Archivo mensual: marzo 2017

Descenso de matrimonios, un sencillo síntoma

matrimonio El matrimonio no está de moda. Por matrimonio se entiende aquel compromiso público que dos adultos contraen entre sí para vivir unidos ayudándose hasta que la muerte los separe. Hasta ahora la sociedad civil ha reconocido en el matrimonio un grandísimo bien. Un bien para cada contrayente, para los hijos que vengan, y conformada la familia, ella misma es un bien para toda la sociedad. Pero claro está, el matrimonio no es cuestión de leyes, sino de personas. Y la convivencia es una tarea cotidiana. “Bueno” no significa “exento de problemas”. A día de hoy las parejas tienden a cambiar el matrimonio por la mera convivencia, sin compromiso formal. ¿Por qué? El compromiso de fidelidad ¿acaso es el gran problema para la convivencia? ¿O más bien es un elemento intrínseco de la misma convivencia, que una vez asumido la promueve? Una cosa es la convivencia, y otra las dificultades que surgen de la misma. Pero para que una relación vaya bien, se requiere reconocer que es un bien. Posiblemente la cultura actual haya decidido evitar los problemas prescindiendo del bien. Posiblemente el miedo al sufrimiento, al desencanto a la propia debilidad está ofuscando la mente hasta el punto de no reconocer el bien, y de decidir que no existe. Posiblemente esta mentalidad esté afectando a la política, el trabajo, las migraciones, la educación, la paz, la religión, y al mismo concepto de dignidad del ser humano. Hay quienes viven desde el bien del matrimonio. Desde él afrontan y resuelven dificultades. En lo humanamente posible les va bien. Hay parejas que se enamoran y se ilusionan con el tesoro que han encontrado, y desean ponerse manos a la obra para que les vaya bien. En este punto se encuentran contracorriente. Pero solamente el bien puede hacer que vaya bien.

Grupo Areópago

Creados para Dios

bebeniño Cada 25 de Marzo, coincidiendo con la encarnación del Hijo de Dios en el seno de la Virgen María, la Iglesia española celebra la Jornada por la Vida. No se trata de una efeméride puramente eclesial; antes al contrario, tiene como principal finalidad transmitir a la sociedad, a todos los hombres y mujeres que forman parte de ella, la necesidad de cuidar la vida y la dignidad de cada ser humano. Son muchas las paradojas a las que nos enfrentamos hoy en día. Nos solidarizamos con los síndrome de down al tiempo que nos mostramos indiferentes con la posibilidad de abortar a bebés con esta anomalía genética; valoramos la experiencia y la veteranía al tiempo que despreciamos a nuestros mayores, considerándolos ciudadanos de segunda; mostramos nuestra repulsa por las guerras, los ataques terroristas o la violencia contra colectivos minoritarios al tiempo que sembramos odio, con nuestros comportamientos y actitudes, contra quienes están a nuestro lado. Estos son simplemente algunos ejemplos, con los que muchos podemos sentirnos identificados, que ponen de manifiesto una realidad: la vida sólo tiene pleno sentido si se contempla desde la Vida, con mayúsculas. Efectivamente, es la luz de la fe la que permite detectar en nosotros estas incoherencias y nos marca el camino para luchar contra ellas y tratar de corregirlas; es la contemplación del misterio de la encarnación de Jesucristo lo que da verdadero valor a la vida de cada ser humano; es el reconocimiento de la existencia  de Dios, creador y dador de vida, la condición necesaria para comprender que no somos dueños de nuestra propia existencia –ni de la de nadie–. Desde estas premisas se entiende mejor la afirmación de Jesús: “Yo he venido para que todos tengan vida, y la tengan en abundancia” (Jn 10, 10). Esto es lo que celebramos cada 25 de marzo y, en general, cada día: que nuestra vida, que cada vida, tiene pleno sentido porque responde a una finalidad que nos sobrepasa y porque ha sido pensada para una misión que estamos llamados a descubrir. Con independencia de las circunstancias, de las carencias, de los defectos que podamos experimentar personalmente, nuestra vida, siempre, tiene pleno sentido. No en vano, hemos sido creados por Dios y para Dios.

GRUPO AREÓPAGO

No hay vida sin agua

agua El 22 de marzo se celebra el Día Mundial del Agua, día para reflexionar sobre la importancia del agua. Este líquido transparente e incoloro -como así se define-  es esencial para nosotros y para el planeta.  Sin embargo pese a la relevancia que tiene el agua en nuestra vida  cada vez su existencia se ve más amenazada. La protección y gestión del agua forma parte de políticas, tanto a nivel local como a escala internacional, y muchos son los programas de acción para proteger los recursos hídricos y ecosistemas de la naturaleza. Proteger, conservar y cuidar el planeta es responsabilidad de todos. Las próximas generaciones necesitan agua y muchos son los factores que intervienen en su escasez como el deterioro, la contaminación del medio ambiente y a la sobrepoblación mundial. El agua es un bien común y un recurso escaso, por esto desde la antigüedad la gestión y la posesión del agua han sido objeto de muchos conflictos entre pueblos y  regiones, como actualmente ocurre entre Castilla-La Mancha y Murcia, y también entre países. El agua se convierte así en un tema de seguridad nacional e internacional. El agua en muchas religiones y creencias, como el budismo y el hinduismo, es un símbolo espiritual; para los cristianos es también un tema ecológico fundamental recogido en la Doctrina Social de la Iglesia (DSI). El derecho al agua es un derecho universal e inalienable según el Compendio de la DSI;  es un derecho del hombre, que se basa en la dignidad humana y no sólo se trata de un bien económico sino también de un bien común. En la Encíclica Cáritas in Veritate, escrita por Benedicto XVI, se insiste en que “el derecho a la alimentación y al agua tiene un papel importante para conseguir otros derechos, comenzando ante todo por el derecho primario a la vida”. La escasez de agua es un problema cada vez más grave.  Todos somos responsables de cuidar y de  realizar una buena gestión del agua, siendo uno de los  grandes retos del siglo XXI,  porque de ello depende que tengamos vida. Recordemos el agua es vida.

Grupo Areópago

Criminalizar al que piensa diferente

pensar Está pasando. La inversión de los valores comunes que han sostenido nuestra civilización durante siglos se encuentra a punto de alcanzar su fin. Vaciados de contenidos, desprestigiadas socialmente las personas e instituciones que los sostienen, impuestos mayoritariamente otros que se consideran los adecuados para la sociedad actual, solo queda el toque final: criminalizar al que piensa diferente. Francia acaba de aprobar una norma que habilita a las autoridades públicas a cerrar webs que manifiesten, con imágenes de casos reales, su oposición al aborto, a pesar de que implica el asesinato de un niño y está probado que causa trastornos a la madre; hace apenas unos meses la Comunidad de Madrid publicó una ley que permite sancionar a quienes defienden en las aulas que nacemos hombres o mujeres y ello marca nuestra existencia, aunque la ciencia demuestra que es así; aumentan las demandas contra declaraciones de Obispos, aunque se limitan a presentar a sus fieles el Magisterio de la Iglesia fundado en la naturaleza del ser humano. Todas ellas son manifestaciones claras de un doble hecho: se ha instaurado a nivel cultural un nuevo orden moral, contrario a la realidad de las cosas y a la verdad de las personas en algunos extremos, que cuenta con instrumentos propios para ser impuesto en la práctica a quien piensa diferente. Con ello, se pierde la libertad de expresión (y de pensamiento, conciencia y religión), aun en los casos en los que no sea ejercitada contra nadie y con ello se defiendan planteamientos objetivos y perfectamente argumentables. No hay lugar para el diálogo; no existe espacio para una verdad que no sea la instaurada oficialmente. Es la nueva dictadura a la que se enfrenta nuestra sociedad occidental. ¿Seremos capaces de darnos cuenta de ello y reaccionar a tiempo?

Grupo Areópago

Corrupción ideologizada

corrupcion

Cada vez resulta más evidente que hay corrupción de izquierdas y de derechas. Basta, para comprobar que es así, con observar el diferente tratamiento que se da a unos casos y a otros en función de la filiación ideológica de quien los protagoniza, la distinta forma en la que valoramos el hecho e, incluso, cómo en no pocas ocasiones llegamos a justificarlo o a condenarlo desproporcionadamente en función de si quien se ha servido de la gestión de asuntos públicos o privados en beneficio propio incurriendo en ilegalidad con ello se encuentra dentro o fuera de nuestra órbita de pensamiento.

Es una de las consecuencias –una más– del relativismo imperante, en virtud del cual no existe una forma común de aproximarse a la realidad y, por tanto, no hay verdades objetivas.

El problema alcanza niveles preocupantes cuando ello afecta a quienes, por su responsabilidad pública, deberían asumir el deber moral de reaccionar, sin tapujos, frente a este mal de efectos tan nocivos: en particular, responsables de partidos políticos, gobernantes, jueces y tribunales, medios de comunicación. También todos nosotros, ciudadanos de a pie, que hemos de ser capaces de denunciar y reaccionar en consecuencia, así como de detectar otros tipos de corrupción moral que nos afectan personalmente y que igualmente dañan a la comunidad en la que vivimos y al sistema del que nos hemos dotado.

Unos y otros somos responsables de la lucha contra la corrupción; contra todo tipo de corrupción.

 

Grupo AREÓPAGO

Cuando hasta los camellos se mueren de sed

El padre Christopher Hartley nos pide ayuda desde Etiopía:

Cuaresma, 2017

Queridos amigos de la misión:

En Gode y en la región somalí de Etiopía, hace ya un año y medio que no ha caído ni una gota de lluvia.

Aquí todo se está muriendo.

Es dramático ver a las gentes llegar al hospitalucho de Gode, por cualquier medio de transporte, incluido carretas tiradas por burros, con pacientes escuálidos y moribundos.

En estos momentos Gode está siendo arrasado por una espantosa epidemia de cólera.

Las gentes llegan en el último aliento y a veces mueren a los poco minutos en manos de médicos impotentes ante la magnitud de la tragedia.

Es tan triste y desolador ver los sembrados devastados por la sequía. Aquí ya no crece nada, ni el maíz, ni la soja, ningún tipo de cereales, todo se lo lleva el viento en nubes gigantes de polvareda que todo lo ensucia y viste de gris.

Cada mañana cuando salgo de casa, antes del amanecer, para celebrar la santa Eucaristía, veo como aumenta el ganado muerto a la orilla del camino, vacas, cabras, ovejas… El hedor es espantoso y el espectáculo tristísimo.

Ahora mismo en Gode solo se respira muerte y desolación.

Desde hace un par de meses tenemos un médico joven inglés colaborando con nosotros, que pasa mañana y tarde en el hospital público. Gracias a él estamos recibiendo información de primerísima mano de la magnitud del drama que están viviendo estas gentes.

Así, el jueves pasado, 2 de marzo, nos alertó que estaba llegando un número inusual de pacientes agonizando (de hecho, los seis primeros en llegar murieron en el hospital de Gode esa misma tarde), traídos de la zona del Afder, cuya capital es Hargele.

Pronto supimos que el problema radicaba en que, por la desesperación de llevar agua en camiones a los poblados más lejanos, algunas ONGs había cogido agua de una presa cercana a la ciudad de Hargele, que estaba completamente contaminada y podrida.

La ONG en concreto era la Islamic Relief Service.

Entrega de medicinas al director del hospital, gracias a vuestros donativos; en la bolsa roja, abajo a la derecha, van medicinas donadas por vosotros en España traídas en mi maleta ¡Dios os lo pague!

Esa misma noche cargué el vehículo todoterreno de la misión con todas las medicinas que teníamos en ese momento a nuestra disposición y a las 5 am el viernes pasado me fui a Hargele. Son 230 kilómetros de terrible carretera. Antes de las 10 de la mañana ya estaba en el hospital de la ciudad. Me reuní con el director médico e hice entrega de las medicinas. Fue tristísimo oír este hombre, Abdisalem Mohamed, contar la tragedia de todos esos cientos de personas que llegaban a diario infectados de tifus en grado terminal.

 

Raxxo, la niña de la izquiera y Abdi el niño de la derecha, gravemente afectados por el tifus.

Nos acompañó a visitar a algunos de los pacientes. Sobre todo, ver a los niños fue conmovedor. La angustia de los padres que ya habían visto morir a otros de sus hijos por la maldita agua contaminada de la ONG. El director nos rogó, casi de rodillas que tratáramos de mandar más medicinas y alimentos para los pacientes.

En estos días en que toda la Iglesia, como esposa fiel de Jesucristo, acompaña su vía crucis por las incontables vías dolorosas de este mundo, no es difícil reconocer el rostro de la pasión de Cristo en los pequeños cuerpos macerados de estos chiquillos.

 

Esta es la nueva alberca donde reciben el agua no contaminada. Parece una triste ironía llamar a esto agua limpia; mirad sino a la mujer abajo a la izquierda que con un cacito y un plato recoge agua de entre el fango, donde orinan
cabras y ovejas…

A media mañana decidí que era imperativo buscar los poblados de donde llegaba la gente enferma para de verdad entender el problema. Lo que nadie me había aclarado es que no había en realidad camino para llegar a esos asentamientos; así que con el 4X4
puesto y apretando los dientes, recorrimos esos 40 interminables e inolvidables kilómetros.

Llegamos todos cubiertos de polvo de pies a cabeza y abrasados de calor. La gente en seguida se arremolinó a nuestro alrededor, para contarnos su tragedia. Fuimos al pozo contaminado y vimos el agua pútrida, causante de tanta muerte y desolación.

 

Los hombres del poblado contándonos detalles de la tragedia y pidiendo ayuda urgente: agua potable, comida y medicinas. Les prometí ayudarles en lo que estuviera al alcance de la Iglesia

Por el camino vimos muchos animales que habían muerto de sed e inanición. La gente nos decía: “Abba (padre) cuando aquí hasta los camellos se mueren de sed es que a nosotros no nos queda mucho de vida”.

Vaca muerta en estado de putrefacción, bajo el implacable sol. Caldo de cultivo para enfermedades como el ántrax.

Pedí que me llevaran a ver a los enfermos que estaban demasiado graves para ser trasladados al hospital de Hargele. Me enseñaron una cabaña en la que yacían en el suelo varios enfermos.

Había dos muchachos muy jóvenes con una bata blanca raída de enfermeros. Les pregunté por los síntomas: “¿tienen fiebre?” inquirí; uno agachó la cabeza, avergonzado y me respondió: “no sabemos porque no tenemos termómetro”.

Esta mujer estaba demasiado débil para ser trasladada al hospital.

Les regalé las pocas medicinas que aún nos quedaban y algo de agua potable. Teníamos que regresar a Gode y nos quedaban más de cinco horas de carretera. Uno se siente tan impotente, tan turbado por dentro cuando ves estas escenas…

Te preguntas simplemente “¿Por qué?” ¿Por qué estas gentes, por qué millones de gentes viven así? ¿Por qué mientras esta mujer no tiene ni un termómetro, otras mujeres se gastan una fortuna en una absurda cirugía estética?

 

Vivimos en un mundo de locos. Definitivamente.

Al desandar el sendero de los poblados hacia Hargele, de la nada, de detrás de los arbustos, venían corriendo trás de nuestro vehículo, niños que nos gritaban con la desesperación escrita en el rostro: “biyo, biyo, biyo (agua en somalí).”

Todavía nos quedaban cinco horas de carretera de vuelta a Gode. Pensaba en tanta agua como había visto en mi vida: ríos, piscinas (la de mi casa, por ejemplo…), estanques, fuentes preciosas de tantas ciudades, lagos… Tanta agua como había visto… agua que jamás se beberá nadie, agua para la diversión, ¡hasta parques acuáticos! Agua para el adorno estético de una plaza… Y ver niños y niñas desesperados, correr tras de mi coche mendigando un litro de agua… Me parecía todo tan grotesco y absurdo…

Saliendo de la cabaña que hacía las funciones de “centro médico”.

¡¡En qué mundo vivimos!!
Y por doquier, animales muertos, en estado de putrefacción, bajo un inmisericorde sol de más de 45 ºC. Campo abonado para la difusión del ántrax y tantas otras enfermedades contagiosas, peligrosísimas para la sobrevivencia de estas pobres gentes.

Repartimos más de quince botellas de agua como esta, por la ventanilla del vehículo, a niños pastores.

La cabeza me daba vueltas, mientras pensaba en soluciones, en la ayuda que se les podría llevar.

Las medicinas que más nos hacen falta son: Ceftriaxone IV, gentamicin IV, ringer lactate, DNS, Normal saline, glucose 40%, oral amoxicillin, ciprofloxacin, levofloxacin, norfloxacin, co-trimoxazole, ibuprofen syrup, paracetamol syrup, amoxicillin syrup.

Ante un espectáculo como este, uno no sabe, ni qué pensar, ni que decir, ni que hacer…

Si tuviéramos los recursos, se los podríamos suministrar al hospital de Hargele desde Gode, ya que la mayoría de estos medicamentos son accesibles aquí. Necesitaríamos fondos para pagar el combustible de los vehículos nuestros que van y vienen a las zonas de emergencia y, por último, fondos para comprar alimentos de primera necesidad.

 

El hedor era insoportable. Horrible ver poblado tras poblado, a cuyas orillas se amontonaba el ganado muerto de sed e inanición. Foco infeccioso peligrosísimo para estas gentes cuyo sistema inmunológico es debilísimo.

En el camino de vuelta, pensaba, emocionado, en medio de tanto horror como había visto ese día, que era la primera vez que estas gentes habían visto el rostro de la caridad, por la presencia de un sacerdote católico.

Era la primera vez en la historia que la Iglesia Católica llegaba a la zona somalí del Afder. Y daba gracias a Dios que, como dice San Pablo: “se fio de mí y me confió este ministerio”.

Y me venían a la mente las palabras que acababa de meditar en días anteriores de nuestro Santo Padre el Papa Francisco en su mensaje de esta Cuaresma:

[…] Lázaro nos enseña que el otro es un don. La justa relación con las personas consiste en reconocer con gratitud su valor. Incluso el pobre en la puerta del rico, no es una carga molesta, sino una llamada a convertirse y a cambiar de vida. La primera invitación que nos hace esta parábola es la de abrir la puerta de nuestro corazón al otro, porque cada persona es un don, sea vecino nuestro o un pobre desconocido. La Cuaresma es un tiempo propicio para abrir la puerta a cualquier necesitado y reconocer en él o en ella el rostro de Cristo. Cada uno de nosotros los encontramos en nuestro camino. Cada vida que encontramos es un don y merece acogida, respeto y amor. La Palabra de Dios nos ayuda a abrir los ojos para acoger la vida y amarla, sobre todo cuando es débil. Pero para hacer esto hay que tomar en serio también lo que el Evangelio nos revela acerca del hombre rico […].

Volví a casa muerto de cansancio y roto de la pena por lo que mis ojos habían visto. Desde el instante mismo en que llegué de nuevo a la misión, no he parado de darle vueltas a lo que se puede y debe hacer como Iglesia de Jesucristo que somos; testigos del amor misericordioso de Dios, que es Padre y ama a cada una de estas personas. Quizá sean personas inexistentes, irrelevantes para el mundo; quizá su tragedia sea a lo sumo una mera estadística. Para Dios no, para la Iglesia tampoco.

Son personas cuyo rostro sale del anonimato en el encuentro con una Iglesia misionera, siempre dispuesta a ir más allá, donde no ha llegado nadie. La Iglesia es la única que sabe ver en toda esta tragedia, que cada vida, cada rostro, es icono y transparencia del crucificado.

Os ruego por el amor de Dios que hagáis cinto podáis por ayudarnos. Toda ayuda, por pequeña o aparentemente insignificante que os parezca, puede ayudar a salvar una vida.

Soy voz de quienes no tienen voz, o sólo tienen un gemido ahogado, como un nudo en la garganta, gemido estridente y reseco, donde no solo no tienen agua, sino que ni siquiera les quedan más lágrimas que llorar.

La Iglesia, como Nuestra Señora Santa María, camina siempre junto a su Hijo que en la vida dolorosa de estos polvorientos senderos cae y se levanta una y otra vez. Unas veces tiene cosas que dar, otras, tiene las manos vacías (¡si lo sabré yo!), pero llenas o vacías las manos, la Iglesia caminara siempre en cada misionero, adherida como madre y esposa, al cuerpo crucificado de su Hijo, en los hombres nuestros hermanos.

Cada día en cada Santa Misa ofrezco en la patena y el cáliz, la muerte y la vida de estas pobres gentes. En esa misma oblación y ofrenda os ofrezco a todos vosotros que con vuestra caridad vestís con nosotros al desnudo, dais de beber al sediento y de comer al hambriento.

¡Por amor de Dios ayudadnos cuanto podáis!

Ante el Sagrario de la misión por todos oramos y con Nuestra Señora, Reina de la Misiones pedimos que a todos nos acoja bajo su bendito manto.

A todos os deseamos una Cuaresma en que se nos rasgue el corazón, para que demos frutos de conversión, compartiendo con los pobres tanto como a todos nos sobra.

Os bendigo a todos.
Padre Christopher

Para colaborar con la misión de Gode, aquí tenéis los datos.
Titular: Fundación Misión de la Misericordia Entidad: BANKINTER Número de Cuenta: 0128-0014-73-0100029293 Iban: ES0801280014730100029293 Código SWIFT o BIC: BKBKESMMXXX
Visitad por favor nuestras páginas web:
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Política y religión

congreso Es un hecho constatable que, en los últimos tiempos, representantes de lo que se ha dado en llamar la nueva política intentan resucitar postulados laicistas decimonónicos, impropios de democracias avanzadas donde se reconoce la libertad personal y se respetan los derechos humanos. Tiempos que pretendían situar el hecho religioso fuera de la esfera pública. “La religión a la sacristía”, decían. Y también, es un hecho constatable, que cuando se habla de religión y política los fundamentalismos laicistas y también los religiosos hagan imposible el diálogo.“En el laicismo y en el fundamentalismo se pierde la posibilidad de un diálogo fecundo y de una provechosa colaboración entre la razón y la fe religiosa”, decía Benedicto XVI (2009). El rancio furor laicista de la nueva izquierda, al que hace “la ola” alguna parte de la derecha postmoderna, dirige sus dardos sectarios sobre cuestiones que ya han sido superadas en la mayor parte de los países democráticos de nuestro entorno. Laicismo que se ha hecho institucional en algunos territorios autonómicos y que resume todo su hacer político en la denuncia de los acuerdos de la Iglesia con el Estado de 1979. Cuando algún asiduo lector de periódicos lea la noticia de que; “El Congreso y algunos ayuntamientos, como Madrid y Valencia, piden suprimir la exención del IBI que tiene la Iglesia” seguramente pensará que es algo justo, porque hay que eliminar privilegios. Pero si profundiza en la información observará que esa exención del impuesto del IBI responde a la llamada ley del Mecenazgo por la cual están exentas de ese tributo muchos edificios considerados de interés público: edificios propiedad de fundaciones, federaciones deportivas, partidos políticos, agrupaciones sindicales u ONG. Privilegio, pues, ninguno. Y otro tema de gran interés actual en las relaciones entre religión y política gira en torno a la educación. Cuando uno oye que la enseñanza religiosa escolar y los conciertos educativos están impidiendo los acuerdos para el ansiado “pacto por la educación”,tiende a pensar en el sectarismo latente que reviste el anticlericalismo de algunas fuerzas políticas.  

 Grupo AREÓPAGO

Carnaval, libertad o libertinaje

carnaval Posiblemente el carnaval sea la fiesta que más personas celebran y festejan en todo el mundo. Cada año con la llegada del carnaval los cristianos nos vemos ridiculizados por las alusiones a las referencias religiosas, con un uso de disfraces cristianos y de parodias sobre hechos cristianos que implican una falta de respeto hacia nosotros. Son numerosos los disfraces de obispos, sacerdotes, etc…pero al igual que está prohibido disfrazarse de las Fuerzas de Seguridad del Estado, ¿por qué sí se permiten las máscaras y trajes relacionados con nuestra religión? Así ha ocurrido hace unos días en el desfile de Drag Queen del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria, cuyo ganador fue una “virgen drag”, que escenificó la crucifixión de Cristo. Desde los orígenes del carnaval la burla, la ironía, el humor, la caricatura y la sátira se repiten en cada fiesta y van todos de la mano, pero junto a todo esto el respeto a las creencias religiosas tiene que tenerse en cuenta. Se pide respeto ante nuestras creencias. Sólo es respeto por el otro, pero parece que durante las fiestas de carnaval, el “todo vale” se permite y las manifestaciones carnavaleras tienen licencia para expresar sus opiniones, mediante comparsas, disfraces o celebraciones festivas, aunque suponga reírse de los demás, sin ningún tipo de pudor, ni de consideración. Es cierto que la libertad de expresión es un derecho fundamental que todos tenemos reconocido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pero este derecho tiene unos límites y  no incluye, entre otros, el molestar o la falta de respeto al otro por sus creencias o ideologías, debe ejercerse con responsabilidad. Libertad de expresión, pero con unos límites. Libertad de expresión. No libertinaje. ¿Dónde están los límites a la libertad de expresión? Una vez más hay que hacerse esta pregunta. ¿Por qué no se respeta a las creencias religiosas? ¿Por qué la libertad es tan amplia para algunos? El Papa Francisco en 2015 dijo: “no puedes provocar. No puedes insultar la fe de otros. No puedes burlarte de la fe”    

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