Archivo mensual: octubre 2016

¿Jugar a la vida o a la murte?

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La Fiesta de Todos los Santos y la Conmemoración de todos los Fieles Difuntos nos trae, en estas fechas, la memoria de aquellos que vivieron y ya no están con nosotros: los que están en la presencia de Dios o los que todavía se están preparando para ello. Sin embargo, en estos días, en muchos ámbitos de la sociedad civil toman prestadas estas fechas para llenarlas de un contenido muy diverso: la celebración exaltada de la muerte. Se pone así a nuestra disposición la posible elección de dos tipos de celebraciones que, por más que algunos se esfuerzan en conciliar, son contrarias, porque son la representación de dos ideales, dos creencias, dos formas de entender la vida y la muerte. Se trata de la elección del Dios de la luz, de la vida y del amor o, por el contrario, de los ídolos de la oscuridad y las tinieblas, la muerte y el mal. Y ya nos lo dijo Jesús: “no se puede servir a dos señores”… Ante esta oferta hay que decidir: ¿juegas a la vida o a la muerte?

Jugar a la vida o a la muerte es optar cómo vivir estas fiestas; pero también es decidir qué pensamientos, qué palabras o qué hechos escogemos en cada ocasión de nuestra vida familiar o en nuestro lugar de trabajo o estudio, en el tiempo libre o en la relación con cada persona. De ahí que sea en los actos más sencillos y cotidianos de nuestra vida en los que nos jugamos la elección de Dios, lo que especialmente queda manifiesto en aquellos que atañen a la acogida, el respeto y la defensa de la vida humana en sus diversas manifestaciones:  la acogida valerosa de una nueva vida naciente, la educación paciente de niños y jóvenes, el cuidado amable y tierno de los enfermos y ancianos, los gestos de cariño de los esposos o con los hijos y los abuelos, los hermanos o los amigos… Es hora de jugar: en estas fiestas de los Santos y siempre es hora de apostar por la victoria del Dios del amor.

 

Grupo AREÓPAGO

Disculpa…¿eres un qué o un quién?

cigotoCon esta pregunta se dirigió el profesor a la alumna que acababa de defender que, al principio, en las fases iniciales del embrión, éste es más bien un conjunto de células, una especie de “grano” en el cuerpo de la madre.

  • Pues un quién – respondió, mostrando un evidente malestar por la “ofensiva” pregunta.
  • ¿Desde cuándo? – continuó preguntando el profesor.

Ante esta segunda pregunta, se hizo un tenso silencio en el aula, y la alumna no supo qué responder. Jamás se lo había planteado. Sencillamente daba por buena la idea que circula en nuestra sociedad, una verdad irrefutable, tan evidente, que no necesita demostración: que en las fases iniciales, el embrión es un algo y no un alguien, un qué y no un quién.

La alumna, que se consideraba un alguien (¡y con toda razón!), tenía que explicar racionalmente al resto de la clase, al profesor y a ella misma, cómo es posible que se pueda pasar de ser un algo a ser un alguien. Porque si esto no fuera posible, no quedaría más remedio que aceptar que si ahora la alumna es un alguien, lo tiene que ser desde el primer momento de su vida, desde que era un zigoto.

Y explicar la trasformación de un algo en un alguien es racionalmente imposible. Por tanto, somos personas desde el primer momento de nuestra vida, con lo que eso conlleva.

Este descubrimiento de la alumna y de todos sus compañeros, les hizo comprender algunas cosas más: qué fácil es ser manipulado por la sociedad cuando falta pensamiento crítico, cómo nos dejamos llevar por explicaciones arbitrarias, o cómo se pueden justificar acciones inhumanas (como las que se justifican si no somos más que un “grano”) cuando falta reflexión. De repente descubrieron que ellos eran víctimas de una sociedad que acepta como verdad cosas falsas. Muchos se sintieron manipulados y avergonzados.

Un zigoto humano es persona. Su vida, como cualquier otra vida, se desarrolla de forma coordinada, continua y gradual desde que es un ser unicelular hasta que muera. Por ello, merece ser respetado como uno de nosotros.

Grupo Areópago

Historias e ideologías

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En torno al 12 de octubre, fiesta nacional de España y Día de la Hispanidad, se viene produciendo en los últimos tiempos, a través de signos, manifestaciones y discursos de todo tipo, acalorados debates sobre el significado de estas fiestas y de los acontecimientos históricos que dan sentido a su celebración. Debates en los que se aprecia un afán desmesurado de algunos sectores y grupos ideológicamente definidos  por corregir la historia sin la aplicación rigurosa y seria de la metodología crítica y profesional propia de la ciencia historiográfica.

No cabe la menor duda de que la Historia es un factor esencial en la edificación de la identidad de un pueblo. El conocimiento del pasado hace posible en el plano individual y colectivo la construcción del presente. Pero la historia no es solamente un pasado. “La historia es algo vivo que nos acompaña en todos los momentos de nuestras vidas”, dice Erich Kahler (1964). En todas las culturas y situaciones históricas, para bien o para mal, los acontecimientos intervienen de una manera decisiva en la construcción de la identidad de sus miembros y en dar sentido a la conciencia de pertenencia a una comunidad. De ahí la importancia que tiene  el rigor historiográfico en la búsqueda de la verdad histórica desde la verificación confrontada de las fuentes.

La grave crisis cultural y sociopolítica en la que está inmersa nuestra sociedad occidental gaseosa viene determinada en gran medida por la atrofia de la memoria. La reflexión crítica sobre dónde estamos, de dónde venimos y hacia dónde vamos es actualmente  una tarea difícil. En una cultura donde predomina la velocidad y la provisionalidad, el olvido de la tradición y la memoria colectiva y compartida, propicia un campo bien abonado para la fragmentación de la historia y para su apropiación por el poder y las ideologías dominantes.  Cuestión que se hace sumamente grave cuando además se la utiliza como instrumento educativo al servicio de sus intereses espurios  y para la consecución de sus particulares fines políticos.

Cuando las ideologías se apropian de la historia, ésta se puede convertir con palabras de Paul Valéry en “el producto más peligroso salido del laboratorio de la inteligencia humana”.

 

Grupo AREÓPAGO

Guerra Mundial

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“Tú, Irina, has mencionado un gran enemigo de matrimonio hoy en día: la teoría del gender. Hoy hay una guerra mundial para destruir el matrimonio. Hoy existen colonizaciones ideológicas que destruyen, pero no con las armas, sino con las ideas. Por lo tanto, es preciso defenderse de las colonizaciones ideológicas”.

Son palabras del Papa Francisco en su viaje apostólico a Georgia este mes de octubre. Curiosamente, los grandes medios informativos españoles han resaltado en sus titulares la frase del papa indicando que a las personas homosexuales o transexuales “hay que acompañarlas como lo haría Jesús”, pasando de puntillas sobre el rechazo frontal del Papa a la denominada Ideología de Género.

Esta manipulación informativa, al igual que las recientes iniciativas legislativas en diversas comunidades autónomas que, apoyadas por todos los partidos, pretenden incorporar esa ideología al sistema jurídico español, no son sino síntomas evidentes de esa colonización ideológica que denuncia el Papa.

Y es que la guerra ideológica emprendida contra el matrimonio ha utilizado como escudo la tan extendida frase, buenista pero falsa, “todas las ideas son respetables”. Y eso no es verdad. Las que son merecedoras de respeto son las personas, dotadas de una dignidad inviolable que les confiere el hecho de haber sido creadas por Dios a su imagen en un acto de amor.

Todas las personas son respetables, aunque estén equivocadas, aunque no busquen el bien. Pero no todas las ideas son igualmente respetables. No merecen el mismo respeto las ideas que buscan la destrucción que las que hacen más humana la sociedad; no son igualmente valiosas las ideas que atentan contra la dignidad del hombre que las que lo respetan y enriquecen; no es igual la verdad que la mentira.

Y contra una idea que busca hacer daño, es preciso defenderse. Con medios que sean respetuosos con las personas, pero que sean efectivos contra la inoculación de esa ideología dañina.

No parece que la sociedad sea consciente, en general, de la existencia de un mal tan grave. Políticos, medios de comunicación e instituciones colaboran, activa o pasivamente, en la propagación de ese mal. Sin embargo, el Papa alerta: es preciso defenderse.

Parafraseando un anuncio que urge a actuar para evitar la desaparición de especies animales, podríamos preguntarnos cuándo será el momento de actuar con firmeza, cada uno con sus medios, en defensa del matrimonio natural formado por un hombre y una mujer.  ¿Cuando solo quede uno? ¿Será ese el momento?

 

 

Grupo AREÓPAGO

Solidaridad: exigencia moral y jurídica

Fotografía publicada en ABC

Fotografía publicada en ABC

El domingo 2 de octubre los húngaros fueron convocados por su Gobierno a participar en un referéndum para expresar su opinión sobre las cuotas de refugiados que ha de acoger su país en aplicación del mecanismo de reparto acordado por la Unión Europea. Aunque el resultado del referéndum no es válido por no haberse superado el 50% de participación, la gran mayoría de los votantes ha respondido negativamente a la pregunta: “¿Quiere que la Unión Europea pueda imponer reubicaciones obligatorias de ciudadanos no húngaros en Hungría, incluso sin la aprobación de la Asamblea Nacional?”

El referéndum es, en sí mismo, uno de los síntomas que demuestra que la política europea de asilo en la crisis de los refugiados sigue siendo un gran desafío para la Unión Europea, un grave problema sin resolver porque cada país miembro vela por sus propios intereses, sin tener en cuenta el bien común de los demás ciudadanos y sin pensar en la situación de las miles de personas que huyen del horror, que necesitan asistencia humanitaria, que sufren desde hace varios años una guerra sin sentido.

¿Hasta qué punto un país perteneciente a la Unión Europea puede someter a consulta pública una decisión sobre la acogida de solicitantes de asilo? ¿Dónde está el compromiso adquirido con la firma del tratado de adhesión por cada país miembro? ¿Dónde se encuentran ya los valores que fundaron la entonces Comunidad Europea establecidos en la Declaración de Robert Schuman? Son preguntas que todos debemos hacernos. Pero tampoco podemos dejar de lado otras: ¿Han actuado las instituciones europeas con la fuerza y la eficacia que sería deseable? ¿Están todos los Estados, en tanto que componentes del Consejo Europeo, verdaderamente dispuestos a ayudar a aquéllos en los que se concentran los refugiados?

Según el Tratado de la Unión Europea los estados miembros se comprometen a respetar y a defender los valores democráticos de la UE. ¿No es un valor democrático el valor de la solidaridad? Es cierto que la cesión de soberanía a favor de la Unión no lo abarca todo, pero ¿no está comprometido cada Estado Miembro a luchar por que se garanticen los derechos humanos?

El Comisario Europeo de Inmigración, Dimitris Avramopoulos, lo ha dicho claramente: “la solidaridad no sólo es moral, sino también una responsabilidad legal encuadrada en el Tratado Europeo”. Corresponde a todos, estados miembros e instituciones europeas, buscar los medios más idóneos para ofrecer una respuesta que esté a la altura de los valores en los que se basan nuestras democracias.

 

Grupo Areópago