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Criminalizar al que piensa diferente

pensar Está pasando. La inversión de los valores comunes que han sostenido nuestra civilización durante siglos se encuentra a punto de alcanzar su fin. Vaciados de contenidos, desprestigiadas socialmente las personas e instituciones que los sostienen, impuestos mayoritariamente otros que se consideran los adecuados para la sociedad actual, solo queda el toque final: criminalizar al que piensa diferente. Francia acaba de aprobar una norma que habilita a las autoridades públicas a cerrar webs que manifiesten, con imágenes de casos reales, su oposición al aborto, a pesar de que implica el asesinato de un niño y está probado que causa trastornos a la madre; hace apenas unos meses la Comunidad de Madrid publicó una ley que permite sancionar a quienes defienden en las aulas que nacemos hombres o mujeres y ello marca nuestra existencia, aunque la ciencia demuestra que es así; aumentan las demandas contra declaraciones de Obispos, aunque se limitan a presentar a sus fieles el Magisterio de la Iglesia fundado en la naturaleza del ser humano. Todas ellas son manifestaciones claras de un doble hecho: se ha instaurado a nivel cultural un nuevo orden moral, contrario a la realidad de las cosas y a la verdad de las personas en algunos extremos, que cuenta con instrumentos propios para ser impuesto en la práctica a quien piensa diferente. Con ello, se pierde la libertad de expresión (y de pensamiento, conciencia y religión), aun en los casos en los que no sea ejercitada contra nadie y con ello se defiendan planteamientos objetivos y perfectamente argumentables. No hay lugar para el diálogo; no existe espacio para una verdad que no sea la instaurada oficialmente. Es la nueva dictadura a la que se enfrenta nuestra sociedad occidental. ¿Seremos capaces de darnos cuenta de ello y reaccionar a tiempo?

Grupo Areópago

La música en la vida

musica

Cada 22 de noviembre, los músicos celebran su patrona, Santa Cecilia. Cada día la música forma parte de nuestras vidas, es un arte que nos afecta en nuestra vida cotidiana,  y que ha estado presente en todas las sociedades a lo largo de la historia.  Quién no tiene un músico preferido o tiene una canción favorita o la banda sonora de una película que nos  recuerda un  momento especial en nuestras vidas, y que prefiere frente a los millones de melodías que existen, y que se crean cada día.

La música es un arte y además es un lenguaje de comunicación, a través de este lenguaje podemos transmitir alegría, tristeza, fuerza, nos puede ayudar a reflexionar o incluso mejorar nuestro estado de ánimo.

Dicen que la música es muy beneficiosa para los bebés. Incluso antes de nacer, se recomienda que los bebés escuchen  música porque estimula su capacidad de atención, les aporta tranquilidad, etc. La música puede ser terapéutica: ayuda, entre otros beneficios, en el desarrollo físico y psíquico de los más pequeños.

Podemos decir que la música también es una herramienta de comunicación de valores porque además de producir placer y bienestar cuando lo escuchamos o tristeza en función de las circunstancias, nos ayuda a transmitir valores como la solidaridad, el amor, la esperanza, la justicia, la responsabilidad, incluso algo tan especifico como es  evangelizar. Como es el caso del sacerdote Daniel Pajuelo que evangeliza a través del ritmo del rap y hip-hop, que predica a través de sus canciones, ofrece su testimonio de fe en sus conciertos.

Estos son  algunos ejemplos del buen uso de la música,  pero también es cierto que la música puede influir en la forma de pensar y de actuar de las personas, puede  ser un medio de comunicación de la violencia, de transmisión de anti-valores, puede producir efectos negativos, agresivos en los comportamientos de las personas,  como son algunas canciones de reggaeton, por poner un ejemplo, que provocan conductas violentas en adolescentes.

Dice el Papa Francisco que “la música tiene la capacidad de unir las almas”, que con motivo del Día de Santa Cecilia, la música sea un instrumento de paz entre los pueblos y entre las personas  que tanta falta hace en nuestros días.

Grupo Areópago

La cobra

RTVE

RTVE

“ -¿Qué te pasa? ¿Estás triste? , le pregunta una amiga a otra mientras esperaban el bus urbano para ir a estudiar por la mañana temprano.

-¿Por qué estás triste?, insiste la chica joven.

-Porque al final hubo cobra, responde compungida la amiga”.

Esta es una de innumerables conversaciones que estos días hemos escuchado en innumerables y diversos sitios de España. Esta conversación real fue en la parada del autobús y es que España despertaba el 1 de noviembre con una noticia que parecía paralizar el mundo “¿Hubo cobra entre Bisbal y Chenoa?”. Una noticia que ha abierto telediarios; las redes sociales ardían con las respuestas, y ha llenado minutos de radio y mucha tinta de periódico.

¿Qué nos está pasando? Los medios de comunicación tienen una gran influencia mediática, de eso no hay duda. La agenda de la comunicación de las televisiones condiciona nuestro día a día. Si sale en la televisión se conoce. Las noticias son noticias mientras salgan en los titulares de televisión o de las radios o en la parte izquierda de los medios digitales o sean aperturas en la prensa escrita. Sin duda alguna ayudan en la difusión, pero también pueden contribuir a que dar relevancia a noticias que no lo son y a crear una realidad que poco puede interesar.

¿Hubo cobra entre Bisbal y Chenoa? Lejos de ser algo anecdótico, la noticia del Sí o  del No, debería darnos igual. Que nuestros jóvenes y no tan jóvenes se mostrasen preocupados porque hubo cobra es un tanto alarmante. Nos estamos perdiendo en la escala de valores y en la escala de saber qué es lo realmente importante.

Si la noticia más significativa del 31 de octubre fue que hubo “cobra” o no y que el minuto de oro de esa noche fue el “momento cobra” nos tiene hacer pensar en qué sociedad estamos creando; si nuestros hijos no duermen pensando en el desplante o no de Bisbal a Chenoa; si los medios de comunicación dedican millones de segundos a analizar desde un ángulo u otro si hubo o no cobra.

Hay noticias que nunca serán noticias porque no entran en el juego del sensacionalismo ni son mediáticamente atractivas porque no hay escándalo alguno. Hay noticias que nosotros mismos no nos creemos que sean noticias.  El Papa Francisco en el Mensaje de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de este año nos da la clave: “La comunicación tiene el poder de crear puentes, de favorecer el encuentro y la inclusión, enriqueciendo de este modo la sociedad”. Si hubo o no cobra, ¿enriquece a la sociedad?¿Favorece el encuentro?

 

 

Grupo AREÓPAGO

La cobra

RTVE

RTVE

“ -¿Qué te pasa? ¿Estás triste? , le pregunta una amiga a otra mientras esperaban el bus urbano para ir a estudiar por la mañana temprano.

-¿Por qué estás triste?, insiste la chica joven.

-Porque al final hubo cobra, responde compungida la amiga”.

Esta es una de innumerables conversaciones que estos días hemos escuchado en innumerables y diversos sitios de España. Esta conversación real fue en la parada del autobús y es que España despertaba el 1 de noviembre con una noticia que parecía paralizar el mundo “¿Hubo cobra entre Bisbal y Chenoa?”. Una noticia que ha abierto telediarios; las redes sociales ardían con las respuestas, y ha llenado minutos de radio y mucha tinta de periódico.

¿Qué nos está pasando? Los medios de comunicación tienen una gran influencia mediática, de eso no hay duda. La agenda de la comunicación de las televisiones condiciona nuestro día a día. Si sale en la televisión se conoce. Las noticias son noticias mientras salgan en los titulares de televisión o de las radios o en la parte izquierda de los medios digitales o sean aperturas en la prensa escrita. Sin duda alguna ayudan en la difusión, pero también pueden contribuir a que dar relevancia a noticias que no lo son y a crear una realidad que poco puede interesar.

¿Hubo cobra entre Bisbal y Chenoa? Lejos de ser algo anecdótico, la noticia del Sí o  del No, debería darnos igual. Que nuestros jóvenes y no tan jóvenes se mostrasen preocupados porque hubo cobra es un tanto alarmante. Nos estamos perdiendo en la escala de valores y en la escala de saber qué es lo realmente importante.

Si la noticia más significativa del 31 de octubre fue que hubo “cobra” o no y que el minuto de oro de esa noche fue el “momento cobra” nos tiene hacer pensar en qué sociedad estamos creando; si nuestros hijos no duermen pensando en el desplante o no de Bisbal a Chenoa; si los medios de comunicación dedican millones de segundos a analizar desde un ángulo u otro si hubo o no cobra.

Hay noticias que nunca serán noticias porque no entran en el juego del sensacionalismo ni son mediáticamente atractivas porque no hay escándalo alguno. Hay noticias que nosotros mismos no nos creemos que sean noticias.  El Papa Francisco en el Mensaje de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de este año nos da la clave: “La comunicación tiene el poder de crear puentes, de favorecer el encuentro y la inclusión, enriqueciendo de este modo la sociedad”. Si hubo o no cobra, ¿enriquece a la sociedad?¿Favorece el encuentro?

 

 

Grupo AREÓPAGO

El mundo de Pokemon Go

POKEMONg

Hace apenas unos días muy pocos sabíamos qué era eso de Pokemon Go, más allá de relacionarlo con un simpático muñequito amarillo con grandes coloretes que aparecía en una serie de televisión. Hoy, sin embargo, todo el mundo habla de ello: los telediarios abren con recomendaciones sobre su uso, se organizan “quedadas” multitudinarias, los periódicos informan sobre personas que han alcanzado el nivel máximo del juego o sobre accidentes provocados por utilización irresponsable y hasta auténticos profesionales, en pleno trabajo, caen en la tentación de abrir la aplicación y ponerse a cazar “pokemons” en medio de una reunión. Ello ocurre en todo el mundo, en Oriente y en Occidente, con personas de todas las edades.

Aunque es más que seguro que en unos días todos nos olvidaremos del juego y con independencia de las aplicaciones comerciales y publicitarias que conlleva, la anécdota pone de manifiesto un hecho indiscutible: cada vez más nuestro mundo ordinario es la –mal llamada–  realidad virtual. Inconscientemente, la conjunción generada por la suma de internet y teléfonos móviles están cambiando no sólo nuestras costumbres y modelos de convivencia, sino, incluso, nuestros modos personales de ser. Es una fase más en la evolución del ser humano, que apunta hacia su transformación en ser virtual, es decir, en una persona que existe en un mundo paralelo irreal.

Lo característico de todo ser humano es su individualidad y su capacidad social para relacionarse con el entorno. Necesitamos presencia, conversación, contacto, para vivir, sentir y amar. Un móvil jamás podrá convertirse en un auténtico sexto sentido, pero sí tiene la capacidad de captar en exclusiva la atención de los otros cinco y, con ello, de anularlos. Renunciar a la experiencia real es renunciar a la vida.

 

 

Grupo AREÓPAGO