Archivo mensual: diciembre 2013

Qué fácil es dar y recibir

stacasilda1Hace unos días un grupo de jóvenes de Oasis de Toledo visitaron la residencia de ancianos Santa Casilda, atendido por  las Hermanitas de los Ancianos Desamparados. Unos 35 chicos y chicas, de edades comprendidas entre 12 y 16 años, pasaron la tarde de un viernes con los ancianos. Cantaron, hicieron juegos y actuaciones, llevaron caramelos (sin azucar) y charlaron con los residentes.

Dani, uno de los jóvenes, nos recuerda las palabras del Papa Francisco: “…cuiden los extremos de la vida, los dos extremos de la historia de los pueblos, que son los ancianos y los jóvenes”. “Para mí -nos cuenta Dani- fue un poco como unir esos dos extremos de los que habla el Papa. Por un lado, los ancianos se alegraron mucho de nuestra visita y pasaron un rato estupendo con nuestras canciones, trucos de magia, caramelos… y por otra parte, nosotros pudimos descubrir en los ancianos el rostro de Jesús, que, igual que ellos, está siempre esperando a que le hagamos una visita y que tanto se alegra de que le tengamos presente en nuestra vida”.

“Cuando estás ahí escuchando sus historias, y bailando y cantando con ellos, se te olvidan los problemas”, nos comenta Edith. Todos nos cuentan lo fácil que es tratar con estos ancianos, siempre deseosos de cariño y de conversación. Además, “ellos son una gran riqueza para el mundo aunque nos empeñemos en no creerlo y en dejarlos de lado, ignorando que un día ellos nos dieron la vida, ¡gran don de Dios!”, nos comenta Marisol.

Una experiencia gratificante para los ancianos, como nos comenta Edith: “Les cambiamos un día monótono por algo diferente”, es a la vez una experiencia gozosa para los jóvenes. “Una experiencia maravillosa y divertida” nos dice Dani. “Es muy bonito ir y pensar que les alegramos el día, es algo que reconforta”, insiste Edith.

También ha dejado huella el testimonio de las religiosas que atienden el asilo: “hemos visto la gran labor de las hermanitas, su dulzura, su entrega, gastando su vida por los más débiles”, nos apunta Marisol y confirman todos.

Todos dan y reciben, todos descubren tras el gesto del amor el rostro de Cristo, amante y amado, todos renuevan su corazón en la sencilla tarea de pasar una tarde juntos. Qué grande y qué sencillo.