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No necesita fama, necesita un corazón

¿Sabes quién es Salvador Sobral? En los últimos meses hemos oído hablar de este joven cantante luso. Se hizo famoso por ser el ganador de la última edición del Festival de Eurovisión. Salvador Sobral tiene una enfermedad: se encuentra afectado de un grave problema cardiaco. Su estado de salud es muy delicado desde su victoria en Eurovisión y en estos días ha anunciado que se retira temporalmente de su carrera profesional. La razón: necesita un trasplante de corazón de manera urgente. El músico e intérprete de Amar pelos dois no puede continuar su carrera, ya que su problema de salud le impide hacer una vida normal. Esta historia del joven portugués puede ser la historia de mucha gente anónima que vive con la necesidad de un trasplante de corazón, de riñón o de otro órgano vital. Son muchas las personas que esperan durante mucho tiempo que llegue la solución a su problema, que llegue en cierto modo su salvación. Esperan la llamada de teléfono anunciando un trasplante; esperan que su calidad de vida mejore. Se trata, en definitiva, de empezar de nuevo. La donación de órganos es una decisión particular de cada uno. Este gesto tan altruista y solidario es un gesto escaso hoy en día. Nos falta concienciación. Donar, tras el fallecimiento de una persona, significa dar vida a otra persona; es un canto a la vida; es ofrecer una nueva oportunidad para vivir a otros. Para la Iglesia Católica donar es una forma particular de caridad (así lo afirmó el Papa emérito Benedicto XVI a los participantes del Congreso internacional sobre el tema de la donación de órganos organizado por la Academia Pontificia para la Vida, el 7 de noviembre de 2008), y en esta forma de amar es muy importante tomar conciencia de lo fundamental que es donar órganos, de dar vida al otro de manera altruista. Un amor que se multiplica. Personas como Salvador Sobral nos ofrecen la oportunidad de ser conscientes de la necesidad de este acto. A cualquier edad podemos ser donantes y a cualquier edad podemos ayudar a otras personas, incluso después de morir. Pensémoslo. Demos esa oportunidad.    

GRUPO AREÓPAGO

Cuando hasta los camellos se mueren de sed

El padre Christopher Hartley nos pide ayuda desde Etiopía:

Cuaresma, 2017

Queridos amigos de la misión:

En Gode y en la región somalí de Etiopía, hace ya un año y medio que no ha caído ni una gota de lluvia.

Aquí todo se está muriendo.

Es dramático ver a las gentes llegar al hospitalucho de Gode, por cualquier medio de transporte, incluido carretas tiradas por burros, con pacientes escuálidos y moribundos.

En estos momentos Gode está siendo arrasado por una espantosa epidemia de cólera.

Las gentes llegan en el último aliento y a veces mueren a los poco minutos en manos de médicos impotentes ante la magnitud de la tragedia.

Es tan triste y desolador ver los sembrados devastados por la sequía. Aquí ya no crece nada, ni el maíz, ni la soja, ningún tipo de cereales, todo se lo lleva el viento en nubes gigantes de polvareda que todo lo ensucia y viste de gris.

Cada mañana cuando salgo de casa, antes del amanecer, para celebrar la santa Eucaristía, veo como aumenta el ganado muerto a la orilla del camino, vacas, cabras, ovejas… El hedor es espantoso y el espectáculo tristísimo.

Ahora mismo en Gode solo se respira muerte y desolación.

Desde hace un par de meses tenemos un médico joven inglés colaborando con nosotros, que pasa mañana y tarde en el hospital público. Gracias a él estamos recibiendo información de primerísima mano de la magnitud del drama que están viviendo estas gentes.

Así, el jueves pasado, 2 de marzo, nos alertó que estaba llegando un número inusual de pacientes agonizando (de hecho, los seis primeros en llegar murieron en el hospital de Gode esa misma tarde), traídos de la zona del Afder, cuya capital es Hargele.

Pronto supimos que el problema radicaba en que, por la desesperación de llevar agua en camiones a los poblados más lejanos, algunas ONGs había cogido agua de una presa cercana a la ciudad de Hargele, que estaba completamente contaminada y podrida.

La ONG en concreto era la Islamic Relief Service.

Entrega de medicinas al director del hospital, gracias a vuestros donativos; en la bolsa roja, abajo a la derecha, van medicinas donadas por vosotros en España traídas en mi maleta ¡Dios os lo pague!

Esa misma noche cargué el vehículo todoterreno de la misión con todas las medicinas que teníamos en ese momento a nuestra disposición y a las 5 am el viernes pasado me fui a Hargele. Son 230 kilómetros de terrible carretera. Antes de las 10 de la mañana ya estaba en el hospital de la ciudad. Me reuní con el director médico e hice entrega de las medicinas. Fue tristísimo oír este hombre, Abdisalem Mohamed, contar la tragedia de todos esos cientos de personas que llegaban a diario infectados de tifus en grado terminal.

 

Raxxo, la niña de la izquiera y Abdi el niño de la derecha, gravemente afectados por el tifus.

Nos acompañó a visitar a algunos de los pacientes. Sobre todo, ver a los niños fue conmovedor. La angustia de los padres que ya habían visto morir a otros de sus hijos por la maldita agua contaminada de la ONG. El director nos rogó, casi de rodillas que tratáramos de mandar más medicinas y alimentos para los pacientes.

En estos días en que toda la Iglesia, como esposa fiel de Jesucristo, acompaña su vía crucis por las incontables vías dolorosas de este mundo, no es difícil reconocer el rostro de la pasión de Cristo en los pequeños cuerpos macerados de estos chiquillos.

 

Esta es la nueva alberca donde reciben el agua no contaminada. Parece una triste ironía llamar a esto agua limpia; mirad sino a la mujer abajo a la izquierda que con un cacito y un plato recoge agua de entre el fango, donde orinan
cabras y ovejas…

A media mañana decidí que era imperativo buscar los poblados de donde llegaba la gente enferma para de verdad entender el problema. Lo que nadie me había aclarado es que no había en realidad camino para llegar a esos asentamientos; así que con el 4X4
puesto y apretando los dientes, recorrimos esos 40 interminables e inolvidables kilómetros.

Llegamos todos cubiertos de polvo de pies a cabeza y abrasados de calor. La gente en seguida se arremolinó a nuestro alrededor, para contarnos su tragedia. Fuimos al pozo contaminado y vimos el agua pútrida, causante de tanta muerte y desolación.

 

Los hombres del poblado contándonos detalles de la tragedia y pidiendo ayuda urgente: agua potable, comida y medicinas. Les prometí ayudarles en lo que estuviera al alcance de la Iglesia

Por el camino vimos muchos animales que habían muerto de sed e inanición. La gente nos decía: “Abba (padre) cuando aquí hasta los camellos se mueren de sed es que a nosotros no nos queda mucho de vida”.

Vaca muerta en estado de putrefacción, bajo el implacable sol. Caldo de cultivo para enfermedades como el ántrax.

Pedí que me llevaran a ver a los enfermos que estaban demasiado graves para ser trasladados al hospital de Hargele. Me enseñaron una cabaña en la que yacían en el suelo varios enfermos.

Había dos muchachos muy jóvenes con una bata blanca raída de enfermeros. Les pregunté por los síntomas: “¿tienen fiebre?” inquirí; uno agachó la cabeza, avergonzado y me respondió: “no sabemos porque no tenemos termómetro”.

Esta mujer estaba demasiado débil para ser trasladada al hospital.

Les regalé las pocas medicinas que aún nos quedaban y algo de agua potable. Teníamos que regresar a Gode y nos quedaban más de cinco horas de carretera. Uno se siente tan impotente, tan turbado por dentro cuando ves estas escenas…

Te preguntas simplemente “¿Por qué?” ¿Por qué estas gentes, por qué millones de gentes viven así? ¿Por qué mientras esta mujer no tiene ni un termómetro, otras mujeres se gastan una fortuna en una absurda cirugía estética?

 

Vivimos en un mundo de locos. Definitivamente.

Al desandar el sendero de los poblados hacia Hargele, de la nada, de detrás de los arbustos, venían corriendo trás de nuestro vehículo, niños que nos gritaban con la desesperación escrita en el rostro: “biyo, biyo, biyo (agua en somalí).”

Todavía nos quedaban cinco horas de carretera de vuelta a Gode. Pensaba en tanta agua como había visto en mi vida: ríos, piscinas (la de mi casa, por ejemplo…), estanques, fuentes preciosas de tantas ciudades, lagos… Tanta agua como había visto… agua que jamás se beberá nadie, agua para la diversión, ¡hasta parques acuáticos! Agua para el adorno estético de una plaza… Y ver niños y niñas desesperados, correr tras de mi coche mendigando un litro de agua… Me parecía todo tan grotesco y absurdo…

Saliendo de la cabaña que hacía las funciones de “centro médico”.

¡¡En qué mundo vivimos!!
Y por doquier, animales muertos, en estado de putrefacción, bajo un inmisericorde sol de más de 45 ºC. Campo abonado para la difusión del ántrax y tantas otras enfermedades contagiosas, peligrosísimas para la sobrevivencia de estas pobres gentes.

Repartimos más de quince botellas de agua como esta, por la ventanilla del vehículo, a niños pastores.

La cabeza me daba vueltas, mientras pensaba en soluciones, en la ayuda que se les podría llevar.

Las medicinas que más nos hacen falta son: Ceftriaxone IV, gentamicin IV, ringer lactate, DNS, Normal saline, glucose 40%, oral amoxicillin, ciprofloxacin, levofloxacin, norfloxacin, co-trimoxazole, ibuprofen syrup, paracetamol syrup, amoxicillin syrup.

Ante un espectáculo como este, uno no sabe, ni qué pensar, ni que decir, ni que hacer…

Si tuviéramos los recursos, se los podríamos suministrar al hospital de Hargele desde Gode, ya que la mayoría de estos medicamentos son accesibles aquí. Necesitaríamos fondos para pagar el combustible de los vehículos nuestros que van y vienen a las zonas de emergencia y, por último, fondos para comprar alimentos de primera necesidad.

 

El hedor era insoportable. Horrible ver poblado tras poblado, a cuyas orillas se amontonaba el ganado muerto de sed e inanición. Foco infeccioso peligrosísimo para estas gentes cuyo sistema inmunológico es debilísimo.

En el camino de vuelta, pensaba, emocionado, en medio de tanto horror como había visto ese día, que era la primera vez que estas gentes habían visto el rostro de la caridad, por la presencia de un sacerdote católico.

Era la primera vez en la historia que la Iglesia Católica llegaba a la zona somalí del Afder. Y daba gracias a Dios que, como dice San Pablo: “se fio de mí y me confió este ministerio”.

Y me venían a la mente las palabras que acababa de meditar en días anteriores de nuestro Santo Padre el Papa Francisco en su mensaje de esta Cuaresma:

[…] Lázaro nos enseña que el otro es un don. La justa relación con las personas consiste en reconocer con gratitud su valor. Incluso el pobre en la puerta del rico, no es una carga molesta, sino una llamada a convertirse y a cambiar de vida. La primera invitación que nos hace esta parábola es la de abrir la puerta de nuestro corazón al otro, porque cada persona es un don, sea vecino nuestro o un pobre desconocido. La Cuaresma es un tiempo propicio para abrir la puerta a cualquier necesitado y reconocer en él o en ella el rostro de Cristo. Cada uno de nosotros los encontramos en nuestro camino. Cada vida que encontramos es un don y merece acogida, respeto y amor. La Palabra de Dios nos ayuda a abrir los ojos para acoger la vida y amarla, sobre todo cuando es débil. Pero para hacer esto hay que tomar en serio también lo que el Evangelio nos revela acerca del hombre rico […].

Volví a casa muerto de cansancio y roto de la pena por lo que mis ojos habían visto. Desde el instante mismo en que llegué de nuevo a la misión, no he parado de darle vueltas a lo que se puede y debe hacer como Iglesia de Jesucristo que somos; testigos del amor misericordioso de Dios, que es Padre y ama a cada una de estas personas. Quizá sean personas inexistentes, irrelevantes para el mundo; quizá su tragedia sea a lo sumo una mera estadística. Para Dios no, para la Iglesia tampoco.

Son personas cuyo rostro sale del anonimato en el encuentro con una Iglesia misionera, siempre dispuesta a ir más allá, donde no ha llegado nadie. La Iglesia es la única que sabe ver en toda esta tragedia, que cada vida, cada rostro, es icono y transparencia del crucificado.

Os ruego por el amor de Dios que hagáis cinto podáis por ayudarnos. Toda ayuda, por pequeña o aparentemente insignificante que os parezca, puede ayudar a salvar una vida.

Soy voz de quienes no tienen voz, o sólo tienen un gemido ahogado, como un nudo en la garganta, gemido estridente y reseco, donde no solo no tienen agua, sino que ni siquiera les quedan más lágrimas que llorar.

La Iglesia, como Nuestra Señora Santa María, camina siempre junto a su Hijo que en la vida dolorosa de estos polvorientos senderos cae y se levanta una y otra vez. Unas veces tiene cosas que dar, otras, tiene las manos vacías (¡si lo sabré yo!), pero llenas o vacías las manos, la Iglesia caminara siempre en cada misionero, adherida como madre y esposa, al cuerpo crucificado de su Hijo, en los hombres nuestros hermanos.

Cada día en cada Santa Misa ofrezco en la patena y el cáliz, la muerte y la vida de estas pobres gentes. En esa misma oblación y ofrenda os ofrezco a todos vosotros que con vuestra caridad vestís con nosotros al desnudo, dais de beber al sediento y de comer al hambriento.

¡Por amor de Dios ayudadnos cuanto podáis!

Ante el Sagrario de la misión por todos oramos y con Nuestra Señora, Reina de la Misiones pedimos que a todos nos acoja bajo su bendito manto.

A todos os deseamos una Cuaresma en que se nos rasgue el corazón, para que demos frutos de conversión, compartiendo con los pobres tanto como a todos nos sobra.

Os bendigo a todos.
Padre Christopher

Para colaborar con la misión de Gode, aquí tenéis los datos.
Titular: Fundación Misión de la Misericordia Entidad: BANKINTER Número de Cuenta: 0128-0014-73-0100029293 Iban: ES0801280014730100029293 Código SWIFT o BIC: BKBKESMMXXX
Visitad por favor nuestras páginas web:
http://www.missionmercy.org/ y http://www.missionmercy.com/

A vueltas con la corrupción

corrupcion La palabra corrupción, cuya completa definición la podríamos encontrar analizando sus sinónimos (descomposición, putrefacción, podredumbre,…), se ha instalado en nuestra sociedad y, por tanto, en los medios de comunicación social, con una cotidianidad que llega a ser alarmante y preocupante. Instituciones, partidos políticos (de todo el espectro ideológico), asociaciones,… han estado y están marcadas, de uno u otro modo, por la corrupción; dándonos la imagen de encontrarnos ante un verdadero sistema socio – cultural, compuesto por una gran cantidad de delitos, acompañados de estrategias y finalidades. Es muy fácil hacer anidar la corrupción. Está al orden del día. Haciéndonos perder “el pudor que custodia la verdad, la bondad y la belleza” (Papa Francisco). Pero no pensemos en grandes estructuras, sino en cada uno de nosotros. La corrupción surge de lo micro a lo macro; de cada persona a la comunidad; del corazón de cada uno de nosotros al corazón del pueblo. Hablamos de un estado personal, el de los corruptos, en cuyos valores negativos encontramos capacidad doctrinal, manera de proceder, un lenguaje propio; adquiriendo tintes proselitistas, hasta llegar a un máximo nivel de complicidad, rebajándonos incluso en nuestra dignidad humana. La corrupción siempre ha oprimido al pueblo. Destruye al más débil. Ahoga al más desvalido. Silencia la verdad. Transforma la visión. Elimina la esperanza. Trasmuta las relaciones humanas, haciéndolas esclavizadoras y oscuras. La fraternidad, la amistad, la caridad, poniéndolas en el centro de la sociedad, nos ayudarán para acabar con dar más vueltas a la corrupción. Porque de otro modo seguiremos quitando algo al pueblo, que es la dignidad de cada uno, que es el claro sentido y finalidad del bien común. Pongamos en el centro al hombre. Erradiquemos la corrupción de la vida personal y social, siendo necesario para ello “prudencia, vigilancia, lealtad, transparencia, unidas al coraje de la denuncia. Si no se la combate abiertamente, tarde o temprano busca cómplices y destruye la existencia” (Misericordiae vultus 19).

Grupo Areópago

¡Con el corazón no se juega!

Imagen de RTVE

Imagen de RTVE

Todos conocemos ya a Nadia, una niña afectada por una enfermedad rara. En 2008 su padre puso en marcha distintas campañas solidarias para recaudar fondos que fueran destinados a la investigación y a la curación de la enfermedad de su hija. Muchos fueron los medios de comunicación que se hicieron eco de la enfermedad de Nadia, y muchas fueron las personas anónimas que realizaron donativos económicos para esta causa.

Las últimas noticias, que nos llegan, tratan sobre una presunta estafa que el padre de la niña ha realizado, pues la ayuda económica obtenida estos años ha sido gracias a la solidaridad y generosidad de cientos de personas. Sin embargo esa ayuda se ha destinado a otros fines que no han sido la curación de Nadia.

El padre ha mentido a toda la sociedad, a personas que se han empatizado con él y han hecho sus donativos;  ha estafado no sólo a su familia, y hasta a su propia hija, sino a todos los donantes. Ha jugado con la generosidad, el corazón y las emociones de las personas e instituciones que se han implicado en la causa. No es la primera vez que tenemos noticias sobre estafas solidarias. Pero estos hechos no pueden hacernos ser menos solidarios, no pueden impedir que sigamos colaborando con los más necesitados, con los más vulnerables, como son los pobres y enfermos.

En la Doctrina Social de la Iglesia, la solidaridad es uno de los principios fundamentales. San Juan Pablo II lo presentó como principio social y virtud moral. Frente a un mundo de desigualdades y de miseria, la solidaridad debe ser uno de los pilares de nuestra vida.

La solidaridad va unida  a la caridad, pero no sólo cuando se están acercando las fechas navideñas donde el corazón parece que se ablanda, entrando en el espíritu navideño de ayudar a los demás, aunque a veces nos encontremos con quién juega con nuestro corazón y nuestros sentimientos.

 

Grupo AREÓPAGO

Madre Teresa de Calcuta, la esencia de la Santidad

madre teresa

El Papa Francisco canonizó el pasado domingo a Teresa de Calcuta. La noticia ha tenido un fuerte impacto en todos los medios de comunicación, religiosos y generalistas, y también en las redes sociales, llegando el hashtag #iCalcuta ser trending topic en Twitter. El elogio hacia lo que hizo esta pequeña mujer albanesa, cuya imagen aún conservamos en nuestras memorias, es unánime. Creyentes, ateos, agnósticos e, incluso, laicistas confesos reconocen la impresionante labor que llevó a cabo en las periferias existenciales de Calcuta y, desde allí, en todo el mundo.

Sin embargo, se quedan simplemente en la obra, sin profundizar en lo que la condujo a ella. Madre Teresa, Santa Teresa de Calcuta, no fue solo una mujer que ganó el Premio Nobel de la Paz y que, contra su deseo, alcanzó notoriedad mundial que aprovechó para sensibilizar a todos acerca de la necesidad de ayudar a los más débiles; tampoco hemos de verla únicamente como la fundadora de las Misioneras de la Caridad, una congregación religiosa presente en todo el planeta para ayudar a los más necesitados que sigue atrayendo a miles de personas hacia esta labor; no debemos caer en el error de verla como una católica, única, elevada a los altares.

Todo ello es consecuencia de una causa común: el descubrimiento de la llamada de Dios a estar con los más pobres de entre los pobres y la respuesta valiente a lo que Él le pedía. Su gran mérito, y por eso ha sido canonizada, fue mantenerse firme en la fe,  a pesar de sus constantes dudas; atender la llamada personal de Jesús, vivo y resucitado, que le fue transmitida a través de un pobre que se le acercó para decirla que tenía sed, aunque ello le supuso renunciar a la congregación a la que pertenecía y marcharse sola y sin medios a atender a los pobres en las calles de Calcuta; renunciar a sí misma por darse por completo a los más necesitados, sin mirar por sus propios intereses ni dejarse llevar por el sentimentalismo. Su logro, en definitiva, fue saberse amada por Dios y dedicar toda su existencia a llevar y dar ese amor a quienes ni siquiera eran considerados seres humanos, porque , que debe conducirnos a mirar en nuestro interior y tratar de descubrir que existe r ese amor de Dios a quienes nÉl así se lo pidió.

Madre Teresa es la imagen de la Caridad, del amor a Dios y al prójimo como a uno mismo. Ese es su mensaje, que debe conducirnos a mirar en nuestro interior y tratar de descubrir que existe Alguien más allá de nosotros mismos que nos ama y que nos tiene reservado un concreto papel en este mundo cuya realización nos conduce a la vida eterna. Ésta es la esencia de la santidad.

 

Grupo AREÓPAGO

“Misericordia” de Benito Pérez Galdós

galdosEl triunfo de la caridad

Si hubiera que recomendar algunos libros para leer en el Año de la Misericordia, en la lista estaría sin duda esta novela de Benito Pérez Galdós. Ambientada en los barrios pobres del Madrid de finales del siglo XIX, parece un escenario propicio para recuperar al típico pícaro que engaña y maquina con su miseria para su propio beneficio, sin embargo, la protagonista de esta novela, Benigna, nos muestra un ejemplo de vida pobre que está en las antípodas de la picaresca. Benina es una mujer anciana (60 años en la España de esa época) que vive en una situación de miseria, luchando por conseguir algo de dinero para la siguiente comida, como otros muchos pobres del Madrid de la época. La diferencia es que ha hecho de su vida un empeño en ayudar a los que les rodean, especialmente a los que más lo necesitan. Al contrario que sus compañeros de infortunio, no hay en su corazón odios de clase, ni deseo de venganza, ni resentimientos por ofensas o insultos, pero esta extraña virtud pasa aparentemente desapercibida bajo una absoluta discreción. Ella sufre como todos, o incluso algo más, porque une a sus sufrimientos los de otros que la rodean; pasa hambre como todos, pero reparte su comida con los que también la necesitan; es tenida por ladrona por administrar el poco dinero mejor que su señora y por delincuente por pedir limosna para que puedan comer en casa. Para los ojos del mundo ella es vieja, fea y despreciable, solo un ciego y un loco reconocen su belleza, porque la ven de otra manera, con una mirada diferente. En los personajes y la acción queda manifiesto que la pobreza no es simplemente la falta de dinero. No faltan ejemplos de personajes con recursos que acaban en la absoluta miseria por razones más relacionadas con su incapacidad de gobernarse que con los avatares de los vaivenes económicos. El problema está en las mismas personas que solo se levantarán con un trato personal. Necesitan cariño y comprensión para poder recuperarse y hacer mínimamente útil cualquier ayuda. Pero, aun así, la reacción del miserable suele ser violenta y rencorosa y la mano que se tiende para ayudarle recibe muchas veces el reproche y el insulto, es entonces cuando solo cabe una respuesta: la misericordia. Estos personajes de Galdós ya no son los testigos del acontecer histórico, sea del pasado o del presente, ahora son ellos mismos los protagonistas de otra historia sorda que va moviendo el destino de personas concretas embarcadas en vidas anónimas. Benina no es una mujer piadosa, pero tiene un sentido profundamente religioso: «… Dios me ha puesto en el mundo para que viva, y no para que me deje morir de hambre… …Dios no tan solo ha criado la tierra y el mar, sino que son obra suya mismamente las tiendas de ultramarinos, el Banco de España, las casas donde vivimos y, pongo por caso, los puestos de verdura… Todo es de Dios» (cap. VI). Vive, por tanto, con intensidad la doctrina del destino universal de los bienes, al mismo tiempo que asume su responsabilidad sobre lo que no es suyo: «Yo prometo pagar, y pagaré cuando lo tengamos» (Cap. VI). Ella siente un natural sentido de la justicia y de la caridad, una caridad que abarca a todos: «¿O es que la caridad es una para el caballero de levita, y otra para el pobre desnudo? Yo no lo entiendo así, yo no distingo…» (Cap. XXXVIII). En este personaje Galdós reúne sus aspiraciones liberales de reforma social con el rescate de una tradición espiritual cristiana. La sociedad solo se puede transformar desde la caridad y la libertad de los que están más abajo. Este pensamiento influirá decisivamente en la generación del 98. Juliana aparece al final de la obra como un personaje importante, una especie de contrapunto a Benina. Juliana ayuda al pobre pero sin caridad, es una persona de autoridad y orden. Consigue ordenar la casa y complementar a doña Paca con una disciplina que la señora es incapaz de mantener. Sin embargo, Juliana se da cuenta de que, sin la caridad, el fruto de su esfuerzo va a perecer. Temible símbolo con el que Galdós da un toque genial al final del relato y que les dejo un poco oscuro para animar a su lectura. Después de leerlo, piensen en las distintas interpretaciones de esta parte y su aplicación en los momentos actuales. Finalmente, no puedo dejar de asociar a Benina con una frase del papa Francisco sobre la Misericordia comentando la parábola del “siervo despiadado”: «Jesús afirma que la misericordia no es solo el obrar del Padre, sino que ella se convierte en el criterio para saber quiénes son realmente sus verdaderos hijos» (Misericordiae Vultus, 9). Palabras terribles para los que no estamos a la altura. La entrada “Misericordia” de Benito Pérez Galdós aparece primero en Ediciones Trébedes.

“Misericordia” de Benito Pérez Galdós

galdosEl triunfo de la caridad

Si hubiera que recomendar algunos libros para leer en el Año de la Misericordia, en la lista estaría sin duda esta novela de Benito Pérez Galdós. Ambientada en los barrios pobres del Madrid de finales del siglo XIX, parece un escenario propicio para recuperar al típico pícaro que engaña y maquina con su miseria para su propio beneficio, sin embargo, la protagonista de esta novela, Benigna, nos muestra un ejemplo de vida pobre que está en las antípodas de la picaresca.

Benina es una mujer anciana (60 años en la España de esa época) que vive en una situación de miseria, luchando por conseguir algo de dinero para la siguiente comida, como otros muchos pobres del Madrid de la época. La diferencia es que ha hecho de su vida un empeño en ayudar a los que les rodean, especialmente a los que más lo necesitan. Al contrario que sus compañeros de infortunio, no hay en su corazón odios de clase, ni deseo de venganza, ni resentimientos por ofensas o insultos, pero esta extraña virtud pasa aparentemente desapercibida bajo una absoluta discreción. Ella sufre como todos, o incluso algo más, porque une a sus sufrimientos los de otros que la rodean; pasa hambre como todos, pero reparte su comida con los que también la necesitan; es tenida por ladrona por administrar el poco dinero mejor que su señora y por delincuente por pedir limosna para que puedan comer en casa. Para los ojos del mundo ella es vieja, fea y despreciable, solo un ciego y un loco reconocen su belleza, porque la ven de otra manera, con una mirada diferente.

En los personajes y la acción queda manifiesto que la pobreza no es simplemente la falta de dinero. No faltan ejemplos de personajes con recursos que acaban en la absoluta miseria por razones más relacionadas con su incapacidad de gobernarse que con los avatares de los vaivenes económicos. El problema está en las mismas personas que solo se levantarán con un trato personal. Necesitan cariño y comprensión para poder recuperarse y hacer mínimamente útil cualquier ayuda. Pero, aun así, la reacción del miserable suele ser violenta y rencorosa y la mano que se tiende para ayudarle recibe muchas veces el reproche y el insulto, es entonces cuando solo cabe una respuesta: la misericordia.

Estos personajes de Galdós ya no son los testigos del acontecer histórico, sea del pasado o del presente, ahora son ellos mismos los protagonistas de otra historia sorda que va moviendo el destino de personas concretas embarcadas en vidas anónimas.

Benina no es una mujer piadosa, pero tiene un sentido profundamente religioso: «… Dios me ha puesto en el mundo para que viva, y no para que me deje morir de hambre… …Dios no tan solo ha criado la tierra y el mar, sino que son obra suya mismamente las tiendas de ultramarinos, el Banco de España, las casas donde vivimos y, pongo por caso, los puestos de verdura… Todo es de Dios» (cap. VI). Vive, por tanto, con intensidad la doctrina del destino universal de los bienes, al mismo tiempo que asume su responsabilidad sobre lo que no es suyo: «Yo prometo pagar, y pagaré cuando lo tengamos» (Cap. VI). Ella siente un natural sentido de la justicia y de la caridad, una caridad que abarca a todos: «¿O es que la caridad es una para el caballero de levita, y otra para el pobre desnudo? Yo no lo entiendo así, yo no distingo…» (Cap. XXXVIII). En este personaje Galdós reúne sus aspiraciones liberales de reforma social con el rescate de una tradición espiritual cristiana. La sociedad solo se puede transformar desde la caridad y la libertad de los que están más abajo. Este pensamiento influirá decisivamente en la generación del 98.

Juliana aparece al final de la obra como un personaje importante, una especie de contrapunto a Benina. Juliana ayuda al pobre pero sin caridad, es una persona de autoridad y orden. Consigue ordenar la casa y complementar a doña Paca con una disciplina que la señora es incapaz de mantener. Sin embargo, Juliana se da cuenta de que, sin la caridad, el fruto de su esfuerzo va a perecer. Temible símbolo con el que Galdós da un toque genial al final del relato y que les dejo un poco oscuro para animar a su lectura. Después de leerlo, piensen en las distintas interpretaciones de esta parte y su aplicación en los momentos actuales.

Finalmente, no puedo dejar de asociar a Benina con una frase del papa Francisco sobre la Misericordia comentando la parábola del “siervo despiadado”: «Jesús afirma que la misericordia no es solo el obrar del Padre, sino que ella se convierte en el criterio para saber quiénes son realmente sus verdaderos hijos» (Misericordiae Vultus, 9). Palabras terribles para los que no estamos a la altura.

La entrada “Misericordia” de Benito Pérez Galdós aparece primero en Ediciones Trébedes.

Pascua 2015

pascuaoasis15Ya estamos en el Seminario Menor de Toledo celebrando la Pascua.

Queremos compartir con vosotros la gracia que suponen estos días, por lo que iremos subiendo a esta página las charlas preparatorias y las homilías de los Oficios.

Rezad por nosotros, para que nuestro corazón esté abierto generosamente al paso de Dios entre nosotros.

 

Comenzamos con las grabaciones del Jueves Santo:

Charla de preparación

Homilía de la Cena del Señor

Grabaciones del Viernes Santo:

Charla de la mañana

Charla de la tarde

Homilia

Grabaciones del Sábado Santo:

Charla

Homilía de la Vigilia Pascual

Grabaciones del Domingo de Resurrección:

Homilia

Solidaridad y libertad


SolidaridadyLibertadTodas las personas estamos llamadas a vivir en libertad y en solidaridad con los demás. Estos dos impulsos a veces entran en tensión y deben encontrar su equilibrio.

Os ofrecemos un díptico con algunas reflexiones sobre este tema, inspiradas en la Doctrina Social de la Iglesia, que os podéis descargar del siguiente enlace o de nuestra página de Material.

Solidaridad y libertad

Hemos intentado aportar ideas para la reflexión personal y en grupo sobre temas como el deber de la solidaridad, el sentido de la propiedad privada, la caridad cristiana, la subsidiariedad, la familia, el socialismo o el liberalismo.

La sociedad actual nos exige a todos participar en la búsqueda de este equilibrio entre la solidaridad y la libertad, tanto en nuestra vida personal como en la vida social. No podemos responder adecuadamente a este reto sin criterios claros con los que discernir.