El derecho a la vida (de otros)

“¡Quiero ser padre! Busco chica joven, alta y con estudios para gestación subrogada. Si estás interesada manda e-mail”. Este es, literalmente, el tweet con el que un ex concursante de un programa de televisión muy popular se dirigía a sus seguidores para comunicar que quería conseguir un hijo por medio de la mal llamada gestación subrogada. Este tema se ha convertido en una de las nuevas cuestiones de debate político como consecuencia de la iniciativa de un de partido nacional de regularlo en nuestro país. En una sociedad cada vez más consumista y sin valores, la trivialización de la vida puede alcanzar extremos insospechados. En esta ocasión, se trata de reconocer el derecho a ser padre disponiendo de la vida de un tercero engendrada con la colaboración de una mujer que cede su vientre a tal fin. El hijo se convierte así en un producto, en un objeto de consumo que se consigue en el mercado, previo pago del precio estipulado. De hecho, basta con hacer una búsqueda en Google para conocer diferentes ofertas y precios. ¿Dónde queda el bien del niño? ¿Cuál es la posición de la madre natural durante la gestación y tras el parto? ¿Por qué no potenciar la adopción legal, liberándola de la pesada burocracia que la caracteriza en nuestro país, para que los ya nacidos puedan tener una familia? Hemos de ser capaces de reaccionar frente este tipo de propuestas, pues encierran un evidente ataque contra la dignidad del ser humano: la de la madre natural, que alquila su vientre y renuncia al amor por su hijo, criatura suya, a cambio de un precio; la del niño, que no será el fruto del amor de sus padres, sino de un negocio jurídico; e, incluso, la de los propios compradores, incapaces de concebir la vida como un don y la paternidad como una decisión compartida y responsable. De lo contrario, seremos cómplices de una nueva forma de esclavitud.

GRUPO AREÓPAGO

Escuela y educación

El grave momento político e institucional por el que está atravesando nuestro país ha oscurecido el protagonismo  que por tradición e importancia le corresponde a la escuela y al comienzo del  curso escolar. Y consecuentemente, está hurtando a la sociedad la reflexión y el debate que se merece la más importante de las tareas que el hombre ha de abordar, pues de ella y sus buenas o malas prácticas depende el futuro de un país: la educación. Reflexión y debate que hoy por hoy debe recaer no sólo sobre el sistema organizativo escolar, ya de por sí importante, sino principalmente sobre el modelo educativo vigente. Pues si fundamental es legislar sobre los contenidos curriculares a desarrollar, sus espacios y tiempos, o sobre el rol social y profesional de maestros y profesores, o la excesiva burocratización del sistema…; es mucho más importante, porque afecta  y de ello depende todo lo demás, el debate sobre el modelo educativo. Es llevar la reflexión al terreno de los fines, y al tipo de persona a educar. Cualquier observador crítico puede darse cuenta de que el modelo educativo escolar actual en la mayoría de los países se centra en formar buenos profesionales, técnicamente bien preparados. Así se lo exigen a la escuela la sociedad y hasta las mismas familias. Se identifica educación con instrucción; y desde esta concepción se organiza el currículo, prevaleciendo la dimensión materialista y mercantil de la enseñanza sobre sus aspectos más formativos y humanizadores. Repensar hoy la escuela es plantear un nuevo modelo educativo transformador y contracultural desde la idea de que educar es mucho más que instruir. Modelo sobre el que ya incidió el célebre informe “JacquesDelors” a la UNESCO sobre la educación en el siglo XXI, que propugnaba el sentido integral de la educación desde los cuatro pilares básicos que lo habrían de sostener: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a ser y aprender a convivir. Entre otros muchos, el Papa Francisco también lo reivindica: “La educación será ineficaz y sus esfuerzos serán estériles si no procura también difundir  un nuevo paradigma acerca del ser humano, la vida, la sociedad y la relación con la naturaleza” (Laudato si). La escuela cada vez más orienta su enseñanza hacia los contenidos instrumentales y se olvida de aquellos aspectos que inciden en la configuración de la personalidad de los alumnos y su dimensión social. De ahí el recorte de contenidos y tiempos que están sufriendo la filosofía y las humanidades. El ansiado pacto escolar, si es que llega, lo ha de considerar seriamente.  

 GRUPO AREÓPAGO

 

No necesita fama, necesita un corazón

¿Sabes quién es Salvador Sobral? En los últimos meses hemos oído hablar de este joven cantante luso. Se hizo famoso por ser el ganador de la última edición del Festival de Eurovisión. Salvador Sobral tiene una enfermedad: se encuentra afectado de un grave problema cardiaco. Su estado de salud es muy delicado desde su victoria en Eurovisión y en estos días ha anunciado que se retira temporalmente de su carrera profesional. La razón: necesita un trasplante de corazón de manera urgente. El músico e intérprete de Amar pelos dois no puede continuar su carrera, ya que su problema de salud le impide hacer una vida normal. Esta historia del joven portugués puede ser la historia de mucha gente anónima que vive con la necesidad de un trasplante de corazón, de riñón o de otro órgano vital. Son muchas las personas que esperan durante mucho tiempo que llegue la solución a su problema, que llegue en cierto modo su salvación. Esperan la llamada de teléfono anunciando un trasplante; esperan que su calidad de vida mejore. Se trata, en definitiva, de empezar de nuevo. La donación de órganos es una decisión particular de cada uno. Este gesto tan altruista y solidario es un gesto escaso hoy en día. Nos falta concienciación. Donar, tras el fallecimiento de una persona, significa dar vida a otra persona; es un canto a la vida; es ofrecer una nueva oportunidad para vivir a otros. Para la Iglesia Católica donar es una forma particular de caridad (así lo afirmó el Papa emérito Benedicto XVI a los participantes del Congreso internacional sobre el tema de la donación de órganos organizado por la Academia Pontificia para la Vida, el 7 de noviembre de 2008), y en esta forma de amar es muy importante tomar conciencia de lo fundamental que es donar órganos, de dar vida al otro de manera altruista. Un amor que se multiplica. Personas como Salvador Sobral nos ofrecen la oportunidad de ser conscientes de la necesidad de este acto. A cualquier edad podemos ser donantes y a cualquier edad podemos ayudar a otras personas, incluso después de morir. Pensémoslo. Demos esa oportunidad.    

GRUPO AREÓPAGO

Sobre ciencia y fe

Juan Carlos Izpisúa es un consagrado investigador, reconocido a nivel internacional, especializado en rejuvenecimiento de células para tratar y  prevenir enfermedades. En una reciente entrevista publicada en un importante medio con motivo de uno de sus descubrimientos, tras confesar que pasa todo el día en el laboratorio, la entrevistadora le pregunta: “¿Y qué ha visto usted ahí que le ha impresionado tanto?”. Su respuesta es contundente: “cómo, a partir del embrión unicelular, se generan miles de millones de células y cómo se convierten con una precisión exquisita en un ser humano”. La periodista continúa: “Y, ¿hay algo de divino en eso?”, a lo que el entrevistado responde: “Si…. Es difícil explicar todo desde el punto de vista de la ciencia. Al menos, yo no puedo hacerlo”. En una sociedad cientifista y positivista, donde solo hay espacio para la razón y se rechaza la existencia de verdades absolutas y preconcebidas, afirmaciones de esta entidad nos han de llevar a pensar que la naturaleza no es fruto de la casualidad, que el ser humano no puede ser la medida de todas las cosas; en definitiva, suscitan la necesidad de abrirnos a la trascendencia, de valorar la posibilidad de la existencia de alguien superior a nosotros que nos ha pensado desde la eternidad, de cultivar la fe. Como señaló Juan Pablo II en Fides et ratio, “la fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad”. No es posible volar solo con una de ellas.  

GRUPO AREÓPAGO

Prejuicios

Cuando escuchamos noticias sobre el desmadre de jóvenes británicos en Magaluf; cuando suceden acontecimientos tristes y dolorosos, como los recientes atentados de Cataluña; cuando un inmigrante agrede a alguien en el Metro de Madrid; y en tantas y tantas ocasiones, enseguida nacen los prejuicios sobre las personas o el colectivo que los provocan. Etiquetamos a estas personas de una u otra manera, sobre todo a grupos de personas de otras nacionalidades o de otras religiones e ideologías. Los prejuicios florecen y las generalizaciones son protagonistas. Ni todos los jóvenes británicos se desmadran en vacaciones ni todos los musulmanes son terroristas ni todos los inmigrantes son delincuentes, por poner un ejemplo. Olvidamos aquello del trigo y la cizaña. Todos en algún momento hemos juzgado al otro por su manera de vestir, de pensar o incluso por su forma de ser o de actuar. Los juicios son fáciles de hacer si solo los comparamos con nosotros mismos. Los seres humanos somos bastantes influenciables y más si se hace caso a algunas redes sociales o a determinados medios de comunicación. Podemos crearnos una opinión incierta y tergiversada sin estar bien informados o contener una visión parcial de la persona o acontecimiento. Esto es bastante peligroso porque la difamación es provocadora y la imagen de alguien puede ser destruida y dañada. “Cuidado con los prejuicios, peligro social” era el título de una campaña de sensibilización contra los prejuicios de carácter racial, religioso o de sexo de un proyecto piloto de la ONG ParthnersCzech que trabaja por la inclusión social de la población gitana en la República Checa. Y es evidente que en los últimos años, los prejuicios sociales contra personas de otra raza, de otra nacionalidad, de otra religión, de otra ideología o contra personas que no son como nosotros, han ido en aumento y es un problema latente del siglo XXI, que debemos abordar desde la educación en los valores de tolerancia, respeto y solidaridad a los demás. Cabe preguntarse ¿Qué hacemos para que los prejuicios sociales no nos afecten a la hora de relacionarnos con los demás? ¿Cómo podemos evitar estos prejuicios en la sociedad actual? Sin lugar a dudas la educación, la formación, la información y el respeto por los demás son la mejor solución a este problema.

GRUPO AREÓPAGO

Estamados desarmados

En los días posteriores al atentado terrorista de Barcelona se están sucediendo múltiples declaraciones públicas y manifestaciones de opinión particulares de muy distinta naturaleza. Más allá de la inicial unidad en la repulsa del ataque y de la necesidad de recordar lo que debería ser evidente –solidaridad con las familias de las víctimas, deber de los poderes públicos de garantizar la seguridad de las personas,  capacidad para actuar conscientes de que no todos los musulmanes son terroristas–, se echa en falta en todas ellas una profunda reflexión acerca de una realidad soterrada, pero evidente: no estamos preparados para combatir, en el mismo nivel, este tipo de terror. El Papa Francisco ha afirmado en reiteradas ocasiones que estamos viviendo una tercera guerra mundial “por partes”. Nos enfrentamos a un ejército no identificado que defiende una concreta interpretación del Islam en la que el cristianismo occidental, su modo de ser y de vivir, es el enemigo a eliminar; combatimos contra unos soldados que buscan conscientemente el martirio masacrando infieles y buscando su propia muerte. Precisamente por ello, la lucha no puede centrarse únicamente en las armas, en el aumento de los niveles de seguridad o en la persecución de los radicales dispuestos a matar; hemos de ir más allá y avanzar hacia lo que nos falta: recuperar los valores que han forjado nuestra civilización occidental. Efectivamente, los conceptos de libertad, dignidad, vida, igualdad, democracia, paz, progreso en común y algunos otros que conforman nuestro modo de entender al ser humano y el mundo deben recuperar protagonismo en la escena pública y fundamentar esta lucha. Es lo que nos diferencia. Estamos, sencillamente, ante un choque de civilizaciones, ante una guerra de religión. Nos cuesta verlo así precisamente porque hemos abandonado lo que fuimos, porque hemos renunciado a los fundamentos básicos de occidente y a sus elementos constitutivos. Reaccionar con manifestaciones de repulsa, con declaraciones públicas que no salen de lo políticamente correcto, con peticiones formales de paz, sin armarnos con las ideas que nos caracterizan como civilización es autocondenarnos al exterminio. La unidad no vendrá por la vía de los sentimientos que, por definición, son superficiales y pasajeros; vendrá por el camino de los ideales, de las virtudes. Mientras no avancemos en esa dirección, seguiremos estando desalmados y, por tanto, desarmados.

GRUPO AREÓPAGO

 

¿Cuándo es noticia la vida?

¿Sabías que en Wikipedia se pueden consultar los fallecimientos más destacados en el mundo hasta una fecha reciente? Hasta junio de 2017, según Wikipedia, habían muerto 552 personas importantes para este portal de internet. No ocurre lo mismo con los nacimientos, no hay lista de nacimientos destacados. Lista vacía. Esto hace preguntarse ¿Cuándo es noticia un nacimiento? Cuando somos hijos de un personaje famoso o celebridad o de una persona de la alta nobleza. Cuando nacemos con alguna enfermedad rara o con alguna característica especial. Cuando nacemos camino del hospital, en un taxi o en la montaña. Cuando hay algo extraordinario en el nacimiento: mujer da a luz en plena calle. O cuando el Instituto Nacional de Estadística publica una vez al año los resultados de nacimientos en España. Son algunos ejemplos que ponen de manifiesto cuando un nacimiento entra dentro de la agenda del día de los medios de comunicación. Una noticia es noticia para los medios si el tema es cercano, si es polémico, si es negativo y si es extraordinario. No hay duda, aunque hay quienes todavía lo cuestionan, que desde el momento de la concepción se inicia la vida. Esto ya es noticia. Una buena noticia que hay que celebrar. Enhorabuena deberíamos decir a las madres embarazadas. El nacimiento de un bebé es una noticia maravillosa y extraordinaria que debe ser transmitida a los demás con alegría y a bombo y platillo.  ¿Por qué no un apartado en los medios de comunicación de nacimientos? Igual que hay de fallecimientos o de enlaces, ¿por qué no el nacimiento? No hay mayor alegría que nacer. La vida es un regalo de Dios; es esperanza, es alegría. Como decía Santa Teresa de Calcuta “la vida es amor, gózala”. Todos podemos ser portadores de noticias sobre la vida. Anunciémosla. Somos altavoces de la vida, cada uno en sus ambientes.

 

GRUPO AREÓPAGO

#CosasQJesusnodiria

Agosto es el mes vacacional por excelencia. El mes en el que los medios de comunicación publican artículos curiosos, aquellos que encuentran su hueco en agosto y que en septiembre se quedarían en un breve, si tienen la suerte de salir a la luz. Lo mismo ocurre en las redes sociales. Ahora todo vale. Todo es opinable. Que una mañana de verano de agosto sea tendencia este hashtag #CosasQJesusnodiria (no acentuamos porque es así el hashtag) y que en México se convierta en trending topic refleja el momento de la descomunicación y difamación que estamos viviendo de falta de respeto y ataques sin control a la religión católica. En #CosasQJesusnodiria los internautas se han dedicado a expresar barbaridades, sin ningún tipo de consideración. Todos los que están interviniendo en estas conversaciones se mofan de la fe católica y de la vida de Jesucristo. No todo vale en las redes sociales. No es lícito que la falta de respeto se convierta en trending topic, y dé pie a opiniones hirientes hacia los cristianos. ¿El respeto no se tiene en cuenta en las redes sociales? ¿La religión y su respeto no se controla en Twitter? ¿Qué filtros existen? ¿Qué aporta este hashtag? Preguntas que quizás los que opinen ni tengan respuestas. El Papa Francisco habla de los tres pecados de la comunicación: la calumnia –a la que define como una forma de terrorismo porque puede a matar con las palabras a alguien-; la difamación porque puede destruir la vida de una persona; y la desinformación o decir la mitad de las cosas y las que son más convenientes para mí. De todas ellas la desinformación es la más peligrosa. Calumnia, desinformación y difamación se dan en #CosasQJesusnodiria. ¿Y estamos callados? Jesús nunca diría: no se amen los unos a los otros; no se respeten; calumnien, etc..Los que lo escriben saben que nunca lo dirían, pero prefieren mofarse a decir la verdad… ¿Por qué no construir la cultura de la verdad con hashtag #CosasQJesúsdiría?  

GRUPO AREÓPAGO

Compartir a Dios en la Red

En primer lugar, gracias por invitarme a compartir unas líneas sobre cuál es mi motivación principal a la hora de escribir en la Red.

La nota de catolicidad de la Iglesia y la universalidad de la Red de redes son dos realidades que siempre, con pasión, he pensado, sentido y procurado en relación. Y alguien se ha encargado especialmente de hacérmelo ver de una forma muy evidente.

Antonio Spadaro (Mesina, 1966), teólogo jesuita, director de la revista La Civiltà Cattolica, es alguien muy cercano al Papa Francisco que ha editado la mayor parte de sus escritos. Muy activo en redes sociales, fundó en 1998 uno de los primeros sitios italianos de escritura creativa, Bombacarta.it, y, desde 2011, es autor del blog Cyberteologia.it. Desde ese mismo año es consultor del Consejo para las Comunicaciones Sociales.

Ha escrito más de veinte libros sobre cultura contemporánea, teología y espiritualidad. Tengo delante dos libros suyos publicados en Herder: “Ciberteología. Pensar el cristianismo en tiempos de la red” y “Compartir a Dios en (la) Red“.

¿Por qué le he mencionado en primer lugar? Pues porque realmente él ha sido mi inspiración a la hora de expresar esa intuición y vínculo profundos entre Iglesia y Red, desde los comienzos de la segunda. Así, mi investigación sobre la Iglesia en la Red de redes, pude plasmarla en 2013 con mi tesis de Licenciatura “La Iglesia católica en Internet: presencia, misión y propuestas“. Y, también, como ánimo a las distintas universidades eclesiásticas españolas, para que incorporasen en sus planes de estudios de Ciencias Religiosas y Teología la asignatura de Ciberteología, o alguna similar, que sirva para introducir la reflexión sobre la fe, la espiritualidad y comunidad cristiana en la red.

No quiero aburrir con datos y conclusiones. Solamente animar a todos a disponer de un espacio digital (aunque sea mínimo y hasta inconstante) en el que expresarnos como somos, con sencillez y alegría a ser posible, del mismo modo natural como nos comunicamos cotidianamente en nuestro ambiente físico, teniendo en cuenta sus posibilidades y limitaciones propias.

Dar testimonio, compartir a Dios en Red, es una tarea urgente.

Pesesín

Fotografía de La Nueva España

Fotografía de La Nueva España

“¡Hola vecinos! Me voy unos días de vacaciones y no me dejan llevar a Pesesín. Necesito vuestra ayuda para que le deis de comer (solo se le debe dar una vez al día). Dejo comida y cuadro para saber cuándo comió. Muchas gracias”. Así comienza la historia de Pesesín, la estrella revelación de este verano. Pesesín ha saltado a la fama porque su dueña, una chica de 16 años, se marchaba de vacaciones y sus padres no le permitían que se llevara a su mascota. La joven no encontraba con quien dejar a Pesesín y decidió espontáneamente que fueran sus vecinos quienes le cuidaran. Todos respondieron de forma ejemplar, tanto que Pesesín estuvo de maravilla en el portal. Esta historia, que no deja de ser anecdótica, pone de manifiesto que no somos tan malos como creemos. Que la buena voluntad existe y consigue poner de acuerdo a vecinos que seguramente ni se vean al cabo del día o de los meses. Quizás muchos de nosotros cuando lo hubiéramos visto pensaríamos: “¡Cuando vuelvas ya no tienes pez!” Así solemos pensar porque es previsible que suceda, en una sociedad en la que sólo parece predominar todo aquello que hace daño. El buen comportamiento de los vecinos de Pesesín es un ejemplo de que la convivencia -la buena convivencia- es positiva. Un ejemplo de cómo se puede hacer feliz a los demás con un pequeño gesto, que no suponía acciones heroicas pero que logró que esta joven fuera feliz. En una comunidad de vecinos del siglo XXI la convivencia no es nada fácil porque no nos conocemos, cada uno estamos en nuestras casas y no nos importa lo que les ocurra a quienes están al otro lado de la pared. Simplemente no nos conocemos. A veces un pequeño motivo nos une y promueve la colaboración, la comunicación y la solidaridad mutua. Pesesín, un pequeño pez, y una chica de 16 años nos han enseñado que la convivencia vecinal es posible y, además, muy sana. < p style="text-align: right;">

GRUPO AREÓPAGO