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¿Importante o no importante?

Dos situaciones de hace unos días: 1.- Miércoles.10 de mayo. Un clásico. Partido decisivo. Juega Real Madrid-Barcelona.  Las aulas de una academia de idiomas están prácticamente vacías. 1 alumno por clase o nadie. A partir de las 20.00 horas la vida se paraliza. España en vilo por el resultado de 22 personas dándole al balón. 2.- Periodista en sala de prensa pregunta a un entrenador de baloncesto: “¿Qué piensa sobre la ausencia de Augusto lima en la mitad de las eliminatorias para ver el nacimiento de su hijo?” Entrenador: ¿Qué pienso? Yo le he dejado. Periodista: ¿Pero es normal esto en unas semifinales? Entrenador: ¿Tienes hijos? Cuando los tengas, lo entenderás. Es la mejor experiencia del ser humano. Es una buena pregunta. ¿Piensas que el baloncesto es lo más importante? Periodista: No, pero es una seminifinal y es importante. Entrenador: Semifinal, ¿Pero es importante? Periodista: El equipo (….) Entrenador: Cuando seas padre entenderás qué es lo más importante en la vida. Vienes y hablas. Porque es lo mejor del mundo. Créeme, ni títulos ni nada más.   Son dos ejemplos de cómo los acontecimientos deportivos paralizan nuestra vida. El primero, es real, y esa tarde, como en tantas tardes de finales, clásicos, semifinales…, el mundo se para para olvidarnos de todo. Lo importante ahora es el resultado final. Ya no importa nada más.  Importa que gane mi equipo.  Hay quien se enferma por los resultados finales. La emoción es tal que pierden la vida por ver cómo gana o pierde su equipo. El segundo ejemplo es de un vídeo que se ha hecho viral de un entrenador de baloncesto de la Liga Lituania. Un vídeo que es un sí a la vida y a la paternidad. Un vídeo en el que el entrenador deja sin palabras a un periodista, para el que lo más importante en estos momentos es la semifinal. Un vídeo que ha servido para que por lo menos en un día se recuerde al mundo que “ser padre es lo más importante del mundo, ni títulos ni nada”. Así está la sociedad. Así estamos, promocionando la cultura de lo anecdótico, de la competitividad absurda; la cultura del momento; poniendo freno a nuestra vida para vivir el momento, sin saber qué es lo realmente importante. Que la vida de un hijo no sea tan relevante como para que alguien no se pierda una semifinal; o que demos prioridad a 90 minutos de fútbol por una clase de inglés o dejemos de lado nuestras obligaciones; que hoy en día cuando se planifican acciones se tenga en cuenta: ¿Hay fútbol? ¿Hay final? Todo esto pone de manifiesto en qué ponemos nuestra atención y a qué damos relevancia; y qué poco valoramos lo realmente importante, quizás porque ya no sabemos ¿Qué es lo importante? El deporte nos aporta muchos valores como son el esfuerzo, la superación, la dedicación y la deportividad, pero cuando lo exageramos hasta extremos que pasan a primera línea en nuestra vida, ya es preocupante, dándolo mucha más importancia de lo que tiene. ¿Y entonces vale la pena? ¿Quién pone los límites? En nosotros está discernir qué puesto ocupa en nuestra vida queda.    

GRUPO AREÓPAGO

¿Decisión verdaderamente libre?

Las Cortes Valencianas han aprobado, el pasado 24 de marzo, la Ley 6/2017, cuyo único artículo tiene por objeto derogar la Ley 6/2009 de protección de la maternidad que se impulsó en una legislatura anterior con la finalidad de ayudar a las mujeres embarazadas en situación de vulnerabilidad económica y social. La justificación de la misma no puede ser más clara: se parte de la premisa de que “desde el poder público no se debería interferir nunca en una decisión que debe corresponder únicamente a la mujer gestante” y se hace desde el “respeto absoluto a las decisiones libres y responsables, así como desde la convicción de que los poderes públicos deben garantizar el apoyo a estas decisiones”. Cierto es que las leyes, empleadas como instrumentos de propaganda en uno u otro sentido, de poco sirven para cambiar la realidad si no van acompañadas de políticas concretas de aplicación de las mismas y de la dotación económica necesaria. Pero no menos cierto es que partir de la consideración de que la decisión de disponer de la vida de un ser humano es responsabilidad única de la madre supone, en última instancia, abandonarla a su propia suerte. Una decisión sólo puede ser libremente adoptada si la persona que ha de tomarla lo hace sin presión ni hacia un lado ni hacia otro. Suprimir ayudas, omitir información, prescindir del padre, en definitiva, condenar a la soledad no es precisamente favorecer una decisión libre y responsable. Un embarazo no deseado puede suponer inicialmente un drama para la madre que, en no pocas ocasiones, se encuentra sola por el rechazo de su pareja, el abandono de su familia o la carencia de recursos o que, incluso, se ve presionada para “poner fin al problema”. Pero, aunque fallen las personas, quien no debería fallar es el Estado, el conjunto de la sociedad, la comunidad en la que se inserta. Es, desgraciadamente, lo que ocurre con iniciativas normativas de esta naturaleza, al sostener que el aborto es una decisión exclusivamente individual e íntima: todos estamos danto la espalda a una mujer que nos necesita y a un niño que quiere nacer. La mayor parte de nosotros no somos parlamentarios y, por tanto, no tenemos capacidad de elaborar normas. Pero sí elegimos a nuestros representantes políticos y, en consecuencia, este tipo de opciones políticas debería ser debidamente ponderado a la hora de ejercer nuestro derecho al voto. Además, es mucho lo que podemos hacer en lo concreto: iniciativas ciudadanas, como Proyecto Mater, que se dedican a apoyar, de verdad –poniendo nombre y rostro a la mujer que se plantea abortar–, bien merecen nuestra atención, nuestro tiempo y nuestro apoyo económico. En ausencia de leyes injustas, contribuyamos con nuestros propios medios a construir la auténtica justicia y a trabajar por la verdadera libertad.

Grupo Areópago

Violencia contra la mujer

violencia Recientemente se han publicado los datos extraídos del informe anual de 2016 del Observatorio contra la violencia doméstica y de género del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). Según estos datos, el número de denuncias presentadas cada día por violencia contra la mujer, asciende a trescientas noventa y una. El número de mujeres fallecidas en ese mismo año, fue de cuarenta y cuatro. A pesar de todos los esfuerzos realizados por las distintas administraciones y asociaciones, a pesar de las campañas de sensibilización que diariamente podemos ver en cualquier medio de comunicación, en redes sociales, etc; las cifras son ciertamente alarmantes. ¿Qué está ocurriendo para que este despliegue mediático, todos los esfuerzos hechos desde la educación y la cultura, no estén dando aparentemente ningún fruto y las estadísticas sean tan absolutamente dramáticas? Las generaciones más jóvenes educadas en la tolerancia, en el reconocimiento de la mujer como igual, en el respeto a todos. Los jóvenes que han crecido celebrando el día de la mujer, participando en manifestaciones que reivindican sus derechos, sufren este drama de modo más acusado aún según estas mismas estadísticas. Quien deduce que la violencia en el seno de la familia, es un fruto de una guerra de géneros, parte de un grave error y es por eso que al hacer mal el diagnóstico, el remedio aplicado no da el fruto que se espera. ¿Qué estamos haciendo mal? Sin duda, como decíamos antes, en primer lugar hay un error en el diagnóstico de la causa. Es imposible que los “remedios contra la violencia” den fruto si olvidamos que el hombre es unidad de alma y cuerpo. Cualquier medida que olvide esta realidad, aunque se ponga en marcha con la mejor de las intenciones, quedará en papel mojado, porque no estará atajando el mal desde su raíz. Las medidas a aplicar tendrán que ir necesariamente dirigidas a fomentar ese reconocimiento en el otro de un igual, de un hermano y por supuesto a tratar de curar, de sanar aquellos comportamientos que generan en el agresor estas conductas, sin olvidar que el hombre necesita también recibir cuidados en su dimensión espiritual y que es en esa área donde encontramos muchos de los comportamientos que dan origen a  esta violencia y falta de respeto al “próximo”.

Grupo Areópago

Madres de alquiler

Hace unos años, parece que siglos, un sector de nuestra clase política salía a las calles para defender la familia, el matrimonio y la vida. Hoy sabemos que ese sector ya no defiende la vida, poco le importa la familia, y dice que hay en la sociedad española un debate sobre los vientres de alquiler que han venido en llamar: “maternidad subrogada”. Se puede constatar en las cafeterías, en la peluquerías, en las colas de los supermercados, en las puertas de los colegios, a la entrada de un partido de fútbol, es decir, allí donde se reúne un grupo de personas todos hablamos de las madres de alquiler; bueno de la gestación subrogada. Este nuevo debate y derecho que nos quieren imponer, una vez más, quienes se creen los únicos intérpretes de la voluntad popular. Nos libraremos de este debate por la oposición de las mujeres feministas que en un manifiesto han puesto algunos puntos sobre las íes en esta supuesta necesidad de nuestra sociedad. Este manifiesto se llama: “no somos vasijas”. No podemos afirmar que estamos de acuerdo con todo lo que estas mujeres exponen, pero con ellas resaltamos esta idea: La gestación (esto es el embarazo) no es algo que se pueda vender o alquilar. La gestante, como dicen los gurús de los nuevos debates, no es una empresa con quienes se establece una relación comercial. La gestante es una mujer embarazada que espera un hijo y que desde el vientre establece unos vínculos de amor y de afecto con una criatura, que sin conocer su cara, es el amor de su vida. “Ser madre no significa sólo traer al mundo un hijo, sino es también una elección de vida: ¿qué elije una madre? ¿Cuál es la elección de vida de una madre? La elección de vida de una madre es la elección de dar vida” Estas palabras del Papa nos recuerdan que Las madres son el antídoto más fuerte a la difusión del individualismo egoísta. Ojalá seamos capaces de transmitir esta luz: la que nace del amor de una madre y volvamos a dar sabor a nuestras sociedades que por egoístas se están volviendo insípidas.  

Grupo AREÓPAGO

No importa si tus hijos no te escuchan, te ven

padres Impactante es una noticia sobre dos padres que iniciaron una pelea en un partido de fútbol de categoría de los  juveniles. Los hechos sucedieron en Gran Canaria, cuando en un partido de fútbol que se desarrollaba con normalidad, en el minuto 60 dos aficionados comenzaron una fuerte discusión que acabó en golpes y en agresiones mutuas. Dos aficionados que resultaron ser padres de los jugadores. Una vez más vuelve a surgir la violencia en el fútbol, incidentes que se aborrecen desde todas las instituciones, pero ¿se condena el hecho de que los que se pelean sean padres?   Este suceso tan vergonzoso que ocurrió puntualmente en Gran Canaria, y que alguien grabó con su cámara, se produce cada fin de semana en cientos de partidos y de actos deportivos, donde los padres acompañan a sus hijos y donde insultan al árbitro o a los propios deportistas; donde se discute o se pelean por tonterías que suceden en el acontecimiento deportivo y que nada tienen que ver con el deporte. El deporte tiene que ser un medio para fomentar buenos valores, como el trabajo en equipo, o el respeto mutuo, pero nunca deben fomentar la rivalidad mal entendida. En este tipo de acontecimientos los padres más que nunca deben dar ejemplo de respeto, de tolerancia, de buen comportamiento, y de buena educación.  ¿Qué podemos pedir a un niño si su padre tiene comportamientos agresivos y violentos? Resulta muy lamentable y muy doloroso el ejemplo que se da a nuestros hijos. Educar a un hijo no es tarea fácil y más en la sociedad actual en la que vivimos, donde los actos violentos son constantes, pero no hay que olvidar que los hijos son el mejor reflejo de los padres, el niño proyecta en su comportamiento lo que vive. Decía Santa Teresa de Calcuta que “no importa si tus hijos no te escuchan. Te ven”. Los padres debemos ser el primer ejemplo de integridad, de amor y de respeto a los demás.  La familia tiene que ser modelo de conducta para sus hijos y es dentro de la familia donde los niños aprenden a comportarse, a convivir y a relacionarse con los demás. La educación de nuestros hijos debe empezar por nosotros mismos, por nuestra casa, en nuestra familia, pues de nuestro ejemplo y de los valores que impulsemos dependerá nuestro futuro.  

Grupo AREÓPAGO

Vida familiar y vida laboral ¿Antagonistas?

vida familiar El dedicarse a una profesión, tener un puesto de trabajo y ganarse el pan con el sudor de la frente es fruto, en muchos casos, de años de preparación y formación, a la vez que del esfuerzo, dedicación y actitudes que ponemos en nuestro día a día. Vivimos en un mundo laboral en ocasiones frenético, cambiante y muy competitivo. Una vez acabada la jornada laboral, tenemos todo el derecho del mundo a sentirnos satisfechos y orgullosos de nosotros mismos o, como se dice actualmente, desarrollados profesionalmente. Pero, finalizado el trabajo, ya en el hogar, nos espera la familia, que nos exige un esfuerzo, dedicación y actitudes no menores que las del trabajo. Por lo tanto, puede que surja en nosotros la sensación de que veinticuatro horas son pocas en un día y que es un serio problema no poseer el don de la bilocación. Altas responsabilidades, el miedo al despido, falta de comprensión, horarios complicados, alargados y con falta de flexibilidad, son en muchos casos los obstáculos que han de solventar  padres y madres de familia que viven entre las tareas del trabajo, el colegio de los niños, actividades extraescolares, deberes o inesperadas enfermedades infantiles, consolidándose un estilo de vida agónico por la misma dificultad de no poder conciliar esos dos aspectos tan cruciales, como son la familia y el trabajo. Nuestra sociedad, con el objetivo de lograr el progreso, se ha preocupado de suministrar el afán de desarrollo profesional a sus individuos, aumentando su preparación, pero se ha olvidado de otro aspecto trascendental como es su desarrollo en una familia y su responsabilidad dentro de ella. Aunque ha buscado, muy acertadamente, la incorporación de la mujer al mundo laboral, se ha olvidado de encontrar el modo de compaginarlo con su maternidad; a pesar de que el hombre tiene menos dificultades en su integración en el mundo laboral, se siguen descuidando las implicaciones que conlleva ser padre; en uno y otro caso, mientras que nos hemos preocupado de lograr profesionales preparados y cualificados, hemos dejado de lado su sustento emocional y vital. Como consecuencia de todo ello, hoy por hoy, desarrollo profesional y desarrollo familiar se presentan como dos antagonistas dentro de un estilo de vida frenético, de tal modo que, tarde o temprano, situando a la persona entre la espada y la pared, llegará el día en el que tenga que elegir entre uno y otro. Todo nos hace indicar que seguimos sin comprender el papel de la familia en las personas y en la sociedad. No tenemos porqué renunciar a desarrollar nuestras habilidades y capacidades en un puesto de trabajo, pero tampoco podemos ni debemos renunciar a la experiencia de ser papás y mamás. Entre otras cosas porque tener una familia y un trabajo para sustentarla no debe ser un problema. El auténtico progreso social pasa por saber conciliar vida familiar y vida laboral.

A punto de descubrir…la familia

La siguiente noticia apareció la pasada semana de Navidad en los informativos nacionales de una cadena privada: “Los niños necesitan un entorno social y afectivo adecuado hasta que puedan volver con sus familias de origen. Este es el objetivo de la campaña ‘Millor en familia’, puesta en marcha por la vicepresidencia del Consell y la Conselleria de Igualdad y Políticas Sociales. “Los niños necesitan compartir su experiencia de vida en el contexto de una familia y generar vínculos seguros y afectuosos”, ha indicado la vicepresidenta de la Generalitat, Mónica Oltra.  Cuando asistimos indignados a los múltiples ataques que la familia está recibiendo en nuestro mundo, no podemos evitar leer con sorpresa que la Administración Valenciana está a punto de “descubrir” los maravillosos efectos que la familia tiene en la sociedad. La campaña se llama “Mejor en familia”, título que permite comprender que desde la citada Consejería se han dado cuenta de lo que supone para los pequeños crecer en un ambiente de calor, acogida, con una figura paterna y materna fuertes, estables y de cómo ello implica para los niños la posibilidad de que puedan disfrutar, ni más ni menos, de un futuro fuera de la exclusión social. Bienvenido sea. Se suele decir que “El mejor y primer ministerio de sanidad: la familia; el mejor y primer ministerio de economía: la familia; el mejor y primer ministerio de bienestar social: la familia”. Y, ciertamente, así es. A quienes nos gobiernan: tienen ustedes en sus manos el futuro de esta sociedad, el futuro que va a rodear a nuestros hijos, a los pequeños que hoy están creciendo a nuestro alrededor. No esperen a que los sociólogos les presenten sus estudios y encuestas: la familia merece ser protegida, cuidada, respaldada y potenciada. La familia merece estar entre algodones. Promover familias fuertes, sólidas, responsables, equivale a que las próximas generaciones tengan mimbres suficientemente resistentes para poder soportar, sin derrumbarse, los envites que de por sí trae la vida. Tener familias fuertes significa promover una sociedad que construye futuro con estabilidad, confianza, esperanza y sin necesidad de recurrir a escapes fáciles e ilusorios a los que se huye cuando el horizonte es negro y faltan las fuerzas para afrontarlo. Como señaló G.K. Chesterton, “Quienes hablan contra la familia no saben lo que hacen, porque no saben lo que deshacen”.

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Nichos de mercado

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Vivimos en una sociedad consumista; hasta tal punto es así que bien podemos afirmar, como ya hemos hecho en alguna ocasión, que el consumismo es, hoy día, el opio del pueblo. Sin embargo, ello no significa que consumir sea en sí mismo, negativo. Al contrario, comprar bienes y adquirir servicios forma parte de nuestra vida.

¿Cómo contribuir a un consumo responsable y basado en valores? Una buena estrategia, a tal fin, es consumir productos y servicios que nos enriquezcan como persona. Es simple, pero muy eficaz. Apoyando de forma clara, decidida y sin complejos todos aquellos productos y servicios que busquen hacer el bien, más allá del legítimo beneficio necesario para la subsistencia de quien los ofrece.

Se ha estrenado en España Footprints, la última película del director de cine Juan Manuel Cotelo, de la productora Infinito + Uno. Trata sobre el Camino de Santiago o, mejor dicho, sobre el verdadero sentido del Camino de Santiago, que no es otro que su sentido espiritual. La película, además de llamar constantemente la atención sobre la creación, por los paisajes en los que discurre su trama, ayuda a reflexionar sobre el sentido profundo de la vida, apuntando hacia la necesidad, que el hombre tiene en su corazón, del encuentro con Dios.

Acudamos en masa al cine y hagámoslo en familia, con un doble objetivo. En primer lugar, para dar alternativas de ocio saludable a nuestros hijos, dejando de lado proyecciones que nada enriquecen, más bien lo contrario. En segundo lugar, para tomar conciencia de la importancia de ser coherentes, también a la hora de consumir, para fomentar un nicho de mercado, de cine saludable y familiar, que impulse y permita la subsistencia de esta productora y de otras muchas que surgirían para cubrir esta demanda.

Esta misma reflexión es aplicable a la música, a la literatura y a muchos otros productos y servicios que se ofrecen en el mercado. Busquemos marcas que enriquezcan y hagan crecer como personas a nuestras familias, busquemos siempre lo bueno.

Grupo Areópago

Los deberes

En estos días se está hablando de la huelga de deberes. Dicen que los niños tienen muchos deberes, no disfrutan de su infancia, no tienen tiempo para divertirse. ¿A qué dedican el tiempo libre nuestros pequeños? Tienen muchas actividades extraescolares (refuerzo, inglés, algunas disciplinas artísticas y deportes). El resto del tiempo, de forma generalizada, lo dedican a beber y alimentarse de la televisión o de otras fuentes nacidas de las nuevas tecnologías. Y el niño, el pobre alumno, tiene que hacer los ejercicios, tareas, lecturas (deberes) de forma automática, muchas veces sin comprender lo que hace, porque con tantas cosas no hay tiempo.

Un huelga de deberes ¿Tiene sentido? Tal y como está planteada creo que no. Los profesores y maestros buscan que los pequeños afiancen sus conocimientos con las tareas cotidianas, que a modo de entrenamiento piden que sus alumnos realicen en casa. Si hubiera conflicto, falta de coordinación entre profesores, o excesivas tareas, siempre se puede dialogar, formar parte de los consejos escolares, pedir a los profesores que busquen un equilibrio; pero decir a los niños que sus profesores se equivocan es un poco arriesgado.

Ahora bien, si miramos desde otra óptica, puede que tenga sentido esta huelga de deberes:

– Si los padres, que quieren que sus hijos no hagan tarea, están dispuestos a dedicar cada día unos minutos a leer con sus hijos un buen libro, podríamos apuntarnos.

– Si los padres, que hacen huelga de deberes, están dispuestos a dar con sus hijos un paseo por los campos y explicar cada una de las estaciones del año y con ello un poco de ciencias naturales, nos apuntamos a la huelga.

– Si no tener deberes quiere decir que los padres apagarán la tele, y sí es preciso el móvil; y dedicarán la tarde a compartir lo que sus hijos han hecho en el Colegio, podemos apuntarnos a la huelga.

 

¿Es buena la huelga de deberes? Poner en tela de juicio la acción formativa de los profesores de nuestros hijos no puede ser bueno. Ahora ser responsables y dedicar más tiempo a la principal tarea que tienen todos los padres que es la educación de los hijos, no sólo es bueno es urgente.

 

Grupo AREÓPAGO

El recuerdo de Laura

Fuente: El Periódico

Fuente: El Periódico

Querida Laura:

Estos días muchos buscan culpables de tu muerte inútil. ¿Tendrían que detener a la persona que os vendió la bebida alcohólica, a tus amigos que no te llevaron con rapidez al centro de salud, a tu familia que te permitió participar en un botellón siendo tan joven? Posiblemente todos buscamos un culpable de tu muerte para poder seguir con nuestra vida anestesiada.

El problema de tu muerte no es buscar un culpable, o muchos, sino buscar responsables; es decir, ¿quién o quiénes pueden o podemos responder de tu muerte? Y esto ya es más escabroso. Pero intentamos aventurar algunas respuestas.

-Es responsable la sociedad que permite macro-botellones y que, muy a menudo, se justifica diciendo: son jóvenes, tienen que divertirse. Eso sí, cuando hemos conocido tu muerte, todos nos rasgamos las vestiduras y decimos: No hay derecho, no se puede permitir. Palabras de condena que de poco o nada servirán porque nadie denunciará a su vecino por dar alcohol a un menor, es más puede que lo justifiquemos.

-Son responsables los medios de comunicación y las redes sociales, que permiten y presentan como un modo de diversión, de pasar un gran momento, de vivir a tope, la ingesta del alcohol u otras sustancias.

– Somos responsables las familias que, en vez buscar alternativas de ocio para nuestros hijos, dejamos que otros les introduzcan en la vida y diversión adulta sin preguntarnos ni cómo, ni con quién.

– Son responsables los amigos mayores, las pandillas, que afean a aquellos que optan por no beber. Esos amigos que consideran que con un poco de bebida se puede ligar y hacer otra cosas mejor.

Tenemos una gran tarea: evitar que esto vuelva a pasar. Sociedad, medios de comunicación, familia, amigos, escuelas todos juntos debemos empezar a fomentar y cultivar tiempos de ocio sanos que ayuden a las personas a crecer y a divertirse sin necesidad de evadirse.

Esperamos que tu recuerdo nos sirva para ello. Adiós, Laura.

Grupo Areópago