se siente capaz. El cura de Torcy, que vivía en una aparente riqueza, se alza con pasión en defensa de la pobreza evangélica. El protagonista comenta:

“En realidad era consigo mismo, contra una parte de sí mismo cien veces vencida y siempre rebelde, contra quien se alzaba, con toda su estatura, con toda su fuerza, como un hombre que combate por su vida.”

El protagonista explica a un rebelde legionario algo que él ha experimentado a lo largo del relato:

‒”No es tan malo enfrentarse con Dios ‒le dije‒. Eso obliga al hombre a emplear a fondo la esperanza, toda la esperanza de que es capaz…“

Y también lucha con el demonio, que se hace fuerte en los demás, y que él debe combatir como un médico lucha contra la enfermedad de sus pacientes. El protagonista dice a una de sus feligresas:

“No apruebo nada, sólo intento comprenderla. Un sacerdote, igual que un médico, no tiene que huir ante las llagas, el pus, la enfermedad… Todas las heridas del alma supuran horriblemente, señora.”

No lucha contra los demás, sino por los demás, para salvarles del infierno: “El infierno, señora, es haber dejado de amar”. Convirtiendo muchos de sus actos en batallas decisivas, como la conversación con la condesa, que es el punto de apoyo de todo el relato:

“¿Cómo hubiera podido adivinar entonces … que nos habíamos enfrentado ambos en el extremo límite de este mundo visible, en el borde mismo del abismo?”

Voluntad reformista

Una tercera característica es la voluntad reformista que se enhebra en la intención de los protagonistas. Con deseos de reformar la Iglesia, con una clara crítica a los que se preocupan más por la apariencia y el status quo, que se dejan llevar por cierta pereza ante la moción de Dios que quiere actuar:

“Pues existe una pereza sobrenatural, que llega con la edad, la experiencia y las decepciones. ¡Ah! ¡Los viejos sacerdotes son duros! La última de las imprudencias es la prudencia, cuando nos prepara suavemente a prescindir de Dios.”

El deán de Blangermont, uno de esos “viejos sacerdotes”, más ocupados por conservar el estado de las cosas que por trabajar en la viña del Señor, dice al protagonista:

‒”… Se necesita sin duda muy poca cosa para hacer de ti un intelectual, es decir, un rebelde, un censor sistemático de las superioridades sociales que no están fundadas en el espíritu. ¡Dios nos libre de los reformadores!
‒Sin embargo, señor deán, muchos santos fueron reformadores.
‒¡Dios nos libre también de los santos!…”

Y también con deseos de reformar la sociedad, tomando partido por los pobres. Pero no solo por la necesidad de los pobres, sino por la necesidad de todos de valorar la pobreza.

“… la Iglesia tiene encomendada la custodia del pobre. Es lo más fácil. Todo hombre compasivo comparte con ella esa protección. En cambio, está sola ‒me entiendes‒ sola, absolutamente sola, en la guarda del honor de la pobreza.”

El libro también contiene una condena la avaricia del comercio, cuando no respeta las reglas contra la usura:

“…se necesitarán siglos, acaso, para alumbrar esas conciencias, destruir el prejuicio de que el comercio es una especie de guerra y que tiene los mismos privilegios y las mismas tolerancias que la otra.”

Pero, continuamente, lleva la injusticia social a un plano sobrenatural, porque es el reflejo de la injusticia en otro orden, porque la lucha verdadera no es contra los hombres, es contra el Señor de los Abismos:

“¿Cómo dar al Pobre, heredero legítimo de Dios, un reino que no es de este mundo? La Iglesia está a la búsqueda del Pobre y le llama por todos los caminos de la tierra. Y el Pobre está siempre en el mismo sitio, en la extremidad de la cima vertiginosa cara al Señor de los Abismos, que le repite incansablemente desde hace veinte siglos con voz de Ángel, con su voz sublime y prodigiosa: «Todo esto será tuyo si, prosternado, me adoras…»

Y la verdadera riqueza es la santidad:

“Existen los Santos. Llamo Santos a todos los que han recibido más que el resto. (…) Un rico a los ojos de la Iglesia es un protector del pobre, su hermano mayor. (…) Si un millonario quiebra, millares de personas se quedan en el arroyo. Así podemos imaginarnos lo que ocurre en el mundo invisible cuando da un traspiés uno de esos ricos de los que antes he hablado, un administrador de la gracia de Dios.”

La comunión de los santos

Esto nos lleva a la cuarta característica de toda Novela Católica, que es la defensa de la comunión de los santos, porque esta visión sobrenatural nos descubre una nueva solidaridad que nos une, en el bien y en el mal, con una intensidad conmovedora como revela la conversación del protagonista con la condesa:

“Pero nuestras faltas ocultas envenenan el aire que otros respiran y el crimen del que un miserable tiene el germen, aun a su pesar, no germinaría nunca sin este principio de corrupción.
‒Todo eso son locuras, grandes locuras: sueños malsanos…
Estaba lívida, Prosiguió:
‒Si pensáramos en todas esas cosas, tendríamos que dejar de vivir.
‒Así lo creo, señora condesa. Creo que si Dios nos diera una idea clara de la solidaridad que nos liga unos a otros, en el bien y en el mal, dejaríamos, efectivamente, de vivir.”

Un diálogo que no deja de estremecernos.

Nuestra recomendación es clara para los amantes de este género, esta novela es imprescindible, y Bernanos es un maestro.

La entrada “Diario de un cura rural” de Georges Bernanos aparece primero en Ediciones Trébedes.

“Diario de un cura rural” de Georges Bernanos

Georges BernanosDiario de un cura rural es, para mí, la obra más significativa de la Novela Cristiana. Creo que este libro de Georges Bernanos aglutina los principales rasgos del género y lo hace de forma equilibrada, desarrollada y magistral. Otras novelas recogen algunos de estos elementos, incluso algunas desarrollan algunos de ellos más extensamente, pero ninguna lo hace ‒siempre según mi entender‒ de forma tan equilibrada y armónica, lo que convierte a esta novela en referencia y paradigma de este género. Voy a intentar enumerar esas características fundamentales que para mí definen el género de Novela Cristiana, en su concepto moderno, y que aparecen claramente en esta obra:

El santo no ejemplar

La primera característica es que aparece el santo no ejemplar como protagonista. En contraste con las hagiografías clásicas, resalta los defectos y limitaciones de la persona tocada por la gracia. No nos encontramos con vidas ejemplares, sino con vidas llenas de defectos, limitaciones físicas y psicológicas, incluso con heridas graves en su comportamiento. Tanto el protagonista, el cura de Ambricourt, tímido, débil físicamente, lleno de complejos y de miedos, como su amigo el cura de Torcy, su principal confidente, orgulloso, brusco, lleno de contradicciones, ambos están repletos de defectos, cada uno a su estilo, pero claramente ninguno de ellos es ejemplar. Son todo menos ejemplares. Pero los sufrimientos por estas mismas limitaciones les acercan especialmente a los demás. Varias veces, en el relato se hace referencia a los monjes como seres ejemplares, pero “Los monjes sufren por las almas. Nosotros, en cambio sufrimos con ellas”. El protagonista, tras una crisis de angustia, escribe en su diario:

“Los santos han conocido estos desfallecimientos… Pero no esta sorda rebelión, este áspero silencio del alma, casi odio…”

Los personajes defienden con su testimonio que “la santidad no es sublime”, es la obra ilimitada de Dios en una persona llena de limitaciones.

‒”Trabaja ‒me dijo‒, haz pequeñas cosas un día tras otro. Recuerda al escolar inclinado sobre su cuaderno, que saca la lengua al escribir. Así desea Dios vernos, cuando nos abandona a nuestras propias fuerzas.”

Además, esos mismos defectos les incapacitan para atribuirse mérito alguno. Todo lo bueno ocurre aparentemente a pesar suyo, o por su culpa, porque no se reconoce como algo deseable.

Lucha con Dios y con el demonio

La segunda característica es que el protagonista lucha con Dios, porque su conciencia se contrasta con sus pecados y provoca una batalla interior, entre los que Dios quiere y lo que él se siente capaz. El cura de Torcy, que vivía en una aparente riqueza, se alza con pasión en defensa de la pobreza evangélica. El protagonista comenta:

“En realidad era consigo mismo, contra una parte de sí mismo cien veces vencida y siempre rebelde, contra quien se alzaba, con toda su estatura, con toda su fuerza, como un hombre que combate por su vida.”

El protagonista explica a un rebelde legionario algo que él ha experimentado a lo largo del relato:

‒”No es tan malo enfrentarse con Dios ‒le dije‒. Eso obliga al hombre a emplear a fondo la esperanza, toda la esperanza de que es capaz…“

Y también lucha con el demonio, que se hace fuerte en los demás, y que él debe combatir como un médico lucha contra la enfermedad de sus pacientes. El protagonista dice a una de sus feligresas:

“No apruebo nada, sólo intento comprenderla. Un sacerdote, igual que un médico, no tiene que huir ante las llagas, el pus, la enfermedad… Todas las heridas del alma supuran horriblemente, señora.”

No lucha contra los demás, sino por los demás, para salvarles del infierno: “El infierno, señora, es haber dejado de amar”. Convirtiendo muchos de sus actos en batallas decisivas, como la conversación con la condesa, que es el punto de apoyo de todo el relato:

“¿Cómo hubiera podido adivinar entonces … que nos habíamos enfrentado ambos en el extremo límite de este mundo visible, en el borde mismo del abismo?”

Voluntad reformista

Una tercera característica es la voluntad reformista que se enhebra en la intención de los protagonistas. Con deseos de reformar la Iglesia, con una clara crítica a los que se preocupan más por la apariencia y el status quo, que se dejan llevar por cierta pereza ante la moción de Dios que quiere actuar:

“Pues existe una pereza sobrenatural, que llega con la edad, la experiencia y las decepciones. ¡Ah! ¡Los viejos sacerdotes son duros! La última de las imprudencias es la prudencia, cuando nos prepara suavemente a prescindir de Dios.”

El deán de Blangermont, uno de esos “viejos sacerdotes”, más ocupados por conservar el estado de las cosas que por trabajar en la viña del Señor, dice al protagonista:

‒”… Se necesita sin duda muy poca cosa para hacer de ti un intelectual, es decir, un rebelde, un censor sistemático de las superioridades sociales que no están fundadas en el espíritu. ¡Dios nos libre de los reformadores!
‒Sin embargo, señor deán, muchos santos fueron reformadores.
‒¡Dios nos libre también de los santos!…”

Y también con deseos de reformar la sociedad, tomando partido por los pobres. Pero no solo por la necesidad de los pobres, sino por la necesidad de todos de valorar la pobreza.

“… la Iglesia tiene encomendada la custodia del pobre. Es lo más fácil. Todo hombre compasivo comparte con ella esa protección. En cambio, está sola ‒me entiendes‒ sola, absolutamente sola, en la guarda del honor de la pobreza.”

El libro también contiene una condena la avaricia del comercio, cuando no respeta las reglas contra la usura:

“…se necesitarán siglos, acaso, para alumbrar esas conciencias, destruir el prejuicio de que el comercio es una especie de guerra y que tiene los mismos privilegios y las mismas tolerancias que la otra.”

Pero, continuamente, lleva la injusticia social a un plano sobrenatural, porque es el reflejo de la injusticia en otro orden, porque la lucha verdadera no es contra los hombres, es contra el Señor de los Abismos:

“¿Cómo dar al Pobre, heredero legítimo de Dios, un reino que no es de este mundo? La Iglesia está a la búsqueda del Pobre y le llama por todos los caminos de la tierra. Y el Pobre está siempre en el mismo sitio, en la extremidad de la cima vertiginosa cara al Señor de los Abismos, que le repite incansablemente desde hace veinte siglos con voz de Ángel, con su voz sublime y prodigiosa: «Todo esto será tuyo si, prosternado, me adoras…»

Y la verdadera riqueza es la santidad:

“Existen los Santos. Llamo Santos a todos los que han recibido más que el resto. (…) Un rico a los ojos de la Iglesia es un protector del pobre, su hermano mayor. (…) Si un millonario quiebra, millares de personas se quedan en el arroyo. Así podemos imaginarnos lo que ocurre en el mundo invisible cuando da un traspiés uno de esos ricos de los que antes he hablado, un administrador de la gracia de Dios.”

La comunión de los santos

Esto nos lleva a la cuarta característica de toda Novela Católica, que es la defensa de la comunión de los santos, porque esta visión sobrenatural nos descubre una nueva solidaridad que nos une, en el bien y en el mal, con una intensidad conmovedora como revela la conversación del protagonista con la condesa:

“Pero nuestras faltas ocultas envenenan el aire que otros respiran y el crimen del que un miserable tiene el germen, aun a su pesar, no germinaría nunca sin este principio de corrupción.
‒Todo eso son locuras, grandes locuras: sueños malsanos…
Estaba lívida, Prosiguió:
‒Si pensáramos en todas esas cosas, tendríamos que dejar de vivir.
‒Así lo creo, señora condesa. Creo que si Dios nos diera una idea clara de la solidaridad que nos liga unos a otros, en el bien y en el mal, dejaríamos, efectivamente, de vivir.”

Un diálogo que no deja de estremecernos. Nuestra recomendación es clara para los amantes de este género, esta novela es imprescindible, y Bernanos es un maestro. La entrada “Diario de un cura rural” de Georges Bernanos aparece primero en Ediciones Trébedes.

“Gilead” de Marilynne Robinson

Marilynne RobinsonLa experiencia de la fe sencilla

Lo primero que se va a encontrar el lector es con un relato espléndidamente escrito. La habilidad de la autora para introducirnos en el alma del protagonista, su manejo del lenguaje, de los tiempos de la historia, del nivel progresivo de las confidencias… todo esto hace que este libro sea una experiencia deliciosa de lectura. La historia se desarrolla en torno a un anciano pastor metodista que dirige una comunidad en un perdido pueblo en Iowa (Estados Unidos). El protagonista siente cercana la hora de su muerte y escribe una larga carta a su hijo de siete años para que pueda leerla cuando sea mayor y él ya no esté. La sencillez y profundidad de la fe del reverendo se van descubriendo a lo largo de las experiencias pasadas que va recordando y los hechos diarios que ocurren mientras va escribiendo la carta. En la vivencia de los hechos cotidianos se va fraguando la experiencia del amor de Dios y del pecado del ser humano, encarnándose en una vida sencilla y concreta. Leida desde un punto de vista católico, como es mi caso, la obra adquiere una interesante perspectiva, quizá lejos de la intención de la autora pero que considero que puede ser muy valiosa. Me refiero a su valor como instrumento de un diálogo ecuménico. Muchas veces el diálogo entre confesiones cristianas se plantea desde el intercambio de posiciones doctrinales y teológicas, sin embargo este libro nos ofrece la oportunidad de dialogar sobre la experiencia religiosa de un alma sencilla, que nos hará sentirnos más hermanos y avivar el deseo de unidad. La experiencia del protagonista presenta indudables analogías, por un lado, y discrepancias, por otro, con lo que podría haber sido una situación similar vivida por un sacerdote católico. Cuestiones como los sacramentos, el celibato, la autoridad… serían claramente muy diferentes,  sin embargo, creo que forman más parte del decorado que del meollo de la historia. El punto sobre el que pivota el núcleo de la historia es la vida interior, la oración, la acción de la gracia y la libertad del ser humano. Entre muchos puntos en común parece que surge realmente una discrepancia: el tema de la predestinación. El protagonista tiene experiencia de lo que es el perdón: “(…) ser perdonado constituye solo la mitad del don. La otra mitad es que también nosotros podemos perdonar, restituir y liberar y, por tanto, sentir la voluntad de Dios obrar a través de nosotros, lo cual constituye la gran restitución de nosotros a nosotros mismos“, sin embargo queda sin respuesta clara sobre el tema de la predestinación cuando le preguntan “¿Hay personas que, simplemente, nacen malas, llevan una mala vida y, al final, van al infierno?“, y finalmente su interlocutor concluye “Entonces la gente no cambia“. Su esposa, con una inteligencia mucho más intuitiva lo resuelve mejor: “Una persona puede cambiar. Todo puede cambiar“. El protagonista parece finalmente sumarse a esta tesis con su bendición final. Vale la pena apuntar aquí que la doctrina católica reconoce la predestinación positiva: Dios elige a alguien para una misión y le prepara de forma especial para ella, el caso más relevante y clarificador es la Virgen María; sin embargo no acepta la predestinación negativa, porque todos los seres humanos están llamados a la salvación. Es llamativo que la vivencia de los protagonistas sobre el punto de mayor discrepancia se convierte a su vez en un punto de encuentro. A esto me refiero con el valor de esta historia como instrumento de diálogo, como si dos hermanos regañados descubrieran de pronto un gesto familiar que los une. Marilyne Robinson fue galardonada, entre otros, con el National Book Critic Circles Award en 2004, el premio Pulitzer en 2005, y en 2010 fue elegida miembro de la American Academy of Arts and Sciences. La entrada “Gilead” de Marilynne Robinson aparece primero en Ediciones Trébedes.

“Gilead” de Marilynne Robinson

Marilynne RobinsonLa experiencia de la fe sencilla

Lo primero que se va a encontrar el lector es con un relato espléndidamente escrito. La habilidad de la autora para introducirnos en el alma del protagonista, su manejo del lenguaje, de los tiempos de la historia, del nivel progresivo de las confidencias… todo esto hace que este libro sea una experiencia deliciosa de lectura.

La historia se desarrolla en torno a un anciano pastor metodista que dirige una comunidad en un perdido pueblo en Iowa (Estados Unidos). El protagonista siente cercana la hora de su muerte y escribe una larga carta a su hijo de siete años para que pueda leerla cuando sea mayor y él ya no esté.

La sencillez y profundidad de la fe del reverendo se van descubriendo a lo largo de las experiencias pasadas que va recordando y los hechos diarios que ocurren mientras va escribiendo la carta. En la vivencia de los hechos cotidianos se va fraguando la experiencia del amor de Dios y del pecado del ser humano, encarnándose en una vida sencilla y concreta.

Leida desde un punto de vista católico, como es mi caso, la obra adquiere una interesante perspectiva, quizá lejos de la intención de la autora pero que considero que puede ser muy valiosa. Me refiero a su valor como instrumento de un diálogo ecuménico. Muchas veces el diálogo entre confesiones cristianas se plantea desde el intercambio de posiciones doctrinales y teológicas, sin embargo este libro nos ofrece la oportunidad de dialogar sobre la experiencia religiosa de un alma sencilla, que nos hará sentirnos más hermanos y avivar el deseo de unidad.

La experiencia del protagonista presenta indudables analogías, por un lado, y discrepancias, por otro, con lo que podría haber sido una situación similar vivida por un sacerdote católico. Cuestiones como los sacramentos, el celibato, la autoridad… serían claramente muy diferentes,  sin embargo, creo que forman más parte del decorado que del meollo de la historia. El punto sobre el que pivota el núcleo de la historia es la vida interior, la oración, la acción de la gracia y la libertad del ser humano. Entre muchos puntos en común parece que surge realmente una discrepancia: el tema de la predestinación.

El protagonista tiene experiencia de lo que es el perdón: “(…) ser perdonado constituye solo la mitad del don. La otra mitad es que también nosotros podemos perdonar, restituir y liberar y, por tanto, sentir la voluntad de Dios obrar a través de nosotros, lo cual constituye la gran restitución de nosotros a nosotros mismos“, sin embargo queda sin respuesta clara sobre el tema de la predestinación cuando le preguntan “¿Hay personas que, simplemente, nacen malas, llevan una mala vida y, al final, van al infierno?“, y finalmente su interlocutor concluye “Entonces la gente no cambia“. Su esposa, con una inteligencia mucho más intuitiva lo resuelve mejor: “Una persona puede cambiar. Todo puede cambiar“. El protagonista parece finalmente sumarse a esta tesis con su bendición final.

Vale la pena apuntar aquí que la doctrina católica reconoce la predestinación positiva: Dios elige a alguien para una misión y le prepara de forma especial para ella, el caso más relevante y clarificador es la Virgen María; sin embargo no acepta la predestinación negativa, porque todos los seres humanos están llamados a la salvación. Es llamativo que la vivencia de los protagonistas sobre el punto de mayor discrepancia se convierte a su vez en un punto de encuentro. A esto me refiero con el valor de esta historia como instrumento de diálogo, como si dos hermanos regañados descubrieran de pronto un gesto familiar que los une.

Marilyne Robinson fue galardonada, entre otros, con el National Book Critic Circles Award en 2004, el premio Pulitzer en 2005, y en 2010 fue elegida miembro de la American Academy of Arts and Sciences.

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Dios habita dentro de nosotros

inhabitacion“La inhabitación es una presencia real, física, de las tres Personas divinas, que se da en todos los justos, y solo en ellos, es decir, en las personas que por la gracia están en amistad con Dios”.

Ponemos a vuestra disposición este breve y precioso trabajo sobre “La inhabitación de la Trinidad”, escrito por José Rivera y José María Iraburu en 1977.

El escrito va recorriendo el testimonio de este gran misterio a través de las Escrituras, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, a través de los escritos de los Santos Padres y de los místicos, para concluir con una síntesis teológica del misterio de la inhabitación divina.

“Si alguno me ama, vendremos a él y haremos morada en él” (Jn 14, 23).

Ofrecemos este librito en formato PDF, especialmente pensado para ser imprimido, y en formato EPUB, diseñado para su lectura en dispositivos móviles o e-readers.

 

Con luz y a oscuras viviendo

Portada

Título: Con luz y a oscuras viviendo

—–

Autor: José Gómez-Menor

—- Obra de teatro que nos traslada a la vida de san Juan de la Cruz, su tiempo, sus compañeros de hábito, sus amigos y sus enemigos. José Gómez-Menor, que ha dedicado gran parte de su vida al estudio de la obra y la vida de este santo y poeta, especialmente de sus raíces toledanas, nos introduce en la vida cotidiana de Juan de la Cruz y nos invita a acompañarle en su quehacer diario. Una obra que podemos calificar como “entrañable”. El prólogo de Santiago Sastre nos explica el sentido de este trabajo en la trayectoria del autor que “supone el estreno del historiador, poeta y pintor en una faceta desconocida hasta ahora: su condición de dramaturgo”.
  • Encuadernación: cosida, cubierta blanda con solapas
  • Páginas: 96
  • Interior: blanco y negro
  • Tamaño: 140 x 205 mm
  • ISBN: 978-84-937564-0-6
  • Precio: 10 €

Libro electrónico (formato epub):
  • Tamaño: 2.195KB
  • ISBN: 978-84-940981-1-6
  • Precio: 1,99 € (iva incluido)
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Con luz y a oscuras viviendo

Portada

Título: Con luz y a oscuras viviendo

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Autor: José Gómez-Menor

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Obra de teatro que nos traslada a la vida de san Juan de la Cruz, su tiempo, sus compañeros de hábito, sus amigos y sus enemigos. José Gómez-Menor, que ha dedicado gran parte de su vida al estudio de la obra y la vida de este santo y poeta, especialmente de sus raíces toledanas, nos introduce en la vida cotidiana de Juan de la Cruz y nos invita a acompañarle en su quehacer diario. Una obra que podemos calificar como “entrañable”.

El prólogo de Santiago Sastre nos explica el sentido de este trabajo en la trayectoria del autor que “supone el estreno del historiador, poeta y pintor en una faceta desconocida hasta ahora: su condición de dramaturgo”.

  • Encuadernación: cosida, cubierta blanda con solapas
  • Páginas: 96
  • Interior: blanco y negro
  • Tamaño: 140 x 205 mm
  • ISBN: 978-84-937564-0-6
  • Precio: 10 €


Libro electrónico (formato epub):

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  • ISBN: 978-84-940981-1-6
  • Precio: 1,99 € (iva incluido)

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