Archivo mensual: junio 2017

Por monja

Queman iglesias por ser templos católicos (una capilla universitaria de la Autónoma de Madrid); pegan a una mujer en la calle por ser monja (una hermana de la Congregación de las Esclavas de la Inmaculada Niña en Granada); excluyen de los primeros puestos en las listas electorales a militantes  de partidos políticos por haber antepuesto su conciencia a la disciplina de voto (miembros del PP que votaron en contra de la última reforma de la Ley del aborto); presentan querellas contra Obispos por exponer ante sus fieles el Magisterio (los de Alcalá, Valencia o Córdoba). Todo ello se suma a planteamientos de supresión de la financiación pública de la Iglesia, de eliminación de las manifestaciones públicas de fe, de minusvaloración a quien expresa su opinión basándose en sus convicciones religiosas por considerarlo incompatible con la razón e, incluso, la inteligencia. Sería fácil, en consecuencia, centrar esta reflexión en la idea de que en España ya está pasando –o, mejor dicho, ya está volviendo a pasar–: la persecución religiosa ha dejado de ser únicamente cultural para convertirse también en personal. Sin embargo, el problema de fondo es mucho más amplio. No nos damos cuenta de que todas estas manifestaciones, que son bien vistas por quienes no simpatizan con la Iglesia católica e ignoradas con indiferencia por la gran mayoría de los ciudadanos, son un auténtico ataque a la libertad de todos. Una sociedad que desprecia, critica, persigue, se mofa e, incluso, agrede a personas por creer en Dios y tratar de vivir en coherencia con ello –o, cuando menos, que no reacciona frente a los desprecios, las críticas, las persecuciones, las mofas, las agresiones a personas concretas– es una sociedad condenada, toda ella, a la esclavitud. No hay mayor manifestación de libertad que la libertad interior. Es esto lo que está en juego: la imposición de una concreta visión del ser humano y del mundo que no acepta fisuras, críticas ni argumentos en contra. Quien discrepe, sobra. Hoy pegan a una mujer “por monja” –y muy pocos reaccionan, ni siquiera los defensores de la igualdad de género, quizás por entender que una mujer, al ser monja, pierde su condición de mujer y, por tanto, la agresión por parte de un hombre no puede ser calificada de acto de machismo ni como violencia de género–. Mañana será demasiado tarde para reaccionar si no frenamos estos ataques a la libertad.        

GRUPO AREÓPAGO

Vida digna, muerte digna

En Colombia, un joven de 19 años trata de quitarse la vida con una soga ante una gravísima situación económica; piensa que su vida no vale la pena.  Sin embargo, un agente de policía le ofrece ayuda y le convence de que vale la pena seguir viviendo. En China, un chico de 16 años está a punto de suicidarse arrojándose desde un puente. La separación de sus padres y la gravísima enfermedad de su hermana le han llevado a tomar esa decisión; se encuentra solo y su vida no tiene sentido. Pero una mujer se le acerca, habla con él, lo abraza y evita su suicidio. Desde Palma de Mallorca, se hace viral la foto de un policía local abrazando a un joven desesperado que había decidido quitarse la vida y al que salva en el último instante animándole a seguir adelante con esperanza. Estas escenas se repiten con cierta frecuencia. Personas que han decidido suicidarse porque piensan que su vida no vale la pena y que se encuentran con otras personas que les responden: “yo creo que tu vida sí vale la pena”. La sociedad suele aplaudir la actuación de quienes salvan vidas en estas circunstancias, e incluso considera héroes a policías, bomberos, psicólogos o personas de a pie que, en ocasiones arriesgando su vida, testimonian a quien había decidido suicidarse que les importa su vida, que su vida sí tiene sentido. Por contraste, se repiten también escenas en las que otras personas han decidido suicidarse porque piensan que, por razón de su enfermedad, discapacidad o de su edad, su vida no vale  la pena. Sin embargo, no encuentran a nadie que les responda: “yo creo que tu vida sí vale la pena”. Los que encuentran a su alrededor se limitan a preguntarle si su decisión voluntad es autónoma e informada, les animan a poner esa voluntad por escrito y les garantizan que van a luchar por su “derecho” a morir. Sin palabras, les están contestando: “Efectivamente, tienes razón; tu vida no vale la pena”. Ante una situación de sufrimiento, soledad, desesperanza y falta de sentido de la vida, dos personas deciden suicidarse. Una es joven y sana, por lo que intentamos darle consuelo, ánimo, apoyo y cercanía; en definitiva, tratamos de que se sienta querida y valorada. Otra es anciana o enferma, por lo que nos limitamos a preguntarle si ha tomado la decisión autónomamente y a facilitarle la muerte; es decir, aplicamos fríamente un protocolo. La diferencia no está en la decisión de desear morir, sino en la respuesta de la sociedad. Toda persona humana puede reaccionar con desesperación ante el sufrimiento. Pero toda persona humana, por dignidad, debería poder encontrar en sus semejantes una respuesta de solidaridad, apoyo y consuelo independientemente de su condición física o mental.

GRUPO AREÓPAGO

El árbol primero

Cuando se está en un bosque, normalmente se contempla el conjunto del paisaje –árboles,  pájaros y otros animales, insectos, plantas–; solo los más observadores se detienen a examinar en detalle especies particulares por su características, su belleza o sus años de vida; muy pocos son, sin embargo, los que se preguntan por el origen de ese precioso conjunto, que en algún momento surgió, por obra del Creador. Algo parecido puede pasarnos a todos los que celebramos y admiramos el Corpus toledano (la reflexión es aplicable a aquellos otros lugares en los que esta pasada semana ha tenido lugar la tradicional procesión del Corpus Christi): nos quedamos en la belleza del conjunto o, como mucho, descendemos a particulares manifestaciones de ese precioso paisaje, mezcla de arquitectura, adornos y personas que desfilan en la procesión, pero nos olvidamos del árbol primero, del Santísimo Sacramento, de Jesús Eucaristía, auténtico corazón de la procesión y causa de todo lo que hay en ella. Es curioso comprobar –en los medios de comunicación profesionales y en la redes sociales particulares– cómo el acento se pone en la presencia de alguna persona pública, en concretos adornos, en determinados colectivos que desfilan e, incluso –y sobre todo– en lo que singulariza esta manifestación religiosa: la preciosa custodia de Arfe. Pero todo ello implica dar más importancia a la forma que al fondo, al continente que el contenido, al adorno que a la persona para la que fue creado: el mismo Dios. Un Dios hecho eucaristía que, por las bellas calles de Toledo, sale al encuentro de quienes le acompañan en procesión, de quienes le observan en su custodia, de quienes le buscan en medio de sus sufrimientos, problemas y preocupaciones. Ese, el árbol primero, es el sentido del increíble bosque del Corpus Christi.  

GRUPO AREÓPAGO

Gracias baratas

Conmemoramos el centenario de las apariciones de Fátima. Un acontecimiento importante para la comunidad católica –el papa Francisco lo ha testificado peregrinando con su Pueblo-, pero que también suscita interés en personas de otras religiones, y no pocos interrogantes en no creyentes. Entre las numerosas informaciones, opiniones y valoraciones que los medios de comunicación y las redes sociales han realizado sobre este evento, sobresale una noticia que por su novedad y notoriedad ha suscitado cierto interés: la aparición de lo que se ha dado en llamar “peregrinos de alquiler”; personas que realizan la peregrinación a Fátima en nombre de otros que no lo pueden hacer, llevando consigo sus plegarias e intenciones y cobrándoles por ello unos honorarios. Hablan de recuperar una tradición medieval. Es una práctica que como mínimo invita a un discernimiento serio sobre el sentido y el significado de la peregrinación cristiana. Toda la vida de un cristiano, y por supuesto de la Iglesia, se contempla como un peregrinar; un camino hacia la plenitud que todo humano anhela y que para los cristianos es Cristo. Y ese caminar conlleva un espíritu de búsqueda esforzada del sentido de la vida, de salida de sí mismo para encontrarse con Aquel que acompaña a nuestra humanidad herida y necesitada de salvación. Este es el sentido de las palabras con las que el Papa ha querido rezar su peregrinación a Fátima: “Recorreremos, así, todas las rutas, seremos peregrinos de todos los caminos, derribaremos todos los muros y superaremos todas las fronteras, yendo a todas las periferias para revelar allí la justicia y la paz de Dios”. En esta perspectiva de camino a recorrer no pueden faltar por tanto las dimensiones escatológica, comunitaria, penitencial, festiva y cultural-oracional de la fe. Si faltase alguno de estos ingredientes seguramente se resquebrajaría el sentido de la peregrinación como símbolo cristiano. Y desde la finalidad de esta novedosa práctica de la peregrinación habrá que interpelarse también sobre el sentido de la plegaria cristiana, que encuentra su principal raíz y soporte en la  gratuidad  y la experiencia del don. Tal vez por esto, el Papa se preguntaba con qué María se peregrina a Fátima, “si con María, una maestra de vida espiritual, la primera que siguió a Cristo por el camino de la cruz… o más bien con `una santita’, a la que se acude para recibir gracias baratas”. Se impone el discernimiento.

GRUPO AREÓPAGO

40 Aniversario de Oasis Toledo

40 aniversarioEl 10 de junio nos reunimos para celebrara una Misa de Acción de Gracias por el 40 Aniversario de Oasis de Toledo. Más de cien personas nos reunimos para agradecer todo lo recibido en estos años. Incluimos aquí algunas fotos de la Misa y el rato que compartimos después:

 

También tenéis disponible la homilía de la Misa:

Gracias a todos los que asististeis y un abrazo muy fuerte a los que nos pudisteis venir, os tuvimos muy presentes.

112 del alma

El pasado 15 de mayo, la Diócesis de Madrid puso en marcha un Servicio de Asistencia Religiosa Urgente (SARCU), para administrar el sacramento de la unción de enfermos a quien pueda necesitarlo en horas en las que resulta difícil encontrar a un sacerdote. Se trata de una iniciativa para ofrecer ayuda y asistencia a los que se encuentran a punto de morir y necesitan apoyo y consuelo. Son muchos los medios de comunicación, sobre todo religiosos, que se han hecho eco de esta noticia, que no deja de ser novedosa, no por el hecho de administrar el sacramento de la unción de enfermos en si, sino porque se hace a través de un servicio de emergencias espiritual que funciona desde las 10 de la noche hasta las 7 de la mañana. La unción de enfermos es un sacramento de sanación o de curación, instituido por Jesucristo. Irse en paz con Dios es una necesidad sentida no solo por los cristianos practicantes; cuando estamos en peligro de muerte, por enfermedad, por accidente o por vejez, quien más o quien menos experimenta en lo más profundo de su ser una  inquietud acerca de lo que pasará una vez muerto. Precisamente por ello, aunque una persona no haya sido creyente o no haya practicado la “urgencia del alma”, cuando tal momento llega y esa inquietud se activa, la asistencia espiritual de un sacerdote se hace fundamental. En el momento más crítico, cuando la muerte está cerca, todos necesitamos el perdón de los pecados, estar en gracia y en paz con Dios; y la Iglesia, como madre, atiende las necesidades de sus hijos, poniendo a nuestra disposición un sacerdote para darnos consuelo, ayudarnos a vencer las dificultades propias que podamos tener en el último suspiro de nuestra vida, perdonar nuestros pecados y, con ello, abrirnos a la Misericordia de Dios. El 112 del alma está abierto a todos.  

GRUPO AREÓPAGO