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Fundamentos de Bioética

Charla impartida por D. Rafael Torregrosa:

Compartir a Dios en la Red

En primer lugar, gracias por invitarme a compartir unas líneas sobre cuál es mi motivación principal a la hora de escribir en la Red.

La nota de catolicidad de la Iglesia y la universalidad de la Red de redes son dos realidades que siempre, con pasión, he pensado, sentido y procurado en relación. Y alguien se ha encargado especialmente de hacérmelo ver de una forma muy evidente.

Antonio Spadaro (Mesina, 1966), teólogo jesuita, director de la revista La Civiltà Cattolica, es alguien muy cercano al Papa Francisco que ha editado la mayor parte de sus escritos. Muy activo en redes sociales, fundó en 1998 uno de los primeros sitios italianos de escritura creativa, Bombacarta.it, y, desde 2011, es autor del blog Cyberteologia.it. Desde ese mismo año es consultor del Consejo para las Comunicaciones Sociales.

Ha escrito más de veinte libros sobre cultura contemporánea, teología y espiritualidad. Tengo delante dos libros suyos publicados en Herder: “Ciberteología. Pensar el cristianismo en tiempos de la red” y “Compartir a Dios en (la) Red“.

¿Por qué le he mencionado en primer lugar? Pues porque realmente él ha sido mi inspiración a la hora de expresar esa intuición y vínculo profundos entre Iglesia y Red, desde los comienzos de la segunda. Así, mi investigación sobre la Iglesia en la Red de redes, pude plasmarla en 2013 con mi tesis de Licenciatura “La Iglesia católica en Internet: presencia, misión y propuestas“. Y, también, como ánimo a las distintas universidades eclesiásticas españolas, para que incorporasen en sus planes de estudios de Ciencias Religiosas y Teología la asignatura de Ciberteología, o alguna similar, que sirva para introducir la reflexión sobre la fe, la espiritualidad y comunidad cristiana en la red.

No quiero aburrir con datos y conclusiones. Solamente animar a todos a disponer de un espacio digital (aunque sea mínimo y hasta inconstante) en el que expresarnos como somos, con sencillez y alegría a ser posible, del mismo modo natural como nos comunicamos cotidianamente en nuestro ambiente físico, teniendo en cuenta sus posibilidades y limitaciones propias.

Dar testimonio, compartir a Dios en Red, es una tarea urgente.

Campamento 2017

Ya están las fotos del Campamento 2017. ¡Feliz verano!

 

Estamos celebrando la Pascua

Estamos celebrando el Triduo Pascual en comunidad. Compartimos con vosotros las charlas y las homilías, en nuestro canal de ivoox:

También compartimos las charlas en video, en nuestro canal de YouTube.

¡Qué los frutos de esta semana Santa sean abundantes para todos!

“La invisible luz” de Robert H. Benson

La invisible luzLa irrupción de lo sobrenatural en lo natural

“La invisible luz” es una novela que explora la irrupción de lo sobrenatural en lo natural. El narrador va hilando una serie de historias que le va contando un anciano sacerdote, historias de fantasmas, visiones y presencias invisibles, que nos llevan al mundo fronterizo entre la realidad tangible de lo natural y la realidad invisible de lo espiritual.

Como sugiere el título de la obra, esa realidad invisible se convierte en luz para la vida material, y estas historias extrañas se transforman en testimonio de fe, porque si creemos que “el Eterno se manifiesta a sí mismo en términos de espacio y tiempo”, no podemos extrañarnos de que “el mundo «espiritual» y los personajes que lo habitan se expresen algunas veces de la misma manera que lo hace su Creador”.

Aunque este libro se publicó originalmente en 1903, su contenido no ha perdido actualidad. Sorprende, por ejemplo, su afinidad con la doctrina de la encíclica “Laudato si” del papa Francisco. La naturaleza aparece como un sujeto vivo, dotado de un espíritu propio que lucha entre el bien y el mal y donde la acción del hombre se define como decisiva para interceder en esa tensión, actuando como un mediador que inclina la balanza hacia el bien.

En ese sentido aparece otro aspecto decisivo en esta historia, el carácter sacerdotal de la acción de todo hombre. El anciano sacerdote se debate en ese papel intercesor, por los inocentes, por la creación, por los pecadores: “Inocentes entre los hombres, los pájaros, las bestias, las flores; y yo seguía mi propio camino o me sentaba en casa al calor del sol, y ahora ellos vienen a pedirme a gritos que rece por ellos. ¡Qué poco he rezado!”. Él, que tienen una especial capacidad para ver lo sobrenatural de forma inmediata, ve alarmado la urgencia de esta intercesión y, a la vez, la pobre respuesta: “…¿qué has hecho tú para ayudar a tu Señor y a Sus criaturas? ¿Has vigilado o te has dormido? ¿No puedes velar conmigo una hora? ¿Qué parte has compartido de la Encarnación? ¿Has creído por aquellos que no pueden creer, esperado por los desesperados, amado y adorado por los de corazón frío? Y si no pudiste entender ni hacer nada de esto, ¿has al menos acogido con alegría el dolor que te habría hecho uno con ellos? ¿Te has compadecido alguna vez de ellos, o has ocultado tu cara por temor a afligirte demasiado?…”

El sacerdote protagonista de la historia ve claramente su papel en esa vocación intercesora. Ante los reproches de su amigo sobre su exposición al sufrimiento de otros, el protagonista contesta: “Sí, sí, (…) pero usted no lo entiende. Yo soy un sacerdote.” Poco después, extiende esta responsabilidad sacerdotal a todo cristiano, que debe estar en el punto de confluencia entre la dramática necesidad que produce el pecado y la gracia de Dios que viene a repararla: “yo debía ser el punto de encuentro, como cada sacerdote debe ser, de la necesidad de la creación y la gracia de Dios, como cada Cristiano debería ser en su posición.” Esta visión del sacerdocio común sorprende en una novela de 1903.

Otro punto de actualidad es la aproximación a esta temática a partir de historias de visiones y fantasmas, algo que últimamente se está poniendo de moda: zombies, vampiros, fuerzas sobrehumanas… Este relato nos recuerda que la visión cristiana de la realidad no esquiva lo sobrenatural, al contrario, toma de ahí su más profundo sentido de la realidad.

Ficha del libro

La entrada “La invisible luz” de Robert H. Benson aparece primero en Ediciones Trébedes.

Los títeres…de la ideología de género

titeres

Estos días es  noticia la detención de dos miembros del grupo teatral  Títeres desde Abajo mientras representaban ante  niños la obra  La Bruja y Don Cristóbal. Se les acusa de un  presunto delito de enaltecimiento del terrorismo.

Los políticos –salvo honrosas excepciones- andan discutiendo que si delito, que si libertad de expresión… Y aunque el tema es muy importante, está ocultando otro de importancia no menor.

En la página web de la compañía teatral (https://labrujaydoncristobal.wordpress.com/) puede leerse de la obra:“La caza de brujas y la represión son los temas centrales de nuestro espectáculo. Las mujeres de hoy que deciden vivir libremente son también perseguidas, señaladas o cuestionadas, que a nadie le quepa duda. Destruir el patriarcado, la autoridad, la propiedad privada, es destruir los pilares del sistema y el sistema no permite que quede impune”.

En la obra  se apuñalaba a un policía, se cometía una violación y el asesinato de una embarazada y, además de crucificar a una monja, aparecía un muñeco de guiñol representando a un juez ahorcado…y si  no hubieran sacado  el cartel de Gora Alka-Eta, todo esto no habría tenido ninguna importancia…

Estos titiriteros están siendo instrumentalizados por esta ideología neomarxista,  acientífica e intolerante para imponer el pensamiento único que propugna. Desde las Naciones Unidas se anima a legislar en clave de Ideología de Género.

Influyen en los medios de comunicación, en el cine, la televisión, la educación, el lenguaje, la cultura  y las leyes, buscando la destrucción de la familia, la religión, la sexualidad, la maternidad, la procreación (aborto libre), etc. Su objetivo es la de construcción del hombre y de la sociedad.

Es la principal amenaza de nuestro tiempo, ha entrado sutilmente en nuestras vidas, y nadie reacciona.

Y nosotros somos víctimas de nuestros políticos (salvo excepciones), tanto los que han legislado según esta Ideología, como de los  incapaces de legislar contra ella. El titiritero es la Ideología de género, nuestros políticos son los títeres, y nosotros sus víctimas.

Grupo Areópago


Eroticidad occidental e Islam

Hace pocos días nos llamaba la atención la ocultación de esculturas de desnudos ante la visita al Vaticano del presidente iraní como muestra de respeto ante su sensibilidad. No importa que se muestre respeto por otras sensibilidades cuando esto no implica males mayores como la destrucción de una obra de arte genuina, por ejemplo. Ocultar, en este caso, es solo una muestra de atención hacia el huésped. Pero el suceso pone de relieve dos sensibilidades sostenidas por valores antagónicos: la del Islam y la del Occidente actual. El Islam muestra un profundo respeto por el cuerpo que le obliga a preservarlo para la intimidad, pero la radicalización de este criterio –que de por sí resulta acorde con la dignidad humana– deviene en deformación cuando en vez de preservar se torna en ocultación vergonzosa. Es un extremo que también alcanzó el protestantismo puritano cuando quiso reducir la moralidad general en moral sexual, y la moral sexual, en represión y condena de cualquier sensación de placer.

La otra sensibilidad en cambio, exalta lo sexual desde lo erótico transformando el ámbito de la intimidad personal en objeto de consumo y disfrute. La reacción occidental a la moralidad represiva puritana del s. XIX fue la hipersexualización del ambiente social de la que el sistema capitalista del s. XX ha hecho uno de sus negocios más lucrativos: no solo por la enorme cantidad de dinero que mueve el mundo de la prostitución sino por la eroticidad como reclamo omnipresente para la publicidad.

De este modo, calentamos el planeta sin necesidad del deterioro de la capa de ozono: los machos –que no hombres, pues son tratados desde su animalidad- son constantemente estimulados en su testosterona al mismo tiempo que, hipócritamente, no se les perdonará ningún descontrol sexual (abusos, pederastia…) Y las hembras –que no mujeres, pues no son menos animalizadas por el ambiente–  son inducidas a lograr cuerpos imposibles sometiendo su vanidad al gimnasio y la cirugía estética, y a adornar sus cuerpos con modas que parecen diseñadas para las fantasías de Las mil y una noches, al mismo tiempo que no se les perdonará ligereza en su comportamiento.

Pero ni el cuerpo ha de ser motivo de vergüenza, ni mucho menos ha de ser objeto de consumo. Este reduccionismo desvirtúa lo más fascinante de la sexualidad al despojarla de su necesaria vinculación con la intimidad y el amor.

Grupo AREÓPAGO


Nueva política

congreso diputados“Queremos hacer  una nueva política”,  “estamos por el cambio”: son los mensajes que suenan con más fuerza en el nuevo escenario político de nuestro país. Una mirada analítica a la historia de las ideas políticas nos confirma  que plantear en política como ideal lo nuevo y lo viejo es una idea caduca, pues lo que importa, o debiera importar, es hacer “buena política”,  asumiendo como referente básico el principio del bien común. Igual sucede con la idea del “cambio”: ¿hacia qué o hacia dónde? No todos los cambios en la vida y en la historia son o han sido realizados desde y para este referente básico.

Y es en este caminar por los senderos de la buena política en donde hay que situar la actividad más importante de nuestros políticos en estos momentos: el pacto o los pactos a los que inevitablemente nos lleva el resultado de las últimas elecciones. Pactar forma parte de la esencia de la política, pero ha de ser el bien común su principio orientador. Cuando los pactos giran alrededor de estrategias de partido, de cálculos electoralistas, de confrontación para eliminar al contrario…, se sitúan más en el marco de la  lucha por el poder que en el de la buena política. Los pactos que demanda el pueblo soberano en estos momentos exigen proyectos consensuados que tiendan a regenerar la democracia y a solucionar los graves problemas sociales que acucian a amplias capas sociales de nuestro país. La percepción que se tiene en este momento es que los pactos se están orientando más en la dirección primera que en la segunda. Se situarán, pues, en la esfera de la nueva política, pero no en la de la buena política.

Hay dimensiones esenciales de la vida  cotidiana de las personas que  constituyen el objetivo principal de la política por lo que su ausencia de los pactos derivaría en clara perversión política, expresión significativa de una crisis profunda de nuestra democracia. El mundo del trabajo, de la familia, de la educación, de la sanidad…, sin obviar por supuesto otros temas relevantes como la territorialidad del Estado, en forma de proyectos, han de ser prioritarios para forjar unos pactos que hoy por hoy  no se vislumbran.

 

Grupo AREÓPAGO


Cuando #lomalo vence

periodistas

Hagan un ejercicio práctico. Abran un periódico de edición impresa o digital. Cualquier periódico, y cualquier día. Cuenten las noticias que hay. Presten atención a las noticias que tienen carácter positivo y cuáles negativo. Cuántas reflejan informaciones de hechos que podríamos denominar buenos y cuántas informan de acontecimientos tristes y negativos.  O sintonicen un informativo de televisión o radiofónico, pongan atención a los titulares. Cuántos positivos y cuántos negativos. El resultado será el mismo en los medios escritos que en los audiovisuales. El 90% de la información que recogen los medios de comunicación son historias de acontecimientos negativos. Lo bueno ocupa menos espacio.

Los acontecimientos que hablan de esperanza, de vida o de valores positivos son poco o nada atractivos para las redacciones. Los grandes titulares son para los “malos”, los “buenos” se quedan en las curiosidades, en las páginas finales o en la contraportada o cierre. Lo “bueno” llega a ser hasta curioso. Dentro de un panorama de delitos, corrupción, muertes, tragedias y escándalos que surja una noticia en positivo resulta hasta “especial”. “Lo bueno” nos devuelve en muchos casos la sensibilidad por el otro, y aquello de que no “todo el mundo es malo”.

Los medios de comunicación influyen en nosotros, en nuestras opiniones y hasta en nuestra forma de pensar. Se suele decir que ofrecen lo que nosotros queremos escuchar, leer o ver. La noticia es poder, un poder que saca a la luz lo que interesa y silencia lo que no se quiere dar a conocer. Lo que es noticia existe, y lo que no es, es como si no existiera.

Sólo “lo malo” vende; atrae lo escandaloso; impacta lo más amarillo. Es una excelente fórmula mediática que tiene bastante éxito. Cada día se producen más noticias buenas que malas, lo único es que “lo malo” sobresale y por lo tanto es lo que más se conoce. Y si se conoce, existe.

Los medios de comunicación deberían apostar por ofrecer más historias positivas, que nos enseñen valores y actitudes que sean ejemplo para todos nosotros y que demuestren que el bien se impone al mal, aunque este último gane la batalla mediática. La celebración de San Francisco de Sales, patrono de los periodistas, nos puede dar esperanza para lograr este objetivo.

 

Grupo AREÓPAGO


Ciudadanía no, ¡Personas!

personas

En el lenguaje político (y, cada vez con mayor frecuencia, también en el jurídico) se ha extendido en los últimos años el empleo de la palabra “ciudadanía” para referirse al conjunto de personas que forman parte de la sociedad. Especialmente se hace uso de la misma para referirse a los electores. De este modo, los dirigentes políticos se autoatribuyen el poder de interpretar, como si de un bloque unánime se tratara, el sentido del voto y, peor aún, la voluntad de los votantes.

Así se ha podido apreciar, con enorme claridad, en el debate mantenido entre Pablo Iglesias y Albert Rivera, tras el acuerdo para la formación de la Mesa del Congreso, durante el cual el primero, claramente enojado, afirma que “eso no es lo que quería la gente cuando ha votado” y que “en las próximas elecciones la gente no se va a olvidar de esto”. Al hablar así actúa como intérprete máximo y único de la voluntad de todos los votantes, desprecia la representatividad que implica todo mandato político en un Estado democrático en relación con cada uno de los miembros del Parlamento y excluye el diálogo con las fuerzas políticas que no coincidan con sus planteamientos.

Sólo cada persona sabe las razones de su voto y la finalidad por ella buscada con el mismo. A los elegidos les corresponde gestionar adecuadamente los resultados de las elecciones buscando, en todo, el bien común.

Estamos ante una clara muestra de la despersonalización del ser humano, en este caso en su condición de miembro de una comunidad política. Y, despersonalizado, es fácilmente manipulable como miembro anónimo de la masa. Es la versión 2.0  del despotismo ilustrado, del “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”: dado que la ciudadanía, la gente, las masas no son capaces de saber lo que más les conviene, corresponde a los dirigentes políticos decidir por ellos, sustituyendo su voluntad y su individualidad.

Los ciudadanos, las personas, hemos de ser capaces de reivindicar la singularidad de cada ser humano, que es único e irrepetible, en todas las dimensiones de la vida. También en la política.

 

Grupo Areópago