Archivo mensual: diciembre 2015

El estado devorando a sus hijos

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En los próximos días se constituirán las nuevas Cortes Generales, resultado de las elecciones del pasado 20 de diciembre. Todos los grandes partidos en ellas representados son partidarios, aunque con algún matiz, de la actual ley del aborto de 2010. El Tribunal Constitucional aún no se ha manifestado sobre el recurso que los populares presentaron contra la ley socialista. Parece evidente que, salvo milagrosa e impensable sentencia del Constitucional a favor del no nacido, el próximo gobierno, sea del color que sea, mantendrá la política de mirar para otro lado ante los impunes atentados contra la vida de los inocentes no nacidos. Esto no es inocuo. La defensa política y legal del aborto, lejos de ser un avance progresista, mina los fundamentos mismos del Estado y pone en peligro la paz social. ¿Por qué?

El respeto del derecho a la vida en cualquiera de sus fases es la condición que verdaderamente distingue un Estado constitucional democrático de un Estado que no lo es. En un Estado democrático y constitucional la vida ha de ser tutelada, ya que, si no lo fuese, a la larga el Estado no podría cumplir su función de promoción y garantía de la convivencia y paz social. En efecto, es sabido que en el pensamiento moderno se ha buscado una respuesta al problema del fundamento racional del poder soberano del Estado. La dada por Hobbes sostiene que el Estado moderno nace cuando los particulares, para evitar ser «lobos» los unos contra los otros, renuncian al uso de la fuerza para defender su vida y entregan su custodia al Estado, de modo tal que la seguridad de los particulares es enteramente garantizada por aquél a partir de ese momento. Pero si el Estado a quien compete garantizar los derechos fundamentales atenta con sus leyes contra el derecho fundamental a la vida, está minando con ello las bases mismas de su razón de ser. Y, así, se convierte en un Saturno que devora a sus hijos.

Grupo Areópago

 


Comenzamos en marzo. Los números de 2015

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2015 de este blog.

Aquí hay un extracto:

Un tren subterráneo de la ciudad de Nueva York transporta 1.200 personas. Este blog fue visto alrededor de 5.500 veces en 2015. Si fuera un tren de NY, le tomaría cerca de 5 viajes transportar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.


Símbolos religiosos y espacios públicos

belen

Casi es Navidad, la gran fiesta cristiana que hace memoria y celebra el Misterio de Dios hecho hombre. Una de las fiestas religiosas más importantes del año que marca el ritmo de los calendarios religiosos y civiles de la mayoría de los países del mundo; de ahí su gran relevancia no sólo religiosa, sino también social y cultural.

Desde hace unas décadas, cuando se acercan estas fechas, voces del laicismo excluyente se manifiestan en contra de la presencia en lugares públicos de los símbolos religiosos que la significan y dan sentido. Un tema que exige por su importancia social reflexión y diálogo.

Una primera perspectiva para esta reflexión nos la ofrece el extraordinario valor que representa para la vida de un país la memoria colectiva, sobre todo la cultural. La memoria cultural actualiza la historia de un pueblo y la da sentido; y sus símbolos, forma y contenido. En la construcción de esta memoria, el cristianismo ha representado un factor fundamental, pues se quiera o no, ha formado parte de todo el entramado cultural y patrimonial que ha forjado lo que en estos momentos somos como comunidad con historia. Olvidarlo o desestimarlo sería la negación de nuestra esencia como pueblo.

Y en una segunda perspectiva de diálogo situamos la respetabilidad; no menos importante que la anterior. Se cuenta que Voltaire se quitaba el sombrero cuando pasaba por delante de un templo. Cuando se le preguntaba, extrañados, sobre esta actitud, contestaba que “respetaba lo respetable” (López Camps 2010). El símbolo religioso no solo habla de valores trascendentes, y por tanto, con sentido para los creyentes, sino que además transmite valores humanos profundos dignos de respetabilidad y aprecio incluso para los no creyentes. No nos cabe la menor duda de que los símbolos navideños concretados en “belenes”, villancicos, escenificaciones, cabalgatas, además de su sentido cristiano, expresan experiencias humanas con una gran carga de ternura, solidaridad, amistad, paz… Valores compartidos por todas las personas con independencia de sus creencias. Asumirlos y acogerlos desde el respeto forma parte de cualquier sociedad plural, que se digne de serlo, como muestra de su diversidad cultural y religiosa. En este respeto se incluye el no lesionar los sentimientos de las personas que los veneran.

Grupo Areópago