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Cuando hasta los camellos se mueren de sed

El padre Christopher Hartley nos pide ayuda desde Etiopía:

Cuaresma, 2017

Queridos amigos de la misión:

En Gode y en la región somalí de Etiopía, hace ya un año y medio que no ha caído ni una gota de lluvia.

Aquí todo se está muriendo.

Es dramático ver a las gentes llegar al hospitalucho de Gode, por cualquier medio de transporte, incluido carretas tiradas por burros, con pacientes escuálidos y moribundos.

En estos momentos Gode está siendo arrasado por una espantosa epidemia de cólera.

Las gentes llegan en el último aliento y a veces mueren a los poco minutos en manos de médicos impotentes ante la magnitud de la tragedia.

Es tan triste y desolador ver los sembrados devastados por la sequía. Aquí ya no crece nada, ni el maíz, ni la soja, ningún tipo de cereales, todo se lo lleva el viento en nubes gigantes de polvareda que todo lo ensucia y viste de gris.

Cada mañana cuando salgo de casa, antes del amanecer, para celebrar la santa Eucaristía, veo como aumenta el ganado muerto a la orilla del camino, vacas, cabras, ovejas… El hedor es espantoso y el espectáculo tristísimo.

Ahora mismo en Gode solo se respira muerte y desolación.

Desde hace un par de meses tenemos un médico joven inglés colaborando con nosotros, que pasa mañana y tarde en el hospital público. Gracias a él estamos recibiendo información de primerísima mano de la magnitud del drama que están viviendo estas gentes.

Así, el jueves pasado, 2 de marzo, nos alertó que estaba llegando un número inusual de pacientes agonizando (de hecho, los seis primeros en llegar murieron en el hospital de Gode esa misma tarde), traídos de la zona del Afder, cuya capital es Hargele.

Pronto supimos que el problema radicaba en que, por la desesperación de llevar agua en camiones a los poblados más lejanos, algunas ONGs había cogido agua de una presa cercana a la ciudad de Hargele, que estaba completamente contaminada y podrida.

La ONG en concreto era la Islamic Relief Service.

Entrega de medicinas al director del hospital, gracias a vuestros donativos; en la bolsa roja, abajo a la derecha, van medicinas donadas por vosotros en España traídas en mi maleta ¡Dios os lo pague!

Esa misma noche cargué el vehículo todoterreno de la misión con todas las medicinas que teníamos en ese momento a nuestra disposición y a las 5 am el viernes pasado me fui a Hargele. Son 230 kilómetros de terrible carretera. Antes de las 10 de la mañana ya estaba en el hospital de la ciudad. Me reuní con el director médico e hice entrega de las medicinas. Fue tristísimo oír este hombre, Abdisalem Mohamed, contar la tragedia de todos esos cientos de personas que llegaban a diario infectados de tifus en grado terminal.

 

Raxxo, la niña de la izquiera y Abdi el niño de la derecha, gravemente afectados por el tifus.

Nos acompañó a visitar a algunos de los pacientes. Sobre todo, ver a los niños fue conmovedor. La angustia de los padres que ya habían visto morir a otros de sus hijos por la maldita agua contaminada de la ONG. El director nos rogó, casi de rodillas que tratáramos de mandar más medicinas y alimentos para los pacientes.

En estos días en que toda la Iglesia, como esposa fiel de Jesucristo, acompaña su vía crucis por las incontables vías dolorosas de este mundo, no es difícil reconocer el rostro de la pasión de Cristo en los pequeños cuerpos macerados de estos chiquillos.

 

Esta es la nueva alberca donde reciben el agua no contaminada. Parece una triste ironía llamar a esto agua limpia; mirad sino a la mujer abajo a la izquierda que con un cacito y un plato recoge agua de entre el fango, donde orinan
cabras y ovejas…

A media mañana decidí que era imperativo buscar los poblados de donde llegaba la gente enferma para de verdad entender el problema. Lo que nadie me había aclarado es que no había en realidad camino para llegar a esos asentamientos; así que con el 4X4
puesto y apretando los dientes, recorrimos esos 40 interminables e inolvidables kilómetros.

Llegamos todos cubiertos de polvo de pies a cabeza y abrasados de calor. La gente en seguida se arremolinó a nuestro alrededor, para contarnos su tragedia. Fuimos al pozo contaminado y vimos el agua pútrida, causante de tanta muerte y desolación.

 

Los hombres del poblado contándonos detalles de la tragedia y pidiendo ayuda urgente: agua potable, comida y medicinas. Les prometí ayudarles en lo que estuviera al alcance de la Iglesia

Por el camino vimos muchos animales que habían muerto de sed e inanición. La gente nos decía: “Abba (padre) cuando aquí hasta los camellos se mueren de sed es que a nosotros no nos queda mucho de vida”.

Vaca muerta en estado de putrefacción, bajo el implacable sol. Caldo de cultivo para enfermedades como el ántrax.

Pedí que me llevaran a ver a los enfermos que estaban demasiado graves para ser trasladados al hospital de Hargele. Me enseñaron una cabaña en la que yacían en el suelo varios enfermos.

Había dos muchachos muy jóvenes con una bata blanca raída de enfermeros. Les pregunté por los síntomas: “¿tienen fiebre?” inquirí; uno agachó la cabeza, avergonzado y me respondió: “no sabemos porque no tenemos termómetro”.

Esta mujer estaba demasiado débil para ser trasladada al hospital.

Les regalé las pocas medicinas que aún nos quedaban y algo de agua potable. Teníamos que regresar a Gode y nos quedaban más de cinco horas de carretera. Uno se siente tan impotente, tan turbado por dentro cuando ves estas escenas…

Te preguntas simplemente “¿Por qué?” ¿Por qué estas gentes, por qué millones de gentes viven así? ¿Por qué mientras esta mujer no tiene ni un termómetro, otras mujeres se gastan una fortuna en una absurda cirugía estética?

 

Vivimos en un mundo de locos. Definitivamente.

Al desandar el sendero de los poblados hacia Hargele, de la nada, de detrás de los arbustos, venían corriendo trás de nuestro vehículo, niños que nos gritaban con la desesperación escrita en el rostro: “biyo, biyo, biyo (agua en somalí).”

Todavía nos quedaban cinco horas de carretera de vuelta a Gode. Pensaba en tanta agua como había visto en mi vida: ríos, piscinas (la de mi casa, por ejemplo…), estanques, fuentes preciosas de tantas ciudades, lagos… Tanta agua como había visto… agua que jamás se beberá nadie, agua para la diversión, ¡hasta parques acuáticos! Agua para el adorno estético de una plaza… Y ver niños y niñas desesperados, correr tras de mi coche mendigando un litro de agua… Me parecía todo tan grotesco y absurdo…

Saliendo de la cabaña que hacía las funciones de “centro médico”.

¡¡En qué mundo vivimos!!
Y por doquier, animales muertos, en estado de putrefacción, bajo un inmisericorde sol de más de 45 ºC. Campo abonado para la difusión del ántrax y tantas otras enfermedades contagiosas, peligrosísimas para la sobrevivencia de estas pobres gentes.

Repartimos más de quince botellas de agua como esta, por la ventanilla del vehículo, a niños pastores.

La cabeza me daba vueltas, mientras pensaba en soluciones, en la ayuda que se les podría llevar.

Las medicinas que más nos hacen falta son: Ceftriaxone IV, gentamicin IV, ringer lactate, DNS, Normal saline, glucose 40%, oral amoxicillin, ciprofloxacin, levofloxacin, norfloxacin, co-trimoxazole, ibuprofen syrup, paracetamol syrup, amoxicillin syrup.

Ante un espectáculo como este, uno no sabe, ni qué pensar, ni que decir, ni que hacer…

Si tuviéramos los recursos, se los podríamos suministrar al hospital de Hargele desde Gode, ya que la mayoría de estos medicamentos son accesibles aquí. Necesitaríamos fondos para pagar el combustible de los vehículos nuestros que van y vienen a las zonas de emergencia y, por último, fondos para comprar alimentos de primera necesidad.

 

El hedor era insoportable. Horrible ver poblado tras poblado, a cuyas orillas se amontonaba el ganado muerto de sed e inanición. Foco infeccioso peligrosísimo para estas gentes cuyo sistema inmunológico es debilísimo.

En el camino de vuelta, pensaba, emocionado, en medio de tanto horror como había visto ese día, que era la primera vez que estas gentes habían visto el rostro de la caridad, por la presencia de un sacerdote católico.

Era la primera vez en la historia que la Iglesia Católica llegaba a la zona somalí del Afder. Y daba gracias a Dios que, como dice San Pablo: “se fio de mí y me confió este ministerio”.

Y me venían a la mente las palabras que acababa de meditar en días anteriores de nuestro Santo Padre el Papa Francisco en su mensaje de esta Cuaresma:

[…] Lázaro nos enseña que el otro es un don. La justa relación con las personas consiste en reconocer con gratitud su valor. Incluso el pobre en la puerta del rico, no es una carga molesta, sino una llamada a convertirse y a cambiar de vida. La primera invitación que nos hace esta parábola es la de abrir la puerta de nuestro corazón al otro, porque cada persona es un don, sea vecino nuestro o un pobre desconocido. La Cuaresma es un tiempo propicio para abrir la puerta a cualquier necesitado y reconocer en él o en ella el rostro de Cristo. Cada uno de nosotros los encontramos en nuestro camino. Cada vida que encontramos es un don y merece acogida, respeto y amor. La Palabra de Dios nos ayuda a abrir los ojos para acoger la vida y amarla, sobre todo cuando es débil. Pero para hacer esto hay que tomar en serio también lo que el Evangelio nos revela acerca del hombre rico […].

Volví a casa muerto de cansancio y roto de la pena por lo que mis ojos habían visto. Desde el instante mismo en que llegué de nuevo a la misión, no he parado de darle vueltas a lo que se puede y debe hacer como Iglesia de Jesucristo que somos; testigos del amor misericordioso de Dios, que es Padre y ama a cada una de estas personas. Quizá sean personas inexistentes, irrelevantes para el mundo; quizá su tragedia sea a lo sumo una mera estadística. Para Dios no, para la Iglesia tampoco.

Son personas cuyo rostro sale del anonimato en el encuentro con una Iglesia misionera, siempre dispuesta a ir más allá, donde no ha llegado nadie. La Iglesia es la única que sabe ver en toda esta tragedia, que cada vida, cada rostro, es icono y transparencia del crucificado.

Os ruego por el amor de Dios que hagáis cinto podáis por ayudarnos. Toda ayuda, por pequeña o aparentemente insignificante que os parezca, puede ayudar a salvar una vida.

Soy voz de quienes no tienen voz, o sólo tienen un gemido ahogado, como un nudo en la garganta, gemido estridente y reseco, donde no solo no tienen agua, sino que ni siquiera les quedan más lágrimas que llorar.

La Iglesia, como Nuestra Señora Santa María, camina siempre junto a su Hijo que en la vida dolorosa de estos polvorientos senderos cae y se levanta una y otra vez. Unas veces tiene cosas que dar, otras, tiene las manos vacías (¡si lo sabré yo!), pero llenas o vacías las manos, la Iglesia caminara siempre en cada misionero, adherida como madre y esposa, al cuerpo crucificado de su Hijo, en los hombres nuestros hermanos.

Cada día en cada Santa Misa ofrezco en la patena y el cáliz, la muerte y la vida de estas pobres gentes. En esa misma oblación y ofrenda os ofrezco a todos vosotros que con vuestra caridad vestís con nosotros al desnudo, dais de beber al sediento y de comer al hambriento.

¡Por amor de Dios ayudadnos cuanto podáis!

Ante el Sagrario de la misión por todos oramos y con Nuestra Señora, Reina de la Misiones pedimos que a todos nos acoja bajo su bendito manto.

A todos os deseamos una Cuaresma en que se nos rasgue el corazón, para que demos frutos de conversión, compartiendo con los pobres tanto como a todos nos sobra.

Os bendigo a todos.
Padre Christopher

Para colaborar con la misión de Gode, aquí tenéis los datos.
Titular: Fundación Misión de la Misericordia Entidad: BANKINTER Número de Cuenta: 0128-0014-73-0100029293 Iban: ES0801280014730100029293 Código SWIFT o BIC: BKBKESMMXXX
Visitad por favor nuestras páginas web:
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“En mi principio está mi fin” de José Rivera

“En mi principio está mi fin. Cuadernos de Estudio sobre el Teatro y la Poesía de T.S. Eliot” de José Rivera

Con el título de En mi principio está mi fin, se han recopilado los apuntes de José Rivera (1925-1991) sobre la poesía y el teatro de T.S. Eliot (1888-1965). Son textos de trabajo, redactados para el estudio personal, sin ambición de ser publicados. Esto podría ser un inconveniente para su lectura, pero, al contrario, ofrece al texto una frescura y una espontaneidad que le confiere una fuerza especial que engancha al lector, atrapándole en una mezcla de confidencia y complicidad. Esta publicación es la primera que ofrece de manera amplia textos privados de José Rivera, más conocido por sus predicaciones, algunas de ellas publicadas, otras difundidas en audio, y obras de teología espiritual publicadas conjuntamente con José María Iraburu. En este caso, se trata de una selección de textos de sus Cuadernos de Estudio, apenas una octava parte de toda la extensión de los cuadernos que se conservan. Además, dentro de estos escritos privados hay que sumar su Diario y sus Cartas. Descubrimos con este libro un aspecto de José Rivera desconocido hasta ahora para muchos: su faceta intelectual. José Rivera, sacerdote toledano, destacó por su dedicación pastoral con charlas, retiros, ejercicios espirituales, dirección espiritual y su especial dedicación a la formación de los seminaristas, especialmente en Toledo, donde pasó la mayor parte de su vida. Hace pocos meses, su proceso de beatificación pasó un hito significativo con la declaración de Venerable, en octubre de 2015, y la difusión de sus predicaciones y escritos va siendo una tarea apremiante. Esta publicación nos abre el paisaje interior de la actividad intelectual de José Rivera que, en medio de la noche, robando horas al sueño, se sumergía en la lectura de autores literarios, filósofos y teólogos, con un ímpetu sorprendente. La mayoría de estos cuadernos de estudio fueron destruidos por el propio autor, pero de los que se conservaron destaca la dedicación al estudio de la obra de T.S. Eliot, poeta anglo-americano del siglo XX, converso de la increencia al anglicanismo, renovador de la poesía inglesa y premio Nobel de literatura. Eliot fue poeta, autor teatral y ensayista. Este primer volumen recoge solo los comentarios de José Rivera a la poesía y el teatro de Eliot, dejando para otra ocasión los comentarios sobre los ensayos. ¿Qué interés tiene un poeta inglés para un sacerdote toledano? El propio autor nos da alguna pista en sus comentarios: reconoce en él una visión profunda de los problemas de las personas: «Siendo una cabeza realmente  privilegiada ‒incluso en el orden religioso‒ puede enseñarme mucho acerca de la visión divina sobre el hombre y las cosas». Nos vamos a encontrar, por lo tanto, con una “crítica profunda” de los textos, no un análisis estético o lingüístico, sino con un análisis de valores y de humanidad. En la lectura de estos comentarios, descubriremos que Eliot y Rivera tiene algunos puntos fuertes de sintonía que van emergiendo una y otra vez en sus comentarios. Uno de ellos es el sentido sobrenatural de la realidad, no entendida en un sentido platónico que niega la realidad del mundo físico, sino en el reconocimiento de otro plano superior que da sentido a lo tangible para los sentidos naturales. Eliot y Rivera hablan de planos de realidad, que existen a la vez. Los que viven ignorando el plano sobrenatural viven “solo a medias”, como dormidos, porque “estar despierto es vivir en varios planos a la vez”. La conciencia de estos planos de realidad y su impacto en nuestras vidas van a aparecer repetidamente en los personajes de Eliot, tanto en la lírica como en el drama,  y Rivera va a aprovecharlos para reflexionar sobre la vida espiritual. También este tema revela una tensión dramática, el ser humano necesita de la realidad sobrenatural para dar sentido a la natural, pero, al mismo tiempo, no la soporta, no puede ver a Dios cara a cara. Aquí resuenan los famosos versos de Eliot: “Venga, venga, el pájaro reclama // no puede soportar la raza humana // tanta realidad”. Aquí enlaza otro tema de sintonía entre Eliot y Rivera, el tema del tiempo y del cambio. Como el ser humano no soporta una visión prolongada de realidad sobrenatural, tal y como sugiere el verso anterior debe utilizar el tiempo para suavizarla, avanzando para no quemarse en su contemplación. Por eso, la vida es un camino. Un camino de crecimiento, porque madurar es avanzar en la contemplación de los planos de la realidad. El hombre que crece esconde una porción de permanencia y otra de cambio, y también un camino de retorno, porque lo que cambia es porque nos conocemos mejor, crecemos al conocernos desde el plano sobrenatural, que nos da la mirada de Dios sobre nosotros. El verso de Eliot: “En mi principio está mi fin”, que sirve de título para este libro, condensa el pensamiento del poeta inglés sobre el cambio y el tiempo, que Rivera relaciona con la redención y la vocación. A mi juicio, hay un tercer punto de sintonía que no pasa desapercibido: el sentido de la acción. Está relacionado con el tema del cambio, si nos preguntamos ¿cómo puedo cambiar yo? ¿Cómo puedo cambiar el entorno o procurar el cambio de mis semejantes? Para Eliot y para Rivera, la acción consiste en dejar actuar a Dios, que es el que cambia. El grito de Tomás en Asesinato en la catedral, resume esa actitud: “¡Abrid, abrid las puertas!” porque “la Bestia ya ha sido vencida… Sufriendo es como ahora hemos de conquistar”. Rivera comenta “la intervención suprema de Dios es la sacramentalización interna del hombre… En la actividad normal de Dios es el santo el que santifica”. Por tanto, la mejor acción es la de crecer en santidad. Y Eliot proclama: “Así la oscuridad será la luz, y la inmovilidad la danza”. La entrada “En mi principio está mi fin” de José Rivera aparece primero en Ediciones Trébedes.

“En mi principio está mi fin” de José Rivera

“En mi principio está mi fin. Cuadernos de Estudio sobre el Teatro y la Poesía de T.S. Eliot” de José Rivera

Con el título de En mi principio está mi fin, se han recopilado los apuntes de José Rivera (1925-1991) sobre la poesía y el teatro de T.S. Eliot (1888-1965). Son textos de trabajo, redactados para el estudio personal, sin ambición de ser publicados. Esto podría ser un inconveniente para su lectura, pero, al contrario, ofrece al texto una frescura y una espontaneidad que le confiere una fuerza especial que engancha al lector, atrapándole en una mezcla de confidencia y complicidad. Esta publicación es la primera que ofrece de manera amplia textos privados de José Rivera, más conocido por sus predicaciones, algunas de ellas publicadas, otras difundidas en audio, y obras de teología espiritual publicadas conjuntamente con José María Iraburu. En este caso, se trata de una selección de textos de sus Cuadernos de Estudio, apenas una octava parte de toda la extensión de los cuadernos que se conservan. Además, dentro de estos escritos privados hay que sumar su Diario y sus Cartas. Descubrimos con este libro un aspecto de José Rivera desconocido hasta ahora para muchos: su faceta intelectual. José Rivera, sacerdote toledano, destacó por su dedicación pastoral con charlas, retiros, ejercicios espirituales, dirección espiritual y su especial dedicación a la formación de los seminaristas, especialmente en Toledo, donde pasó la mayor parte de su vida. Hace pocos meses, su proceso de beatificación pasó un hito significativo con la declaración de Venerable, en octubre de 2015, y la difusión de sus predicaciones y escritos va siendo una tarea apremiante. Esta publicación nos abre el paisaje interior de la actividad intelectual de José Rivera que, en medio de la noche, robando horas al sueño, se sumergía en la lectura de autores literarios, filósofos y teólogos, con un ímpetu sorprendente. La mayoría de estos cuadernos de estudio fueron destruidos por el propio autor, pero de los que se conservaron destaca la dedicación al estudio de la obra de T.S. Eliot, poeta anglo-americano del siglo XX, converso de la increencia al anglicanismo, renovador de la poesía inglesa y premio Nobel de literatura. Eliot fue poeta, autor teatral y ensayista. Este primer volumen recoge solo los comentarios de José Rivera a la poesía y el teatro de Eliot, dejando para otra ocasión los comentarios sobre los ensayos. ¿Qué interés tiene un poeta inglés para un sacerdote toledano? El propio autor nos da alguna pista en sus comentarios: reconoce en él una visión profunda de los problemas de las personas: «Siendo una cabeza realmente  privilegiada ‒incluso en el orden religioso‒ puede enseñarme mucho acerca de la visión divina sobre el hombre y las cosas». Nos vamos a encontrar, por lo tanto, con una “crítica profunda” de los textos, no un análisis estético o lingüístico, sino con un análisis de valores y de humanidad. En la lectura de estos comentarios, descubriremos que Eliot y Rivera tiene algunos puntos fuertes de sintonía que van emergiendo una y otra vez en sus comentarios. Uno de ellos es el sentido sobrenatural de la realidad, no entendida en un sentido platónico que niega la realidad del mundo físico, sino en el reconocimiento de otro plano superior que da sentido a lo tangible para los sentidos naturales. Eliot y Rivera hablan de planos de realidad, que existen a la vez. Los que viven ignorando el plano sobrenatural viven “solo a medias”, como dormidos, porque “estar despierto es vivir en varios planos a la vez”. La conciencia de estos planos de realidad y su impacto en nuestras vidas van a aparecer repetidamente en los personajes de Eliot, tanto en la lírica como en el drama,  y Rivera va a aprovecharlos para reflexionar sobre la vida espiritual. También este tema revela una tensión dramática, el ser humano necesita de la realidad sobrenatural para dar sentido a la natural, pero, al mismo tiempo, no la soporta, no puede ver a Dios cara a cara. Aquí resuenan los famosos versos de Eliot: “Venga, venga, el pájaro reclama // no puede soportar la raza humana // tanta realidad”. Aquí enlaza otro tema de sintonía entre Eliot y Rivera, el tema del tiempo y del cambio. Como el ser humano no soporta una visión prolongada de realidad sobrenatural, tal y como sugiere el verso anterior debe utilizar el tiempo para suavizarla, avanzando para no quemarse en su contemplación. Por eso, la vida es un camino. Un camino de crecimiento, porque madurar es avanzar en la contemplación de los planos de la realidad. El hombre que crece esconde una porción de permanencia y otra de cambio, y también un camino de retorno, porque lo que cambia es porque nos conocemos mejor, crecemos al conocernos desde el plano sobrenatural, que nos da la mirada de Dios sobre nosotros. El verso de Eliot: “En mi principio está mi fin”, que sirve de título para este libro, condensa el pensamiento del poeta inglés sobre el cambio y el tiempo, que Rivera relaciona con la redención y la vocación. A mi juicio, hay un tercer punto de sintonía que no pasa desapercibido: el sentido de la acción. Está relacionado con el tema del cambio, si nos preguntamos ¿cómo puedo cambiar yo? ¿Cómo puedo cambiar el entorno o procurar el cambio de mis semejantes? Para Eliot y para Rivera, la acción consiste en dejar actuar a Dios, que es el que cambia. El grito de Tomás en Asesinato en la catedral, resume esa actitud: “¡Abrid, abrid las puertas!” porque “la Bestia ya ha sido vencida… Sufriendo es como ahora hemos de conquistar”. Rivera comenta “la intervención suprema de Dios es la sacramentalización interna del hombre… En la actividad normal de Dios es el santo el que santifica”. Por tanto, la mejor acción es la de crecer en santidad. Y Eliot proclama: “Así la oscuridad será la luz, y la inmovilidad la danza”. La entrada “En mi principio está mi fin” de José Rivera aparece primero en Ediciones Trébedes.

Renovar la política

Curso PolisDurante los pasados 1, 2 y 3 de julio, en la Casa de Ejercicios El Buen Pastor de Toledo, se celebró el II Curso de Verano sobre Doctrina Social de la Iglesia organizado por la Delegación de Apostolado Seglar a través del Grupo Polis, este año con el sugerente título de “Renovar la política”.

El curso fue inaugurado por don Braulio Rodríguez Plaza, Arzobispo de Toledo, quien animó a los participantes a reflexionar sobre el candente tema de la renovación de la vida política a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia, porque, según sus propias palabras “la vida de la polis no puede quedar al margen de la luz de Cristo, porque es una dimensión fundamental de la vida humana”.

El primer ponente de estas jornadas fue don Agustín Domingo Moratalla, Catedrático de Filosofía Moral y Política y Director de la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo en Valencia, que habló del concepto del Bien Común, recientemente rescatado para el pensamiento político contemporáneo, gracias en parte al “efecto Francisco”, pero con el riesgo de desvirtuarse respecto al concepto original desarrollado desde la Doctrina Social de la Iglesia. Don Agustín realizó un certero diagnóstico de la situación actual desde un punto de vista cultural, resaltando la crisis de valores en torno a la Verdad, eclipsados por el deslumbramiento de las posibilidades técnicas y la ambición económica; analizó la situación también desde el punto de vista político, resaltando el nuevo populismo amnésico de clave televisiva y frívolamente cultivado, que está utilizando España como un campo de pruebas de la experimentación política; y también diagnosticó la situación social, caracterizada por la polarización, el enfrentamiento y la pérdida de vínculos, debido al deterioro de la educación y la familia, que produce el avance implacable del individualismo.

A partir de su análisis, el profesor Moratalla propuso varios criterios para la acción, destacando la recuperación del humanismo cívico, como recuperador de vínculos, y la necesidad de desarrollarlo hacia el humanismo cristiano, que aporta una perspectiva escatológica y salvífica. Entender el bien común como el bien de todos y cada uno es el camino de la justicia social y la manera de reconducir la economía y el estado a su auténtico papel instrumental y subsidiario.

Por último, don Agustín invitó a todos a profundizar y difundir la Doctrina Social de la Iglesia, que nos aporta claves para poder descubrir, clarificar, discernir y actuar, porque no es un libro de recetas sino un proceso de formación para el cristiano en el mundo. Pidió el compromiso de las autoridades eclesiales en este empeño formativo y el compromiso de los seglares para llevarlo a cabo con entusiasmo.

La segunda ponente, doña Ana Sánchez-Sierra, politóloga, profesora de Doctrina Social de la Iglesia en la Universidad San Pablo CEU, expuso un análisis de los principales programas electorales presentados en las últimas elecciones, apuntando con claros detalles el manifiesto abandono del principio de subsidiariedad en sus propuestas políticas, así como el contagio de actitudes marcadamente populistas. La profesora Sánchez-Sierra también expuso los últimos análisis sociológicos sobre la orientación del voto y las creencias religiosas, observando la presencia de cristianos que se reconocen como tales en prácticamente todas las fuerzas políticas, aunque la concentración de los cristianos es sensiblemente mayor en los partidos de derechas.

Uno de los puntos de mayor expectación del curso fue la mesa redonda de la tarde del sábado, dirigida por don Julio Comendador, que reunió a políticos y cargos electos de la provincia de Toledo de varios partidos para que hablaran de su testimonio y sus motivaciones para estar en política, de su visión de la política como lugar de diálogo para buscar encuentros y también de su experiencia en la relación entre la fe cristiana y las convicciones políticas. Fue un debate animado, con sus momentos de intensidad, que demostró que las diferencias políticas no deben ser un obstáculo para el diálogo personal y sincero.

La noche del sábado la ocupó una interesantísima visita al Archivo y Biblioteca Catedralicios, dirigida por don Ángel Fernández Collado, obispo auxiliar de Toledo, que mostró a los participantes al curso los tesoros bibliográficos que se custodian en la Catedral Primada. Una visita llena de encanto e interés.

El tercer ponente del curso fue don Josep Miró i Ardevol, miembro del Consejo Pontificio de Laicos, que también aportó su dilatada experiencia como político, ahora retirado de esa actividad. Don Josep señaló la búsqueda del bien común y la actitud de servicio como los pilares de toda actividad política para un cristiano, que para alcanzar estos objetivos debe cultivar la virtud. La renovación de la política vendrá de la virtud de los políticos, por lo tanto, nuestra primera prioridad debe ser fomentar la virtud.

La búsqueda del  bien común, para don Josep Miró, exige que los cristianos manifestemos un claro compromiso con la promoción y defensa de los Derechos Humanos, promovamos un cambio en el orden económico, que tenga en cuenta al otro, un sistema de bienestar responsable, con derechos y deberes, un política integral de la familia, defensa del bien y la justicia, de la creación, la vida, la familia formada desde el amor de un hombre y una mujer, la promoción del diálogo, la búsqueda de la paz, la libertad y la dignidad de todo ser humano.

Sin embargo, con la situación actual de los partidos políticos en España, don Josep juzgó más interesante, en estos momentos, actuar desde fuera de la política, promoviendo un Impulso Cristiano, con acciones concretas y localizadas, que unan a los cristianos y les den la oportunidad de mostrar la propuesta cristiana: impulso evangelizador, primero de los bautizados, impulso cultural, con presencia en internet, impulso familiar, atendiendo a los que el sistema abandona, impulso europeo, recuperando el espíritu de los fundadores… Gobernar desde abajo, con instrumentos de participación que hay que identificar, coordinar y promover.

Otro hecho destacado fue la compañía de nuestros pastores y la gozosa celebración de la Santa Misa, celebrada el viernes por don Braulio Rodríguez, el sábado por don Ángel Fernández y el domingo por don Emilio Palomo, Vicario de la Mancha y Delegado del Área de Apostolado Seglar.

En resumen, este Curso de Verano ha estado lleno de propuestas apasionantes, se han podido compartir preocupaciones y esperanzas, contrastar opiniones e identificar los retos que nos interpelan en estos momentos apasionantes, pero, sobre todo, ha sido ocasión para descubrir el impulso del Espíritu que nos va mostrando el camino de cada día.

Ahora es el tiempo de la siembra

Compartimos con vosotros esta hesembradorrmosa reflexión que nos regaló Benedicto XVI en el año 2012. Nos recuerda que “ahora es el tiempo de siembra” y que “nuestra pequeña fuerza, aparentemente impotente ante los problemas del mundo, si se suma a la de Dios no teme obstáculos, porque la victoria del Señor es segura.”

Queridos hermanos y hermanas:

La liturgia de hoy nos propone dos breves parábolas de Jesús: la de la semilla que crece por sí misma y la del grano de mostaza (cf. Mc 4, 26-34). A través de imágenes tomadas del mundo de la agricultura, el Señor presenta el misterio de la Palabra y del reino de Dios, e indica las razones de nuestra esperanza y de nuestro compromiso.

En la primera parábola la atención se centra en el dinamismo de la siembra: la semilla que se echa en la tierra, tanto si el agricultor duerme como si está despierto, brota y crece por sí misma. El hombre siembra con la confianza de que su trabajo no será infructuoso. Lo que sostiene al agricultor en su trabajo diario es precisamente la confianza en la fuerza de la semilla y en la bondad de la tierra. Esta parábola se refiere al misterio de la creación y de la redención, de la obra fecunda de Dios en la historia. Él es el Señor del Reino; el hombre es su humilde colaborador, que contempla y se alegra de la acción creadora divina y espera pacientemente sus frutos. La cosecha final nos hace pensar en la intervención conclusiva de Dios al final de los tiempos, cuando él realizará plenamente su reino. Ahora es el tiempo de la siembra, y el Señor asegura su crecimiento. Todo cristiano, por tanto, sabe bien que debe hacer todo lo que esté a su alcance, pero que el resultado final depende de Dios: esta convicción lo sostiene en el trabajo diario, especialmente en las situaciones difíciles. A este propósito escribe san Ignacio de Loyola: «Actúa como si todo dependiera de ti, sabiendo que en realidad todo depende de Dios» (cf. Pedro de Ribadeneira, Vida de san Ignacio de Loyola).

La segunda parábola utiliza también la imagen de la siembra. Aquí, sin embargo, se trata de una semilla específica, el grano de mostaza, considerada la más pequeña de todas las semillas. Pero, a pesar de su pequeñez, está llena de vida, y al partirse nace un brote capaz de romper el terreno, de salir a la luz del sol y de crecer hasta llegar a ser «más alta que las demás hortalizas» (cf. Mc 4, 32): la debilidad es la fuerza de la semilla, el partirse es su potencia. Así es el reino de Dios: una realidad humanamente pequeña, compuesta por los pobres de corazón, por los que no confían sólo en su propia fuerza, sino en la del amor de Dios, por quienes no son importantes a los ojos del mundo; y, sin embargo, precisamente a través de ellos irrumpe la fuerza de Cristo y transforma aquello que es aparentemente insignificante.

La imagen de la semilla es particularmente querida por Jesús, ya que expresa bien el misterio del reino de Dios. En las dos parábolas de hoy ese misterio representa un «crecimiento» y un «contraste»: el crecimiento que se realiza gracias al dinamismo presente en la semilla misma y el contraste que existe entre la pequeñez de la semilla y la grandeza de lo que produce. El mensaje es claro: el reino de Dios, aunque requiere nuestra colaboración, es ante todo don del Señor, gracia que precede al hombre y a sus obras. Nuestra pequeña fuerza, aparentemente impotente ante los problemas del mundo, si se suma a la de Dios no teme obstáculos, porque la victoria del Señor es segura. Es el milagro del amor de Dios, que hace germinar y crecer todas las semillas de bien diseminadas en la tierra. Y la experiencia de este milagro de amor nos hace ser optimistas, a pesar de las dificultades, los sufrimientos y el mal con que nos encontramos. La semilla brota y crece, porque la hace crecer el amor de Dios. Que la Virgen María, que acogió como «tierra buena» la semilla de la Palabra divina, fortalezca en nosotros esta fe y esta esperanza.

ÁNGELUS, Plaza de San Pedro, Domingo 17 de junio de 2012

El valor del trabajo

ElValorDelTrabajoEl trabajo ocupa un lugar importante en la vida humana, cumpliendo diversas funciones que no pueden aislarse:

  • Con el trabajo se transforma el mundo, continuando la acción creadora de Dios.
  • En el trabajo se desarrollan las capacidades personales y sociales de las personas que trabajan.
  • Con el trabajo se consigue el sustento personal y familiar.

Compartimos con vosotros esta reflexión sobre el trabajo humano a partir de la Doctrina Social de la Iglesia. Se revisan temas como el Evangelio del trabajo, el trabajo como fuerza transformadora, el trabajo como conflicto y la retribución por el trabajo, también se proponen temas de discusión en grupo. Haz clic sobre la foto para descargártelo o búscalo en nuestra sección de Material.

Solidaridad y libertad


SolidaridadyLibertadTodas las personas estamos llamadas a vivir en libertad y en solidaridad con los demás. Estos dos impulsos a veces entran en tensión y deben encontrar su equilibrio.

Os ofrecemos un díptico con algunas reflexiones sobre este tema, inspiradas en la Doctrina Social de la Iglesia, que os podéis descargar del siguiente enlace o de nuestra página de Material.

Solidaridad y libertad

Hemos intentado aportar ideas para la reflexión personal y en grupo sobre temas como el deber de la solidaridad, el sentido de la propiedad privada, la caridad cristiana, la subsidiariedad, la familia, el socialismo o el liberalismo.

La sociedad actual nos exige a todos participar en la búsqueda de este equilibrio entre la solidaridad y la libertad, tanto en nuestra vida personal como en la vida social. No podemos responder adecuadamente a este reto sin criterios claros con los que discernir.

 

Católicos en la política. Un problema de identidad.

carriquiryPor su renovada actualidad os hacemos llegar está ponencia del profesor Guzmán Carriquiry, realizada en mayo de 2010 como Subsecretario del Pontificio Consejo para los Laicos, sobre la formación de los fieles laicos en el compromiso político. Creemos que es una reflexión muy oportuna y que arroja algo de luz sobre este polémico tema. ¿Cómo formar a los fieles para que jueguen su papel en la arena política?

Texto completo de la ponencia: “Criterios y modalidades para la formación de los fieles laicos en el compromiso político”

El profesor Carriquiry comienza constatando como un hecho la creciente desproporción entre la mayor participación de los laicos en vida eclesial y su menor presencia en la vida pública. Hay que alegrarse por lo primero, pero no podemos ser indiferentes a lo segundo, más aún cuando es un deber inmediato de los laicos actuar a favor de un orden justo en la sociedad.

Ciertamente, no faltan católicos implicados y con responsabilidad en la sociedad civil, en diversas estructuras y organizaciones intermedias, incluso en responsabilidades de alta política, pero parece que su identidad católica queda desdibujada fácilmente ante otras identidades que debían ser secundarias en temas esenciales. Por lo tanto, el déficit real se encuentra en la identidad personal de los fieles laicos.

La Iglesia, en consecuencia, no debe formar políticos, debe formar cristianos. “Hombres y mujeres nuevos, cada vez más configurados en Cristo, con-formados a Él, en la comunión de sus apóstoles y discípulos”. Como apunta el profesor Carriquiry en este artículo, “sólo aquellos que viven con gratitud y alegría la verdad y la belleza de ser cristianos, se harán de verdad protagonistas de una nueva vida dentro del mundo”.

Porque la fe aporta una experiencia de cambio y una inteligencia global sobre la vida, “una nueva modalidad de mirar, discernir y enfrentar toda realidad”, que impregna todas las dimensiones de la vida social. Un católico sólo podrá aportar originalidad a la vida pública y social si se asienta sobre esta novedad e inteligencia de la fe.

La identidad católica del laico comprometido se desarrolla en su propia libertad, iniciativa y responsabilidad, respondiendo a la vez a la autonomía de la vida civil y a la consistencia de la identidad personal, convirtiendo al cristiano comprometido en la política en testigo de Cristo en este ámbito. Ese es el reto que propone el profesor Carriquiry.

El político cristiano debe saber que “el compromiso político requiere una dedicación apasionada, pero al mismo tiempo (debe saber) también que la política no es todo ni la cosa principal”, testimoniando que todo cambio verdadero comienza en el corazón de la persona.

Adicionalmente, se pregunta el profesor si las enseñanzas sociales de la Iglesia están presentes en los itinerarios formativos  de la catequesis y de la formación de los laicos, y si se está dando el adecuado acompañamiento pastoral a aquellos que intentan poner estas enseñanzas en práctica. Hay que pedir a los pastores que conozcan mejor a sus fieles que, inmersos en estos trabajos, tienen muchas veces la sensación de quedar abandonados a su suerte, sin más orientación y apoyo que unos apuntes doctrinales de carácter muy general.

Toda la comunidad cristiana debe arropar a los fieles ocupados en estas tareas, con cercanía personal, amistad y comunión. Si no es así, apunta Carriquiry, será muy difícil perseverar en una vocación cristiana en la política.

Finalmente, el profesor apunta el problema de la pluralidad política. Los principios fundamentales de la doctrina cristiana conviven con muchas opciones de tipo secular que puede llevar a diversos cristianos, todos coherentes con su fe, a opciones políticas diversas. El cristiano se encontrará en una tensión entre la unidad de la fe y la diversidad de las soluciones políticas. Entre políticos católicos debe prevalecer la unidad de la fe, por ser más importante que la divergencia política. Por otro lado, hay principios innegociables para un cristiano, que afectan a su identidad propia y a los que no puede renunciar.

En resumen, un sugerente artículo, especialmente oportuno en las circunstancias actuales.

Novelas cristianas

En los tiempos que corren a veces echamos en falta buenos libros, que sean amenos, estén bien escritos y además traten temas que nos hagan vibrar como cristianos. Hemos recogido aquí una lista de novelas cristianas, entendiendo como tales aquellas con un argumento sobre un problema espiritual con una visión cristiana. Sin duda, faltan muchas más que pueden ser añadidas como comentarios. Os invitamos a participar. Recogemos título, autor y un pequeño apunte que anime a la lectura:

  •  “Nudo de víboras” Francois Mauriac. Sobre el misterio de la persona humana y su relación con Dios. Las cosas normalmente no son como parecen. También de este autor “Beso al leproso”, sobre la verdadera belleza y el verdadero amor.
  • “Los curas comunistas” José Luis Martín Virgil. La experiencia de un cura obrero en la España de los 70 con curiosos paralelismos con la vida cotidiana del seglar en medio de un mundo no creyente.
  • “El demonio de media tarde” José Luis Martín Descalzo. Historia de una mujer de mediana edad con una vida mediocre que cuando menos lo espera sufre una profunda experiencia de pecado y de necesidad de la gracia.
  • “Cartas del diablo a su sobrino” C.S. Lewis. Divertidísima correspondencia entre un diablo aprendiz y su tío en su primera experiencia como tentador de hombres.
  • “La mujer nueva” Carmen Laforet. Historia en la que la autora se vale de personajes ficticios para contar su propia conversión.
  • “Retorno a Brideshead” Evelyn Waugh. Según palabras del autor: “Historia de la influencia de la gracia divina en un grupo de personajes muy diferentes entre sí, aunque estrechamente relacionados”.
  • “Un día en la vida de Iván Denisovich” Alexander Solzhenitsyn. Prueba de la libertad del alma humana independientemente de las circunstancias de la vida, en este caso, de un preso en un campo de concentración soviético.
  • “Perder y ganar” John Henry Newman. El autor utiliza personajes ficticios para narrar su propia conversión. Bellísimo ejemplo de la búsqueda de la verdad de Dios.
  • “El fin de la aventura” Graham Greene. La irrupción de los sobrenatural y de la gracia en un mundo ausente de Dios.
  • “Cada hombre en su noche” Julien Green. El pecado del hombre no es obstáculo para Dios, sino atractivo para su misericordia.
  • “Bajo el sol de Satanás” George Bernanós. La lucha entre el diablo y la gracia en torno a un sacerdote y su feligresía.
  • “El señor de los anillos” J.R.R. Tolkien. Simbólica historia de la lucha entre el bien y el mal: El poder es atractivo para los buenos pero su posesión (anillos) les lleva hacia el mal, solo los humildes que no ansían el poder (Frodo = Freedom) pueden vencer su trágico atractivo. 
  • “El hombre que fue jueves” G. K. Chesterton. El bien, el mal y el libre albedrío.
  • “La Esfera y la Cruz” G. K. Chesterton. La importancia de dar testimonio y de luchar por lo que se cree.
  • “Los miserables” Víctor Hugo Me encanta la historia de redención de Jean Valjean mientras el inspector Javert es incapaz de aceptar el perdón.
  • “El padre Elías, un apocalipsis” Michael O’Brien: El fin de los tiempos, de esta misma serie está publicado en castellano también “El Librero de Varsovia; la Última Escapada” (la educación y el estado).
  • “Cántico por Leibowitz” Walter Miller  Ciencia ficción, refleja el papel que tuvo la Iglesia en la preservación de la cultura y la civilización en la Edad Media.
  • “El Hobbit” JRR Tolkien. Salir del “agujero” y dar un salto de fe.
  • “La sangre del Pelícano”  Miguel Aranguren. Un thriller acerca de los ataques a la Iglesia, la parte de la situación de la Iglesia en China es muy buena.
  • “El poder y la gloria” Graham Greene. La rebelión de los Cristeros: la Iglesia bajo persecución.
  • “La Última Aparición de la Virgen”  Santiago Martín. Persecución a la Iglesia en el final de los tiempos.
  • “Bizancio” Stephen Lawhead. El viaje de un monje irlandés a Bizancio: dudas, seducción del mundo, conversión.

No podía dejar de comentar las novelas de Ediciones Trébedes (benefactora de esta página):

  • “Los libertadores” Gerardo López Laguna. Novela de estilo fantástico y muy apropiada para el público juvenil, sobre la lucha por la libertad exterior e interior.
  • “No te daré mi voto” Miguel Ángel Martínez. Sobre la moral pública y privada, la conciencia y la vida política.
  • “Invierno bajo la estrella del norte” Santiago Osácar. Una bonita historia del encuentro con Dios a través de la naturaleza. Próximamente a la venta.

Lo dicho, podéis usar los comentarios para enriquecer la lista.

Necesitamos sacerdotes santos

Necesitamos sacerdotes santos para que el pueblo de Dios sea santo. Compartimos con todos vosotros esta ponencia realizada por Félix del Valle en el Congreso Internacional san Juan de Ávila, doctor de la Iglesia, el 27 de abril de 2013.