Archivo mensual: mayo 2016

La tribu

Familia

Han causado polémica en estos días las palabras pronunciadas por una diputada catalana en el contexto de una entrevista por proponer, en esencia, que los hijos no sean criados en el seno de la familia, sino en común “como en muchas otras culturas que hay en este mundo, donde la figura de la paternidad o la maternidad no está tan individualizada, no se centra en un núcleo tan pequeño como el de la familia nuclear”.

Han sido variadas las reacciones a este planteamiento –con unanimidad en la crítica–; sin embargo, todas ellas no han ido más allá del intento de ridiculizarlo. Lejos de lo que pudiera parecer, no se trata de una idea absurda y trivial, como ha sido caracterizada desde los medios de comunicación, sino de un intento de eliminar la familia como célula básica de la sociedad, de difuminar la figura de la paternidad y de atacar una parte esencial de la concepción del ser humano y del mundo que procede de las raíces cristianas de nuestra civilización.

Es claro que existen tribus en nuestro planeta y que en su forma de organización y de relaciones sociales habrá aspectos muy positivos que podrían ayudar a mejorar nuestro modelo de comunidad. Sin embargo, en ninguna de ellas se ha logrado desarrollar las condiciones de vida tan avanzadas ni crear un espacio de libertad y seguridad tan amplio como el que tenemos en nuestros días en la civilización occidental.

No menos evidente es que en la formación de un ser humano como persona y como ser social intervienen múltiples agentes; pero en ningún caso puede relegarse a un segundo plano la figura del padre y de la madre –de ambos– que, por pura naturaleza y por Derecho tienen la especial misión de cuidar, educar y guiar a sus hijos, en ejercicio de su libertad.

Ese núcleo “tan pequeño” como es la familia no sólo sigue siendo la institución más valorada en nuestro país, sino que, en esencia, está demostrando su utilidad práctica, por mucho que los poderes públicos continúen sin apostar por ella: es ámbito de seguridad, lugar íntimo de comunicación, espacio de amor entre sus miembros. Forja a la persona.

En la entrevista se pronuncia una frase que resulta clave para entender el fondo del planteamiento: “La que educa es la tribu”. Ahí está la verdadera razón de la propuesta: dejar la educación fuera del ámbito familiar para ser dirigida por quienes controlan la tribu. Un nuevo ataque a nuestra libertad. ¿Seguiremos permaneciendo indiferentes?

Grupo Areópago

Sembrando esperanza

Hola, me llamo Teresa , católica con mucho orgullo, Misionera en Perú y óptico-optometrista de profesión.
En uno de mis viajes a Lurín Perú, me encontré, con la ayuda de los Sacerdotes toledanos que están allí , esta realidad de extrema pobreza: un grupo de gente pobre, desahuciados, que viven en la calle, y, en la mayoría de los casos, solos y abandonados.
Como todo lo que es de Dios, una chica empezó a preocuparse por ellos, buscar un espacio digno para ayudarles, darles cariño, llevarles al médico… crear al fin y al cabo, una familia nueva para todos ellos.
Desde entonces ayudamos a esta Obra de Dios. Buscamos medicinas para ellos, alimentos, ropa… Vamos a acompañarlos al médico, al hospital….a todas las Obras de Misericordia que el Señor nos permite.
Ahora la casa ya cuenta con más de 30 enfermos… y la obra sigue creciendo a favor de los más débiles… pero la casa donde están es muy precaria… sólo un baño… cocina pequeña… una gran familia en un espacio pequeño.
Por ello, solicitamos como urgente la ayuda en Oración para que el Señor nos regale una nueva casa más amplia. Confiamos en ello, de otra manera es imposible. Y …lo demás vendrá por añadidura… las cosas de urgencia diaria…
Un fuerte abrazo a todos

Una dictadura que deshumaniza

 

primera comunionMuchas flores, vestidos  y peinados de gala, fotos, invitaciones para comer con barra libre indefinida, castillos hinchables y payasos. Entrar hablando para seguir comentando. Dejarse llevar por el impacto que la estética provoca sobre la sensibilidad para aclamar a gritos …

Conseguir estos fines requiere un medio: euros. ¡Qué terror si no sale todo bien! Acabado el momento, queda en una foto y en el descanso de haberse quitado una carga de encima. Si esto son las fiestas, ¡pobre humanidad! Pero la dictadura del relativismo nos conduce a que “todo sea relativo al bienestar personal, y para ello debes comprarlo”.

Probablemente los lectores reconozcan en esta ilustración el noventa por ciento del ambiente que envuelve la celebración de los Sacramentos . El diez por ciento que no se ve consiste en el motivo de la fiesta que el cristiano coherente se dispone a vivir.

Los sacramentos realizan “hoy” lo que significan. Una primera Comunión consiste literalmente en recibir a Jesús, Dios y hombre, que amó tanto a cada hombre, que se le dio por entero; y depositó su entrega en pan y vino, para poder alimentar con su amor el amor de cada hombre. La realidad de todo sacramento es “el acontecimiento de Jesús que se hace presente hoy” en la vida de quienes lo reciben.

El cristiano es consciente de estar recibiendo un bien tan enorme, que le desborda y que no merece en absoluto, pero al que es invitado por un Dios que se adecúa al ser humano para humanizarlo. Y en el corazón del “invitado” la celebración misma del sacramento se convierte en una fiesta, admirado por el realismo histórico en el que Dios se le está haciendo presente.

Esta experiencia es la que se comparte y expresa después con los amigos, en la comida, con algún regalo. El cristiano no  excluye “lo cortés” de “lo valiente”, simplemente pone las cosas en su sitio.

 

Grupo AREÓPAGO

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Los bienes y la financiación de la Iglesia

Os invitamos a participar:

la financiación de la iglesia

Decir la verdad

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“Los cristianos tenemos la obligación de decir la verdad”. Esta frase, realmente contundente, pronunciada hace unos días por Jaime Mayor Oreja en Toledo con motivo de una conferencia organizada en torno a la presencia de los cristianos en la vida pública –y recogida como titular por la prensa–, debería hacernos reflexionar a todos, creyentes y no creyentes.

Es claro que la verdad no está de moda en nuestra sociedad y en nuestras propias vidas. En algunos casos por mala fe y en otros por falsos respetos humanos, en no pocas ocasiones optamos por la mentira o, cuando menos, por ocultar la verdad. Es lo que está ocurriendo en el ámbito de los valores: por miedo a sentirse minoría en el contexto de una comunidad sin referencias, por un mal entendido respeto de la libertad de los demás o, sencillamente, por despreciar su existencia, el debate acerca de determinados valores que nos han caracterizado como sociedad ha desaparecido de la esfera pública.

Se ve con meridiana claridad en el ámbito de la política, pero también se aprecia respecto del Derecho, de la Justicia e, incluso, en todo lo relativo a la naturaleza del ser humano. No están en el lenguaje político conceptos básicos como el de bien común; el legislador no parte de principios preconstituidos a la hora de concretar reglas; las decisiones de gobierno no necesariamente se adoptan con criterios de equidad.

Nada es verdad; en consecuencia, la realidad depende total y absolutamente de la concepción que de ella se hace quien la observa; el resultado final es que no pueden existir coincidencias objetivas en quienes buscan la esencia de todo lo que nos rodea –la naturaleza, la persona, la sociedad–, salvo que la casualidad conduzca a ello o la voluntad lleve al consenso, aunque lo consensuado sea manifiestamente contrario a la razón (y, por supuesto, con independencia de su complemento natural, la fe). De este modo, estamos condenados al nihilismo y, con él, a la autodestrucción como civilización.

Todos tenemos obligación de decir la verdad. Y de buscarla.

 

Grupo AREÓPAGO