Archivo mensual: diciembre 2016

Coprofilia informativa

El genio literario de Pablo Neruda nos ha dejado esta preciosa  perla: “Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan…Todo está en la palabra… Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció…”

Sí…,todo está en la palabra. Es el cimiento de la cultura y del sentido de la vida. Define a la persona y a los colectivos. Por medio de ella se desarrolla el pensamiento, se expresan los sentimientos y el ser humano crece en su dimensión  comunicativa y social. Con ella se plasma la literatura, la poesía y el lirismo; cobra sentido la metáfora; y hace posible el diálogo…

Una de las muchas paradojas en que está sumida ésta nuestra llamada sociedad de la información y del conocimiento es que la palabra, su principal protagonista, camina a través de ella desacreditada, tal vez enferma. Una simple mirada a los medios de comunicación y a las redes sociales; un breve recorrido por las innumerables tertulias que pululan en el medio audiovisual, por los discursos de los políticos, o sus programas electorales…; en fin, un sencillo paseo por la cotidianidad del chateo y el whatsapp, nos advierten de los muchos síntomas que translucen su enfermedad: sobresaturación, ruidos, simplicidad, desinformación, impostura e incoherencia, o simplemente pérdida de significado.

Cuando a través de los medios de comunicación y las redes sociales se calumnia, se divulgan rumores como si fuesen certezas; cuando se pretende más ensuciar que informar, la palabra sale maltratada porque ha abandonado su función originaria de educar, formar y socializar. El genio profético del Papa Francisco nos ha advertido últimamente de la maldad de la “coprofilia informativa”, que es  consecuencia lógica de la tendencia social a la “coprofagia”. Cuando este mal se generaliza también la sociedad se contamina y enferma.

Urge recuperar el valor de la palabra como compromiso y promesa, reconocer su importancia, reconducir su coherencia. Y es tarea prioritaria aplaudir a personas y medios públicos y privados que buscan la verdad objetiva, que procuran discernir porque las personas y las cosas tienen sus derechos, que ejercen su labor crítica sin herir….En definitiva, a todo aquello que promueve lo profundamente humano.

 

Grupo AREÓPAGO

Hijos de diseño

Están de moda. Bolsos, zapatos, relojes…, hijos. El Reino Unido acaba de aprobar la posibilidad de fecundar in vitro embriones con ADN de tres padres diferentes, con el objetivo de paliar enfermedades hereditarias. El procedimiento consiste en implantar el núcleo del óvulo de una madre portadora del “error” genético en el interior de un óvulo sano perteneciente a otra mujer para posteriormente fecundarlo con espermatozoides del padre. De este modo disminuye el riesgo de transferir al hijo enfermedades mortales… a cambio de fecundar varios óvulos para poder conseguir el niño tan esperado y a costa de descartar a los sobrantes, sus hermanos, tan hijos como el elegido.

No es una buena noticia. Un hijo debe ser el fruto del amor entre un hombre y una mujer y no un producto deseado y conseguido por encargo. Además, rechazar embriones implica no aceptar a nuestros hijos como son, con su carácter único e irrepetible; fecundarlos con células de tres personas diferentes supone diluir el concepto de paternidad y maternidad; elegir uno tiene como consecuencia autoproclamarnos creadores–sin ser perfectos–y no colaboradores con la Creación.

Optar por hijos de diseño es romper con el sentido de gratuidad que supone recibir un hijo por medios naturales, también presente en los padres que, no pudiendo tenerlos, optan por la adopción; conlleva no aceptar a la persona tal y como es, configurada por la unión espontánea (y maravillosa) de un óvulo y un espermatozoide, con sus respectivas cargas genéticas; evidencia la concepción deuna paternidad basada en el egoísmo y no en la entrega.

Es la paradoja de nuestros días: mientras que, por un lado, se concibe en general tener un hijo como producto de diseño, por otro lado se trata como simple conjunto de células a los seres humanos no nacidos. Son los Santos Inocentes del siglo XXI.

 

Grupo AREÓPAGO

La auténtica Navidad

Cada vez resulta más evidente que la vida carece de valor para nuestra sociedad. Prueba de ello es el rechazo de sufren aquellas personas mayores que son relegadas a residencias o abandonadas en sus propias casas sin que reciban ni las visitas ni el amor de sus familiares; también los cientos de miles de abortos que se producen cada año por el hecho de ser hijos no deseados –o que no llegan como sus padres esperaban–. Del mismo modo, manifiestan despreciar la vida quienes tratan a sus semejantes indignamente, como ocurre en los casos de violencia doméstica o de explotación laboral extrema. Aquellos que adoptan el odio como motor de su existencia igualmente demuestran detestar la vida, tanto la de las personas contra las que actúan, como la suya propia. En definitiva, siempre que no se trata a una persona como auténtico ser humano, respetando su dignidad, se está atentando contra su existencia.

La pregunta que todos hemos de hacernos es ciertamente fácil de plantear: ¿por qué, en el siglo XXI, hay tantas manifestaciones de desprecio a la vida? La respuesta es no menos sencilla en su formulación, si bien realmente compleja a la hora de poner en práctica: porque nos hemos alejado de Dios.

El desprecio del ser humano, los atentados contra su vida y su dignidad, son la manifestación más evidente del rechazo al Creador y de la autoproclamación del hombre como medida de todas las cosas. Dado que no hay nadie superior a mí, yo soy superior a todos y, en consecuencia, tengo el poder de decidir sobre ellos, incluyendo su vida.

La Navidad es justo la prueba del ejemplo contrario: Dios, auténtico Señor de todo lo creado, opta por hacerse hombre, sencillo y humilde, para demostrar con ello su profundo amor por todos nosotros, sus criaturas, y para ofrecernos la posibilidad de ser como Él. Y lo hace sin desplazarnos en absoluto, respetando nuestra libertad, garantizando su misericordia a todos y cada uno en cada momento, sean cuales sean las circunstancias.

Recuperar esta concepción de la existencia en nuestra sociedad y en cada una de nuestras experiencias resulta fundamental para garantizar nuestra supervivencia como comunidad y nuestra realización como personas. La Navidad es, en esencia, la principal manifestación de que, para Dios, cada vida importa.

 

Grupo AREÓPAGO

Adornemos la Navidad, pero sin Belén

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Hace unos días vimos en las redes sociales la comunicación a los padres de Educación Infantil de un centro educativo. Esta comunicación invitaba a los padres a llevar al colegio adornos y elementos decorativos para Navidad, eso sí, que no querían adornos religiosos.

Es genial, nos podemos imaginar la conversación de un niño pequeño con su mamá camino de ese colegio. La mamá lleva en sus manos el espumillón, lleva paisajes de invierno, estrellas, ramas de árbol, alguna manualidad y algún dulce que han hecho en casa.

El pequeño camina admirándose de lo que le rodea, y pregunta: _¿Mamá que celebramos, por qué las calles, las casas, los escaparates están adornados estos días?

La mamá responde: Antes se celebraba el nacimiento de un niño, un niño que nació en pobreza, un niño que dicen que es Dios y vino a una pobre cueva. Este fue el motivo por el se hacía antes fiesta: Dios había venido a visitar a los hombres. Pero ahora eso ya no tiene sentido, nos hemos dado cuenta que son cuentos que nadie se cree. Ahora celebramos la amistad, la paz, la familia, los regalos, las comidas. Son días muy bonitos porque todos nos reunimos en el calor de la casa y por eso decoramos, compramos cosas, esperamos regalos.

El niño se queda pensativo, y sigue alegre hasta llegar al colegio, y ve como preparan la decoración navideña de su clase sin navidad.

Ese niño crecerá, y es posible, como le pasó a Paul Claudel, que entre en una Iglesia y oiga los acordes del  Mesías de Haendel, o el canto del “Noche de paz”; y entonces descubrirá que esos deseos de paz, de amor, de amistad y esos adornos sin Dios que de niño anunciaban las vacaciones de invierno, sólo eran  la nostalgia de ese Dios que se hizo pobre por amor a todos los hombres.

Por ello no hagamos una Navidad de sin Dios, y no dejemos que el dios dinero y consumo nos roben el amor del niño de Belén.

Rita Maestre, absuelta

La absolución de Rita Maestre por la Audiencia Provincial de Madrid ha generado reacciones de muy diversa índole en medios políticos, sociales y religiosos.

Conviene aclarar que el delito contra los sentimientos religiosos, según el Código Penal, puede integrar en realidad tres tipo penales diferentes. En los tres casos, no basta con el ánimo de ofender los sentimientos religiosos para que haya delito, sino que debe concurrir además un elemento objetivo determinado: el tipo penal del artículo 523 exige amenaza o violencia para impedir una ceremonia religiosa; el del artículo 525 requiere el escarnio; y el del 524, la ejecución de actos de profanación.

La primera sentencia ya había descartado la concurrencia de los tipos penales recogidos en los artículos 523 y 525 por no existir ninguna ceremonia religiosa que impedir o interrumpir y por tampoco existir escarnio, pero condenó por el artículo 524 a una multa de 4.320 €. Ahora, la sentencia de la Audiencia, dictada en apelación, entiende que tampoco se dio el tipo penal del artículo 524 por no existir propiamente un acto de profanación.

Para el órgano jurisdiccional, un acto de profanación relevante penalmente debe consistir en “actos físicos de claro contenido profanador en la medida en que implican un trato directo vejatorio, físicamente violento, contra algún elemento básico de la liturgia católica o de las representaciones propias de esa religión”. Sin embargo, la sentencia considera que el modo de actuar de Rita Maestre “puede ser valorado como claramente irrespetuoso”, pero sin que concurra el componente de profanación exigible para configurar el tipo delictivo.

De la lectura de la resolución podemos extraer las siguientes conclusiones:

  1. La sentencia, que es firme -salvo recurso de amparo constitucional- y de la cual se puede discrepar, realiza una interpretación concreta de qué deba entenderse por acto de profanación a efectos penales.
  2. La sentencia apunta que la conducta de la Sra. Maestre pudiera haber sido constitutiva de una falta de coacciones del anterior Código Penal (actual delito leve de coacciones del 172.3). Sin embargo, al no existir denuncia ni reclamación civil de ningún perjudicado directo (solo la acción penal del Fiscal, Centro Jurídico Tomás Moro y Alternativa Española), no es posible jurídicamente la continuación del procedimiento por tal falta.
  3. La sentencia no respalda la actuación de la Sra. Maestre, sino que la considera como claramente irrespetuosa, señalando expresamente la Sala que no comparte los modos y formas por ella empleados. No obstante, no toda actuación reprochable moralmente ha de recibir necesariamente reproche penal.

Desde un punto de vista estrictamente jurídico, puede admitirse que el orden penal ha de reservarse para sancionar exclusivamente aquellas conductas de mayor gravedad. No obstante, no es menos cierto que los poderes públicos están constitucionalmente obligados a garantizar el efectivo ejercicio del derecho a la libertad religiosa y de culto, conforme establece el artículo 16.1 de la Constitución Española. Por lo tanto, si el instrumento adecuado para garantizar ese derecho no es el Código Penal, compete a todos los poderes públicos (de los que ahora forma parte también Rita Maestre) arbitrar todas aquellas medidas que fueren necesarias para que la libertad religiosa y de culto de los ciudadanos sea un derecho efectivo y no papel mojado.

La principal reflexión que deriva del presente caso es, por tanto, que el derecho a la libertad religiosa y de culto -atacado por Rita Maestre y el resto de personas que leyeron un manifiesto claramente ofensivo para quienes somos católicos y nos sentimos parte de la Iglesia- debe ser respetado y protegido. No hacerlo así, tolerando actos ofensivos, implica discriminar a quienes somos creyentes y, por tanto, quebrar las bases de la convivencia democrática.

Navidad sin Navidad

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Domingo de Adviento, noche cerrada y plenamente invernal. Paseando  por las calles de Toledo o de cualquier otra ciudad nos sobrecoge una vez más, su estampa de ciudad.

Al tiempo podemos reflexionar sobre una realidad muy obvia y que se extiende por pueblos y ciudades: la nula presencia de símbolos religiosos en los adornos navideños que se eligen para engalanar los espacios públicos.

Abrimos el diccionario de la Real Academia de la Lengua española, buscando la definición de Navidad: En el mundo cristiano, festividad anual en la que se conmemora el nacimiento de Jesucristo.

Algo no  cuadra: estamos en una sociedad mayoritariamente cristiana, pero no se puede ver en sus calles nada que recuerde que, lo que vamos a celebrar es el nacimiento de Dios hecho hombre. ¿Por qué? ¿Es que estorba? Sin duda las administraciones, los poderes públicos, quienes tienen a su cargo estas responsabilidades, nos hacen flaco favor con mal entender el significado del respeto a las creencias de sus ciudadanos.

La presencia de los signos religiosos, no pueden ofender cuando se entiende el verdadero significado de la palabra libertad. La manifestación religiosa no es enemiga de la libertad del no creyente, o del no cristiano,  ni tampoco algo que desea imponerse por encima de todo.

Hay un concepto equivocado en una presunta progresía, que a fuerza de tratar de derribar unos dogmas, nos está imponiendo los suyos.

Quizás sea fruto de ese laicismo que avanza valiéndose de los muchos complejos que los creyentes arrastramos y de la falta de firmeza en la defensa de aquello en lo que creemos.

En este sentido son muy clarificadoras, las palabras del Papa Francisco en la entrevista publicada en estos días, que concedió a la revista Tertio:

“Pero una cosa es laicidad y otra cosa es laicismo. Y el laicismo cierra las puertas a la trascendencia: a la doble trascendencia, tanto la trascendencia hacia los demás como, sobre todo, la trascendencia hacia Dios. O hacia lo que está Más Allá. Y la apertura a la trascendencia forma parte de la esencia humana. Entonces, una cultura o un sistema político que no respete la apertura a la trascendencia de la persona humana, poda, corta a la persona humana.”

¡Qué hermoso será el día en el que podamos pasear y disfrutar de nuestras calles, plazas y monumentos, adornados tal cual merece una fecha tan decisiva para toda la humanidad: el nacimiento del Hijo de Dios!

GRUPO AREÓPAGO

¡Con el corazón no se juega!

Imagen de RTVE

Imagen de RTVE

Todos conocemos ya a Nadia, una niña afectada por una enfermedad rara. En 2008 su padre puso en marcha distintas campañas solidarias para recaudar fondos que fueran destinados a la investigación y a la curación de la enfermedad de su hija. Muchos fueron los medios de comunicación que se hicieron eco de la enfermedad de Nadia, y muchas fueron las personas anónimas que realizaron donativos económicos para esta causa.

Las últimas noticias, que nos llegan, tratan sobre una presunta estafa que el padre de la niña ha realizado, pues la ayuda económica obtenida estos años ha sido gracias a la solidaridad y generosidad de cientos de personas. Sin embargo esa ayuda se ha destinado a otros fines que no han sido la curación de Nadia.

El padre ha mentido a toda la sociedad, a personas que se han empatizado con él y han hecho sus donativos;  ha estafado no sólo a su familia, y hasta a su propia hija, sino a todos los donantes. Ha jugado con la generosidad, el corazón y las emociones de las personas e instituciones que se han implicado en la causa. No es la primera vez que tenemos noticias sobre estafas solidarias. Pero estos hechos no pueden hacernos ser menos solidarios, no pueden impedir que sigamos colaborando con los más necesitados, con los más vulnerables, como son los pobres y enfermos.

En la Doctrina Social de la Iglesia, la solidaridad es uno de los principios fundamentales. San Juan Pablo II lo presentó como principio social y virtud moral. Frente a un mundo de desigualdades y de miseria, la solidaridad debe ser uno de los pilares de nuestra vida.

La solidaridad va unida  a la caridad, pero no sólo cuando se están acercando las fechas navideñas donde el corazón parece que se ablanda, entrando en el espíritu navideño de ayudar a los demás, aunque a veces nos encontremos con quién juega con nuestro corazón y nuestros sentimientos.

 

Grupo AREÓPAGO

Nuestra mente nos engaña

Todos confiamos demasiado en nuestros pensamientos y de forma automática les damos un valor de veracidad que no tienen. Está mas que demostrado que las personas nos sentimos incómodas si no encontramos sentido a lo que hacemos y por eso casi siempre nos cuesta reconocer que nos equivocamos y, el algunos casos, llegamos a justificar en nosotros como bueno, lógico y normal lo que en otro momento no nos lo parecería, o lo que a otro no consentiríamos.

Por otro lado según un estudio reciente la repetición de actos de deshonestidad en beneficio propio acaban con la sensibilidad del cerebro a la inmoralidad de uno mismo. Esto con el tiempo crea un efecto de bola de nieve en el que las pequeñas mentiras se transforman en actos de notable deshonestidad. Es decir, las pequeñas mentiras no son inofensivas para el cerebro, sobre todo si se repiten con la suficiente frecuencia.

Si unimos esto unido a la necesidad de aceptación por parte de los demás de nuestra identidad puede llevarnos a entender, en parte, la gran mentira de la ideología de género que últimamente se concreta en querernos inculcar las “identidades trans”.

De primeras parece que identidad y trans son conceptos contrapuestos, pero, en un contexto de preponderancia del relativismo y de rechazo de verdades objetivas, se busca tranquilizar conciencias explicando que una cosa es el género asignado (el sexo que anota el médico en el parte de nacimiento tras observar nuestro cuerpo) y otra cosa es lo que “uno mismo siente”, que puede o no corresponder con lo que el médico ve -y, con él, todos los demás-.

Los defensores de esta ideología entienden que el sentimiento personal y subjetivo se puede disgregar de la biología objetiva. De este modo, dicen que se es hombre o mujer si te identificas como tal independiente de tu cuerpo. Sentir esta desintegración personal, incluso a partir de los 4 años, es lo que definen como ser trans. Y con ello, se siembra la duda en nuestra mente, haciéndonos cada vez más vulnerables.

Hemos pasado de tener que formar nuestra conciencia para no engañarnos a nosotros mismos a tener que luchar también contra la conciencia colectiva que también se engaña a si misma.

Grupo Areópago

 

 

La nochebuena se viene, la nochebuena se va

No es difícil constatar las tremendas dificultades que tiene el hombre moderno para leer la realidad simbólica. La excesiva sobreaceleración en que vive instalado incide, convirtiendo en provisional todo lo que piensa y hace; y oscureciendo los grandes temas que constituyen la esencia del ser humano y que dan sentido a su vida. Esencia que en el lenguaje simbólico hace histórico lo eterno, presente lo pasado y lo futuro, y visible lo invisible. Tal vez por ello sea incapaz de comprender el sentido profundo que penetra la Navidad: que el señor de la historia, el salvador que todo hombre espera, es un Niño. No, esto no es una evasión poética, ni un anuncio sin sentido.

La Navidad es la constatación real de que nuestra salvación llega a través del amor y la ternura. Tal vez por ello nuestra anodina sociedad atrapada por el consumo y la dinámica enfermiza del “usar y tirar” se pasee indiferente ante ciertas realidades hirientes de nuestro mundo actual: niños que mueren a consecuencia del hambre, o de la guerra, o debido al egoísmo lacerante que les impide nacer.

Esta realidad se escenifica y se hace presencia activa a través de una progresía dulzona, virtual, que incapaz  de traspasar la frontera de su ideología trasnochada no puede penetrar en la realidad simbólica de la auténtica utopía y concentra todo su poder en intentar eliminar símbolos navideños de gran calado existencial. De esta manera fría y descarnada,  la nochebuena se va en una sociedad enredada entre múltiples lucecitas de colores y reflejos bobalicones.

Pero también es verdad, que en este mundo nuestro, que no ha sido ni es ni será un mundo en blanco o negro, sino un mundo de matices, el Niño se hace presencia activa y realidad simbólica, iluminando la auténtica utopía liberadora de millares de voluntarios que ayudan a tantas personas sin futuro a reencontrarse en su dignidad; o cuan ángeles anunciadores rescatan a refugiados y emigrantes, perdidos e indefensos; o a aquellos, que con la mirada puesta en la Estrella caminan al encuentro de su belén existencial. Sí, gracias a estas lucecillas iluminadoras también hoy podemos cantar como lo hacíamos antaño: la nochebuena se viene, la nochebuena se va.

 

Grupo AREÓPAGO

Prepararse para el Adviento

Claves para prepararse para este Adviento, atendiendo a lo interior: la fe, el amor de Cristo, la gracia y la esperanza.

Compartimos con todos la charla del pasado retiro de Adviento del 3 de diciembre.