Archivo mensual: agosto 2016

Hacia un año sin Gobierno

congreso-de-los-diputados1

Aunque no demos crédito, vamos camino de un año sin Gobierno o, mejor dicho, con Gobierno en funciones, con todo lo que ello significa: no aprobación de nueva normativa necesaria para el funcionamiento del país, riesgo de prórroga de presupuestos pensados para una situación diferente a la actual, irresponsabilidad política por debilitamiento del control parlamentario, limitación en el ejercicio de las potestades gubernamentales…

Los responsables de esta situación no somos los votantes, que hemos acudido a las urnas hasta en dos ocasiones cumpliendo con nuestro deber de ciudadanos; son precisamente quienes han resultado elegidos para formar gobierno los que se muestran incapaces de hacerlo y, con ello, de representarnos. Y no llegan al acuerdo, sencillamente, porque se limitan a medir las posibilidades de pacto en función de sus intereses personales y de los de su partido.

Analizado desde la perspectiva de alguien que lucha por defender su puesto de trabajo resulta incluso humanamente comprensible. Pero la política jamás puede ser vista como una oportunidad laboral, sino que ha de ser considerada como una vocación de servicio público basada en la capacidad para prestarlo y en la temporalidad en su desempeño. La existencia de políticos que ven su cargo como propiedad es el peor de los males para una democracia, porque no tiene quien sirva a sus ciudadanos pensando en el bien común.

La incapacidad para formar Gobierno sólo tiene una lectura: los llamados a ello no luchan por el interés de todos, sino por el suyo propio. No hablemos, pues, de bloqueo institucional. Nos estamos enfrentando a un bloqueo personal, generado por personas concretas que no se sienten responsables ante nada ni ante nadie y que se consideran a sí mismos la medida de todas las cosas, incluido el destino del país.

Nuestros gobernantes se han de legitimar por el éxito de sus decisiones y la eficacia de sus gestiones; de lo contrario, han de irse y dejar paso a otros. Unas terceras elecciones sólo tendrán sentido si es para elegir a nuevos representantes. Los de ahora, salvo que demuestren lo contrario, no son dignos de ello.

Grupo AREÓPAGO

¿Homofobia o heterofobia?

Según afirma en su preámbulo la reciente Ley de la Comunidad de Madrid de Protección integral contra la LGTBIfobia y la discriminación por razón de orientación e identidad sexual “tiene por objeto establecer un marco normativo adecuado para garantizar el derecho de toda persona a no ser discriminada por razón de su orientación sexual o identidad y/o expresión de género”.

Nadie que piense de forma razonable negará la necesidad de impedir cualquier trato injusto hacia personas con otra orientación sexual. “Respetar” la opción afectivo-sexual puede y debe ser exigido, pero ‘compartir o asumir como positiva’ la opción afectivo-sexual de terceros ni puede ni debe ser exigido”. Estas palabras que aparecían en la sentencia del TSJ de Andalucía de 15-10-2010 (fundamento jurídico noveno) que declaraba adoctrinador a un libro de texto que promovía la ideología de género, muestran el error de fondo en que incurre la ley madrileña: confundir la legítima defensa de un colectivo frente a la discriminación, con la aceptación acrítica de su singular modo de entender la sexualidad y la naturaleza humana.

Suponer –como han hecho los políticos que han elaborado la ley- que la única forma de superar la discriminación del colectivo homosexual o transexual es imponer su propia forma de entender la sexualidad y la naturaleza humana, es un completo desatinado. Y creer que el adoctrinamiento de menores en el sistema educativo –por parte de asociaciones gays– es un avance en sus derechos, es un acto de totalitarismo que muestra la ceguera irracional de estos.

Pero, además, algunas de estas asociaciones se hacen tiránicas cuando intentan imponer su propia heterofobia a quienes se atreven a discrepar de su forma de pensar: quieren denunciar a los Obispos de Getafe y Alcalá ante la Fiscalía por “incitación al odio” (!), cuando lo que están haciendo es cumplir con su obligación de pastores: alertan a sus fieles que dicha ley es contraria a la doctrina cristiana que sostiene la naturaleza sexuada del hombre.

Además de constituir un ataque y censura al derecho de los padres a educar a sus hijos según sus propias creencias y convicciones. Hemos pasado de la criminalización de la homosexualidad en el pasado, al intento de criminalizar a quienes no se sometan a la forma de pensar del colectivo homosexual en el presente.

 

Grupo AREÓPAGO

Casa Oasis, finalizamos una etapa

Fiesta A Tope 89

“A Tope 1989”

Quizá las fechas me bailen, pero debió ser durante 1985, o a finales del año anterior. Por motivos que ya no recuerdo del todo, tuvimos que dejar de usar los locales del Colegio Santa Leocadia (dirigido por doña Delfina), donde nos veníamos reuniendo hasta el verano del 84 y teníamos que buscar un nuevo lugar. Después de visitar no pocos conventos de Toledo, las hermanas agustinas del Convento de Santa Úrsula, nos cedieron unos locales anejos al convento. Era superiora sor Teresa. Recuerdo mi primera visita, el local había sido ocupado por la Asociación de Inválidos (recuerdo que mi padre fue allí a dar alguna clase de contabilidad), y no me explico cómo podían salvar la escalera de entrada, y después por la O.J.E. (Organización Juvenil Española) que habían dejado el local como lo encontramos, en muy malas condiciones. Fue necesario hacer una obra importante, cambiar la instalación de la luz, sanear el falso techo, que estaba lleno de escombro, reparar algún muro que estaba en malas condiciones, reformar los cuartos de baño… Una locura. Tuvimos que hacer todo tipo de trabajos para costear la obra (repartir propaganda, colocar leña, vender vasos de cerámica, pegatinas, camisetas, pedir donativos…), porque había que pagar al contratista (Peña) lo antes posible. Era entonces responsable del grupo Paco Rodríguez Arenas y consiliario José Luis Pérez de la Roza. Las hermanas nos perdonaron más de diez de alquiler por el coste de aquella obra. Una bendita locura.

Pensamos en varios nombres para darle a nuestro nuevo hogar, pero no nos poníamos de acuerdo, finalmente, por fuerza del uso se quedó con el de La Casa Oasis, o simplemente, La Casa.

En 2004 las hermanas decidieron hacer obra para ampliar sus lavaderos y nuestro espacio se redujo a la mitad. Aquella reforma ya supuso un esfuerzo de simplificación, tuvimos que desprendernos de cosas que ya no nos cabían en un espacio mucho más reducido; tuvimos que trasladar la capilla y reducir el espacio de reuniones. Fue entonces cuando empezamos a tener las reuniones de los más pequeños en San Julián, porque no cabíamos con ellos en la Casa Oasis. Los adultos seguíamos reuniéndonos allí, también los jóvenes en algunas ocasiones. Aunque ya no era el único lugar de reunión, sí era el centro de las operaciones, donde almacenábamos todo el material y donde se tomaban las decisiones.

Después de más de treinta años de vida de grupo entre aquellos muros, llega ahora el momento de abandonarlos. Dejamos un montón de experiencias, amistades, vivencias, oraciones, risas, conversaciones… Echaremos de menos la estufa, los altos techos, el sufrido suelo de granito y el peculiar sonido del timbre ­­‒que perdió el segundo dong hace más de veinte años‒. Allí quedaron, hace ya mucho, las oraciones de los domingos, los “A tope” con que celebrábamos el inicio del año, las preparaciones de la liturgia del domingo, el futbolín, el ping-pong, las meriendas, los interminables fines de semana… y quedarán de estos últimos años las reuniones de comunidades, los encuentros de formación y tertulia, la lectio divina, las reuniones generales, las reuniones de jóvenes, los cumpleaños, el compartir… Muchas cosas por las que dar gracias a Dios. Seguro que otros, con mejor memoria, podrán corregir fechas y añadir muchos detalles en los comentarios de esta entrada.

Embalando para la mudanza

Embalando para la mudanza

Los lugares son pasajeros y ahora nos espera un nuevo hogar. Bien claro ha estado que ha sido voluntad de Dios, sin duda eso significa que nos esperan grandes cosas que hay que recibir con el corazón bien abierto. Habrá que dejar registro para la historia: siendo responsable Marisol Ramos y consiliario Félix del Valle, en el Grupo Oasis de Toledo comenzamos una nueva etapa llena de esperanza.

Se buscan líderes

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El diccionario de la Real Academia Española define al líder como la persona que dirige o conduce un grupo.

Sin embargo, eso es describir una situación de hecho. Cuando en el lenguaje común hablamos de un verdadero líder no solo nos estamos refiriendo al mero hecho de ocupar una posición de mando, sino que pretendemos resaltar las capacidades de esa persona para guiar, orientar y estimular al grupo que dirige para que, trabajando en equipo, pueda alcanzar un objetivo común valioso, ya en el ámbito político, económico, social o deportivo.

Desde este punto de vista, el panorama del liderazgo político en el mundo occidental resulta hoy verdaderamente desolador. Nuestros líderes no solo parecen desconocer hacia dónde deben conducir al grupo que dirigen, sino que en lugar de estimular el trabajo en equipo para lograr el bien común lo que generan es desorientación, división y enfrentamiento.

A veces se dice que tenemos los políticos que nos merecemos. Pero en muchas sociedades heridas por el odio, la violencia y la insolidaridad han surgido históricamente líderes con capacidad para ponerse al servicio de todos y guiarlos hacia la consecución de objetivos comunes de paz, prosperidad y convivencia.

En una Europa enferma de insolidaridad y odio tras dos guerras mundiales, líderes como Churchill, Schuman o de Gasperi, entre otros, se pusieron manos a la obra para construir una Europa unida y en paz. Por el contrario, muchos líderes europeos actuales no solo no valoran ese trabajo, sino que contribuyen a generar división y a dinamitar la unidad entre los europeos, en ocasiones recurriendo a consultas y referéndums que tan solo tratan de ocultar su incapacidad como guías.

En una España que había sufrido una guerra civil y una dictadura, líderes como Suárez, González, Fraga o Carrillo supieron ponerse al servicio de sus conciudadanos para trabajar con ellos en la construcción de una sociedad para todos. Quienes ocupan hoy en España los primeros puestos políticos no solo no son capaces de entenderse entre ellos, sino que fomentan la división entre los españoles, resucitan viejas heridas, contribuyen a generar crispación y utilizan a sus conciudadanos como meros peones en su tablero de ajedrez. El objetivo no es trabajar en equipo, bajo la dirección de los líderes, para conseguir el bien común. El objetivo es que el líder mantenga su puesto a pesar de su manifiesta incapacidad para ejercerlo.

Si existen grandes líderes en el ámbito empresarial o deportivo ¿por qué no en la política? Es comprensible que el desencanto que despierta el vergonzoso espectáculo de nuestros políticos actuales desincentive a personas valiosas para decidirse a trabajar en política. Pero es imprescindible. Necesitamos líderes políticos; los que tenemos no nos sirven, se sirven.

 

 Grupo AREÓPAGO

Hace más de un mes del Brexit…el bien común

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El pasado 23 de junio los ciudadanos del Reino Unido, por una ligera mayoría, votaron a favor de que su país abandone la Unión Europea. La pregunta era clara: “¿Debe el Reino Unido seguir siendo miembro de la Unión Europea o debe dejar la Unión Europea?”. Con una participación ciertamente relevante (más de un 70%), un 51,9 % de las personas que votaron optaron por la segunda de las respuestas.

Ciertamente, un referéndum no sirve para medir mucho más que el porcentaje de voto con relación a una pregunta que, en ningún caso, es suficiente para expresar todas las implicaciones que tiene la respuesta a la misma, sea cual sea ésta. Para ello, en teoría, está la campaña previa, donde los diferentes partidos políticos y, en general, los propios ciudadanos, pueden expresar sus argumentos para convencer al cuerpo electoral en uno u otro sentido. Es aquí donde hemos de centrar la atención.

Transcurrido más de un mes desde la celebración del referéndum, más allá de que son muchas aún las incertidumbres, tenemos algunas certezas: la decisión de convocar el referéndum respondía a intereses políticos partidistas de carácter coyuntural; los partidarios de la salida de la Unión Europea han reconocido que muchos de sus argumentos eran falsos; quienes lideraron las respectivas campañas por el Brexit y por el Bremain no están ya en la escena política, incluyendo al Primer Ministro que, apenas un año antes, había sido reelegido por mayoría absoluta, con lo no corresponderá a ellos hacer valer sus posicionamientos; no existe un camino pautado para llevar adelante el proceso, en esencia porque se discute la constitucionalidad del referéndum –que, de hecho, ha sido impugnado–, se debate sobre la necesidad de que el Parlamento dé el visto bueno al Gobierno para plantear formalmente la retirada y no se sabe cómo acabarán las negociaciones para la formalización de la misma, pues el famoso artículo 50 del Tratado de la Unión Europea simplemente contiene disposiciones generales.

La lección es evidente: sólo la búsqueda del bien común, fundada en la verdad, es capaz de lograr el auténtico desarrollo y progreso de los pueblos. Todo lo demás conduce al fracaso, al retroceso y al debilitamiento de la comunidad. Confiemos que, al menos, la hayamos aprendido.

Grupo AREÓPAGO

“Diario de un cura rural” de Georges Bernanos

Georges BernanosDiario de un cura rural es, para mí, la obra más significativa de la Novela Cristiana. Creo que este libro de Georges Bernanos aglutina los principales rasgos del género y lo hace de forma equilibrada, desarrollada y magistral. Otras novelas recogen algunos de estos elementos, incluso algunas desarrollan algunos de ellos más extensamente, pero ninguna lo hace ‒siempre según mi entender‒ de forma tan equilibrada y armónica, lo que convierte a esta novela en referencia y paradigma de este género. Voy a intentar enumerar esas características fundamentales que para mí definen el género de Novela Cristiana, en su concepto moderno, y que aparecen claramente en esta obra:

El santo no ejemplar

La primera característica es que aparece el santo no ejemplar como protagonista. En contraste con las hagiografías clásicas, resalta los defectos y limitaciones de la persona tocada por la gracia. No nos encontramos con vidas ejemplares, sino con vidas llenas de defectos, limitaciones físicas y psicológicas, incluso con heridas graves en su comportamiento. Tanto el protagonista, el cura de Ambricourt, tímido, débil físicamente, lleno de complejos y de miedos, como su amigo el cura de Torcy, su principal confidente, orgulloso, brusco, lleno de contradicciones, ambos están repletos de defectos, cada uno a su estilo, pero claramente ninguno de ellos es ejemplar. Son todo menos ejemplares. Pero los sufrimientos por estas mismas limitaciones les acercan especialmente a los demás. Varias veces, en el relato se hace referencia a los monjes como seres ejemplares, pero “Los monjes sufren por las almas. Nosotros, en cambio sufrimos con ellas”. El protagonista, tras una crisis de angustia, escribe en su diario:

“Los santos han conocido estos desfallecimientos… Pero no esta sorda rebelión, este áspero silencio del alma, casi odio…”

Los personajes defienden con su testimonio que “la santidad no es sublime”, es la obra ilimitada de Dios en una persona llena de limitaciones.

‒”Trabaja ‒me dijo‒, haz pequeñas cosas un día tras otro. Recuerda al escolar inclinado sobre su cuaderno, que saca la lengua al escribir. Así desea Dios vernos, cuando nos abandona a nuestras propias fuerzas.”

Además, esos mismos defectos les incapacitan para atribuirse mérito alguno. Todo lo bueno ocurre aparentemente a pesar suyo, o por su culpa, porque no se reconoce como algo deseable.

Lucha con Dios y con el demonio

La segunda característica es que el protagonista lucha con Dios, porque su conciencia se contrasta con sus pecados y provoca una batalla interior, entre los que Dios quiere y lo que él se siente capaz. El cura de Torcy, que vivía en una aparente riqueza, se alza con pasión en defensa de la pobreza evangélica. El protagonista comenta:

“En realidad era consigo mismo, contra una parte de sí mismo cien veces vencida y siempre rebelde, contra quien se alzaba, con toda su estatura, con toda su fuerza, como un hombre que combate por su vida.”

El protagonista explica a un rebelde legionario algo que él ha experimentado a lo largo del relato:

‒”No es tan malo enfrentarse con Dios ‒le dije‒. Eso obliga al hombre a emplear a fondo la esperanza, toda la esperanza de que es capaz…“

Y también lucha con el demonio, que se hace fuerte en los demás, y que él debe combatir como un médico lucha contra la enfermedad de sus pacientes. El protagonista dice a una de sus feligresas:

“No apruebo nada, sólo intento comprenderla. Un sacerdote, igual que un médico, no tiene que huir ante las llagas, el pus, la enfermedad… Todas las heridas del alma supuran horriblemente, señora.”

No lucha contra los demás, sino por los demás, para salvarles del infierno: “El infierno, señora, es haber dejado de amar”. Convirtiendo muchos de sus actos en batallas decisivas, como la conversación con la condesa, que es el punto de apoyo de todo el relato:

“¿Cómo hubiera podido adivinar entonces … que nos habíamos enfrentado ambos en el extremo límite de este mundo visible, en el borde mismo del abismo?”

Voluntad reformista

Una tercera característica es la voluntad reformista que se enhebra en la intención de los protagonistas. Con deseos de reformar la Iglesia, con una clara crítica a los que se preocupan más por la apariencia y el status quo, que se dejan llevar por cierta pereza ante la moción de Dios que quiere actuar:

“Pues existe una pereza sobrenatural, que llega con la edad, la experiencia y las decepciones. ¡Ah! ¡Los viejos sacerdotes son duros! La última de las imprudencias es la prudencia, cuando nos prepara suavemente a prescindir de Dios.”

El deán de Blangermont, uno de esos “viejos sacerdotes”, más ocupados por conservar el estado de las cosas que por trabajar en la viña del Señor, dice al protagonista:

‒”… Se necesita sin duda muy poca cosa para hacer de ti un intelectual, es decir, un rebelde, un censor sistemático de las superioridades sociales que no están fundadas en el espíritu. ¡Dios nos libre de los reformadores!
‒Sin embargo, señor deán, muchos santos fueron reformadores.
‒¡Dios nos libre también de los santos!…”

Y también con deseos de reformar la sociedad, tomando partido por los pobres. Pero no solo por la necesidad de los pobres, sino por la necesidad de todos de valorar la pobreza.

“… la Iglesia tiene encomendada la custodia del pobre. Es lo más fácil. Todo hombre compasivo comparte con ella esa protección. En cambio, está sola ‒me entiendes‒ sola, absolutamente sola, en la guarda del honor de la pobreza.”

El libro también contiene una condena la avaricia del comercio, cuando no respeta las reglas contra la usura:

“…se necesitarán siglos, acaso, para alumbrar esas conciencias, destruir el prejuicio de que el comercio es una especie de guerra y que tiene los mismos privilegios y las mismas tolerancias que la otra.”

Pero, continuamente, lleva la injusticia social a un plano sobrenatural, porque es el reflejo de la injusticia en otro orden, porque la lucha verdadera no es contra los hombres, es contra el Señor de los Abismos:

“¿Cómo dar al Pobre, heredero legítimo de Dios, un reino que no es de este mundo? La Iglesia está a la búsqueda del Pobre y le llama por todos los caminos de la tierra. Y el Pobre está siempre en el mismo sitio, en la extremidad de la cima vertiginosa cara al Señor de los Abismos, que le repite incansablemente desde hace veinte siglos con voz de Ángel, con su voz sublime y prodigiosa: «Todo esto será tuyo si, prosternado, me adoras…»

Y la verdadera riqueza es la santidad:

“Existen los Santos. Llamo Santos a todos los que han recibido más que el resto. (…) Un rico a los ojos de la Iglesia es un protector del pobre, su hermano mayor. (…) Si un millonario quiebra, millares de personas se quedan en el arroyo. Así podemos imaginarnos lo que ocurre en el mundo invisible cuando da un traspiés uno de esos ricos de los que antes he hablado, un administrador de la gracia de Dios.”

La comunión de los santos

Esto nos lleva a la cuarta característica de toda Novela Católica, que es la defensa de la comunión de los santos, porque esta visión sobrenatural nos descubre una nueva solidaridad que nos une, en el bien y en el mal, con una intensidad conmovedora como revela la conversación del protagonista con la condesa:

“Pero nuestras faltas ocultas envenenan el aire que otros respiran y el crimen del que un miserable tiene el germen, aun a su pesar, no germinaría nunca sin este principio de corrupción.
‒Todo eso son locuras, grandes locuras: sueños malsanos…
Estaba lívida, Prosiguió:
‒Si pensáramos en todas esas cosas, tendríamos que dejar de vivir.
‒Así lo creo, señora condesa. Creo que si Dios nos diera una idea clara de la solidaridad que nos liga unos a otros, en el bien y en el mal, dejaríamos, efectivamente, de vivir.”

Un diálogo que no deja de estremecernos. Nuestra recomendación es clara para los amantes de este género, esta novela es imprescindible, y Bernanos es un maestro. La entrada “Diario de un cura rural” de Georges Bernanos aparece primero en Ediciones Trébedes.

“Diario de un cura rural” de Georges Bernanos

Georges BernanosDiario de un cura rural es, para mí, la obra más significativa de la Novela Cristiana. Creo que este libro de Georges Bernanos aglutina los principales rasgos del género y lo hace de forma equilibrada, desarrollada y magistral. Otras novelas recogen algunos de estos elementos, incluso algunas desarrollan algunos de ellos más extensamente, pero ninguna lo hace ‒siempre según mi entender‒ de forma tan equilibrada y armónica, lo que convierte a esta novela en referencia y paradigma de este género.

Voy a intentar enumerar esas características fundamentales que para mí definen el género de Novela Cristiana, en su concepto moderno, y que aparecen claramente en esta obra:

El santo no ejemplar

La primera característica es que aparece el santo no ejemplar como protagonista. En contraste con las hagiografías clásicas, resalta los defectos y limitaciones de la persona tocada por la gracia. No nos encontramos con vidas ejemplares, sino con vidas llenas de defectos, limitaciones físicas y psicológicas, incluso con heridas graves en su comportamiento. Tanto el protagonista, el cura de Ambricourt, tímido, débil físicamente, lleno de complejos y de miedos, como su amigo el cura de Torcy, su principal confidente, orgulloso, brusco, lleno de contradicciones, ambos están repletos de defectos, cada uno a su estilo, pero claramente ninguno de ellos es ejemplar. Son todo menos ejemplares. Pero los sufrimientos por estas mismas limitaciones les acercan especialmente a los demás. Varias veces, en el relato se hace referencia a los monjes como seres ejemplares, pero “Los monjes sufren por las almas. Nosotros, en cambio sufrimos con ellas”. El protagonista, tras una crisis de angustia, escribe en su diario:

“Los santos han conocido estos desfallecimientos… Pero no esta sorda rebelión, este áspero silencio del alma, casi odio…”

Los personajes defienden con su testimonio que “la santidad no es sublime”, es la obra ilimitada de Dios en una persona llena de limitaciones.

‒”Trabaja ‒me dijo‒, haz pequeñas cosas un día tras otro. Recuerda al escolar inclinado sobre su cuaderno, que saca la lengua al escribir. Así desea Dios vernos, cuando nos abandona a nuestras propias fuerzas.”

Además, esos mismos defectos les incapacitan para atribuirse mérito alguno. Todo lo bueno ocurre aparentemente a pesar suyo, o por su culpa, porque no se reconoce como algo deseable.

Lucha con Dios y con el demonio

La segunda característica es que el protagonista lucha con Dios, porque su conciencia se contrasta con sus pecados y provoca una batalla interior, entre los que Dios quiere y lo que él se siente capaz. El cura de Torcy, que vivía en una aparente riqueza, se alza con pasión en defensa de la pobreza evangélica. El protagonista comenta:

“En realidad era consigo mismo, contra una parte de sí mismo cien veces vencida y siempre rebelde, contra quien se alzaba, con toda su estatura, con toda su fuerza, como un hombre que combate por su vida.”

El protagonista explica a un rebelde legionario algo que él ha experimentado a lo largo del relato:

‒”No es tan malo enfrentarse con Dios ‒le dije‒. Eso obliga al hombre a emplear a fondo la esperanza, toda la esperanza de que es capaz…“

Y también lucha con el demonio, que se hace fuerte en los demás, y que él debe combatir como un médico lucha contra la enfermedad de sus pacientes. El protagonista dice a una de sus feligresas:

“No apruebo nada, sólo intento comprenderla. Un sacerdote, igual que un médico, no tiene que huir ante las llagas, el pus, la enfermedad… Todas las heridas del alma supuran horriblemente, señora.”

No lucha contra los demás, sino por los demás, para salvarles del infierno: “El infierno, señora, es haber dejado de amar”. Convirtiendo muchos de sus actos en batallas decisivas, como la conversación con la condesa, que es el punto de apoyo de todo el relato:

“¿Cómo hubiera podido adivinar entonces … que nos habíamos enfrentado ambos en el extremo límite de este mundo visible, en el borde mismo del abismo?”

Voluntad reformista

Una tercera característica es la voluntad reformista que se enhebra en la intención de los protagonistas. Con deseos de reformar la Iglesia, con una clara crítica a los que se preocupan más por la apariencia y el status quo, que se dejan llevar por cierta pereza ante la moción de Dios que quiere actuar:

“Pues existe una pereza sobrenatural, que llega con la edad, la experiencia y las decepciones. ¡Ah! ¡Los viejos sacerdotes son duros! La última de las imprudencias es la prudencia, cuando nos prepara suavemente a prescindir de Dios.”

El deán de Blangermont, uno de esos “viejos sacerdotes”, más ocupados por conservar el estado de las cosas que por trabajar en la viña del Señor, dice al protagonista:

‒”… Se necesita sin duda muy poca cosa para hacer de ti un intelectual, es decir, un rebelde, un censor sistemático de las superioridades sociales que no están fundadas en el espíritu. ¡Dios nos libre de los reformadores!
‒Sin embargo, señor deán, muchos santos fueron reformadores.
‒¡Dios nos libre también de los santos!…”

Y también con deseos de reformar la sociedad, tomando partido por los pobres. Pero no solo por la necesidad de los pobres, sino por la necesidad de todos de valorar la pobreza.

“… la Iglesia tiene encomendada la custodia del pobre. Es lo más fácil. Todo hombre compasivo comparte con ella esa protección. En cambio, está sola ‒me entiendes‒ sola, absolutamente sola, en la guarda del honor de la pobreza.”

El libro también contiene una condena la avaricia del comercio, cuando no respeta las reglas contra la usura:

“…se necesitarán siglos, acaso, para alumbrar esas conciencias, destruir el prejuicio de que el comercio es una especie de guerra y que tiene los mismos privilegios y las mismas tolerancias que la otra.”

Pero, continuamente, lleva la injusticia social a un plano sobrenatural, porque es el reflejo de la injusticia en otro orden, porque la lucha verdadera no es contra los hombres, es contra el Señor de los Abismos:

“¿Cómo dar al Pobre, heredero legítimo de Dios, un reino que no es de este mundo? La Iglesia está a la búsqueda del Pobre y le llama por todos los caminos de la tierra. Y el Pobre está siempre en el mismo sitio, en la extremidad de la cima vertiginosa cara al Señor de los Abismos, que le repite incansablemente desde hace veinte siglos con voz de Ángel, con su voz sublime y prodigiosa: «Todo esto será tuyo si, prosternado, me adoras…»

Y la verdadera riqueza es la santidad:

“Existen los Santos. Llamo Santos a todos los que han recibido más que el resto. (…) Un rico a los ojos de la Iglesia es un protector del pobre, su hermano mayor. (…) Si un millonario quiebra, millares de personas se quedan en el arroyo. Así podemos imaginarnos lo que ocurre en el mundo invisible cuando da un traspiés uno de esos ricos de los que antes he hablado, un administrador de la gracia de Dios.”

La comunión de los santos

Esto nos lleva a la cuarta característica de toda Novela Católica, que es la defensa de la comunión de los santos, porque esta visión sobrenatural nos descubre una nueva solidaridad que nos une, en el bien y en el mal, con una intensidad conmovedora como revela la conversación del protagonista con la condesa:

“Pero nuestras faltas ocultas envenenan el aire que otros respiran y el crimen del que un miserable tiene el germen, aun a su pesar, no germinaría nunca sin este principio de corrupción.
‒Todo eso son locuras, grandes locuras: sueños malsanos…
Estaba lívida, Prosiguió:
‒Si pensáramos en todas esas cosas, tendríamos que dejar de vivir.
‒Así lo creo, señora condesa. Creo que si Dios nos diera una idea clara de la solidaridad que nos liga unos a otros, en el bien y en el mal, dejaríamos, efectivamente, de vivir.”

Un diálogo que no deja de estremecernos.

Nuestra recomendación es clara para los amantes de este género, esta novela es imprescindible, y Bernanos es un maestro.

La entrada “Diario de un cura rural” de Georges Bernanos aparece primero en Ediciones Trébedes.