Archivo mensual: mayo 2017

¿Qué demonios es el agua?

nemo Había una vez dos peces jóvenes que iban nadando y se encontraron por casualidad con un pez más viejo que nadaba en dirección contraria; éste los saludó con la cabeza y les dijo: “Buenos días, chicos. ¿Cómo está el agua?”. Los dos peces jóvenes siguieron nadando un trecho; por fin uno de ellos miró al otro y le dijo: “¿Qué demonios es el agua?”. (La utilidad de lo inútil. Nuccio Ordine, 2013, página 71).  En ocasiones, sumergidos y acomodados en nuestro contexto, somos incapaces de ver la realidad. Le pasó a parte de los alemanes antes y durante la segunda guerra mundial. Acomodados confortablemente en el contexto, fueron incapaces de ver la realidad, fueron cómplices del horror y lo justificaron banalizando el mal. Aceptaron una pseudociencia (“darwinismo social”) que determinaba la indudable superioridad de la raza aria. Crearon “ad hoc” una cobertura legal para la esterilización (400.000 arios) y la eliminación de  arios con una vida sin valor (plan de eutanasia Aktion T4, 270.000 asesinados, por médicos y enfermeras en centros sanitarios). Posteriormente eliminaron a millones de personas de “razas inferiores”. La instrucción en los colegios y la propaganda (prensa, películas…) sirvieron a la ideología nazi. Los opositores fueron juzgados y condenados… Pero, ¿se podría repetir algo así? Sería una ideología basada en una ciencia falsa (¿se imaginan, por ejemplo, que se negara el carácter sexuado de la persona y se aceptara el género como constructo social no influido por la biología?), con cobertura legal de la esterilización y el asesinato impune de millones de vidas sin valor (aborto). Que diera cobertura legal a la eutanasia. Con la participación de los médicos. Con la educación y los medios  de comunicación dirigidos en su favor. Que juzgase y condenase a los que se manifestaran en contra… No sé…Si existiera la veríamos, a no ser que estuviéramos cómodamente instalados en lo políticamente correcto, y no supiéramos  responder a la pregunta “¿pero qué demonios es el agua?”  

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El hombre “nuevo” no es natural

vida No hace mucho tiempo, el papa emérito Benedicto XVI decía a nuestro papa actual que el gran pecado de nuestro tiempo es el ir contra la verdad de la Creación. Así lo manifiestan constantemente numerosas noticias procedentes de diversos países del mundo a las que ya casi no damos importancia. Sin embargo, deberían sorprendernos, porque nos intentan imponer la Ideología de género y la “Cultura de la muerte”: abundan los casos de la erróneamente llamada “violencia de género”, de la equiparación del también mal llamado “matrimonio homosexual” al matrimonio verdadero, del pretendido “derecho” a la autodeterminación de género, del “derecho” a adoptar por parte de parejas homosexuales, de las posibilidades de la fecundación in vitro para elegir el hijo perfecto,  o de la “compasión” con los enfermos para “acabar con sus vidas”, así como la aprobación de leyes que protegen dichas situaciones. Respecto de estos  y otros muchos titulares, que siempre versan acerca de comportamientos sexuales o relativos a la procreación o el fin de la vida, cuanto mayor es el empeño en justificarlos con argumentos, más queda de manifiesto su incongruencia con la realidad. Sin embargo, es tal el cúmulo de noticias que bombardean constantemente las mentes y la vorágine de titulares, imágenes y eventos y en la que nos introduce la vida cotidiana que la gente, nosotros mismos, podemos quedar como anestesiados, impertérritos, ante unos mensajes que no solo se oponen al sentido común, sino que intentan imponer como legítimo, verdadero y único un pensamiento que actúa en contra de lo que es natural en su sentido más auténtico y quiere dañar lo que Dios más ama en su creación visible: el hombre, su imagen en la Tierra. Lo que es aún más grave es que en el mundo de la democracia y los derechos, este pensamiento se presenta como “pensamiento único” y, por ello, se ve a la Iglesia o a cualquier institución “tradicional” como enemiga del “nuevo hombre” que se quiere imponer y busca su sitio en la sociedad; o lo que es peor, busca ocupar el único sitio posible desde el que se gobierna y se hace callar y destruir cualquier voz divergente. Ante este ataque, que tiene detrás al padre de la mentira y homicida desde el principio, debemos confiar en los medios de la Gracia, pero también en nuestros esfuerzos sostenidos por el mismo Dios de aprender a llamar a las cosas por su nombre, de buscar el verdadero valor de las palabras y de intentar educar en la verdad para que haya libertad. Si Dios ha vencido por nosotros en Cristo a través de la Cruz, también sabemos que podremos vencer nosotros, eso sí, pasando por el misterio de la contrariedad y la persecución.

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¿Importante o no importante?

Dos situaciones de hace unos días: 1.- Miércoles.10 de mayo. Un clásico. Partido decisivo. Juega Real Madrid-Barcelona.  Las aulas de una academia de idiomas están prácticamente vacías. 1 alumno por clase o nadie. A partir de las 20.00 horas la vida se paraliza. España en vilo por el resultado de 22 personas dándole al balón. 2.- Periodista en sala de prensa pregunta a un entrenador de baloncesto: “¿Qué piensa sobre la ausencia de Augusto lima en la mitad de las eliminatorias para ver el nacimiento de su hijo?” Entrenador: ¿Qué pienso? Yo le he dejado. Periodista: ¿Pero es normal esto en unas semifinales? Entrenador: ¿Tienes hijos? Cuando los tengas, lo entenderás. Es la mejor experiencia del ser humano. Es una buena pregunta. ¿Piensas que el baloncesto es lo más importante? Periodista: No, pero es una seminifinal y es importante. Entrenador: Semifinal, ¿Pero es importante? Periodista: El equipo (….) Entrenador: Cuando seas padre entenderás qué es lo más importante en la vida. Vienes y hablas. Porque es lo mejor del mundo. Créeme, ni títulos ni nada más.   Son dos ejemplos de cómo los acontecimientos deportivos paralizan nuestra vida. El primero, es real, y esa tarde, como en tantas tardes de finales, clásicos, semifinales…, el mundo se para para olvidarnos de todo. Lo importante ahora es el resultado final. Ya no importa nada más.  Importa que gane mi equipo.  Hay quien se enferma por los resultados finales. La emoción es tal que pierden la vida por ver cómo gana o pierde su equipo. El segundo ejemplo es de un vídeo que se ha hecho viral de un entrenador de baloncesto de la Liga Lituania. Un vídeo que es un sí a la vida y a la paternidad. Un vídeo en el que el entrenador deja sin palabras a un periodista, para el que lo más importante en estos momentos es la semifinal. Un vídeo que ha servido para que por lo menos en un día se recuerde al mundo que “ser padre es lo más importante del mundo, ni títulos ni nada”. Así está la sociedad. Así estamos, promocionando la cultura de lo anecdótico, de la competitividad absurda; la cultura del momento; poniendo freno a nuestra vida para vivir el momento, sin saber qué es lo realmente importante. Que la vida de un hijo no sea tan relevante como para que alguien no se pierda una semifinal; o que demos prioridad a 90 minutos de fútbol por una clase de inglés o dejemos de lado nuestras obligaciones; que hoy en día cuando se planifican acciones se tenga en cuenta: ¿Hay fútbol? ¿Hay final? Todo esto pone de manifiesto en qué ponemos nuestra atención y a qué damos relevancia; y qué poco valoramos lo realmente importante, quizás porque ya no sabemos ¿Qué es lo importante? El deporte nos aporta muchos valores como son el esfuerzo, la superación, la dedicación y la deportividad, pero cuando lo exageramos hasta extremos que pasan a primera línea en nuestra vida, ya es preocupante, dándolo mucha más importancia de lo que tiene. ¿Y entonces vale la pena? ¿Quién pone los límites? En nosotros está discernir qué puesto ocupa en nuestra vida queda.    

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“En tiempos del Papa sirio” de Jesús Sánchez Adalid

Jesus_Sánchez_AdalidEn la novela “En tiempos del Papa sirio”, Jesús Sánchez Adalid nos enfrenta a un tema muy actual y a la vez muy antiguo, la convivencia entre cristianismo e islam bajo un gobierno musulmán. Este tema ya había sido tratado por Sánchez Adalid en “El mozárabe”, donde contaba las peripecias de un obispo mozárabe en la Córdoba del Califato. Ahora, en esta nueva novela, el autor nos transporta al Damasco entre finales del siglo VII y comienzos del siglo VIII, en la tercera generación tras la ocupación musulmana. En esos momentos, la comunidad cristiana había sido sistemáticamente reducida por la presión cultural y administrativa, sin faltar episodios de auténtica persecución. La ubicación de la historia en Siria no es baladí, el paralelismo con la actual amenaza del ISIS y sus aspiraciones a establecer un nuevo califato son evidentes, pero toda la reflexión que provoca es también aplicable al occidente materialista en el que vivimos muchos, en la medida en que los cristianos se enfrentan a sistemas de gobierno que, de muy diferentes maneras, no toleran su fe. Una pregunta le asalta repetidamente al protagonista de la historia: ¿cuál debe ser el testimonio de un cristiano en un ambiente hostil a la fe, el sometimiento manteniendo la fe a escondidas, la manifestación clara de la fe aún a riesgo del martirio, o la rebelión para revertir la situación política y la libertad religiosa?

Alternativas

El sometimiento a las autoridades hostiles manteniendo privadamente la fe parece a todas luces una respuesta deficiente, quizá la única posible para muchos, con el mérito de mantener la fe, que no es poca cosa, pero con mucho riesgo de ir apagándola poco a poco. Es la actitud de Crisorroas, que mantiene un puesto importante en la administración del Califa, y de la que él mismo se siente avergonzado: “…no soy capaz de ofrecer una entrega total, valiente, decidida; una entrega como la de aquellos mártires de la primera persecución…”. El mismo protagonista la juzga claramente insuficiente, legalmente son cristianos, lo que les limita su vida social y les obliga a pagar altos impuestos, pero luego viven como musulmanes: “Era una triste doble vida de disimulo e hipocresía, que, para el joven impulsivo y descontento que empezaba a ser yo, resultaba una fuente constante de contradicción y, con frecuencia, de rebeldía”. Tras la ocupación musulmana, a los sirios cristianos solo le quedaron tres opciones: convertirse al islam, someterse como ciudadanos inferiores o huir hacia alejados territorios cristianos. Así lo narra el protagonista: “Aunque muchos habitantes de Siria, para eludir el pago del impuesto o para no tener que soportar las obligaciones del compromiso, se convirtieron al islam y adoptaron la lengua árabe. Otros, en cambio, permanecieron con una resignación esperanzada, confiando en que algún día acabaría la sumisión. Y algunos, no pudiendo soportar la humillación de las obligaciones contraídas, optaron por expatriarse hacia las provincias cristianas de Occidente, embarcándose con todo lo que podían llevarse consigo”. La segunda opción, la manifestación clara de la fe, asumiendo el riesgo del martirio, aparece como una solución poco sostenible, sería una provocación que acabaría rápidamente con toda la comunidad cristiana. El martirio es un comportamiento ejemplar, pero esporádico dentro de la comunidad sometida. El protagonista vive muy de cerca esta situación y la tensión entre el testimonio y el sometimiento le produce un malestar interno que no sabe cómo resolver: “Siento que vivimos una vida de doblez. Vivimos como los agarenos de cara a los vecinos, pero no tenemos ninguno de sus privilegios. ¡No estamos dando testimonio! ¡Nos conformamos asquerosamente!”. La rebeldía surge como la tercera alternativa: derrocar al gobernante musulmán e instaurar un reino cristiano, pero ese camino también está lleno de contradicciones, como admiten los mismos que alientan la rebelión: “Somos cristianos y queremos vivir como tales. ¡Basta ya de engaños! Y sé que lo que digo podrá parecerte una incongruencia. Pero, aunque sea difícil de entender, hay veces en las que para vencer al mal hay que alejarse algo de Dios… He ahí el misterio…”. Pero la elección directa y consciente de ese camino resulta siempre un fracaso, se gane o se pierda la guerra, alejándose de Dios no se consigue nunca estar más cerca de él.

El mal y el bien

En paralelo a la historia que se narra en la novela, Sánchez Adalid lleva a sus personajes a través de una reflexión sobre el mal y cuál debe ser nuestra respuesta hacia él. Esta reflexión va confiriendo sentido a la historia y nos prepara para que cada uno demos nuestra respuesta al dilema planteado. El protagonista busca ayuda en las profecías como una respuesta a Dios a sus preguntas. Hesiquio le apunta: “A veces podrá ocurrir que Dios no responda. Pero ¡eso es normal! Porque Dios nos deja ser libres. ¿Comprendes eso?”. Es nuestra libertad la que se pone a prueba ante el mal. Así lo ve también el Papa Constantino: “Solo he querido expresar que los males de este mundo son pruebas y que nadie se ve libre de ellas… Todo esto es una prueba de Dios, de la cual el individuo debe aprender. Roma debe aprender de todo esto a tomar en serio al cristianismo, y su reconstrucción debe tener en cuenta ese aspecto, para así esperar la venida de la Ciudad de Dios. Los que han tenido la oportunidad de escapar y sobrevivir son personas a las que Dios les da una segunda oportunidad. Mientras que los que murieron pueden ser diferenciados en dos grupos: los justos, que han pagado sus pecados aceptando la voluntad del Padre Eterno y ahora gozan de su presencia en el cielo; y los injustos, los cuales, por su excesivo vicio y pecado, sufren…” De forma parecida resume Crisorroas su experiencia de la persecución: “Pero, por el momento, solo puedo decirte que, por estar tan alejados de Dios no podemos apreciar su actuación sacando bien del mal. Y lo mejor de la misteriosa actuación divina es nuestra redención.” Toda la historia pivota sobre esta experiencia: Dios saca bien del mal, por eso el mal es consentido, y lo que se nos pide es poner en juego nuestra libertad, desde nuestras limitaciones, pecados y mediocridades. Ese es el mensaje de esperanza que contiene este libro, como concluye Crisorroas: “Si Dios permite el mal y crea seres capaces de hacer maldades, se debe a que Él mismo es capaz de sacar el bien del mal; y el mal de este mundo, en definitiva, sirve para hacer brillar la bondad divina en la misericordia.” Lo que me deja este libro: Ante el mal: libertad y misericordia.   (Los textos han sido citados de “En tiempos del Papa sirio”, Jesús Sánchez Adalid, Ediciones B) La entrada “En tiempos del Papa sirio” de Jesús Sánchez Adalid aparece primero en Ediciones Trébedes.

Pueblos vacíos

¡Cómo podrá cantar hoy el poeta aquello de hacia el camino blanco está el mesón abierto al campo ensombrecido y al pedregal desierto! (Machado) ¿Dónde podremos encontrar mañana el sobrio y acogedor mesón que nos aliviará del pedregoso desierto? El mundo rural pobre de nuestro país se está quedando sin gente. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) España ha comenzado a perder población a partir del año pasado a un ritmo de 72 personas por día en el índice  comparativo natalidad-mortalidad. Esta tónica general, ya de por sí grave, incide de forma muy particular en los espacios rurales, que aunque suponen solo la cuarta parte de la población total del país, representan el 90% del territorio: más de la mitad de los Ayuntamientos españoles tienen menos de 1000 habitantes. Los expertos aseguran que en las próximas décadas desaparecerá uno de cada cuatro municipios de menos de 100 habitantes. El despoblamiento se puede considerar hoy día, pues, como una de las mayores amenazas para las sostenibilidad del medio rural y consecuentemente para el equilibrio medioambiental tan necesario para luchar contra el cambio climático. No hay que ser muy experto en climatología para constatar que este despoblamiento ha de repercutir necesariamente en el cuidado de los bosques, pastos y cultivos; en el aumento de los incendios forestales, con la consiguiente pérdida de masa forestal; en la proliferación sin control de especies vegetales dañinas y la desaparición de tierras de cultivo donde las lluvias son escasas, propiciando mayor erosión y desertización en nuestros campos. En la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral que tiene una vital relación con el cuidado de los ecosistemas nos ha de llevar a preguntarnos por qué se van las personas de nuestros pueblos pequeños, especialmente la juventud. Ni la tranquilidad de sus calles y paseos que posibilitan una vida más equilibrada y feliz, ni el alto grado de convivencia, ni el saludable contacto con la naturaleza tan apreciado en los tiempos actuales, son capaces de detener el éxodo rural de los últimos tiempos. Desde la constatación de que hay razones coyunturales que llevan a las personas a buscar mejores oportunidades económicas, sociales y culturales, que resultan más fáciles obtenerlas en el medio urbano, hay que plantearse en un contexto de emergencia ecológica si la acción política no debería ya, de forma inmediata, buscar soluciones.

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Celebramos nuestro 40 Aniversario

Oasis Toledo 40 aniversarioEste año celebramos el 40 aniversario del inicio del grupo Oasis de Toledo.

Hace 40 años, un grupo de jóvenes se comenzó a reunir para preparar su confirmación y decidieron seguir unidos para compartir su vivencia cristiana. Aquellos chicos y chicas de Maristas y Carmelitas fueron el inicio de lo que después se conformó como Oasis Toledo.

Se comenzó con reuniones en Maristas y Carmelitas, luego en la parroquia de Santa Leocadia, posteriormente, durante muchos años, en la Casa Oasis, en el convento de Santa Úrsula, hasta el año pasado, en el que nos acogieron en el convento de Las Carmelitas Descalzas, antiguo convento de las Capuchinas. También desde hace unos años, las reuniones con los más pequeños las tenemos en los locales de San Julián.

Todo este recorrido se completó gracias al impulso de Jose Luis Pérez, primero, y Félix del Valle, después, y otros muchos sacerdotes, religiosos de Maristas y Carmelitas, seglares responsables, animadores, monitores, voluntarios… muchas personas que aportaron su tiempo y su energía, todos colaboradores del amor de Dios que se ha derramado rebosante en toda esta historia y que nos dan muchas razones para estar agradecidos.

Queremos celebrarlo cristianamente con una Misa de Acción de Gracias, el sábado 10 de junio, en la Parroquia de San José Obrero a las 20:00h.

Invitamos a todos los que han compartido en algún momento este camino, a unirse a esta celebración, bien con su asistencia o con su oración.

Para poder organizarlo mejor, agradeceríamos confirmación en la página: http://nuevosol.org/oasis40/

Como sabéis, podéis encontrar más información sobre Oasis Toledo en esta web http://www.oracionenaccion.com/, en Twitter @Oasis_TO, o en nuestros canales de Ivoox y YouTube

Agricultores del siglo XXI

campo Cada 15 de mayo se celebra San Isidro, patrón de los agricultores. Hoy en día, todavía son muchas las familias que viven del fruto de sus cosechas, de sus cultivos aunque con bastantes dificultades, no sólo por la falta de ayudas económicas al agricultor sino por los problemas que se plantean diariamente como son las inclemencias climáticas, el deterioro del medio ambiente o las frecuentes expropiaciones de suelo que se llevan a cabo para realizar autopistas o carreteras y que hacen que las explotaciones agrícolas desaparezcan. La agricultura es un sector estratégico para la economía, no sólo nacional sino internacional. En España hasta los años 60, la agricultura fue un pilar fundamental no sólo desde el punto de vista económico, sino también social, de empleo y medioambiental, pero según el Ministerio de Agricultura y Pesca y Alimentación en España el número de personas ocupadas en la industria alimentaria en 2014 suponía un 2%. El descenso es más que evidente. La explotación de la tierra y el cultivo de alimentos es una tarea que el hombre realiza desde la antigüedad, y es una constate preocupación no sólo de los gobiernos y de organizaciones internacionales sino también de la Iglesia como puede verse en  las distintas menciones a la agricultura y al trabajo agrícola realizadas en las Encíclicas de los Papas como Juan XXIII Mater et Magistra donde se hace referencia a la modernización de la agricultura, y  San Juan Pablo II en la encíclica Laborem exercerns revaloriza y dignifica el trabajo en el campo. En la Gaudium et spes del Concilio Vaticano II se hace alusión a las enormes desigualdades económicas y sociales que sufren los trabajadores del sector agrícola. El futuro de la agricultura y las condiciones de vida laboral de los agricultores y ganaderos son unos de los retos del s. XXI; la actividad agrícola debe ser apoyada desde las instituciones, fomentando la publicación de ayudas al sector agrícola y trabajando por la dignidad y mejora de las condiciones de trabajo de los agricultores. Porque entre los valores que los agricultores nos enseñan día a día, sembrando y cosechando en sus campos, se encuentran el esfuerzo, la paciencia, el sacrificio y del compromiso.  Valores que engrandecen y dignifican a todas las personas.

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La Fiesta del trabajo

Como cada año, el 1 de mayo viene marcado en todos los calendarios como el día internacional de la fiesta del trabajo. Y como tal, lo consideramos desde hace muchos años en la mayoría de los países del mundo. Y como en todos los días de fiesta, por supuesto, festejamos, rememoramos, celebramos… Seguramente que, desde el acontecer histórico, es una fecha importante para conmemorar, hacer memoria, no sólo del hecho histórico que dio fecha a la fiesta, sino también de los muchos e importantes esfuerzos que muchas personas, trabajadores anónimos, han hecho posible a través de la historia la dignificación de algo tan esencial para la vida del hombre como es el trabajo. Pero hoy hay que preguntarse si hay mucho que festejar desde la realidad que viven muchas personas en nuestro país en relación con este bien y derecho básico. La precariedad laboral, el alto índice de desempleo, salarios extremadamente bajos…, están incidiendo de forma alarmante sobre un importante número de familias que sufren dificultades para hacer frente a sus necesidades más básicas. Tal situación está incrementando los niveles de pobreza, con elevado riesgo de exclusión social para muchas familias, y como consecuencia, acrecentando las desigualdades sociales. Dicen las estadísticas que el 1% de la población mundial concentra hoy tanta riqueza como el 80% más pobre, y que el 29 % de la población española se encuentra en situación de riesgo de pobreza y exclusión social. Estos y otros datos que se podrían enumerar son motivo de profunda reflexión y, por supuesto, de una acción política eficaz e inmediata. Vivimos en un modelo social donde la economía tiene un peso importante. Y en ella predomina, sin lugar a dudas, el modelo productivo. La máxima rentabilidad es el principio básico de toda actividad económica y su lógica choca frontalmente con la lógica del cuidado de la vida que siempre ha de nacer del reconocimiento de la dignidad de la persona. Este modelo socioeconómico lleva a las personas a vivir para producir y consumir. Es un modelo social que aliena y deshumaniza. Participar en la fiesta del trabajo como festejo y celebración implica revisar dicho modelo y, desde la educación y la acción política, reivindicar y trabajar por un cambio acelerado que desde la lógica del cuidado de la vida sitúe en el centro la dignidad del ser humano y la afirmación de los derechos fundamentales de la persona como trabajador.

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¿Decisión verdaderamente libre?

Las Cortes Valencianas han aprobado, el pasado 24 de marzo, la Ley 6/2017, cuyo único artículo tiene por objeto derogar la Ley 6/2009 de protección de la maternidad que se impulsó en una legislatura anterior con la finalidad de ayudar a las mujeres embarazadas en situación de vulnerabilidad económica y social. La justificación de la misma no puede ser más clara: se parte de la premisa de que “desde el poder público no se debería interferir nunca en una decisión que debe corresponder únicamente a la mujer gestante” y se hace desde el “respeto absoluto a las decisiones libres y responsables, así como desde la convicción de que los poderes públicos deben garantizar el apoyo a estas decisiones”. Cierto es que las leyes, empleadas como instrumentos de propaganda en uno u otro sentido, de poco sirven para cambiar la realidad si no van acompañadas de políticas concretas de aplicación de las mismas y de la dotación económica necesaria. Pero no menos cierto es que partir de la consideración de que la decisión de disponer de la vida de un ser humano es responsabilidad única de la madre supone, en última instancia, abandonarla a su propia suerte. Una decisión sólo puede ser libremente adoptada si la persona que ha de tomarla lo hace sin presión ni hacia un lado ni hacia otro. Suprimir ayudas, omitir información, prescindir del padre, en definitiva, condenar a la soledad no es precisamente favorecer una decisión libre y responsable. Un embarazo no deseado puede suponer inicialmente un drama para la madre que, en no pocas ocasiones, se encuentra sola por el rechazo de su pareja, el abandono de su familia o la carencia de recursos o que, incluso, se ve presionada para “poner fin al problema”. Pero, aunque fallen las personas, quien no debería fallar es el Estado, el conjunto de la sociedad, la comunidad en la que se inserta. Es, desgraciadamente, lo que ocurre con iniciativas normativas de esta naturaleza, al sostener que el aborto es una decisión exclusivamente individual e íntima: todos estamos danto la espalda a una mujer que nos necesita y a un niño que quiere nacer. La mayor parte de nosotros no somos parlamentarios y, por tanto, no tenemos capacidad de elaborar normas. Pero sí elegimos a nuestros representantes políticos y, en consecuencia, este tipo de opciones políticas debería ser debidamente ponderado a la hora de ejercer nuestro derecho al voto. Además, es mucho lo que podemos hacer en lo concreto: iniciativas ciudadanas, como Proyecto Mater, que se dedican a apoyar, de verdad –poniendo nombre y rostro a la mujer que se plantea abortar–, bien merecen nuestra atención, nuestro tiempo y nuestro apoyo económico. En ausencia de leyes injustas, contribuyamos con nuestros propios medios a construir la auténtica justicia y a trabajar por la verdadera libertad.

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